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Votos De Sangre

Votos De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio entre clanes / Polos opuestos enfrentados / Mujer poderosa
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: vasitos de veneno

Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.

NovelToon tiene autorización de vasitos de veneno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23

La puerta se cerró detrás de Misaki.

Dante permaneció inmóvil.

Escuchó sus pasos alejándose por el pasillo y, unos segundos después, la voz baja de Hiroshi hablando con uno de los hombres de los Kuroda.

Después, silencio.

Un silencio pesado.

Dante bajó la mirada hacia el suelo.

Durante una fracción de segundo volvió a ver la mano de su madre avanzando hacia el rostro de Misaki.

La mano de Misaki cerrándose alrededor de su muñeca antes de que pudiera tocarla.

Hiroshi llevando una mano hacia el arma.

Y aquella sonrisa.

Pequeña.

Fría.

Casi provocadora.

Su hijo era un asesino.

Y tuvo lo que se merecía.

Dante apretó la mandíbula.

Aquello podría haber terminado mucho peor.

Muchísimo peor.

Se dio vuelta.

Su madre seguía en el mismo lugar.

Tenía los brazos pegados al cuerpo y los ojos clavados en la puerta por la que Misaki acababa de desaparecer.

Dante soltó lentamente el aire.

—No tenías que hacer eso.

Ella giró la cabeza hacia él.

—¿Eso es lo primero que vas a decirme?

—Sí.

—Esa mujer mató a tu hermano.

—Lo sé.

—Lo decapitó, Dante.

Él sostuvo su mirada.

—También lo sé.

Su madre soltó una risa incrédula.

—Y aun así la traés a esta casa.

—Yo iba a llamarte.

—¿Para qué? ¿Para avisarme que la mujer que asesinó a mi hijo ahora va a caminar por los mismos pasillos que él caminó?

Dante cerró los ojos un instante.

—Para explicarte lo que está pasando antes de que hicieras exactamente lo que acabás de hacer.

—¿Y qué querías que hiciera? ¿Que la saludara? ¿Que le ofreciera una copa?

—Quería que no intentaras golpearla.

—Mató a mi hijo.

—Y si ese hombre hubiera sacado el arma, podríamos estar hablando de algo bastante peor que una cachetada.

Su madre miró hacia el lugar donde había estado Hiroshi.

—¿Me estás diciendo que uno de sus hombres habría sido capaz de dispararme en tu propia casa?

—Te estoy diciendo que no pienso averiguarlo.

La mujer volvió a mirarlo.

—¿Y ella?

Dante arqueó ligeramente una ceja.

—¿Qué pasa con ella?

—¿También habría sido capaz de hacerme algo?

Dante recordó la facilidad con la que Misaki había atrapado su muñeca.

La sonrisa que había aparecido después.

No necesitó pensarlo demasiado.

—Sí.

Su madre pareció estremecerse.

—Y te vas a casar con esa mujer.

Dante no respondió.

Todavía.

Primero caminó hasta la mesa y tomó el vaso que había dejado allí antes de que todo se fuera a la mierda.

No bebió.

—¿Cómo sabías que estaba acá?

El cambio de tema tomó a su madre por sorpresa.

—¿Qué?

—Misaki.

Dejó el vaso sobre la mesa.

—¿Cómo sabías que estaba en mi casa?

Ella desvió la mirada.

Dante entrecerró los ojos.

—Mamá.

—Carmen me llamó.

El silencio fue inmediato.

Dante permaneció completamente quieto.

—¿Qué dijiste?

—Carmen me llamó.

—Escuché perfectamente. Quiero saber por qué mierda Carmen te llamó.

—No le hables así.

—No estoy hablando con ella. Estoy hablando con vos.

Su madre tomó aire.

—Está preocupada.

Dante soltó una risa seca.

—Carmen siempre está preocupada cuando algo no sale como ella quiere.

—No estoy hablando de ella.

