La vida de un escritor otaku
Saito Takahara tiene 28 años y lleva una vida tranquila y solitaria en Tokio.
Es un escritor de novelas ligeras que ha conseguido ganarse la vida con sus historias, pero fuera de su trabajo pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su casa, escribiendo, jugando videojuegos y disfrutando de su mundo otaku.
Todo cambia una noche en Akihabara.
Al salir de una tienda, Saito encuentra a dos jóvenes sentadas en la calle, agotadas y sin un lugar donde pasar la noche. Son Izumi, de 21 años, y Akane, de 18.
Sin saber qué les ha ocurrido y sin esperar nada a cambio, Saito decide ayudarlas y les ofrece quedarse en su casa.
Lo que comienza como una simple ayuda termina convirtiéndose en algo mucho más grande.
La casa que durante años había estado en silencio comienza a llenarse de conversaciones, risas, videojuegos y momentos que Saito jamás imaginó vivir. Mientras Akane empieza a sentirse cada vez más cómoda a su lado, Izumi mantiene cierta distancia.
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Un nuevo paso
Los días siguientes volvieron de a poco a la normalidad.
Izumi continuó con su trabajo en la editorial y, después de varios intentos, finalmente consiguió sacar su licencia de conducir.
Estaba orgullosa de haberlo conseguido.
Akane también volvió a comportarse como siempre.
Aunque había algo diferente.
Después de lo ocurrido, parecía estar mucho más abierta a expresar lo que sentía por mí.
Y no era la única.
Las dos se habían vuelto todavía más cariñosas conmigo.
Ya me había acostumbrado a que se acercaran, tomaran mi brazo o se apoyaran sobre mí.
Sin embargo, con Akane era diferente.
Ahora ya no intentaba esconder tanto lo que sentía.
Y, aunque no sabía exactamente qué significaba todo aquello, me alegraba verla nuevamente sonreír.
Por mi parte, finalmente había terminado mi nueva novela.
El título era:
«Los momentos más especiales de la juventud».
Antes de llevársela a Yamada, quería que Akane la leyera primero como se lo había prometido.
Tomé el manuscrito y salí de mi habitación.
Caminé hasta la habitación de Akane y llamé a la puerta.
—¿Akane?
—¿Sí?
Abrí lentamente.
Akane estaba sentada frente a su escritorio.
Cuando me vio con el manuscrito en las manos, sus ojos se iluminaron.
—¿Ya terminaste?
—Sí.
Levanté el manuscrito.
—Quería que fueras la primera en leerlo como dijimos.
Akane sonrió inmediatamente.
—¿En serio?
—Te lo prometí.
Le entregué las hojas.
Akane las tomó con cuidado.
—Gracias, Saito.
Se sentó frente al escritorio y comenzó a leer.
Después de unos segundos levantó la mirada.
—¿Puedes quedarte aquí mientras lo leo?
—Claro.
Me senté sobre su cama.
Akane volvió a concentrarse en el manuscrito.
Mientras ella leía, observé su habitación.
Ya había estado allí varias veces, pero ahora pude verla con más atención.
En una estantería estaban varias de las novelas que le gustaban.
Debajo de ellas había un espacio donde estaban mis dos libros.
«El sueño de un gran futuro».
Y «Donde el silencio se rompe».
Sonreí al verlos juntos.
Más allá estaban algunos de sus peluches.
Sobre el escritorio había dos fotografías enmarcadas.
Las fotos que habíamos tomado durante nuestro viaje a Yokohama.
En una aparecíamos los tres almorzando en el parque de atracción.
En la otra estábamos en la noria.
Akane había decidido enmarcarlas y colocarlas allí.
Volví a mirarla.
Seguía leyendo atentamente.
No quería interrumpirla.
Pasaron varios minutos.
Finalmente, Akane dejó el manuscrito sobre el escritorio.
Me miró.
—Terminé.
—¿Y?
Akane sonrió.
—Me gustó mucho.
Sentí alivio.
—¿De verdad?
—Sí.
Tomó nuevamente el manuscrito.
—La historia es muy entretenida.
Después me miró con cierta curiosidad.
—Aunque...
—¿Aunque?
—Hay algunas partes que me recuerdan a nuestro viaje a Yokohama.
Me quedé en silencio.
—¿Y el protagonista está enamorado de una chica llamada Noemí?
—Sí.
—Se parece mucho a mí.
Sentí que mi rostro comenzaba a calentarse.
—Bueno...
Akane sonrió.
—¿Está mal?
—No.
Me rasqué ligeramente la cabeza.
—Quería ponerle un poco más de emoción a la historia.
Akane soltó una pequeña risa.
—No me molesta.
Volvió a mirar el manuscrito.
—De hecho, me gustó mucho.
—Me alegra.
