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Matrimonio Destinado:Consentida Por Mi Multimillonario

Matrimonio Destinado:Consentida Por Mi Multimillonario

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO
Popularitas:625
Nilai: 5
nombre de autor: Pamela Agustina Iglesias OG

Segunda parte

Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.

Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️

NovelToon tiene autorización de Pamela Agustina Iglesias OG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 — Una verdad a medias

Isabella seguía mirando la fotografía.

Su madre estaba junto a Gabriel.

No parecía asustada.

No parecía estar intentando escapar.

Parecía estar hablando con él como si ambos se conocieran desde hacía mucho tiempo.

—No puede ser… —murmuró.

Damián permanecía a su lado.

—No podemos sacar conclusiones solamente por una fotografía.

Isabella levantó la mirada.

—Pero mi padre dijo que mi madre creó la organización.

—Y Elena dijo que Gabriel la traicionó.

—Entonces, ¿por qué aparece con él?

Nadie tenía una respuesta.

Hasta que Daniel habló:

—Porque quizás esa fotografía no significa lo que parece.

Todos lo miraron.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Isabella.

Daniel señaló la imagen.

—Miren la fecha.

Isabella acercó el teléfono.

Tres días atrás.

—Es reciente —dijo Damián.

Daniel asintió.

—Entonces tu madre sigue teniendo contacto con Gabriel.

Isabella sintió un nudo en el estómago.

—Tenemos que encontrarla.

---

Damián tomó el papel con la dirección que le había entregado el padre de Isabella.

—Nos vamos ahora.

Isabella asintió.

Pero antes de salir, Elena tomó su brazo.

—Espera.

—¿Qué ocurre?

—Hay algo que debes saber antes de encontrar a tu madre.

—¿Qué?

Elena miró a Damián y después a Isabella.

—No sabes toda la historia sobre tu nacimiento.

Isabella quedó inmóvil.

—¿Otra vez mi nacimiento?

Elena asintió.

—La noche en que naciste no fue solamente una noche de peligro.

—¿Entonces qué ocurrió?

—Tu madre tomó una decisión.

—¿Cuál?

Elena respiró profundamente.

—Decidió entregarte a tu abuelo.

Isabella abrió los ojos.

—¿Me entregó?

—Para protegerte.

—¿De qué?

—De ella misma.

---

Damián frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Elena respondió:

—Tu madre sabía que alguien intentaría utilizarla para llegar hasta Isabella.

—¿Y por eso me dejó con mi abuelo?

—Sí.

Isabella bajó la mirada.

Durante toda su vida había pensado que simplemente había tenido una familia complicada.

Ahora descubría que su nacimiento había estado relacionado con una conspiración que llevaba décadas.

—¿Mi madre me quería?

Elena la miró con tristeza.

—Más que a cualquier cosa.

Isabella sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Entonces, ¿por qué nunca volvió?

Elena guardó silencio.

Finalmente respondió:

—Porque volver habría puesto tu vida en peligro.

---

La casa quedó en silencio.

Isabella se secó los ojos.

—Quiero verla.

Damián tomó su mano.

—La veremos.

Elena los observó.

—Tengan cuidado.

—Lo tendremos —respondió Damián.

Antes de salir, Elena llamó a Isabella.

—Una cosa más.

Isabella se giró.

—¿Qué?

—Si tu madre te pide que confíes en ella…

Elena hizo una pausa.

—No lo hagas inmediatamente.

Isabella frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque puede que esté intentando protegerte.

—¿Y eso qué tiene de malo?

Elena respondió:

—Que algunas veces, para proteger a alguien, hay que mentirle.

---

El trayecto fue silencioso.

Damián conducía.

Isabella miraba por la ventana.

—¿Estás bien? —preguntó él.

—No.

Damián la miró brevemente.

—Es lógico.

—Toda mi vida pensé que mi madre me había abandonado.

—Quizás nunca lo hizo.

—Eso es lo que más me duele.

Damián tomó su mano por un instante.

—Vas a conocer la verdad.

Isabella asintió.

—Y espero poder soportarla.

---

Llegaron a la dirección.

Era una casa grande, rodeada de árboles.

La puerta estaba abierta.

Damián se bajó primero.

—Quédate detrás de mí.

—No.

—Isabella…

—Si mi madre está ahí, quiero entrar contigo.

Damián asintió.

Entraron.

La casa estaba completamente vacía.

Sobre una mesa había una taza de café.

Todavía estaba caliente.

—Alguien estuvo aquí —dijo Isabella.

Damián observó el lugar.

—Hace muy poco.

Entonces escucharon un ruido en el piso superior.

Subieron lentamente.

Al final del pasillo había una puerta.

Damián la abrió.

Dentro había fotografías.

Decenas.

Todas de Isabella.

De niña.

En la escuela.

Con su abuelo.

Incluso fotografías recientes.

Isabella sintió un escalofrío.

—Mi madre me estaba vigilando.