—Entonces ¿de quién?

—De Matteo.

La sonrisa desapareció.

—¿Qué tiene que ver mi hijo con esto?

—Todo, Dante. Esa mujer va a venir a vivir acá. Va a convertirse en tu esposa. Va a compartir esta casa con mi nieto.

—Matteo no vive acá permanentemente.

—Pero viene. Duerme acá. Pasa tiempo con vos. ¿Y ahora querés que esté cerca de una mujer capaz de hacer lo que hizo?

Dante endureció la mandíbula.

—Misaki no va a tocar a Matteo.

—¿Cómo podés estar tan seguro?

—Porque ya hablé con ella.

Su madre lo miró como si acabara de decir una estupidez.

—¿Y confiás en su palabra?

—No necesito confiar en ella.

—No entiendo.

—Le dejé perfectamente claro que Matteo no forma parte de este acuerdo.

—Eso no significa que ella vaya a respetarlo.

—Misaki tampoco quiere involucrarse con él.

Su madre frunció el ceño.

—¿Cómo sabés eso?

—Porque mi padre intentó hablar de cuál sería su lugar respecto de Matteo durante las negociaciones y ella fue bastante clara.

Dante recordó la expresión de Misaki.

¿Me tengo que hacer cargo de un niño? No soy niñera de nadie.

Casi habría resultado gracioso de no haber terminado él diciéndole que se mantuviera alejada de su hijo.

—Matteo tiene una madre —continuó—. Y tiene un padre. Misaki no tiene ninguna responsabilidad sobre él y tampoco pretende tenerla.

—Carmen cree que...

—Me importa una mierda lo que Carmen crea.

Su madre abrió ligeramente los ojos.

Dante se acercó.

—Matteo es mi hijo. No el de Carmen solamente. Yo decido quién puede estar cerca de él y quién no.

—Ella es su madre.

—Y nadie está discutiendo eso.

Su voz bajó.

—Pero utilizar a Matteo para llamarte y meterte miedo en la cabeza es otra cosa.

—No hizo eso.

—¿No?

Dante la observó.

—¿Te habría ocurrido venir hasta acá hoy si Carmen no te hubiera llamado?

Su madre no respondió.

Eso fue respuesta suficiente.

Dante asintió lentamente.

—Eso pensé.

—Dante, ella tiene miedo.

—Carmen tiene celos.

—No podés saber eso.

Él soltó una risa sin humor.

—Conozco a Carmen bastante mejor que vos.

—Quizás tiene motivos para tener miedo. Esa mujer...

—Se llama Misaki.

Su madre quedó en silencio.

Dante también.

No supo por qué la había corregido.

Y tampoco tenía ganas de analizarlo.

—Misaki mató a Lucio —continuó—. Eso es un hecho. Pero no va a tocar a Matteo.

—¿Y si te equivocás?

Los ojos de Dante se endurecieron.

—Entonces me ocuparé yo.

Su madre lo observó durante varios segundos.

—Hablás como si confiaras en ella.

—No confío en ella.

—Entonces ¿qué hacés?

Dante se pasó una mano por la mandíbula.

—Estoy cumpliendo un acuerdo.

—Un acuerdo.

Ella repitió las palabras con desprecio.

—¿Eso es todo lo que significa para vos casarte?

—En este caso, sí.

—¿Realmente vas a hacerlo?

—Ya sabés que sí.

—No.

Su madre negó con la cabeza.

—Sé que tu padre y Takeshi Kuroda lo decidieron. Sé que las familias llegaron a un acuerdo. Pero te estoy preguntando a vos.

Se acercó.

—¿Vos estás de acuerdo con casarte con ella?

Dante sostuvo la mirada de su madre.

—Sí.

Ella pareció sorprendida.

—¿Sí?

—Sí.

—Después de lo que hizo.

—Después de todo.

—No puedo entenderte.

—No hace falta.

