Un joven general cuenta sus experiencias de vida que lo llevaron al punto en el que se encuentra. Errores del pasado se pagan con sangre en el presente.
Cuenta cómo su mundo cambió totalmente hace ya veintidós años cuando apenas tenía quince; cómo, por las guerras, ha perdido seres queridos y camaradas que espera volver a ver algún día en el otro mundo. Todo inicia con su padre, Oemirus, quien lideró el asalto a la ciudad de Palfidias y se convirtió en héroe. Pero un trágico malentendido diplomático sembró la semilla de una venganza brutal.En ese entonces, un ejército colosal arrasa el reino de Wilders con un solo objetivo: borrar del mapa el linaje y el pueblo de Oemirus.¿Podrá su hijo Mélon sobrevivir a la tormenta que desató su propio padre?
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En busca de mí camino
Al día siguiente fue el funeral amaneció cubierto de nubes.
Desde temprano, la gente de la polis comenzó a reunirse alrededor de la plaza principal. No había música de celebración, las calles que durante los últimos dias habian estado llenas de voces y alegría ahora permanecían en silencio.
En el centro de la plaza colocaron el cuerpo de Oemirus sobre un bier, justo al lado de la pira donde sería cremado. A su alrededor estaban colocadas varias antorchas aunque ya faltaba poco para que amaneciera del todo.
Permanecí frente a él, no podía apartarme incluso cuando comenzó la ceremonia. Miré el rostro de mi padre sin decir una sola palabra.
Todavía me resultaba imposible aceptar que aquel hombre que durante tantos años había estado a su lado ya no ya no volveria a hablarme, ni corregirme ni mirarme con aquella expresión seria que tantas veces confundí con enojo.
Oemirus se había ido y esta vez no se podía hacer nada para traerlo de vuelta.
Bajé la mirada, a mi lado estaba Melos, vestía completamente de negro, intentó mantenerse firme durante toda la
ceremonia, pero sus ojos mostraban el cansancio de las últimas noches.
Los ciudadanos se turnaban para despedirse de quien formó la ciudad en la que hoy vivían, le dejaban ofrendas de
flores, vino y adornos hechos por los artesanos. Detrás de ellos se encontraban Gurta, Lion, Stelios, Griseia y varios líderes de la coalicion de polis que fueron a mostrar respeto asía el hombre con el que combatieron y a sus hijos.
Incluso nómadas y soldados de otras regiones de Wilders que habían servido junto a Oemirus llegaron para despedirlo.
Gurta observaba el cuerpo en silencio. Durante su juventud y adultez mi padre había sido para el su maximo rival. Se
enfrentaron en duelos, guerras, discuciones y competiciones, ambos eran totalmente diferentes pero también se respetaban
bastante.
Finalmente le toco a el despedirse personalmente de mi padre, su mirada cargaba tristeza y rabia.
Se acercó a nosotros.
—Su padre era un hombre dificil-dijo
Levante lentamente la mirada.
—Sí.
Gurta soltó una pequeña risa.
—Demasiado dificil a veces.
Por primera vez en el dia deje escapar una pequeña sonrisa.
—Eso también es cierto.
Gurta se colocó entre el cuerpo y nosotros.
—Pero aprendí mucho de él.
Guardé silencio.
—Cuando lo conoci, pensé que solo era otro señor que creía saberlo todo. Después entendí que yo estaba equivocado.
Gurta se cruzó de brazos.
—Oemirus podia equivocarse, tomar malas decisiones. Pero entendía que cuando cometía un error intentaba solucionarlo
o vivía con las consecuencias.
Apreté los puños.
Gurta me miro directamente.
—Nadie puede hacerlo todo solo, eso fue algo que el me enseño y tarde mucho en entender. Un lider no es aquel que nunca
comete errores, sino quien está dispuesto a responder por ellos.
Mire a mi padre.
Recordé todas las veces que lo vi preocupado por la polis, las noches en las que regresaba agotado, todas las discuciones con Melos. Las decisiones que tenía que tomar por todos, cargando el peso de no saber si serian las correctas.
