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Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Lucía era una joven campesina traicionada por su prometido y su propia hermana, que la envenenaron para robarle todo. Pero el destino le da una segunda oportunidad: ¡despierta 5 años en el pasado! Esta vez no será la chica ingenua de las gallinas. Se infiltra como limpiadora en la empresa del multimillonario CEO Alejandro Montenegro para cobrarse venganza... sin saber que su hija genio de 5 años, la pequeña Mía, que también viajó en el tiempo, ¡se cruzará con su papá biológico en los pasillos! Ahora Lucía debe ocultar su identidad, destruir a los traidores y evitar que el CEO frío descubra que la niña inteligente y adorable que le sigue por todas partes es su heredera. ¿Podrá el amor florecer entre la limpiadora que manda en secreto y el hombre que no sabe que ya es papá?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14: La panza crece

Para mayo ya no me quedaba ningún vestido. Compré uno grande, de algodón azul, en la feria americana del pueblo. La panza me salía para adelante como si me hubiera metído un melón debajo de la ropa. El bebé pateaba de madrugada, cuando yo estaba en el autobús volviendo del trabajo, y a veces me reía sola y la gente me miraba raro.

En el trabajo del Grupo Montenegro ya no se podía ocultar. Una noche, Martita, la encargada, me llevó a un lado mientras las otras limpiaban el piso cuarenta.

—M'hija —me dijo, bajito—. ¿Cuántos meses tienes?

—Cinco —le dije. No veía por qué mentirle. Ella me había tratado bien.

—¿Y el padre? —preguntó, con esa voz suave que usan las mujeres mayores cuando no quieren juzgar pero necesitan saber.

—No está —dije, y dejé ahí el tema.

Ella asintió. No preguntó más. Pero a la noche siguiente, cuando llegué, las otras limpiadoras me miraban y hablaban bajito. Yo las oí. Una dijo que el padre era un hombre casado de la ciudad. Otra dijo que era un turista que se había ido. Otra dijo que yo no sabía ni quién era.

No les dije nada. La gente habla. Siempre habla.

Lo que no esperaba es que Elena fuera la fuente.

Me enteré por Sofía. Ella fue a comprar pan a la panadería y la hija de doña Carmen, la que trabajaba con nosotras, le contó que Elena andaba por el pueblo diciendo que yo me había acostado con un señor casado, que el bebé era de ese hombre, y que por eso me había separado de Carlos. Que Carlos era el bueno, que yo lo había engañado a él.

Sofía me lo contó roja de rabia. Yo me reí.

—Déjala que hable —dije—. Mientras hable, no hace nada peor.

Pero esa noche, mientras limpiaba el piso cuarenta y cinco, me lo encontré a él.

Alejandro estaba en el pasillo, hablando con Ricardo. Se detuvo cuando me vio. Yo me hice a un lado, como mandan las reglas, con la cabeza baja, esperando que pasaran. No pasaron.

—Un momento —dijo Alejandro, y Ricardo se fue. Se quedó solo conmigo. Me miró la panza. Luego me miró a la cara—. ¿Cinco meses?

—Seis —dije, sin pensar. Luego me arrepentí. No tenía por qué darle información.

—Y la gente dice que el padre es un hombre casado —dijo. No era pregunta. Lo decía en serio, con la mandíbula apretada.

—La gente dice muchas cosas —respondí.

—Yo mandé a que pararan los rumores —dijo—. En esta empresa nadie habla de los empleados. Pero en el pueblo no puedo hacer nada.

—No tienes que hacer nada —le dije—. Yo me las arreglo.

Me miró un rato más. Luego dijo, bajito:

—Fui al hotel. El de la fiesta. Pregunté por la noche del quince de junio. La chica de la recepción recordó. Una chica del campo, con un vestido azul, se registró con un nombre falso. Se fue al amanecer. La habitación 214.

Se me secó la boca.

—No sé de qué habla —dije, pero la voz me salió menos firme de lo que quería.