—¡Mató a tu hermano!

—Y Lucio mató al hombre que ella amaba.

Las palabras cayeron entre ambos.

Su madre retrocedió apenas.

—No la defiendas.

—No la estoy defendiendo.

—Eso parece.

—Estoy diciendo la verdad.

—Era tu hermano.

—Lo sé.

—Entonces comportate como si te importara.

Algo cambió en los ojos de Dante.

—Cuidado.

Su madre guardó silencio.

Dante se acercó lentamente.

—Que yo no esté dispuesto a iniciar otra guerra por Lucio no significa que no me importara mi hermano.

—Ella le cortó la cabeza.

—Después de que él entrara en su casa y matara al hombre que amaba.

—No sabés qué pasó realmente.

Dante la miró fijamente.

—Sé suficiente.

—Lucio era tu hermano.

—Y vos eras su madre.

Su voz no se elevó.

No necesitaba hacerlo.

—Conocimos a dos Lucios diferentes.

Ella apretó los labios.

—No hables así de él.

—No estoy hablando mal de él. Estoy diciendo que vos eras su madre y siempre vas a verlo como tu hijo. Yo crecí con él. Vi las cosas que hacía. Las decisiones que tomaba. Las veces que papá tuvo que arreglar sus problemas.

Su madre apartó la mirada.

—Lucio era impulsivo —continuó Dante—. Violento. Y demasiadas veces creyó que nuestro apellido iba a sacarlo de cualquier mierda en la que se metiera.

—Eso no justifica que ella lo matara.

—Nunca dije que lo justificara.

Dante hizo una pausa.

—Dije que entiendo por qué lo hizo.

Aquello pareció dolerle.

—¿Y aun así vas a casarte con ella?

—Sí.

—¿Porque tu padre te lo ordenó?

Dante soltó una risa breve.

—Mi padre no me puso una pistola en la cabeza.

—Entonces podrías negarte.

—Podría.

—Pero no lo vas a hacer.

—No.

—¿Por qué?

Dante sostuvo su mirada.

—Porque mi padre fue uno de los que propuso este matrimonio.

Ella quedó inmóvil.

—Massimo sabe perfectamente quién es Misaki —continuó—. Sabe que mató a Lucio. Sabe lo que hicieron los Kuroda. Sabe lo que esta guerra nos costó. Y aun sabiendo todo eso, se sentó con Takeshi Kuroda y propuso unir a las dos familias.

—Tu padre está pensando como jefe.

—Exactamente.

Dante se acercó otro paso.

—Y yo soy su heredero.

Silencio.

—Algún día voy a ocupar su lugar. No puedo elegir solamente las decisiones que me gustan.

—Esto no es una decisión cualquiera. Es tu vida.

—Mi vida siempre estuvo ligada a esta familia. Lo sabés.

Su madre bajó la mirada.

Dante continuó:

—Nueva York nos está costando demasiado. A nosotros y a los Kuroda. Hombres. Dinero. Negocios. Contactos. Ninguno de los dos va a desaparecer y ninguno va a entregarle la ciudad al otro.

—Entonces buscá otra solución.

—Esta es la solución.

—¿Casarte con ella?

—Sí.

Su madre lo miró fijamente.

—¿Querés hacerlo?

Dante tardó unos segundos en contestar.

—No confundas aceptar una decisión con desearla.

—No respondiste.

—Porque estás haciendo la pregunta equivocada.

—¿Cuál debería hacer?

Dante tomó nuevamente el vaso.

Esta vez bebió un pequeño sorbo.

—Preguntame si estoy dispuesto a hacerlo.

Ella permaneció callada.

—¿Lo estás?

Dante dejó el vaso.

—Sí.

No hubo vacilación.

—Voy a casarme con Misaki Kuroda.

Su madre negó lentamente con la cabeza.

—No puedo aceptarla como parte de esta familia.

—No te estoy pidiendo que la aceptes.

