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La Primera Vez Que Te Vi

La Primera Vez Que Te Vi

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Fantasía épica / Completas
Popularitas:204
Nilai: 5
nombre de autor: TaquitoFLs

Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.

NovelToon tiene autorización de TaquitoFLs para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 9: lo que se construye con lo que queda

Un mes después de aquella noche, Isolde se levantó sola por primera vez.

No fue fácil, ni fue elegante — se apoyó contra el marco de la puerta, el equilibrio todavía inestable en un cuerpo que había tenido que aprender, desde cero, una forma distinta de sostenerse. Pero se levantó. Y cuando Blanck la encontró así, de pie, sin ayuda de nadie, algo en su expresión le dijo que aquel gesto pequeño significaba mucho más de lo que las palabras podían explicar.

—Mírate —dijo él, sin poder evitar la sonrisa.

—No te emociones tanto. Sigo sin poder caminar más de diez pasos sin querer caerme.

—Diez pasos son diez pasos más de los que podías dar hace dos semanas.

Isolde se dejó caer de nuevo en la cama, agotada por el esfuerzo, pero con algo distinto en la mirada — no la desesperación de los primeros días, sino una especie de terquedad silenciosa, la misma que él reconocía en sí mismo cada vez que se negaba a rendirse ante algo.

—He estado pensando —dijo ella, recuperando el aliento—. Si voy a seguir viva en este lugar, no pienso hacerlo como alguien que necesita que la carguen a todas partes. Voy a aprender a pelear de nuevo. De otra forma. Con lo que me queda.

—Isolde...

—No me mires así. No es orgullo estúpido. Es lo único que me queda para sentir que padre no ganó del todo.

Blanck se sentó junto a ella, sin decir nada por un momento, dejando que el peso de esa determinación se asentara entre ambos.

—Entonces te voy a ayudar a encontrar la forma.

Cruzó hacia The Hero esa misma noche, con una pregunta que llevaba días dándole vueltas en la cabeza, sin saber bien cómo formularla.

Encontró a Kate terminando de guardar hierbas medicinales en pequeños frascos de barro — las mismas que, meses atrás, había empezado a usar para curar a los heridos de su pueblo sin necesitar depender de nadie más.

—Tu gente sabe de medicina —dijo Blanck, sin más preámbulo—. De verdad sabe. No solo hierbas para el dolor.

—Algunos, sí. Hemos tenido que aprender, viviendo donde vivimos. —Kate lo miró, notando de inmediato hacia dónde iba la pregunta—. ¿Es por tu hermana?

—Necesita algo que le devuelva algo de movilidad. No puedo pedirle a nadie en el palacio de mi padre que la ayude sin que eso levante sospechas. Pero si hay alguien aquí que sepa cómo construir algo, aunque sea rudimentario...

—Tenemos un herrero. Viejo, pero bueno en lo suyo. Ha hecho prótesis antes, para los que perdieron extremidades en batallas contra tu padre. —La voz de Kate se suavizó, entendiendo el peso de lo que estaba pidiendo—. Puedo hablar con él. Pero, Blanck... traerla aquí, aunque sea una vez, es un riesgo enorme.

—Lo sé. No te lo pediría si no fuera necesario.

Kate se quedó pensativa un momento, sopesando el peligro contra la necesidad, tal como había aprendido a hacer con cada decisión desde que él entró en su vida.

—Hay una cueva, al norte del pueblo, que casi nadie conoce. La usábamos antes como refugio durante los peores ataques. Podríamos llevarla ahí, de noche, sin que nadie del pueblo ni de tu palacio se entere. —Lo miró, la determinación firme en su expresión—. No es una solución permanente. Pero es un comienzo.

—Es más de lo que tenía hace una hora.

La primera vez que Isolde cruzó hacia The Hero, envuelta en una capa que ocultaba tanto su rostro como lo que quedaba de su cuerpo, el miedo la acompañó todo el camino — no al dolor, sino a la posibilidad de que aquel lugar del que tanto había escuchado hablar resultara ser, después de todo, solo otra forma de decepción.

No lo fue.

El herrero, un hombre mayor de manos curtidas y pocas palabras, la recibió sin hacer ninguna pregunta sobre quién era o de dónde venía — solo examinó lo que quedaba de sus extremidades con la atención profesional de alguien que había visto demasiado sufrimiento como para sorprenderse de nada.

—Esto va a tomar tiempo —dijo, sin levantar la vista de su trabajo—. Y no va a ser perfecto. Pero te va a dar algo con qué trabajar.

—Con eso me basta.

Kate se quedó junto a ella durante toda la primera sesión, sin decir mucho, pero presente de una forma que Isolde no esperaba de alguien a quien acababa de conocer.

—¿Por qué haces esto? —le preguntó Isolde, cuando el herrero se retiró un momento a buscar más herramientas—. No me conoces. No me debes nada.

—Porque le importas a alguien que me importa. —Kate se encogió de hombros, como si la respuesta fuera la cosa más simple del mundo—. Y porque sé lo que se siente que a nadie más le importe si sobrevives o no.

Isolde no supo qué responder a eso. Pero por primera vez desde la noche en que su padre le arrebató parte de sí misma, sintió algo parecido a la esperanza — pequeña, frágil, pero real.

Semanas después, cuando las primeras piezas rudimentarias de metal empezaron a tomar forma alrededor de lo que quedaba de sus brazos, Isolde logró, por primera vez, sostener un peso sin ayuda de nadie.

—No está mal, para ser el primer intento —dijo, examinando el trabajo con una mezcla de orgullo y cansancio.

—Nada mal en absoluto —respondió Kate, que había empezado a acompañarla casi tanto como Blanck—. Con el tiempo, esto va a ser mucho mejor que "no está mal".

Blanck las observaba a ambas desde un rincón de la cueva, algo asentándose en su pecho que no había sentido antes con tanta claridad — la certeza silenciosa de que las dos personas que más le importaban en el mundo habían encontrado, sin proponérselo, una forma de sostenerse la una a la otra que él jamás podría haber construido solo.

—Gracias —le dijo a Kate, esa misma noche, cuando Isolde ya dormía en la cueva, agotada pero, por primera vez en meses, en paz.

—No me lo agradezcas todavía. Esto apenas empieza. —Kate se recostó contra él, el cansancio del día pesándole también a ella—. Pero si esto funciona, Blanck... si logramos que ella tenga una vida aquí, aunque sea a medias, aunque sea en secreto... entonces habrá valido la pena cada riesgo que hemos corrido.

—¿Y si no funciona?

—Entonces lo habremos intentado. Que es más de lo que la mayoría de la gente se atreve a hacer por quienes ama.

Blanck la abrazó, el fuego de su propia naturaleza ardiendo con una calidez distinta a la de cualquier batalla — algo mucho más parecido a la esperanza que a la furia.

Lo que ninguno de los tres sabía todavía era que aquella pequeña cueva, aquel refugio construido a base de secretos y medicina improvisada, era solo el comienzo de un plan que el tiempo no les permitiría terminar de la forma en que todos merecían.

Continuará...

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