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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

XIOMARA

Me desperté como todos los días, imaginando que sería tan aburrido como lo ha sido desde que me casé: la rutina fastidiosa de una mujer empresaria en una sociedad machista. Me dirigí sin afán al centro comercial para atender uno de los negocios que me dejó mi papá. Horas después, sin mucho ánimo y tras ir de un lado a otro, observé a la distancia a mi esposo en otra de sus aventuras, que cada vez eran más descaradas e irrespetuosas. Herví de rabia detallando la escena mientras jugaba con ese anillo que pesa como una cruz sobre mis hombros...

Estaba absorta en su espectáculo barato sin notar que una chica me observaba. Tras un rato, se me acercó con una brillante sonrisa inocente para presentarse amablemente e invitarme sin razón aparente a celebrar su cumpleaños...

La manera en que me abordó llamó de inmediato mi atención. No era como los demás, quienes en su intento de acercamiento evidencian interés o manipulación; ella sencillamente no tenía la menor idea de quién era yo. Acepté la invitación de esa joven de expresión radiante llamada Ismara, sin poder evitar comparar su luz con mi propia sombra.

Yo me enamoré de un pavo real que sabía desplegar sus plumas justo donde mi familia guardaba el dinero: un maestro del engaño. Incluso su "yo te cuido, princesa" no fue más que una estrategia calculada para dejarme embarazada y asegurar su posición social, pero la máscara se le cayó rápido. Las garras salieron entre apuestas, deudas y manchas de labial en sus camisas, hasta que llegó el golpe final que acabaría con el poco afecto que me quedaba y con la ilusión de que se convirtiera en un buen padre. ¡Qué ilusa fui! Un accidente de tránsito lo cambió todo. Las autoridades lo llamaron "desperfecto mecánico", pero para mí fue el día en que el mundo se detuvo al perder a mi bebé.

Creí en cada una de sus patrañas cuando pidió mi mano bajo una falsa fachada de amor incondicional, sinceridad y devoción. Todo para alcanzar sus objetivos de estatus y dinero fácil al casarse conmigo.

Las cosas no hicieron más que empeorar, hasta que hoy conocí a la que se convertiría en mi mejor amiga de una forma poco convencional. Desde que tengo uso de razón, la gente solo se ha acercado a mí por interés o para obtener un beneficio de mi apellido...

Al cruzar el umbral del Club Dance Full Party, el aire estaba saturado de perfume caro y bajos retumbantes. Lo que captó mi atención fue el cambio en el ambiente cuando el recepcionista, que segundos antes bromeaba con un compañero, se puso rígido como un poste de luz en cuanto nuestros ojos se cruzaron.

—Señora Berluchi... —tartamudeó, palideciendo e inclinando la cabeza rápidamente—. No la esperábamos... Es decir, ¿una inspección? Permítame escoltarla de inmediato al reservado principal...

—No es necesario, no es una inspección —dije—. Vengo con una amiga, solo quiero los asientos del VIP que indican las entradas. Y si mi esposo pregunta mañana, dile que estuve revisando inventarios.

El empleado miró a Ismara de arriba abajo y luego volvió a mirarme con un terror mal disimulado. Sabía que, si algo salía mal o si no recibía un trato de reina, su cabeza rodaría por ser yo la dueña del lugar. Solté una risa seca que cortó el hielo:

—Tranquilo, Emilio, hoy solo soy una cliente más...

—Parece que tu apellido pesa más que el oro, Xiomara —me susurró Ismara al oído mientras avanzábamos, ignorando al séquito de meseros que ya empezaba a revolotear a nuestro alrededor.

No puedo negar que su actitud serena y tranquila me confundió al principio. Realmente no sabía quién era yo y me trató como a una igual.

Nos sentamos en la zona preferencial. Desde aquí, el escenario se veía perfecto para el show, pero sentía todas las miradas de la sala clavadas en mi nuca.

—¿Siempre es así? —preguntó Ismara.

—¿Qué cosa?

