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La Noche Que Nos Condenó

La Noche Que Nos Condenó

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Padre soltero / Diferencia de edad
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Alexa solo recuerda tres cosas de aquella noche de verano: el calor sobre su piel, una voz grave susurrándole al oído y un tatuaje que nunca pudo olvidar.
Meses después, al comenzar la universidad, cree que está dejando atrás aquella noche… hasta que conoce a Clara y al hombre que la acompaña.
El padre de su nueva amiga tiene el mismo tatuaje.
Adrián es reservado, poderoso y demasiado peligroso para acercarse. También es el único que parece conocer la verdad sobre lo ocurrido aquel verano. Aunque intenta mantener las distancias, la tensión entre ambos se vuelve imposible de ignorar.
Mientras Alexa intenta reconstruir sus recuerdos, descubre que aquella noche no fue un encuentro sin consecuencias. Adrián la recuerda. La ha reconocido desde el primer momento. Y hay secretos que podrían destruir su amistad con Clara, separar a una familia y convertir el deseo en una condena.
Porque algunas historias de amor comienzan con un beso.
La de Alexa comenzó con algo que no puede recordar

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La llegada

Los dos días que siguieron pasaron demasiado rápido.

Entre terminar de ordenar sus cosas, despedirse de algunos compañeros y organizar las últimas compras antes de las vacaciones, Alexa apenas tuvo tiempo de pensar en lo que significaba pasar dos semanas en casa de Emma.

Dos semanas.

Sonaba mucho cuando lo decía en voz alta.

Y, al mismo tiempo, le parecía poco.

La mañana de la partida, Alexa cerró por última vez el cierre de su maleta y se quedó mirándola.

Había intentado llevar solamente lo necesario.

No lo había conseguido.

Sobre la cama todavía había un suéter, dos libros y un par de prendas que no sabía si realmente necesitaba.

—No puedo creer que estés pensando qué dejar —dijo Emma desde la puerta.

Alexa la miró.

—Tengo que decidir.

—Son dos semanas, no dos años.

—Precisamente. Necesito ropa para dos semanas.

Emma levantó una ceja.

—Yo llevo tres maletas.

—Eso no te convierte en un ejemplo.

—Nunca dije que lo fuera.

Alexa soltó una carcajada.

Terminó guardando el suéter.

Después cerró la maleta con esfuerzo y se dejó caer sobre ella.

—Ahora sí.

Emma entró y tomó una de las asas.

—Vamos.

—¿Ya?

—Sí.

Alexa miró la habitación.

Durante meses, aquella pequeña habitación de la residencia se había convertido en su lugar.

Había estudiado allí.

Había llorado allí.

Había reído con Emma hasta quedarse sin voz.

Había recibido flores.

Regalos.

Cartas.

Y mensajes de un hombre al que todavía no conocía realmente.

Sus ojos fueron hasta el teléfono que estaba sobre la mesa.

A. B.

El contacto que antes había sido simplemente Desconocido.

Alexa sonrió ligeramente.

Había algo especial en esas dos letras.

No sabía su significado.

No sabía su nombre.

Pero ya no sentía que estuviera hablando con un completo extraño.

—¿Vienes? —preguntó Emma.

—Sí.

Alexa tomó el teléfono y lo guardó en su bolso.

...⸻...

El trayecto fue tranquilo.

La ciudad parecía diferente desde la ventana del automóvil.

Quizás porque ya no tenía que pensar en clases.

No había exámenes esperando.

No había trabajos pendientes.

No había profesores.

Por primera vez en mucho tiempo podía simplemente mirar por la ventana y dejar que el paisaje pasara.

Emma iba hablando prácticamente todo el camino.

Le contó cuáles eran sus lugares favoritos cerca de la casa, dónde solía ir a caminar, qué restaurante le gustaba a su padre, qué habitación había ocupado cuando era pequeña y hasta cuál era el árbol del jardín donde solía esconderse cuando quería evitar que su padre la encontrara.

Alexa se rio.

—¿Te escondías de tu propio padre?

—Era una niña problemática.

