Tras cansarse de la misma rutina de dos años, Jorge decide que ya no aguanta más estar así, pero una invitación inesperada hace que vea la verdad detrás de todo, ¿cambiará algo o todo seguirá siendo igual?
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Capítulo VI
--Valery--
No sé por qué estoy viendo todo lo que Jorge hace de manera diferente, es decir, siempre comemos juntos, siempre él sirve los almuerzos porque no me gusta comerlos en el empaque y me ofrece todo. Esa es nuestra rutina allá en Washington, pero algo aquí se siente diferente.
Durante la cena todos se quedaron viendo como él me servía la cena y acomodaba todo en el plato para mí, incluso yo también lo vi sorprendida sabiendo que eso es algo habitual entre los dos. Tal vez siento que es diferente aquí porque nadie sabe que le pago por ser mi asistente, pero me agradó la sensación de que todos piensen que él es un hombre perfecto para mí.
Cuando repentinamente nos hizo levantarnos de la mesa, el agarre desesperado me hizo sentir un cosquilleo por el cuerpo y vine corriendo al baño.
Aquí parada frente al espejo trato de calmar mi respiración y froto mi mano vendada, una pequeña punzada de dolor me hace dejar de hacerlo y miro la venda, recuerdo cuando él la estaba colocando con tanto cuidado para no lastimar mi quemadura, nunca antes había pasado algo así, pero siento que él me hubiese cuidado igual.
Me dirijo de nuevo hacia el comedor donde todos ya están de pie teniendo sus propias conversaciones. Cuando veo a Jorge mi pecho se calienta y mi estómago cae al piso, Briana se va alejando de él con una de sus miradas coquetas y él solo la observa por un largo rato.
Trato de alejar mis pensamientos tontos y los recuerdos que solo para mí son lindos, pero que probablemente para él solo es trabajo y ya.
- Voy a entregar el brazalete -- digo cuando llego con él.
- Está bien, no tardes -- dice él.
Yo me dirijo hacia mi padre y lo saludo como siempre lo hago, un beso en cada mejilla.
- Aquí está el brazalete -- digo y él lo toma y me mira.
- Espero que sanes rápido -- dice mirando mi mano y luego a mí - Estás hermosa -- agrega y se va.
Mi padre es así, es un hombre de pocas palabras, pero sé que me quiere.
Al volver con Jorge, inmediatamente nos vamos a la habitación, como ya es tarde imagino que está cansado de este día.
- Yo dormiré en el sofá -- dice él aflojando su traje, yo asiento y me meto al baño a cambiarme.
Sé que no puedo esperar que él me sea fiel, los otros no lo hicieron y teníamos el título de novios, él solo es mi secretario, pero ver como también cae en las manos de Briana incluso cuando ella está a punto de casarse, eso me está alterando más de lo que recuerdo las otras veces.
Desde que Briana llegó a esta casa mi madre se ha enfocado en ella, yo no podía llorar ni pedir más atención de la que ella recibía porque mi madre me decía que ella necesitaba más cuidados que yo, ya que pasó por algo traumático. Desde allí mi vida era para ella, quise entender y ofrecerle todo para ayudarla a superar su trauma, pero cuando estábamos en la universidad entendí que Briana no necesitaba todo, solo quería todo.
Mi padre solo pasaba sus días trabajando y mi madre solo la miraba a ella, así que me sentía como una extraña, como alguien que sobraba. Los únicos momentos en los que me sentí bien fueron esos pocos minutos en las noches en los que mi padre llegaba de trabajar y compartíamos una paleta de helado mientras él leía algunos documentos y yo solo lo miraba a él y me aferraba a su brazo.
Al terminar la universidad decidí irme lejos porque esos pocos momentos no bastaban para que yo me sintiera bien durante los días y Briana se salió una última vez con la suya, así que solo me alejé de todos. Quería olvidarlos, olvidar el pasado, pero a mi cuenta llegaban notificaciones mensuales de lo que mi padre me enviaba como mesada y todos los recuerdos del pasado llegaban a mi mente.