—Va a llevar nuestro apellido.

—Lo sé.

—Va a vivir en esta casa.

—Lo sé.

—Va a dormir en tu habitación.

Dante levantó una ceja.

—Eso definitivamente no es asunto tuyo.

—Dante.

—Mamá.

Ella soltó aire, frustrada.

—No puedo mirarla sin pensar en Lucio.

Por primera vez, la expresión de Dante se suavizó apenas.

—No te estoy pidiendo que dejes de llorar a tu hijo.

Su madre lo miró.

—Ni que la perdones. Ni que olvides lo que hizo.

Hizo una pausa.

—Pero no podés volver a hacer lo que hiciste hoy.

—¿Me estás dando órdenes?

—Te estoy diciendo que este acuerdo es más grande que vos, que Misaki, que yo y que Lucio.

Los ojos de su madre se humedecieron.

—Era mi hijo.

—Lo sé.

La voz de Dante bajó.

—Y era mi hermano.

Silencio.

—Pero no voy a permitir que su muerte provoque otra guerra.

Su madre apartó la mirada.

Dante permaneció quieto.

Y entonces recordó algo.

—¿Qué más te dijo Carmen?

Ella lo miró.

—Nada.

—Mamá.

—Dante...

—¿Qué más te dijo?

Su madre suspiró.

—Que tiene miedo de que Misaki venga a esta casa. De que esté cerca de Matteo. De que...

Se detuvo.

Dante esperó.

—¿De qué?

—De que las cosas cambien.

Él soltó una risa seca.

—Las cosas van a cambiar.

—Para ella también.

—Carmen no forma parte de este matrimonio.

—Es la madre de tu hijo.

—Exactamente.

Dante se acercó a la mesa y tomó su teléfono.

—Es la madre de Matteo.

Miró la pantalla.

—Nada más.

—Dante...

Él buscó el nombre de Carmen.

—¿Qué vas a hacer?

—Algo que tendría que haber hecho hace bastante tiempo.

—No descargues tu enojo con ella.

Dante levantó la mirada.

—Carmen sabía perfectamente lo que estaba haciendo cuando te llamó.

—Solo estaba preocupada.

—No.

Guardó el teléfono en el bolsillo.

Había cambiado de opinión.

Aquella conversación no iba a tenerla por teléfono.

—Utilizó a mi hijo para asustarte. Te habló de Misaki. Te dijo que estaba acá. Y consiguió exactamente lo que quería: que vinieras a enfrentarla.

Su madre no respondió.

Dante tomó las llaves que estaban sobre la mesa.

—¿Adónde vas?

—A hablar con Carmen.

—Dante.

Él se detuvo antes de salir.

—¿Qué?

—No hagas una locura.

Dante la observó unos segundos.

Después abrió la puerta.

—La locura fue que ella creyera que podía meterse en esto.

Y salió.

Dante subió las escaleras hecho una furia.

Carmen me llamó.

Después de todo lo que le había advertido, había llamado a su madre, había utilizado a Matteo para asustarla y le había dicho que Misaki estaba en la casa.

Llegó a la habitación que Carmen utilizaba cuando se quedaba allí y abrió la puerta sin golpear.

Ella estaba de espaldas.

Sobre la cama había bolsas de Chanel, Dior, Prada y Louis Vuitton. Cajas abiertas, zapatos, ropa nueva.

Carmen sostenía un vestido frente al espejo con una sonrisa satisfecha.

—¿Te divertiste?

Se sobresaltó y se dio vuelta.

—Dante. No te escuché entrar.

—Ya veo.

—Mirá todo lo que compré.

Dante cerró la puerta.

—Estoy mirando.

Algo en su voz hizo desaparecer la sonrisa de Carmen.

—¿Qué pasa?

Dante cruzó la habitación.

—Te lo dije.

—¿Qué?

La agarró del cuello y la estampó contra la pared.