—Aunque me sorprendió una cosa.
—¿Qué?
Akane levantó la mirada.
—Las tres chicas se parecen bastante a nosotras.
Me quedé pensativo.
—Supongo que tomé algunos rasgos de cada una.
—¿De mí, Izumi y Hana?
—Sí.
Akane sonrió.
—Entonces creo que entiendo mejor de dónde salieron algunos personajes.
—Quizá.
Me levanté de la cama.
—Ahora tengo que llevársela a Yamada.
Akane me devolvió el manuscrito.
—Espero que le guste tanto como a mí.
—Yo también.
Guardé las hojas.
—En un rato vuelvo.
Akane me miró.
—¿Puedo ir contigo?
—Claro.
Su expresión se iluminó.
—Entonces dame unos minutos.
—Está bien.
Los dos nos preparamos y salimos de casa.
***
Llegamos a la editorial poco después.
Apenas entramos, Izumi nos recibió.
—¡Saito!
Se acercó rápidamente y me abrazó.
Antes de que pudiera reaccionar, me dio un beso en la mejilla.
Sentí cómo mi rostro se ponía rojo.
—Izumi...
Ella sonrió.
—¿Qué?
Akane apareció detrás de mí.
Izumi la miró.
—No esperaba que vinieras con Saito.
Akane sonrió.
—Quería ver dónde trabajas.
—Entonces ven. Te enseñaré un poco.
Las dos comenzaron a hablar mientras yo me dirigía hacia la oficina de Yamada.
Llegué frente a la puerta y golpeé.
—Pasa.
Abrí.
Yamada estaba hablando por teléfono.
Me hizo una señal para que esperara.
Después de unos minutos terminó la llamada.
—Saito.
—Hola, Yamada.
—Siéntate.
Me senté frente a su escritorio.
—¿Quieres tomar algo?
—No, gracias.
Dejé el manuscrito sobre la mesa.
—Terminé la nueva novela.
Yamada tomó el manuscrito.
—Perfecto.
Después me miró.
—¿Cómo estás?
—Bien.
Sonreí.
—¿Y tu esposa?
—Muy bien. Gracias por preguntar.
—Me alegra.
Yamada abrió el manuscrito.
—¿Y cómo va Akane?
—¿Akane?
—Sí.
Sonrió.
—La última vez que hablamos me dijiste que estaba pensando en qué hacer con su futuro.
—Ah, sí.
—¿Cómo está?
—Bien.
Hice una pequeña pausa.
—Aunque todavía no sabe exactamente qué quiere hacer.
—Es normal.
Yamada hojeó algunas páginas.
—Por cierto, Izumi sigue mejorando a una velocidad impresionante.
Sonreí.
—Me alegra escuchar eso.
—Tiene facilidad para organizar las cosas y aprende muy rápido.
Yamada dejó el manuscrito sobre el escritorio.
—Precisamente por eso quiero darle más responsabilidades poco a poco.
Asentí.
—Estoy seguro de que podrá hacerlo.
Yamada sonrió.
—También estuve organizando algunas cosas.
—¿Qué cosas?
—Una nueva firma de libros.
Mis ojos se iluminaron.
—¿Otra?
—Sí.
Yamada tomó una hoja.
—Esta vez será en Kyoto.
—¿Kyoto?
—Será un viaje de fin de semana, parecido al de Osaka.
Sentí una mezcla de emoción y nervios.
Poco a poco mis libros estaban llegando a más personas.
—Me alegra mucho.
—La firma será dentro de dos semanas.
Asentí.
—Entiendo.
Yamada continuó.
—Pero hay algo más.
—¿Qué?
—La próxima semana quiero que vayas a una convención de manga y anime en Tokyo.
Lo miré confundido.
—¿Para qué?
Yamada sonrió.
—Porque estoy pensando en adaptar «El sueño de un gran futuro» a manga.
Me quedé completamente inmóvil.
—¿Mi novela?
—Sí.
No pude evitar sorprenderme.
—¿De verdad?
—Tu primera novela está ganando popularidad poco a poco.
Yamada se acomodó en su silla.
—Ya tenemos lectores en diferentes partes de Japón. Creo que este podría ser el siguiente gran paso.
Miré el manuscrito que estaba sobre su escritorio.
Nunca había imaginado que aquella historia pudiera llegar tan lejos.
—Entonces...
—Necesitamos encontrar un mangaka que esté dispuesto a trabajar con nosotros.
—Entiendo.
—Por eso te conseguí un par de entradas para la convención.
Sonreí.
—Muchas gracias, Yamada.
—No tienes que agradecerme todavía.
Se rio.
—Primero tenemos que encontrar al ilustrador adecuado.
Asentí.
—Haré lo posible.
Yamada se levantó.