—Yo no creo que pueda ser como el-murmuré
Gurta nego con la cabeza.
—No tienes que ser como él, tienes que ser tú mismo.
Lo mire sorprendido.
Puso su mano sobre mi hombro.
—Eso es algo que tu padre hubiesé querido.
Después de sus palabras miro una vez a Oemirus y se apartó para dejarnos nuevamente solos.
Observe como se alejaba, tal vez Gurta tenía razón.
Pero en ese momento no podia pensar lo que me dijo con claridad, solo queria que mi padre estuviera aquí, contarle lo que
pasamos, lo que logramos, sobre todas las persona que habiamos conocido.
La ceremonia continuaba y uno a uno se despedían los líderes de la coalicion.
Después le toco al rey.
El compartio momentos de su adolescencia, además de la campaña de Palfidias, conocia muy bien a Oemirus y sus hombre.
-Su padre fue un gran hombre y capitán- nos dijo.
Asentí.
No encontré palabras para responder.
Griseia se había mantenido en silencio desde su llegada. Vio a Mélon mal como cuando discutió con su hermano en Palfidias, pero esta vez lo encontro derrumbado emocionalmente, habían compartido momentos como las celebraciónes con él y empezaba a conocerlo mejor durante esos meses.
Aunque era la primera vez que lo veía así.
Cuando el funeral termino y cremaron el cuerpo, la mayoría comenzaron a irse, otros se reunian en la plaza al centro de la
ciudad para despedir a Oemirus con vino y comida.
Ella espero unos minutos para acercarse.
Yo estaba sentado solo bajo un arbol pensando y mirando asía el lugar donde fue cremado.
La princesa se sentó a mi lado.
Ninguno hablo durante unos minutos.
-No sé que decirte, para mí la perdida de mi padre también fue muy dolorosa pasé varios días en mi habitacion sin tener ganas
de comer, ni hablar con nadie.
La mire con tristeza.
Y ella continuó.
-Pasé dos días sin salir, ni comer cuando mi hermano se entero me pidio que comiera al menos algo, no podia estar sin alimentarme
ya que eso podría hacerme mal. Al principio me moleste crei que no entendí mi dolor, que para el solo había sido perder una persona como cualquier otra, pero cuando lo mire se encontraba con una mirada de cansancio y dolor que se reflejaba en su rostro. No podia darse el lujo de desmoronarse al igual que yo, el tenia que defender lo que aún quedaba que era su pueblo y a mi. También fue muy duro para Stelios. Entonces entendí que también era mi gente y que mi hermano necesitaba de mi y no preocuparse por mi.
Sus palabras junto con las de Gurta empezaron a hacerme entender algo importante. Se puede lamentar los que ya no estan pero también hay que tener en cuenta a los que aun tenemos a nuestro lado.
Nos quedamos sentados bajo el arbol en silencio un rato mas.
Hasta que finalmente ella volvió a hablar.
-Podés venir conmigo unos dias a la capital.
Frunci el ceño y negué con la cabeza.
-No creo que sea una buena idea.
-No te estoy diciendo que te quedes para siempre.
-Tengo que quedarme para ayudar a Melos
-Melos puede encargarse bien de la polis lo viene asíendo hace ya un año y medio casi.
Mire hacía donde esta mi hermano.
-No quiero abandonarlo.
-No lo estarias abandonando.
La princesa hizo una pausa.
-Solo estarías unos dias de descanso.
No respondi.
Ella me observo durante unos segundos.
-Has pasado mucho tiempo luchando, siguiendo órdenes y preocupándote por los demás.
También la mire.
-Eso es lo que me toco como deber.
-¿Y cuando te preocupas por ti?
Me quede en silencio, sin poder encontrar una respuesta.
La princesa me sonrio.
-Piénsalo.
Se levantó y se alejó.
La observe mientras se marchaba, no estaba convencido.
Pero sus palabras sembraron dudas en mi.
Finalmente la ceremonia termino y todos volvieron a sus hogares.
En la noche me encontraba sentado junto al fuego cuando Melos se acercó.
-La princesa habló conmigo antes de marcharse.