Carmen soltó un grito ahogado.

—¡Dante!

Él acercó el rostro al suyo.

—Te dije que no te metieras con ella.

—¿De qué hablás?

Los dedos de Dante se cerraron un poco más.

—Llamaste a mi madre.

Carmen se quedó inmóvil.

—Yo solamente...

—Le hablaste de Misaki. Utilizaste a Matteo para asustarla y le dijiste que estaba acá.

—¡Porque tengo miedo por mi hijo!

—Nuestro hijo.

—Esa mujer es peligrosa.

Dante soltó una risa seca.

—Yo también. Y nunca tuviste problemas en dejarlo conmigo.

Carmen cerró la boca.

—Misaki no va a tocar a Matteo. Ya se lo dejé claro.

—¿Y vos le creés?

—Lo suficiente para saber que nunca utilizó a mi hijo para conseguir algo de mí.

La soltó.

Carmen se llevó una mano al cuello y respiró con dificultad.

—Agarrá una valija.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué?

—Te vas.

—Dante...

—Tenés un departamento en el centro. Vas a vivir ahí.

—¡Esta también es mi casa!

Dante miró las bolsas sobre la cama.

—No. Esta casa es mía. El auto que manejás lo pagué yo. Las tarjetas que usás tienen mi dinero. Todo esto existe porque yo lo permití.

Carmen palideció.

—Soy la madre de Matteo.

—Y es el único lugar que tenés en mi vida.

—¿Y Matteo?

—Se queda conmigo.

—No.

Dante levantó la mirada.

Carmen retrocedió inmediatamente.

—Por favor... No podés hacerme eso.

—Puedo.

—Soy su madre.

—Entonces dejá de utilizarlo para meterte en mis asuntos.

Carmen comenzó a llorar.

—Por favor, Dante.

Se arrodilló y se aferró a sus piernas.

—No me eches. Por favor.

Dante bajó la mirada.

—Soltame.

—Puedo arreglarlo. Voy a hablar con tu madre, voy a...

—Soltame.

Ella no lo hizo.

Dante la apartó bruscamente.

Carmen cayó sobre la alfombra.

—Te lo advertí una vez —dijo él—. Después una segunda. Y aun así decidiste meterte en mi acuerdo con los Kuroda.

—Todo esto por esa mujer...

—Esto es por vos.

Carmen se levantó lentamente.

—Sos un...

Dante se detuvo.

Giró hacia ella.

—¿Soy un qué?

—Nada.

Volvió sobre sus pasos, hundió una mano en su cabello y tiró de su cabeza hacia atrás.

—No. Terminá la frase.

—Dante...

—¿Soy un qué?

Los labios de Carmen temblaron.

—Nada.

—Eso pensé.

La soltó.

—Escuchame bien. Esta fue tu tercera advertencia. No va a haber una cuarta.

Carmen permaneció en silencio.

—Si volvés a utilizar a Matteo, si volvés a llamar a mi madre o si volvés a meterte entre los De Luca y los Kuroda, te saco todo.

Dante señaló las bolsas.

—Las tarjetas. El auto. Las joyas. Todo.

Carmen lo miró aterrada.

—Y vas a volver al mismo club nocturno donde te conocí a bailar por cien dólares la noche.

—Dante, por favor...

Él abrió la puerta.

—Tenés media hora. Todo lo que entre en una valija.

—¿Y Matteo?

—Se queda.

—Por favor...

Dante la miró una última vez.

—Cuando vuelva a subir, no quiero encontrarte acá.

Y cerró la puerta.

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Al dia siguiente.

El sonido del acero fue lo primero que escuchó Dante.

Se detuvo en mitad del pasillo.

Un golpe.

Después otro.

Metal contra metal.

Había ido hasta allí por una sola razón: hablar con Misaki sobre lo ocurrido con su madre el día anterior.