—Entonces nos vemos en la convención.
—Sí.
Me acompañó hasta la puerta.
Al salir, vi a Izumi hablando con Akane.
Las dos nos miraron.
Yamada se acercó.
—Tú debes ser la hermana de Izumi.
Akane hizo una pequeña reverencia.
—Sí.
—Izumi me habló un poco sobre ti.
Akane sonrió.
—Quería agradecerle la oportunidad que le dio a mi hermana.
Después miró a Yamada.
—Y por ayudar tanto a Saito.
Yamada negó con la cabeza.
—No es para tanto.
Sonrió.
—Es algo que haría por cualquiera de mis amigos.
Sentí una extraña calidez en el pecho al escucharlo.
Amigo.
Todavía me resultaba extraño escuchar esa palabra.
Pero me hacía feliz poder llamar a Yamada mi amigo.
—Entonces nos vemos —dije.
—Cuídense.
Nos despedimos de Yamada y de Izumi.
Akane y yo salimos de la editorial.
***
Fuimos a un café cercano.
Nos sentamos junto a una ventana.
Akane todavía parecía emocionada.
—Entonces tu novela podría convertirse en manga.
—Eso parece.
—¡Es increíble!
Sonrió.
—Estoy muy orgullosa de ti, Saito.
Sentí un poco de vergüenza.
—Gracias.
—Te lo mereces.
—Espero que funcione.
—Seguro que sí.
Sonreí.
Después de un rato terminamos nuestras bebidas y salimos del café.
Dimos un paseo por las calles cercanas antes de regresar a la editorial para recoger a Izumi.
Cuando llegamos, Izumi ya había terminado su trabajo.
—¿Y?
—Yamada me contó que están pensando en adaptar mi primera novela a manga.
Los ojos de Izumi se abrieron.
—¿En serio?
—Sí.
—¡Eso es genial!
Akane sonrió.
—Además, tenemos entradas para una convención de manga y anime la próxima semana.
Izumi levantó una ceja.
—¿Una convención?
—Sí.
—Entonces quiero ir.
Akane levantó la mano.
—Yo también.
Las miré a las dos.
—Está bien.
Izumi sonrió.
—Será divertido.
Regresamos juntos a casa.
***
Al llegar, preparé algo para merendar.
Pasamos un rato tranquilos hablando de la convención.
Después de un rato, Izumi se levantó.
—Voy a bañarme.
—Está bien.
Cuando Izumi subió las escaleras, Akane y yo comenzamos a preparar la cena.
Mientras cortaba algunas verduras, sentí que Akane se acercaba.
Se quedó prácticamente pegada a mí.
Sentí su brazo rozando el mío.
Me puse un poco nervioso.
No entendía por qué.
Ya me había acostumbrado a la forma cariñosa de ser de las dos.
Sin embargo, con Akane parecía diferente.
Ella apoyó ligeramente su cabeza cerca de mi hombro.
—Me gusta compartir estos momentos contigo.
La miré.
—¿Estos momentos?
—Sí.
Sonrió.
—Cocinar juntos. Preparar la mesa. Estar en casa.
Sonreí.
—A mí también me gusta.
Continuamos preparando la cena.
Unos minutos después, Izumi regresó.
Akane estaba colocando los platos sobre la mesa.
—Ya casi está la comida —dijo.
—No hay prisa.
Akane se dirigió hacia la entrada de la cocina.
Entonces pareció recordar algo.
—Izumi.
—¿Sí?
—¿Qué te gustaría para tu cumpleaños?
Izumi la miró sorprendida.
—¿Mi cumpleaños?
Antes de que pudiera responder, salí de la cocina.
—Espera.
Las miré a las dos.
—¿Cuándo es el cumpleaños de Izumi?
Akane respondió inmediatamente.
—El miércoles de la semana que viene.
La miré sorprendido.
—¿El miércoles?
—Sí.
—¿Por qué nunca me dijeron nada?
Izumi se encogió de hombros.
—Ahora ya lo sabes.
—No me refiero a eso.
La miré seriamente.
—¿Por qué nunca mencionaron una fecha tan importante?
Izumi bajó ligeramente la mirada.
—Porque para mí es un día común.
—¿Un día común?
—Nunca hice nada especial por mi cumpleaños.
La miré preocupado.
Después de unos segundos, sonreí.
—Entonces este año será diferente.
Izumi levantó la mirada.
—¿Qué?
—Las invitaré a cenar ese día.
Akane sonrió.
—Me parece perfecto.
Izumi también sonrió.
—Está bien.
—Y quiero saber qué te gustaría recibir de regalo.
Izumi se quedó pensativa durante unos segundos.
Después sonrió de una manera que inmediatamente me hizo desconfiar.
—Quiero una noche en un hotel de amor.