—Ser el centro de atención...

—Siempre... —suspiré con hastío, dejando el bolso sobre la mesa.

—¿Acaso eres una supermodelo o algo así?

—No, en realidad no. Es solo por los negocios de mi familia que se apilan los lamebotas...

—Ummm, ya veo. Yo solo soy una estudiante más de ingeniería automotriz... o al menos eso intento creer.

—¡Como mi hermano Karl! Él estudió eso y ahora es un importante empresario en la industria. Pero ¿por qué dices que "eso intentas creer"?

—Mi abuelo es un empresario muy reconocido por su talento en la industria del automovilismo...

—¡Quizás Karl lo conozca! Porque yo sé de autos de carreras lo mismo que una vaca sabe de astronomía —dije, y ambas empezamos a reír.

—Pareces acostumbrada a que la gente te mire con miedo o interés...

—Creo que sí —respondí, jugueteando con mi anillo de casada y haciéndolo girar con una amargura que me dio escalofríos—. En mi mundo, Ismara, no me miran a mí: miran lo que mi esposo puede comprar o lo que mi familia puede heredar...

—Ya veo. Cada una tiene su propia tienda con variedad de problemas que resolver, pero hoy nos vamos a divertir con el show de los gemelos. Desde que iniciaron sus videos en internet he sido su admiradora por lo talentosos que son.

—Me gusta tu plan.

Las luces del club se atenuaron hasta quedar en un azul profundo, casi eléctrico. El murmullo de los "lamebotas" y el tintineo de las copas de cristal se apagaron cuando un foco blanco, violento y preciso, golpeó el centro del escenario.

De pronto, un estallido de percusión moderna hizo vibrar el suelo bajo nuestros pies.

—¡Son ellos! —gritó Ismara, apretándome el brazo con una emoción tan pura que, por un segundo, me olvidé de que hace apenas una hora estaba contemplando las miserias de mi marido en el pasillo de mi centro comercial.

Los gemelos aparecieron en escena como si fueran una sola sombra dividida en dos. Se movían con una sincronía sobrenatural; no eran solo bailarines, eran atletas de la música. Cada giro y cada salto acrobático desafiaba la gravedad. Ismara estaba hipnotizada, con los ojos brillándole a la par de las luces del club. Verla así me hizo sentir una envidia sana, preguntándome: ¿cuándo fue la última vez que yo me emocioné por algo que no fuera un balance financiero o un drama matrimonial?

Me llevé a los labios la copa de champán que jamás pedimos —pero no bebí—, totalmente absorta observando cómo seguía el ritmo con sus hombros. Ella no notaba el dinero acumulado en este lugar ni le importaban las miradas de envidia de las otras mesas; solo veía el arte y el vigor del baile. Sus ojos brillaban con esa misma chispa de adrenalina que le noté cuando mencionó con orgullo que hoy le había tocado conducir el Mustang de su tío... Aunque apenas la estaba conociendo hoy, sentí que esa chica de mirada sincera no era de las que se conformaban con ir en el asiento del pasajero: necesitaba el control, la velocidad y la libertad.

—¡Xiomara, mira eso! —exclamó cuando los gemelos hicieron una pirueta sincronizada sobre sus manos—. ¡Es pura física en movimiento!

Me reí por sus palabras; realmente era una ingeniera.

—¡Disfruta tu cumpleaños, cumpleañera! —le grité por encima de la música, dejando que el sonido me lavara por dentro.

Por primera vez en años, el anillo de casada dejó de pesarme. En la oscuridad de la zona VIP, protegida por el anonimato que Ismara me regalaba sin saberlo, cerré los ojos y dejé que el bajo de la música sustituyera los latidos de mi corazón... En ese momento no era la "Señora Berluchi" ni la empresaria traicionada: solo era una mujer viendo a dos chicos bailar, acompañada de una desconocida que me estaba enseñando a respirar de nuevo y que se convertiría en mi mejor amiga para el resto de mi vida.

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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