Pero cuando llegó a la entrada del salón de entrenamiento, se olvidó durante unos segundos de por qué estaba allí.

Misaki estaba entrenando con Hiroshi.

Y no utilizaban armas de práctica.

Eran katanas reales.

Las hojas chocaron nuevamente con un sonido limpio y cortante que resonó por toda la habitación.

Dante permaneció en la entrada.

Misaki vestía completamente de negro. Llevaba el cabello recogido en aquella larguísima trenza que se movía detrás de ella con cada giro de su cuerpo.

Hiroshi atacó.

Misaki bloqueó.

El acero volvió a chocar.

Ella retrocedió apenas un paso antes de responder.

Hiroshi desvió su katana.

Misaki giró.

Atacó nuevamente.

Rápida.

Precisa.

Hermosa.

Dante frunció el ceño ante el último pensamiento.

Pero no apartó la mirada.

Había algo hipnótico en verla.

La seguridad con la que sostenía el arma. La concentración absoluta en su rostro. La tranquilidad con la que una hoja afilada pasaba a centímetros de su cuerpo sin conseguir arrancarle siquiera un gesto de preocupación.

Hiroshi volvió a atacarla.

Misaki bloqueó.

—もっと速く。

—Más rápido.

Hiroshi obedeció.

Dante entrecerró los ojos.

Ni siquiera sabía qué había dicho.

Pero había entendido perfectamente lo que había ocurrido.

Misaki había dado una orden.

Hiroshi la había cumplido.

El ritmo aumentó.

Las katanas chocaron una vez.

Dos.

Tres.

Hasta que Misaki consiguió desviar el arma de Hiroshi y detuvo su propia hoja a escasos centímetros de su cuello.

Hiroshi quedó inmóvil.

Ella también.

Durante unos segundos ninguno habló.

Finalmente, Misaki bajó la katana.

—今日はここまで。

—Por hoy es suficiente.

Hiroshi inclinó ligeramente la cabeza.

—はい、ミサキさん。

—Sí, Misaki-san.

Dante decidió finalmente entrar.

—Impresionante.

Misaki giró la cabeza.

Su expresión cambió inmediatamente al verlo.

No demasiado.

Pero lo suficiente.

Dante casi sonrió.

Había conseguido arruinarle el humor simplemente entrando en una habitación.

Hiroshi, en cambio, se colocó discretamente junto a ella.

Dante lo observó.

—Tengo que hablar a solas con tu jefa.

Hiroshi no se movió.

—No sigo órdenes suyas, señor De Luca.

Dante apretó ligeramente la mandíbula.

—Sí. Ya me había dado cuenta.

Los dos hombres sostuvieron la mirada.

Misaki suspiró.

—ヒロシ、外して。

—Hiroshi, déjanos solos.

Hiroshi giró hacia ella.

—ミサキさん…。

—Misaki-san...

—大丈夫。

—Está bien.

Hiroshi guardó su katana.

—わかりました。

—Entendido.

Pasó junto a Dante sin decir nada más.

Dante esperó hasta escuchar cerrarse la puerta.

—Tu perro es muy fiel.

Los ojos de Misaki se clavaron inmediatamente en él.

—No vuelvas a llamarlo así.

Dante arqueó una ceja.

—¿Te molesta?

—Sí.

—Interesante.

Misaki dejó la katana a un lado.

—¿Qué querés?

Dante miró hacia la puerta por la que acababa de salir Hiroshi.

—Hasta parece que está enamorado de vos.

Misaki no respondió.

Ni sorpresa.

Ni curiosidad.

Nada.

Simplemente tomó una botella de agua y bebió.

Dante esperó.

—¿No vas a decir nada?

Misaki bajó la botella.

—¿Sobre qué?

—Sobre lo que acabo de decir.

—No.

La indiferencia con la que respondió consiguió irritarlo.

—¿Nunca te lo preguntaste?

—No.

—¿Y ahora?

