Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.
Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.
Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.
Pero Valentina es diferente.
Ella no se deja intimidar.
No intenta conquistarlo.
No acepta sus órdenes sin discutir.
Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.
Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.
Damián juró que jamás se enamoraría.
Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.
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la trampa del lago
El disparo hizo que todos se lanzaran al suelo.
—¡Valentina, agáchate! —gritó Damián.
Isabela se cubrió detrás de una mesa.
Rafael buscó desesperadamente el interruptor.
—¡No veo nada!
Damián avanzó lentamente por la habitación.
—¡Sal de donde estés!
Una carcajada respondió desde la oscuridad.
—Siempre tan protector, Damián.
Valentina reconoció aquella voz.
—¡Alejandro!
Las luces volvieron a encenderse.
Pero no había nadie.
Damián revisó cada rincón.
—Se escapó.
Valentina respiraba con dificultad.
—¿Por qué nos trajo aquí?
Rafael señaló la fotografía.
—Porque quería que encontráramos esto.
En la imagen de Lucía aparecía nuevamente aquel hombre con el anillo negro.
Pero esta vez había algo escrito en la parte posterior:
“La verdad está debajo del lago.”
Isabela frunció el ceño.
—¿Qué significa?
Damián miró a Rafael.
—¿Conoces algún lago cerca de aquí?
Rafael asintió.
—El lago Ferrer.
Damián quedó serio.
—Ese lugar pertenece a mi familia.
—Entonces tenemos que ir —dijo Valentina.
Damián negó.
—No sabemos qué hay allí.
—Precisamente por eso debemos descubrirlo.
Al llegar al lago, ya era de noche.
El lugar estaba completamente desierto.
La luna se reflejaba sobre el agua.
Rafael señaló una pequeña construcción abandonada.
—Ahí guardaban antiguamente los equipos de pesca.
Entraron.
Damián encendió una linterna.
Había cajas viejas y herramientas.
De pronto, Isabela encontró una puerta metálica en el suelo.
—Aquí.
Damián se acercó.
—Está cerrada.
Valentina sacó la pequeña llave que había encontrado detrás del reloj.
La introdujo.
La puerta se abrió.
Debajo había unas escaleras.
—¿Qué es esto? —preguntó Isabela.
Damián bajó primero.
—Un túnel.
Caminaron varios metros.
Al final encontraron una habitación subterránea.
Había documentos, fotografías y cajas.
Valentina vio una carpeta con su nombre.
VALENTINA MORALES.
Isabela encontró otra.
ISABELA MORALES.
Las dos se miraron.
—Mamá nos estuvo investigando —dijo Valentina.
—No —respondió Rafael—. Estaba protegiéndolas.
Damián abrió una de las cajas.
Dentro había varias grabaciones.
Una tenía una fecha de veinticuatro años atrás.
La reprodujeron.
Apareció Lucía.
Estaba embarazada.
Valentina se llevó una mano a la boca.
—Es mamá.
La grabación comenzó.
—Si alguien encuentra esto, significa que no pude proteger a mis hijas.
La voz de Lucía temblaba.
—Valentina e Isabela fueron separadas por una razón. Una de ellas debía permanecer oculta.
Isabela miró a Valentina.
—¿Cuál?
La grabación continuó.
—La niña que permanezca conmigo será perseguida. La otra será protegida por mi hermano.
Rafael quedó inmóvil.
—Yo...
Valentina lo miró.
—Tú nos separaste.
—No tuve elección.
—¿Por qué?
Rafael bajó la mirada.
—Porque alguien había descubierto dónde estaban ustedes.
La grabación continuó.
—Si algún día vuelven a encontrarse, deberán saber que una de ustedes posee la clave para encontrar la fortuna y la otra posee la clave para destruir a La Sombra.
La grabación terminó.
Silencio.
Isabela miró a Valentina.
—¿Cuál de las dos tiene qué?
Damián negó.
—Todavía no lo sabemos.
De repente, escucharon pasos.
Damián apagó la linterna.
—Alguien viene.
Todos guardaron silencio.
Una puerta se abrió.
Varias personas entraron.
Damián hizo una señal.
Rafael tomó a Isabela y Valentina.
—Por aquí.
Encontraron otra salida.
Pero antes de escapar, una voz los detuvo.
—No hace falta que huyan.
Alejandro apareció al final del túnel.
A su lado estaba Esteban.
Valentina sintió miedo.
—¿Qué quieren?
Alejandro sonrió.
—Solo lo que siempre nos perteneció.
Damián se colocó delante de las hermanas.
—No van a tocarlas.
Esteban miró a Valentina.
—Tu madre sabía que este día llegaría.
—¿Dónde está ella?
—Viva.
—Quiero verla.
Alejandro intervino.
—La verás.
—¿Cuándo?
—Cuando nos entregues la memoria.
Damián comprendió.
—La memoria de Mateo.
Alejandro asintió.
—Exactamente.
Valentina negó.
—No.
Alejandro levantó una fotografía.
Era Lucía.
—Entonces ella pagará las consecuencias.
Isabela dio un paso adelante.
—¡No la toques!
Alejandro sonrió.
—Así que también te importa.
Damián sacó su arma.
—Se acabó.
Alejandro hizo una señal.
Los hombres detrás de él levantaron sus armas.
Pero antes de que pudieran disparar, se escuchó una explosión.
El túnel comenzó a llenarse de humo.
—¡Corran! —gritó Damián.
Todos escaparon por la salida lateral.
Cuando llegaron al exterior, el túnel comenzó a derrumbarse.
Alejandro y Esteban quedaron atrapados dentro.
—¡Tenemos que ayudar a mi hermana! —gritó Isabela.
Damián la sujetó.
—No podemos regresar.
—¡Ella está ahí!
—Ya salimos.
Valentina miró hacia el túnel.
—¿Y si están muertos?
Damián respondió:
—Entonces finalmente terminó.
Pero Rafael negó con la cabeza.
—No.
—¿Qué?
—Alejandro nunca se queda atrapado.
Regresaron a la mansión.
La memoria de Mateo seguía guardada en una caja fuerte.
Damián la colocó sobre la mesa.
—Tenemos que descubrir qué hay aquí antes de que Alejandro vuelva.
Mateo conectó el dispositivo.
Apareció una carpeta nueva.
“ÚLTIMO ARCHIVO.”
La abrió.
Había un vídeo.
El padre de Valentina apareció en pantalla.
—Si están viendo esto, significa que mis hijas finalmente están juntas.
Valentina comenzó a llorar.
—Hay algo que deben saber.
Su padre miró directamente a la cámara.
—La fortuna no está en un banco.
Damián frunció el ceño.
—¿Entonces dónde?
El hombre continuó:
—Está escondida dentro de la propiedad Ferrer.
Damián quedó inmóvil.
—¿En mi casa?
—Sí.
El vídeo terminó.
Todos se miraron.
Valentina preguntó:
—¿Dónde está?
Damián respondió:
—No tengo idea.
Pero entonces Mateo recordó algo.
—Espera.
Todos lo miraron.
—Cuando era niño, papá me dijo que nunca debía acercarme a una habitación de la mansión.
Damián frunció el ceño.
—¿Cuál?
Mateo respondió:
—La habitación que lleva veinte años cerrada.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Qué hay allí?
Damián miró hacia el segundo piso.
—Vamos a descubrirlo.
Pero ninguno imaginaba que detrás de aquella puerta cerrada no solo estaba escondida la fortuna.
También se encontraba el secreto que podía revelar quién era realmente la madre de Valentina e Isabela.