Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 3
El sol de la tarde se colaba por las ventanas de la pequeña casa de Camila, pintando las paredes de un tono dorado y cálido. Era sábado, y Rafael había estado nervioso toda la semana. Desde que Camila le había dicho que su padre quería conocerlo formalmente, no había podido dormir bien. Se había probado al menos cinco camisas diferentes, había ensayado frente al espejo lo que diría, y había comprado un ramo de flores para ella.
—Relájate
le había dicho Camila por teléfono esa mañana, riéndose de sus nervios
— Mi papá es un amor, te va a adorar.
—Eso es lo que dices tú
respondió Rafael, ajustándose el cuello de la camisa
— Pero yo sé cómo son los padres. Me va a medir, me va a evaluar, y si no paso el examen, me va a prohibir que te vea.
—No seas dramático
dijo ella, con esa risa cristalina que tanto le gustaba
—Solo sé tú mismo. Él quiere conocer al hombre que me hace feliz.
Y ahí estaba Rafael, de pie frente a la puerta de la casa de Camila, con el corazón latiéndole tan fuerte que creía que se iba a salir del pecho. Llevaba en la mano un ramo de girasoles para Camila, una caja de bombones, y un buen vino.
Tocó el timbre con mano temblorosa. Escuchó pasos apresurados y la voz de Camila diciendo ¡Ya voy! desde el otro lado. La puerta se abrió y allí estaba ella, radiante como siempre, con un vestido amarillo que le llegaba hasta las rodillas y el cabello suelto cayendo sobre sus hombros.
—Hola, guapo
dijo, besándolo en la mejilla
— Pasa, pasa. Mi papá está en la sala.
Rafael entró y sintió inmediatamente el calor del hogar. La casa era pequeña pero acogedora, llena de fotografías enmarcadas y plantas que colgaban de las ventanas. Olía a café recién hecho y a algo dulce que se horneaba en la cocina.
—¡Ya llegó mi novio!
anunció Camila en voz alta.
Desde la sala, una voz grave y cálida respondió
—Que pase, que pase, no se quede en la puerta.
Rafael avanzó con pasos firmes, aunque por dentro temblaba como un flan. Al llegar a la sala, se encontró con un hombre de unos cincuenta y tantos años, de cabello canoso y ojos bondadosos que brillaban con la misma luz que los de Camila. Don Teo estaba sentado en un sillón de cuero, con un libro abierto en las manos y unas gafas de lectura apoyadas en la punta de la nariz. Al ver a Rafael, cerró el libro y se levantó, extendiéndole la mano con una sonrisa.
—Así que tú eres el famoso Rafael
dijo Don Teo, estrechando su mano con firmeza
—Mi hija no para de hablar de ti.
—Mucho gusto, señor
respondió Rafael, sintiendo que la voz le temblaba un poco
—Y gracias por recibirme en su casa. Le traje esto...
dijo, ofreciéndole el vino.
—Espero que le gusten.
Don Teo lo tomó y la examinó con curiosidad.
—Vino belga, nada menos. Bien, bien, tienes buen gusto. Siéntate, siéntate, no te quedes de pie.
Rafael se sentó en el sofá frente a Don Teo, mientras Camila se acomodaba a su lado, tomándole la mano para darle tranquilidad. Yogo, que había estado durmiendo en su cama en la esquina, se levantó y fue a olfatear a Rafael, moviendo la cola con alegría.
—Yogo ya te conoce
dijo Don Teo, riendo
—Esa es buena señal. Los perros huelen las malas intenciones.
—Espero que Yogo haya olido solo cosas buenas
respondió Rafael, acariciando la cabeza del perro.
—Hasta ahora, todo bien
dijo Don Teo, recostándose en su sillón y cruzando las piernas.
Pero vamos a lo importante. Cuéntame de ti, Rafael. ¿Qué haces, De dónde vienes, Cuáles son tus intenciones con mi hija?
Camila hizo una mueca.
—¡Papá! No lo interrogues así.
—Tranquila, hija
dijo Don Teo, levantando una mano.
—Es mi deber como padre saber quién pretende a mi única hija.
Rafael tomó aire y comenzó a hablar. Le contó sobre su trabajo como arquitecto, sobre sus proyectos, sobre cómo había perdido a su padre siendo joven y cómo eso lo había enseñado a valorar a las personas que quería. Le habló de sus sueños, de su deseo de construir espacios donde los niños pudieran jugar y ser felices, y de cómo Camila había llegado a su vida para darle un propósito más grande.