Levante una ceja.
—¿Sobre que?
—Sobre ti.
—¿Que le dijiste?
—Que eres terco.
Solté una pequeña risa.
—Eso ya lo debe saber.
Melos me sonrió.
Luego su expresión volvió a ponerse seria.
-Creo que deberías ir.
Lo mire y negué inmediatamente.
—No.
—Cómo me podés decir que no si ni siquiera lo has pensado.
-Si lo pensé.
Melos solto una carcajada.
—¿Si?, seguro durante unos segundos.
Volvi a mirara el fuego.
—No puedo irme ahora, papá acaba de morir.
Melos también miro al fuego.
—Por eso mismo.
Ante esa respuesta me senti confundído.
Melos suspiro.
-He estado pensándolo todo el dia, y sé que tu también.
-No sé que hacer.
-Lo sé.
Melos colocó su brazo alrededor de mi cuello.
-Yo me quedaré a cuidar de la gente y, junto a Gurta y los demás señores, defenderemos el sur.
Solo escuche.
-No voy a estar solo y tus tareas las puede continuar quien las hacía cuando estabas en campaña o entregando las cosas a la gente de Gurta.
Bajé la mirada.
-Pero papá...
Melos firme me volvió a mirar.
-Papá ya no está, no podemos pasar el resto de nuestras vidas lamentando su pérdida.
Permanecí sin poder responder.
-Tú tienes mucho que aprender y vivír. Yo también pero nuestros caminos son diferentes.
-¿Que quieres decir?
-Yo me puedo quedar aquí y continuar el legado que papá dejó al construir este pueblo.
Melos hizo una pausa y miro al fuego nuevamente.
-Tú puedes seguir su legado militar si así lo querés o buscar un rumbo que vos desees.
-¿Y si no lo encuentro?
Mi hermano se rio.
-Entonces no pares de buscarlo.
El fuego crepitó frente a nosotros.
Pensé en Kállos y su decisión de quedarse para formar parte de la guardia real.
En Gurta y lo vivído a lo largo de todo este tiempo.
Melos tenía razón, llevaba demásiado tiempo caminando detrás de él y mi padre.
-No sé si quiero irme-admiti.
-Ese es un sentimiento que nubla tu decisión, debido a la perdida de nuestro padre y el miedo a que no funcione te empuja a no querés abandonar lo que al menos ya has construido.
Solté una pequeña sonrisa.
-Sigues siendo igual de molesto.
-Y tu sigues siendo igual de terco.
Ambos reímos.
La risa duro poco miré a mi hermano.
-¿Por cuánto tiempo?
Me devolvió la mirada con una sonrisa.
-El que necesites.
-¿Y si quiero volver?
-Este será siempre tu hogar.
Pensé por unos minutos y elevé la mirada al cielo.
-Está bien.
Melos sonrió.
-Entonces te prepararé algunas cosas para tu partida.
A la mañana siguiente me reuni con mi hermano que me esperaba en el salon de la asamblea.
-Te preparé algunas cosas.
Mire la mesa, había un par de bolsas pequeñas de oro y el escudo de nuestro padre.
-¿Estas seguro que me lleve su escudo?
Melos me miro.
-Si, todo lo que esta sobre la mesa te ayudara en el viaje, yo me quede con su espada asique me parecio justo que te llevases el escudo.
Lo mire unos segundo.
-Muchas gracias, hermano voy a cuidarlo.
Melos sonrio.
-Si necesitas mas oro házmelo saber con un emisario o puedes venir cuando quieras a buscarlo.
Agradecí nuevamente a mi hermano y tomé el caballo que me habia regalado Stelios.
Comenzando así mi marcha de la ciudad con dirección a la capital mientras mi hermano, la gente y los soldados
me despedían, mire por última vez la polis, allí viví toda mi vida, vivío mi familia y aprendí todo lo que sabia, pero ahora tenia que vivír mi propia vida.
No sabía qué encontraría o si lograría ver un futuro para mí, si sería capaz de convertirme en alguien, pero por primera vez, aquella incertidumbre no me parecía aterradora.