—Sí sabes —dijo él—. Y yo también lo sé. Solo falta que tú lo digas.

No respondí. Agarré el cubo y la escoba y me fui hacia la otra punta del pasillo. Él no me siguió. Pero sentí su mirada en la espalda todo el rato.

***

Esa noche, cuando salí del edificio, un coche me siguió hasta la parada del autobús. No era el coche negro de siempre. Era un coche blanco, chico, que se detenía cuando yo me detenía. No me acerqué. Subí al autobús. El coche blanco no me siguió más. Pero me quedé pensando.

A la mañana siguiente, cuando llegué a la granja, la hija de doña Carmen me esperaba en la puerta, pálida.

—Lucía —dijo—. Anoche vino alguien. Vi una luz en el corral, como a las dos. Pensé que eras tú. Pero cuando salí, no había nadie. Y esta mañana...

No terminó. Yo corrí al corral.

Tres gallinas estaban muertas en el suelo. No habían muerto de viejas. Tenian la cabeza torcida, y el agua de los bebederos tenía un color raro, amarillento.

Me arrodillé. Toqué el agua con el dedo. Olía fuerte, a químico.

Envenenadas.

Sofía llegó corriendo detrás de mí. Vio las gallinas. Se tapó la boca.

—No —dijo—. No otra vez.

Yo me quedé ahí, arrodillada en el piso del corral, mirando las tres gallinas muertas. Clara estaba viva, en su rincón, asustada. Las demás picoteaban normales. Solo tres. Tres como advertencia.

No era un sabotaje grande. Era un mensaje. "Sabemos dónde vives. Sabes lo que queremos. La próxima vez son todas".

Me levanté. Llamé al veterinario. Llamé a la policía. Luego llamé a Sofía y le dije que cerrara todo, que nadie entrara ni saliera sin que ella lo viera.

Por la tarde, cuando el veterinario confirmó que era veneno, me senté en la mesa de la cocina y saqué la USB del cajón. La miré.

Ya no era tiempo de esperar. Ellos habían empezado. Yo tenía que terminarlo.

Agarré el teléfono. Llamé a doña Carmen Rojas, mi abogada.

—Tenemos las pruebas —le dije—. Presentemos la contrademanda. Y la denuncia por envenenamiento. Hoy.

Colgué. Miré por la ventana. El sol se ocultaba. En el corral, las gallinas se movían inquietas.

Mañana, pensé. Mañana todo empieza a acabar.

Me tocé la panza. El bebé se movió, fuerte, como si estuviera de acuerdo.

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nezhan
Hola, Rosemary, muchas gracias por leer con tanto detenimiento y por tus excelentes preguntas. 💛

Sofía es mi hija de mi vida anterior. Cuando renací, ella ya estaba conmigo: una niña de cinco años que me dio la fuerza para empezar de nuevo. Su existencia es parte de mi pasado, de todo lo que perdí y de todo lo que decidí recuperar. No apareció de la nada; siempre estuvo ahí, siendo mi mayor motivación desde antes del primer capítulo.

En cuanto a la gallina Clara, es un elemento simbólico que dejé intencionalmente sin explicación detallada. Representa la protección de mis raíces, el espíritu de mi madre y el alma de la finca El Rosal. Es mi guardiana, y como tal, no necesita origen lógico: solo necesita ser sentida.
nezhan
Hola, Jessica, gracias por tu comentario. 🐔💛

Has comprendido perfectamente el espíritu de la historia. Los animales son, en efecto, nuestros guardianes silenciosos. La gallina Clara es la más especial de todos: su aparición y su mensaje en sueños representan la protección invisible que rodea a Lucía. Es la voz de su madre, la esencia de la tierra y el corazón de El Rosal velando por ella.

Me llena de alegría que logres percibir estos detalles. Tu sensibilidad hace que esta historia cobre aún más vida. ✨
Rosemary Hernandez
de dónde salió esa primera hija?
Jessica Flores
los animalitos son guardianes 🥰,y la gallina clara es su guardiana
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