Misaki lo miró directamente.

—Tampoco.

Dante soltó una risa breve.

—Increíble.

—¿Viniste hasta acá para hablar de Hiroshi?

—No.

—Entonces decime qué querés.

Dante se quedó observándola.

—Quería verte.

Las palabras salieron antes de que pudiera pensarlas demasiado.

Misaki frunció ligeramente el ceño.

—¿Para qué?

Buena pregunta.

Dante metió las manos en los bolsillos.

—¿Necesito una razón?

—Para venir a molestarme, sí.

—No sabía que mi presencia te molestaba tanto.

—Entonces no prestaste atención.

Dante sonrió apenas.

—¿Tanto te molesta tenerme cerca?

—Sí.

La respuesta llegó inmediatamente.

La sonrisa de Dante desapareció.

Misaki continuó como si nada.

—Me molesta tu presencia cerca mío.

Dante apretó la mandíbula.

—Eso es bastante específico.

—Me preguntaste.

—Y vos parecías ansiosa por responder.

Misaki dejó la botella sobre el banco.

—Me molestan todos los De Luca cerca mío.

Se acercó a él.

—Tu familia. Tus hombres. Tu apellido.

Otro paso.

—Vos.

Dante sostuvo su mirada.

—Dentro de unos días vas a tener que acostumbrarte bastante a mi presencia.

—No tengo que acostumbrarme a nada.

—Vamos a estar casados.

—Por obligación.

—Y vamos a vivir juntos.

—Por obligación.

—Dormir en la misma habitación.

Por primera vez, algo cambió mínimamente en los ojos de Misaki.

Pero desapareció tan rápido que Dante no estuvo seguro de haberlo visto.

—También por obligación —respondió ella.

Dante inclinó ligeramente la cabeza.

—Parece que vas a divertirte mucho.

—Preferiría no verte hasta entonces.

Dante dejó de sonreír.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste.

Misaki cruzó los brazos.

—Si dependiera de mí, la próxima vez que te vería sería el día de la boda.

—¿En el altar?

—Exactamente.

—Qué romántico.

—No hay nada romántico entre nosotros.

Aquello consiguió borrarle definitivamente la sonrisa.

—Nos encontramos en el altar —continuó Misaki—. Cumplimos con el acuerdo. Nos casamos. Y dejamos de perder el tiempo fingiendo que necesitamos conocernos.

Dante la observó unos segundos.

—¿Tanto detestás estar conmigo?

—Sí.

Una palabra.

Sin dudar.

Dante apretó la mandíbula.

No debería importarle.

Él tampoco había elegido aquel matrimonio.

No confiaba en ella.

Sabía que Misaki probablemente preferiría cortarle la garganta antes que compartir una cena con él.

Pero había una diferencia.

Él no detestaba estar con ella.

Todo lo contrario.

Y empezaba a ser un problema.

—Perfecto —dijo finalmente.

—Perfecto.

Dante se dio vuelta.

Caminó hacia la puerta.

—De Luca.

Se detuvo.

Por alguna estúpida razón, escucharla llamarlo hizo que girara inmediatamente.

Misaki señaló la salida.

—La puerta está ahí.

Dante soltó una risa seca.

—Sos insoportable.

—Y aun así seguís viniendo.

Eso lo dejó callado.

Misaki recuperó su katana.

Dante la observó durante un segundo más.

—Nos vemos en el altar, Kuroda.

—Eso espero.

Dante salió.

Y mientras caminaba por el pasillo, una idea particularmente irritante se instaló en su cabeza.

Misaki Kuroda quería pasar los próximos días sin verlo.

Él acababa de descubrir que no estaba seguro de querer lo mismo.

