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El Corazón del Villano

El Corazón del Villano

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:493
Nilai: 5
nombre de autor: sang senja

Amelia Geraldi fue la princesa de la mafia más temida de su país. Pero una noche, después de leer hasta el amanecer una novela sin remitente, se quedó dormida... y despertó en el cuerpo de la secundaria que muere en el primer acto.

Ahora es Amelia Sandoval, una chica de diecisiete años con cara de muñeca, una familia que ya no la reconoce y una protagonista de lágrimas fáciles que se las arregla para que todos la compadezcan. Peor aún: el hombre que mandó a matar a su nueva identidad sigue ahí. Adrián William, el villano de la historia, frío, brillante y obsesionado con proteger a la heroína, la tiene en su lista negra.

Lástima para él. Esta vez, la presa sabe disparar.

Entre pistolas, intrigas escolares y un tigre blanco que ya muerde, Amelia decide reescribir el final que odió. Lo que no esperaba era que el mismísimo villano empezara a mirarla a ella.

¿Quién cazará a quién cuando el corazón del villano esté en juego?

NovelToon tiene autorización de sang senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El incidente en la boutique

Amelia y sus amigos llegaron a uno de los centros comerciales más grandes y famosos de la capital. Ella los había convencido de pasar primero por la boutique de su madre, que quedaba dentro del mismo centro. Caminaron juntos, guiados por Sebas, que iba al frente. Habían acordado echar un vistazo a los vestidos diseñados por la mamá de Amelia y Sebas antes de decidir nada.

Graciela en persona salió a recibirlos.

—¡Viniste, cariño! Y mira quiénes están aquí: ¡Jenny y Aurora! ¡Hace una eternidad que no las veía! —exclamó con entusiasmo, acariciándole el pelo a su hija.

—Sí, ya ves, mamá —respondió Amelia, seca y con la cara inexpresiva.

—¡Hola, tía! ¿Cómo está? —saludó Aurora, y Jenny la imitó enseguida.

Graciela sonrió con dulzura a las amigas de su hija, pero al mirar a Amelia no pudo evitar un largo suspiro. Cada día la veía más fría, y sentía una punzada de culpa que ni ella misma sabía explicar.

El ambiente se volvió tan rígido que nadie supo qué hacer. Todos se quedaron callados.

—Mamá, deja que vean tus colecciones, ¡mira que las amigas de Lia llevan rato de pie! —intervino Sebas para romper la tensión.

—Ay, ¡Dios mío, claro! Pasen, pasen, ustedes vienen a ver vestidos, ¿verdad? En el segundo piso tengo unos modelos preciosos. ¡Quién sabe, a lo mejor alguno les queda perfecto! —dijo Graciela, señalando la planta alta.

Todos la siguieron y se pusieron a revisar los percheros, buscando lo que mejor les sentara.

Adrián, en cambio, no apartaba la vista de Amelia, siguiendo cada uno de sus movimientos. Esperaba encontrar alguna debilidad en ella y cobrarse lo que había pasado la última vez. Sebas se había repantigado en la sala de espera con el celular en la mano, y Adrián se sentó a su lado.

—¡Buenas tardes, tía Graciela, ya llegó Sofi! —canturreó de pronto una voz demasiado familiar, y todos giraron la cabeza.

Ahí estaba la única persona a la que nadie quería ver, salvo Adrián. Graciela se acercó a su sobrina con evidente rigidez.

—Ah... Sofi, ¿qué pasa, cariño? ¿Me buscabas? —preguntó, sin dejar de mirar de reojo a Amelia, que seguía escogiendo ropa.

Amelia ni siquiera levantó la vista. Pasaba una percha tras otra como si la conversación no fuera con ella.

Sofía bajó la cabeza y jugueteó con los dedos, fingiéndose nerviosa.

—Tía, ¿puedo pedirte un vestido de tu boutique? Es que no tengo dinero para comprarlo en otro lado —dijo con voz mustia.

—Ah... claro, cariño, por supuesto. Elige el que más te guste —respondió Graciela, tropezando un poco con las palabras.

—¡Gracias, tía! ¡Yo sabía que eras la más buena conmigo! —exclamó Sofía, y la abrazó como si fuera la hija consentida de la casa.

Las tres chicas que charlaban entretenidas pusieron los ojos en blanco al oírla, pero la ignoraron y siguieron entre risas y vestidos. Sebas miró a Sofía con desconfianza y fastidio; aun así, como su hermana la dejaba pasar, prefirió no meterse. Adrián, en cambio, le sonrió con ternura. ¿Cómo no iba a alegrarse de ver a la chica que adoraba?

Y esa sonrisa no se le escapó a Amelia.

Jenny acababa de encontrar un vestido azul marino: manga corta, lazos y adornos preciosos bordados en la falda.

—¡Chicas! ¡Ya encontré el vestido perfecto para mí! —dijo, feliz, mostrándoselo a sus amigas.

—¡Guau, qué lindo! Jenny va a verse hermosísima con él. Pero... ¿por qué no lo elegiste verde? Así te parecerías a la princesa Jasmine... —parloteó Aurora, radiante.

Amelia y Jenny suspiraron y pusieron los ojos en blanco. A veces Aurora se comportaba como una niña pequeña.

Desde lejos, Sofía observaba al grupo mirando el vestido que sostenía Jenny. Verlas tan contentas le provocó un malestar incómodo.

—Chicas, lo dejo aquí un momento, ¿sí? ¡Mi vestido! Que nadie se lo lleve, ¿eh? Voy al baño, me estoy haciendo pis —anunció Jenny, dejándolo sobre un sofá y moviéndose inquieta, aguantando como podía.

—Ajá. Ya, vete, no te vayas a mojar aquí —la despachó Amelia.

—¡Carajo! ¡Qué boca tienes! ¿Crees que soy una niña de kínder para hacerme pipí en cualquier parte? —replicó Jenny, y salió disparada hacia el baño.

Amelia siguió revisando vestidos, porque todavía no había encontrado ninguno que le gustara. Aurora, mientras tanto, se estaba probando uno en el probador.

Entonces, mientras nadie miraba, Sofía dio unos pasos, tomó el vestido que había escogido Jenny y se lo llevó.

Cuando Jenny volvió, se quedó desconcertada: el vestido había desaparecido.

—¡Chicas, chicas! ¿Dónde está mi vestido? ¡No está! —gritó, histérica.

—¿No lo dejaste ahí? —preguntó Amelia, señalando el sofá.

—Sí, ahí lo pusiste, Jenny —confirmó Aurora.

—¡Ya sé que lo dejé ahí! ¿Y ahora dónde está? ¡Les dije que me lo cuidaran! ¡¿Qué les cuesta?! —chilló Jenny, frustrada...

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