—No puedo imaginarlo.

—Mi papá sí puede.

Alexa volvió a reír.

Después de unos minutos, Emma bajó un poco la voz.

—En realidad… me alegra que vengas.

Alexa la miró.

—¿Por qué?

Emma se encogió de hombros.

—Porque la casa es grande.

Esperó unos segundos.

—Y a veces se siente demasiado vacía.

Alexa entendió lo que no estaba diciendo.

Desde la muerte de su madre, Emma había pasado mucho tiempo sola con su padre.

Y aunque Adrián estuviera presente, una casa podía sentirse vacía de todas formas.

Alexa tomó su mano durante unos segundos.

—Entonces vas a tener que acostumbrarte a tenerme cerca.

Emma sonrió.

—Ese era el plan.

...⸻...

Cuando finalmente llegaron, Alexa bajó del automóvil y se quedó mirando la casa.

La había imaginado de muchas maneras.

No había acertado.

Era grande, pero no parecía ostentosa.

La fachada tenía colores cálidos, grandes ventanales y una terraza rodeada de plantas.

El jardín se extendía alrededor de la casa y estaba perfectamente cuidado.

Había árboles altos que daban sombra sobre una parte del camino y flores creciendo cerca de las ventanas.

El lugar transmitía tranquilidad.

—Wow.

Emma sonrió al verla.

—¿Te gusta?

—Mucho.

—Es más linda por dentro.

Tomaron las maletas y caminaron hacia la entrada.

Alexa respiró profundamente antes de cruzar la puerta.

No sabía por qué estaba nerviosa.

Quizás porque aquella no era simplemente una visita de unas horas.

Iba a vivir allí durante dos semanas.

Y aunque Emma fuera su mejor amiga, también estaría su padre.

Adrián.

El hombre que había conocido en la universidad.

Pero para Alexa eran dos personas completamente diferentes.

Adrián era el padre de Emma.

A. B. era el misterioso hombre de aquella noche.

No había ninguna razón para relacionarlos.

Ninguna.

—Ven —dijo Emma—. Te enseño tu habitación.

Entraron.

El interior era amplio y luminoso.

Había fotografías familiares en algunas paredes.

Alexa caminó despacio.

Una fotografía llamó su atención.

Emma era mucho más pequeña.

Tenía el cabello recogido en dos coletas y estaba sentada sobre los hombros de Adrián.

Ambos sonreían.

Alexa sonrió al verla.

—Eras adorable.

—Era adorable.

—Sigues siendo adorable.

—Gracias.

—Aunque ahora eres insoportable.

—Eso también.

Siguieron caminando.

Pasaron por una sala enorme, una biblioteca, una cocina abierta y un comedor que parecía preparado para recibir a muchas personas.

Alexa observó cada detalle con curiosidad.

—¿Siempre vivieron aquí?

—Sí.

Emma señaló una puerta.

—Esa es la oficina de mi papá.

Alexa asintió.

—¿Trabaja desde casa?

—A veces. Cuando tiene demasiado trabajo.

—Entonces probablemente ni notará que estoy aquí.

Emma se rio.

—Créeme, lo va a notar.

—¿Por qué?

—Porque siempre está pendiente de todo.

Alexa sonrió.

—Eso suena agotador.

—Lo es.

Justo entonces una voz llegó desde el otro lado del pasillo.

—¿Ya llegaron?

Alexa se detuvo.

Emma sonrió.

—Papá.

Adrián apareció unos segundos después.

Llevaba una camisa clara con las mangas ligeramente arremangadas y pantalones oscuros. No tenía el aspecto formal que Alexa había visto en la universidad.

Parecía más relajado.

Más cotidiano.

Pero seguía siendo el mismo hombre.

El padre de Emma.

Adrián miró primero a su hija.

Después a Alexa.

Y durante una fracción de segundo tuvo que recordar cómo respirar con normalidad.

Ella estaba allí.

En su casa.

Con una maleta.

Después de haberla tenido entre sus brazos detrás de una máscara.

Después de haberla escuchado llamarlo A. B.