1
Kim Nava
por eso actitud de Dante sigo diciendo que estos protagonistas no deberían quedar juntos al final no se puede ojalá y este final sea distinto y cada uno por su lado y que sea diferente a todas esas historias
Kary Monte
hasta tu hijo sabe cómo debe comportarse🙎🙎🙎
Kary Monte
🤦🤦🤦🤦 como puede ser tan animal
y más animal delante de su hijo
dios mío santo este hombre es un bruto
Kary Monte
al parecer ren en verdad era solo un profesor enamorado de misaky porque sino su padre le hubiera echado barro
será muy difícil el acercamiento de estos dos protagonistas si bien es cierto fue Lucio de luca quien lo mató
no es culpa de toda la familia bien claro nos dice dante que Lucio actuaba solo era un sicópata asesino un maldito y creo que misaky hizo su propia justicia si asesinarlo pero ahí termino y ella debe sanar necesita un sicólogo que le ayude a superar su dolor.
ahora veremos qué sucede🙎🙎🙎
Kary Monte
parece me parece 😁😁😁 que el que callo fue De Luca 😁😁😁 ahora pues
Kary Monte
por fin
esa mujer no sabe que eres el jefe al parecer cree que puede manipular todo de una vez ponla en su sitio
ponle una casa
total ella más está en la calle comprando bailando comiendo teniendo amantes en fin su vida loca
las niñeras cuidan de Mateo
Kim Nava
ella tiene claro lo que quiere y se entiende por qué aria lo mismo
y aquí es donde lo digo por primera vez que estos dos protagonistas no deben quedar juntos ojalá sea diferente y no sea el final feliz por ensima de dos vidas que no tenían nada que pagar
Kim Nava
el ya cayó ante ella
Mayelin Gimenez
El está loco por ella! Y creo que Misaki no le es indiferente! Solo que se limita por el dolor de la perdida de Ren!
Mayelin Gimenez
Ese Lucio De Luca lo mató por diversión! Con razón Misaki lo dejo sin cabeza!
Kim Nava
y esa maldita viena toda vía defiende a su maldito hijo por que su hijo no es malo 😡😡😡
que bueno que Misaki lo degolló y fue poco
estoy odiando a Dante
Kary Monte
horrible 😣😣😣horrible lo que vivió Misaki
dante no sabes en realidad porque odia a toda tu familia lo que significa para ella tu apellido
🤷🤷🤷 cómo es que estos dos se van a enamorar🙎🙎🙎deberá pasar algo increíble que los una
Kim Nava
la que llevó a hi a la madre de Dante es la perra de Carmen 😡
Kary Monte: estoy de acuerdo fue esa perra de Carmen
dante de es darte cuenta de la alimaña que está en tu casa
total 1 replies
Kim Nava
no se por que esta soportando Dante a esa despechada ya la hubiera desaparecido 😡😡😡
por que ella está siendo un clavo en el culo
no se pero esta vien el coraje de Misaki pero se está portando con el de lo peor
Kary Monte
dante
esa carne. es un problema se nota
se que es la madre de tu hijo
pero deberías mandarla a volar de una vez
hasta a mí me cansa
Kary Monte
/Smug/ está tensión entre Hiroshi y dante me está matando
Kim Nava
bueno su venganza de Misaki es entendible
pero realmente Ren si era una blanca paloma una buena persona por que a pasado en otras historias que nos venden a un personaje por bueno y viene siendo peor
Kim Nava
lo que no me parece es que Hiroshi quiera interponerse el solo es la mano derecha y de confianza que tenga sentimientos hacia ella es su pedo pero no por eso va hacer una piedra para Dante
Kary Monte
no sé otras
pero yo cada vez que estos estás juntos saltan chispas /Sly//Sly//Sly//Sly/
Kim Nava: jiji no eres la única 🤭
solo ellos por su ego y venganza no lo ven 🤭
total 1 replies
Kim Nava
sigo diciendo que la tal Carmen esa se alió a algun enemigo por eso ese ataque 🤔
Kary Monte: 😜😜😜😜 te gusta el peligro dante
total 1 replies
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