Damián observó las imágenes.

—O protegiéndote.

---

En una de las fotografías aparecía Isabella junto a Damián.

La imagen había sido tomada pocos días después de que ambos firmaran el contrato.

Isabella la tomó.

—Ella sabía que estábamos juntos.

Damián asintió.

—Probablemente sabía más de nosotros de lo que imaginábamos.

Sobre la mesa encontraron un cuaderno.

Isabella lo abrió.

En la primera página había una frase escrita:

“Si Isabella llega hasta aquí, significa que finalmente confía en Damián.”

Isabella levantó la mirada.

—¿Cómo podía saberlo?

Damián pasó las páginas.

Había anotaciones sobre ambos.

“Damián la protegerá.”

“Isabella descubrirá la verdad.”

“Cuando estén juntos, podrán abrir el archivo.”

Isabella cerró el cuaderno.

—Todo estaba planeado.

---

De repente, escucharon una voz detrás de ellos.

—No todo.

Isabella se giró.

Una mujer estaba parada en la puerta.

Su cabello oscuro caía sobre sus hombros.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Isabella dejó de respirar.

—Mamá…

La mujer dio un paso adelante.

—Isabella.

Por primera vez en años, madre e hija estaban frente a frente.

Isabella no sabía si correr hacia ella o alejarse.

Su madre tampoco se movió.

Finalmente, Isabella preguntó:

—¿Por qué?

Su madre comenzó a llorar.

—Porque quería mantenerte viva.

—¡Pero me dejaste!

—Lo sé.

—¡Pensé que no me querías!

—Nunca fue así.

Isabella sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—Entonces dime la verdad.

Su madre asintió.

—Te la contaré.

---

La mujer miró a Damián.

—Y tú también debes escuchar.

Damián se acercó.

—Estoy aquí.

Ella respiró profundamente.

—La noche en que nació Isabella, descubrí quién estaba detrás de la organización.

Isabella preguntó:

—¿Quién?

Su madre negó.

—No puedo decirte el nombre todavía.

—¿Por qué?

—Porque esa persona sigue viva.

Damián preguntó:

—¿Y tiene poder?

—Mucho.

—¿Más que Gabriel?

La madre de Isabella asintió.

—Gabriel trabaja para él.

Damián quedó sorprendido.

—Entonces Gabriel nunca fue el verdadero líder.

—No.

---

Isabella miró a su madre.

—¿Quién es?

Su madre se acercó y tomó sus manos.

—Alguien que conoces.

Isabella sintió un escalofrío.

—¿De mi familia?

—No.

—¿De la familia Blackwood?

Su madre negó.

—Está mucho más cerca.

Damián frunció el ceño.

—¿Más cerca de Isabella?

La mujer asintió.

—Sí.

Isabella comenzó a pensar en todas las personas que la rodeaban.

Alexander.

Victoria.

Daniel.

Damián.

Sus familiares.

Pero no podía imaginar quién.

Entonces su madre dijo:

—La persona que controla la organización ha estado siguiendo cada uno de tus pasos desde que naciste.

---

Un ruido proveniente del exterior interrumpió la conversación.

Damián se acercó a la ventana.

—Tenemos compañía.

La madre de Isabella palideció.

—Tenemos que irnos.

—¿Quién viene? —preguntó Isabella.

—No lo sé.

Damián observó varios vehículos acercándose.

—Son demasiados.

Su madre tomó un pequeño bolso.

—Por aquí.

Los condujo hacia una puerta oculta detrás de una biblioteca.

Antes de entrar, Isabella se detuvo.

—Mamá.

La mujer la miró.

—¿Sí?

—¿Por qué Gabriel estaba contigo en esa fotografía?

Su madre bajó la mirada.

—Porque necesitaba hacerle creer que estaba de su lado.

Isabella quedó sorprendida.

—¿Entonces no trabajas con él?

—No.

—¿Y qué estabas haciendo?

Su madre respondió:

—Intentaba descubrir quién le daba las órdenes.

---

Entraron al pasadizo.

Detrás de ellos, la puerta principal se abrió.

Se escucharon voces.

—¡Revisen la casa!

Damián aceleró el paso.

Pero antes de que pudieran alejarse, el teléfono de Isabella vibró.

Un mensaje desconocido.

“Ya encontraste a tu madre.”

Isabella se detuvo.

Otro mensaje apareció.

“Ahora pregúntale por qué nunca te contó quién es tu verdadero padre.”

Isabella levantó lentamente la mirada hacia su madre.

La mujer palideció.

Damián también quedó inmóvil.

—¿Qué significa eso? —preguntó Isabella.

Su madre cerró los ojos.

Y finalmente dijo:

—Isabella…

—Dime la verdad.

Su madre respiró profundamente.

—Tu padre no es el hombre que tú crees.

El pasadizo quedó en silencio.

Y, por primera vez, Isabella comprendió que quizá el mayor secreto de su vida todavía no había sido revelado.

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