—Hola —dijo Alexa.

—Hola, Alexa.

Sus miradas se encontraron.

Alexa sintió aquella pequeña sensación que había experimentado la primera vez que lo conoció.

La voz.

Había algo en su voz.

Algo que le resultaba familiar.

Pero no pudo encontrar una explicación.

Quizás era simplemente porque ya había hablado con él varias veces como padre de Emma.

—Espero que no te moleste que me quede —dijo Alexa.

Adrián negó con la cabeza.

—Por supuesto que no.

—Gracias.

—Emma me contó que necesitabas descansar después de los exámenes.

—Muchísimo.

Emma intervino.

—Y yo necesitaba compañía.

Adrián sonrió.

—Eso sí me lo creo.

Alexa soltó una pequeña risa.

El momento fue sencillo.

Normal.

Tan normal que casi resultaba extraño.

Porque Adrián estaba haciendo un esfuerzo enorme por comportarse como si la mujer que tenía delante no fuera la misma con la que había bailado unas horas atrás.

Como si no conociera la forma en que sonreía cuando estaba nerviosa.

Como si no hubiera escuchado su voz susurrándole cosas al oído.

Como si no supiera cómo reaccionaba cuando la besaba.

Pero Alexa no tenía idea de nada de eso.

Para ella, aquella era simplemente una presentación cotidiana entre una invitada y el padre de su amiga.

—Ven —dijo Emma—. Vamos a subir las cosas.

—Te ayudo —dijo Adrián.

—Papá, puedo hacerlo.

—Emma.

—Está bien.

Adrián tomó una de las maletas.

Alexa tomó la otra.

Subieron las escaleras.

Cuando llegaron al pasillo de las habitaciones, Emma abrió una puerta.

—Esta será tu habitación.

Alexa entró.

Era preciosa.

Tenía una cama grande, una ventana enorme con vista al jardín, un pequeño escritorio y un armario amplio.

Sobre la cama había una manta doblada.

—Me encanta.

—Sabía que te gustaría.

Alexa dejó el bolso sobre una silla.

—Gracias por invitarme.

Emma la abrazó.

—Gracias por venir.

Desde la puerta, Adrián observó la escena.

No dijo nada.

Solo sonrió.

Después dejó la maleta junto a la cama.

—Si necesitas cualquier cosa, puedes preguntarme.

—Gracias.

Adrián asintió.

—Descansa.

Y salió.

Alexa lo siguió con la mirada durante unos segundos.

Emma la observó.

—¿Qué?

—Nada.

—Lo estabas mirando.

—Porque estaba hablando conmigo.

Emma soltó una risa.

—Mi papá intimida un poco al principio.

—No.

Alexa negó con la cabeza.

—Es agradable.

—Eso me alegra.

...⸻...

Una hora después, Alexa ya había acomodado casi todas sus cosas.

Emma estaba sentada en el suelo, revisando una lista de actividades que quería hacer durante las vacaciones.

—Tenemos que ir a la piscina.

—Sí.

—Cocinar.

—Sí.

—Ver películas.

—Sí.

—Salir a comer.

—Sí.

—Ir de compras otra vez.

Alexa la miró.

—Acabamos de volver de compras.

—Y podemos volver.

—No.

Emma hizo una mueca.

—Está bien.

Alexa tomó su teléfono.

Tenía varios mensajes.

Uno de su madre.

Otro de su padre.

Y uno de A. B.

Abrió primero el de su madre.

Mamá:

¿Llegaste bien?

Alexa respondió:

Alexa:

Sí. La casa es hermosa.

Mamá:

¿Ya viste a su papá?

Alexa sonrió.

Alexa:

Sí.

Mamá:

¿Todo bien?

Alexa:

Sí, mamá.

Después llegó otro.

Mamá:

Avísanos cuando cenes.

Alexa negó con la cabeza, divertida.

—Mis padres creen que sigo teniendo doce años.

Emma sonrió.

—Los míos creen que tengo doce años desde que nací.

Alexa soltó una carcajada.

Entonces abrió el otro chat.

