Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Algo no está bien
Era una buena chica.
Siempre lo había pensado.
Sin embargo...
Algo llamó mi atención, pero era tan extraño. Ethan llegó, se sentó a mi lado y pronto nuestra cena llegó, un platillo delicioso. Empecé a comer, me moría de hambre.
—Tardé mucho.
—No, solo un poco.
—Perdóname.
—Tranquilo.
Comimos y luego bebimos un poco.
Me levanté. Quería ir al baño a retocarme el maquillaje, pero al levantarme noté algo extraño. Olivia no estaba en la mesa. La busqué con mi mirada y, al encontrarla, noté algo raro. Ella estaba sola, permanecía de pie. Su rostro discretamente estaba girado en mi dirección, pero no me veía a mí, sino a Ethan.
No fue una mirada larga.
Solo por unos segundos estuvo fija.
Pero había algo extraño en sus ojos. No supe explicar qué era.
Sacudí la cabeza.
Seguramente estaba imaginando cosas.
—¿Sucede algo malo? —dijo Ethan.
—No, no pasa nada.
—Llevas de pie un rato. Las personas a nuestro alrededor te miran extraño.
—Perdón —sonreí.
Giré una vez más, pero ella ya no estaba. Fue al baño.
Me vi al espejo. Estaba algo pálida.
¿Qué me pasa? ¿Estoy enloqueciendo?, pensé.
Recordé la mirada de Olivia, ¿Qué me sucede?
Respiré y me retocé el maquillaje.
Regresé y volví a concentrarme en Ethan.
El mesero sirvió el vino.
Mi esposo levantó la copa.
—Por nosotros, por cien años más a tu lado, mi amada esposa.
—Por nosotros, por cien años más a tu lado, mi amado esposo.
Sonreímos.
Choqué suavemente mi copa contra la suya.
—Por dieciséis años maravillosos... y por todos los que nos faltan.
—Por toda una vida juntos.
Bebimos.
Me sentía completamente feliz.
Llegamos a casa. Entramos de inmediato a la habitación.
—Gracias por estar a mi lado.
—Gracias por estar conmigo.
—Eres lo que más amo en la vida. Te amo —dije.
Se acercó a mí y desabrochó mi vestido con tanta delicadeza. Yo tomé su rostro entre mis manos y lo besé. Él correspondió. Mi mano rodeó su cuello. Él empezó a besar mi cuello. Luego continuó bajando mi vestido y acarició mis hombros, pero por un momento se detuvo. Me miró a los ojos, tomó mis manos.
—¿Qué pasa?
—Nada.
Él solo sonrió.
Yo solo respondí.
Pasamos la noche juntos, disfrutamos el uno del otro.
Estaba en casa terminando una clase que daría a mi grupo en la universidad. Yo trabajo como maestra de medio tiempo desde hace tres años. En realidad, me encanta, aunque al principio me sentía extraña. Me gradué como bióloga, ejercí mi profesión, pero decidí retirarme después de que Emma nació.
Aunque ahora estoy feliz con mi trabajo.
Estaba concentrada tomando algunos apuntes hasta que mi celular sonó. Vi la pantalla. Era Margot, una vieja amiga. Me pareció raro que me llamara, ya que eran las siete de la mañana, demasiado temprano, y ella suele levantarse demasiado tarde.
—Hola.
—Valeria, hola.
—Margot.
Su voz se escuchaba extraña. Parecía que estaba teniendo un ataque de pánico.
—¿Estás bien? ¿Qué pasa?
—Estoy al frente de tu casa. Ábreme, por favor.
—Pero ¿por qué no tocaste la puerta? Es absurdo.
Me dirigí y abrí la puerta. Ella estaba allí, de pie. Cuando me vio, se lanzó a mis brazos. Me abrazó por un rato. Yo no entendía nada, pero ella parecía estar feliz.
—¿Me dirás qué sucede?
—¡Voy a casarme! Will me pidió matrimonio justo ayer. ¿No es maravilloso?
Estaba impactada.
—¡Qué increíble!—¡Felicidades! —dije.
Empezamos a gritar. Yo me emocioné tanto y me alegré por ella y por Will. Él era mi amigo desde que estaba en el instituto. Es un hombre maravilloso. Yo sabía que habían salido por un tiempo, que eran pareja, pero no pensé que llegarían tan lejos. Era tan perfecto lo mas hermoso es que ella era su amor no correspondido.
La abracé.
—¡Qué hermoso!
—Estoy tan nerviosa —dijo.
—Tendremos la misma fecha de aniversario.
—Sí, es tan bonito. Estoy tan asustada. Hay tanto que planear.
—Tranquila, te ayudaré en todo. Te lo prometo.
—Gracias. Sabía que podía contar contigo.
—Por supuesto.
—Valeria, debo irme. Ya es tarde. Hablaremos después.
—¿Pero tan pronto?
Ella miró de reojo.
Miré mi reloj de reojo y me di cuenta de que era demasiado tarde. Demasiado. El tiempo se fue volando. Tenía clase en media hora y aún no la había terminado.
—Nos vemos después —dijo Margot.
—Adiós.
Me apresuré a terminarla y salí de inmediato. La noticia de Margot me sorprendió mucho, pero estaba tan feliz por ellos. Will la amó por tres largos años en secreto y ahora ella sería su esposa. Todo era tan hermoso.
La clase pasó y me dirigí a la sala de profesores. La puerta estaba abierta. Entré de inmediato y tomé mi computador, pero noté que Emily, la esposa de mi hermano Harry, no estaba. Es extraño. Ella suele estar en su puesto toda la mañana. ¿Estará en una reunión, tal vez?
Tomé mi computador y empecé a realizar un trabajo.
Pero un grito me interrumpió.
—¡No es posible!
—Te digo la verdad. Él fue quien la engañó, pero dicen que ella ya lo sabía desde hace tiempo.
—¿Qué? ¿Hablas en serio? ¿Pero cómo?
—Sí. Hoy, cuando llegó, él llegó tras ella. Él le pidió que lo perdonara, pero ella empezó a golpearlo. Incluso lo insultó y lo llamó traidor enfrente de todos.
—Qué vergüenza.
—Sí, pero por suerte llegó el señor Jones y la detuvo. Él incluso la gritó. Ella vino hacia acá, tomó sus cosas y se fue, pero estaba paranoica. Se comportaba como una demente.
—Pobre mujer. Su esposo la engaña y, aun peor, ella está embarazada. Están esperando a su primer hijo. Pero qué descarado.
—Sí, pero lo que más me sorprendió es que ella es la cuñada de Valeria.
—¿En verdad?
—Sí.
Me aterraron sus palabras, pero ¿realmente eran ciertas o solo eran simples habladurías? Eran dos maestras quienes hablaban, Hana e Isabel. Ambas eran mis compañeras de trabajo. Me acerqué a ellas y callaron de inmediato. Las observé y continué mi camino.
Solo tomé mi teléfono y llamé a Emily. Marqué varias veces, pero no obtuve ninguna respuesta. Iba a llamar a Harry, pero al marcar su teléfono estaba apagado.
Estaba preocupada, así que salí de allí, subí al auto y me dirigí a su casa.
Mi corazón latía con fuerza.
Estaba angustiada.