Al salir del baño veo a Jorge dormido en el sofá, su gran cuerpo abarca todo el espacio. Sin hacer ruido me dirijo hacia la cama y me acuesto con mi mente llena de pensamientos.
Al amanecer me despierto y veo a Jorge sin camisa mirando por la ventana que está al lado de la cama. Mis ojos se desvían a su torso desnudo que está bien entrenado y a la parte más baja donde está el bulto de su entrepierna, él me mira y yo desvío mi mirada rápido.
- ¿Cuál es la segunda tradición? -- pregunta.
- Eh, creo que es salvar a la dama a caballo -- respondo levantándome de la cama.
- ¿Tengo que montar a caballo? -- pregunta él y yo asiento.
Me asomo por la ventana también y veo a Jax, el prometido de Briana, vestido como un vaquero con el torso desnudo.
Cuando íbamos en la universidad a Jax lo transfirieron de Texas, su ciudad natal es Bandera, donde creció con las costumbres vaqueras y era aficionado al rodeo, pero cuando iba en la universidad decidió cambiar de aires. Recuerdo que cuando lo conocí lo que me atrajo de él era su porte de vaquero y su forma de hablar, pero conforme pasaba el tiempo terminó cambiando sus costumbres y empezó a actuar como un chico de ciudad.
Jorge y yo nos quedamos viendo cuando uno de los empleados trae un toro y lo suelta por el jardín, el animal arruina algunas plantas mientras corre y Jax lanza la soga para enlazar la cabeza del toro y lo jala con fuerza.
- Es bueno -- dice Jorge.
Yo no digo nada y solo me dirijo hacia el baño para cambiarme y empezar este tortuoso día.
Después de unos veinte minutos nos encontramos todos en los establos escuchando la explicación de mi padre. Todos los participantes van vestidos como Jax hace rato, puedo notar como Briana mira a Jorge, y es que es imposible no verlo, lleva unos jeans vaqueros ajustados con unas botas y un sombrero que lo hacen ver demasiado atractivo.
- Los jinetes tendrán que ingeniárselas para salvar a sus damas y el que consiga la victoria primero se lleva el premio de un amor infinito -- dice mi padre.
Todas las damas participantes nos dirigimos hacia la parte boscosa que está alejada de los establos y a todas nos atan de manos y pies y nos vendan los ojos, Briana, por supuesto, tenía que ir al lado de mí.
Solo espero que Jorge me encuentre rápido y me saque de aquí. A lo lejos se escuchan las voces de los demás y luego el disparo que libera a los jinetes.
- No llores si nadie llega a rescatarte, tal vez mi prometido y otro hombre quieran que yo esté bien más que nada -- dice ella y mi corazón se calienta.
Mis ojos se calientan con lágrimas, seguro Briana convenció a Jorge de que ella es mejor que yo, de eso era lo que hablaban en la cena, incluso siendo una mujer comprometida, Jorge cayó en sus encantos y yo quedaré menospreciada, como la mujer que no puede retener a un hombre de nuevo.
Se empiezan a escuchar los ruidos de los cascos de los caballos galopandosobre la tierra, probablemente Jax llegue primero y se lleve a Briana y yo sea la última que rescataran hoy.
Sin darme cuenta las lágrimas empiezan a derramar por mis mejillas mientras se escuchan los caballos y los jinetes, pero un golpe extraño resuena haciendo que me sobresalte por el susto y un momento después escucho la voz de Jorge y sus manos tocándome.
- Llegué -- dice mientras sus manos recorren las ataduras de las mías y me liberan para luego agacharse y hacer lo mismo con mis piernas.
Yo me quito la venda y miro a mi alrededor, Jax y otros jinetes están llegando apenas a rescatar a sus damas.
Sin poder resistir más, me desplomo sobre Jorge y las lágrimas siguen.
- ¿Qué pasó?, ¿te lastimaste? -- pregunta él mientras me toma en sus brazos, yo no digo nada solo sigo llorando como cuando tenía ocho años, solo que esta vez mis lágrimas no son por sentirme menospreciada.