Sentí cómo mi rostro se ponía completamente rojo.
—¡Izumi!
Akane la reprendió.
—¡No hagas ese tipo de bromas!
Izumi comenzó a reír.
—Últimamente ya no le hago tantos chistes como antes.
—Eso no significa que tengas que empezar otra vez.
Izumi siguió riéndose.
—Solo estaba bromeando.
Akane volvió a la cocina.
Yo también.
Mientras entraba en la cocina, escuché algo del leve murmurar de Izumi:
—¿Qué tendría de malo una noche para nosotros dos?
Me quedé inmóvil durante un instante.
Akane no pareció escucharla.
Preferí concentrarme en la comida.
***
Unos minutos después, cenamos los tres juntos.
La conversación fue tranquila.
Después de terminar, Akane se despidió y subió a su habitación.
Izumi y yo nos quedamos en la sala viendo televisión.
Se sentó a mi lado.
Muy cerca.
Yo continué mirando la pantalla.
Hasta que, antes de darme cuenta, Izumi apoyó la cabeza sobre mis piernas.
La miré.
Parecía completamente cómoda.
—¿Izumi?
—¿Sí?
—Nada.
No quería molestarla.
Comencé a acariciar suavemente su cabello.
Izumi cerró los ojos.
Durante unos segundos permanecimos así.
Entonces abrió los ojos y me miró.
—Saito.
—¿Sí?
—¿Está mal sentir algo por una persona mayor que tú?
La pregunta me sorprendió.
—¿Qué quieres decir?
—Que alguien pueda sentir algo por una persona mayor o menor que ella.
Pensé durante unos segundos.
—Cuando existen sentimientos como el amor, no siempre podemos controlarlos.
Izumi permaneció en silencio.
—Si dos personas se quieren y ambas son adultas, no creo que haya ningún problema.
Izumi sonrió.
—¿Entonces no te molestaría?
—¿Qué cosa?
—Que alguien sintiera algo por una persona mayor.
—No.
La miré.
—Creo que los sentimientos no funcionan de una manera racional.
Izumi sonrió nuevamente.
Después de unos segundos preguntó:
—¿Sientes algo por Hana?
Sentí cómo mi rostro se calentaba.
—No.
—¿Seguro?
—Hana y yo solo somos amigos.
Hice una pequeña pausa.
—Aunque en su momento sí sentí algo por ella.
Izumi me observó atentamente.
—Pero ahora ya no la veo de la misma manera.
—¿Por qué?
Bajé la mirada.
—Porque las cosas cambiaron.
Suspiré.
—Me da un poco de tristeza.
—¿Por qué?
—Porque ella se me confesó...
Izumi se levantó de golpe.
—¡¿Se te declaró?!
—¡Shhh!
Miré hacia las escaleras.
—No grites.
Izumi bajó la voz inmediatamente.
—¿Hana se te declaró?
—Sí.
—¿Y no la correspondiste?
—No.
—¿Por qué?
La miré.
—Ya te dije que la amé cuando era más joven.
Izumi permaneció callada.
—Pero ahora...
Miré hacia las escaleras.
—Ahora, por encima de Hana, están Akane y tú.
Izumi se quedó completamente inmóvil.
Su rostro comenzó a ponerse rojo.
La miré.
Después no pude evitar reírme.
—¿Qué?
—Nada.
—¡No te rías!
—Es que te pusiste roja.
—¡Es tu culpa!
Antes de que pudiera reaccionar, Izumi se lanzó sobre mí.
—¡Izumi!
Me dio un beso.
Fue rápido.
Apenas tuve tiempo de comprender lo que había ocurrido.
Izumi se apartó inmediatamente.
Me quedé completamente paralizado.
Ella se levantó.
—Buenas noches, Saito.
—Espera...
Pero Izumi ya se dirigía hacia las escaleras.
Antes de subir, se detuvo.
Se giró hacia mí.
Sonrió.
—Por cierto...
—¿Sí?
—Lo del hotel iba en serio.
—¿Qué?
Izumi se rio y continuó caminando.
—¡Espera, Izumi!
No respondió.
Desapareció por las escaleras.
Me quedé sentado en el sofá.
Sin saber qué decir.
Me llevé una mano al rostro.
Todavía podía sentir el calor en mis mejillas.
—¿Qué acaba de pasar...?
Apagué la televisión.
Después de unos segundos, apagué las luces de la sala.
Subí las escaleras y me dirigí a mi habitación.
Cerré la puerta.
Me quedé unos instantes apoyado contra ella.
No podía dejar de pensar en el beso de Izumi.
Y tampoco podía dejar de pensar en sus palabras.
Por primera vez, comencé a preguntarme seriamente qué era exactamente lo que sentía por las dos chicas que habían cambiado mi vida.