A. B.:

¿Llegaste bien?

Alexa sintió esa pequeña emoción que siempre aparecía cuando veía su nombre.

Alexa:

Sí.

A. B.:

¿Te gusta la casa?

Alexa se quedó mirando la pantalla.

Era una pregunta extraña.

Pero no demasiado.

Quizás simplemente estaba interesado.

Alexa:

Mucho.

A. B.:

¿Y tu amiga?

Alexa:

Está feliz de tenerme aquí.

A. B.:

Entonces parece que serán buenas vacaciones.

Alexa sonrió.

Alexa:

Eso espero.

Después de unos segundos escribió:

Alexa:

Aunque todavía tengo que acostumbrarme a compartir casa con alguien que no conozco demasiado.

A. B. tardó un poco en responder.

A. B.:

¿Alguien?

Alexa:

El padre de Emma.

Hubo una pausa.

A. B.:

¿Y qué impresión te da?

Alexa miró hacia la puerta.

No podía evitar pensar en Adrián.

En su forma tranquila de hablar.

En la manera en que había ayudado con las maletas.

En aquella sonrisa discreta.

Alexa:

Es agradable.

A. B.:

¿Solo agradable?

Alexa frunció el ceño.

Alexa:

¿Por qué preguntas?

A. B.:

Curiosidad.

Alexa sonrió.

Alexa:

¿Otra vez curioso?

A. B.:

Quizás.

Ella negó con la cabeza.

Alexa:

Es serio, pero parece buena persona.

La respuesta tardó unos segundos.

A. B.:

Me alegra que pienses eso.

Alexa se quedó mirando la pantalla.

Había algo extraño en esa respuesta.

Pero antes de poder pensarlo demasiado, Emma se dejó caer sobre la cama.

—¿Con quién hablas?

Alexa bloqueó el teléfono por reflejo.

—Con nadie.

Emma entrecerró los ojos.

—Eso sonó sospechoso.

—Estás imaginando cosas.

—Claro.

Alexa sonrió.

—¿Qué película vamos a ver esta noche?

Emma comenzó a enumerar opciones.

Mientras discutían, Alexa dejó el teléfono sobre la mesa.

La pantalla volvió a iluminarse unos minutos después.

A. B.:

Disfruta tus vacaciones, chica mala.

Alexa miró el mensaje.

Sonrió.

Sin saber que el hombre que acababa de escribirle estaba en la misma casa.

Y que, durante las próximas dos semanas, tendría que verla todos los días mientras fingía que entre ellos no había ocurrido nada.

Dos mundos que hasta entonces habían existido por separado acababan de encontrarse bajo el mismo techo.

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Paula Giaccaglia
que vamos a tener que esperar? que vea de casualidad el tatuaje? me encanta pero ella es una niña al lado de él, muy inmadura su actitud
Paula Giaccaglia
es un idiota e inmaduro!!!! hombre grande, le duplica más la edad, es la amiga de su hija,
Paula Giaccaglia
mi duda escritora es cómo va a seguir ésta historia? Emma aceptará que su mejor amiga tenga relaciones sexuales con su papá? bueno, por eso yo no escribo y vos sí, ya sabrás y espero que no tarden tanto los capítulos
Paula Giaccaglia
lo que no me quedó claro es , ¿qué pasó ésa noche? besos o algo más?
Iza Lozano
cuando le dira la verdad a Alexa? cuando sabrá que el papá de su amiga es el mismo hombre de sus recuerdos?
Paula Giaccaglia
Alexa con el papá de Emma ( porque es él seguro) fué sólo un beso o algo más? no me queda claro.
en mi país un hombre de 39 años con una menor sería pedofilia si hubo sexo
Paula Giaccaglia
uhhhh, es el papá de Emma??? no puedo creer, hay muchísima diferencia de edad!!! 39 años tiene él y ella debe de tener 18 y amiga de la hija
Maleramram: Tiene 20 casi 21 Alexa , es un diferencia de edad si no le gusta ese contenido es entendible , puede dejar de leer
total 1 replies
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