el dolor del alma
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13
El eco vibrante de la campana de bronce resonó por todo el patio central, anunciando de manera oficial que el almuerzo estaba listo y cortando de golpe la tensión que se había formado entre la iglesia y la mafia. Las notas del metal parecieron devolverle el sentido del tiempo al lugar.
La madre superiora, que había contemplado el debate con una paciencia celestial, dio un paso al frente para disolver la asamblea, mirando de reojo las mejillas aún encendidas de su novicia .
—Hermana Maliha, lleve a los pequeños al comedor, por favor —ordenó la religiosa con una voz suave que no admitía réplicas.
—Sí, madre —respondió Maliha de inmediato , aunque antes de girarse le dedicó a Taras una última mirada cargada de una chispa de travesura y victoria—. ¡Niños! A lavarse las manos y directamente al comedor. Sin carreras y sin empujones, por favor.
La marea de niños acató la orden al instante. Camila y el mentado Luca se sumaron al grupo, caminando uno al lado del otro , dejando a Taras con los brazos cruzados .
En cuanto el patio comenzó a vaciarse, Sombra aprovechó para acercarse a su superior con pasos silenciosos. El jefe de seguridad mantenía una expresión estrictamente profesional, pero el brillo de burla en sus ojos delataba que no iba a dejar pasar la oportunidad de fastidiar al temido ejecutor.
—Jefe, está perdiendo el toque —le soltó Sombra en un susurro sibilante, fingiendo una profunda preocupación —. Ya para que ni la monja se sonroje con su presencia… esto es grave, de verdad .
Taras le lanzó una mirada tan gélida y afilada que habría congelado el mar en pleno agosto. Se acomodó los puños de la chaqueta con una lentitud peligrosa.
—Deja de decir tonterías y ve a cuidar a mi sobrina, Sombra —masculló el "Espectro del Norte", bajando la voz para que su tía no lo escuchara—. Odio tener que admitirlo, pero el osito tenía toda la razón. Ese pequeño es un auténtico roba princesas. Monitorea sus movimientos y asegúrate de que no se siente a menos de dos metros de ella en la mesa.
Sombra contuvo una risa ronca, cuadrándose de hombros ante la ridícula orden de su jefe.
—Entendido, señor. Vigilancia de alta prioridad para el sospechoso de ocho años —respondió el guardaespaldas con fingida solemnidad antes de dar medio paso hacia atrás.
Nadenka, que había escuchado perfectamente el intercambio de directrices entre los dos hombres de armas, avanzó con la elegancia .
—Deja de pelear con niños y compórtate, —lo reprendió la matriarca con un tono firme pero divertido, ajustándole el cuello de la camisa como si todavía fuera el muchacho que corría por las calles de Moscú.
—Tía, ¿que no oíste lo que dijo ese mocoso? —protestó Taras, — Declaró abiertamente que Camila es su novia. Frente a mis hombres y frente a la Iglesia. Es una falta de respeto .
—Sí, sí escuché —replicó Nadenka, sacudiendo la cabeza con santa paciencia—. Pero también sé perfectamente que tiene ocho años y es completamente normal que fantaseen a esa edad . Ahora, camina, vamos a almorzar.
—Vamos, jefe, las monjas cocinan delicioso —añadió Sombra con total desparpajo, relamiéndose los labios mientras se sumaba a la comitiva que avanzaba hacia el gran comedor del complejo.
Taras exhaló un suspiro largo y pesado. Comenzó a caminar al lado de su tía, manteniendo las manos metidas en los bolsillos mientras desviaba la mirada hacia los pasillos de piedra.
—Esa niña es una insolente —refunfuñó Taras en voz baja, refiriéndose a la novicia que lo había desafiado en el patio sin un ápice de temor.
Nadenka soltó una carcajada limpia que resonó con suavidad en las paredes del pasillo, ganándose una mirada de reproche por parte de su sobrino.
—Esa niña es un sol . Tú eres el que es muy gruñón, ese es el verdadero problema, sobrino —sentenció la matriarca, dándole una palmadita cariñosa en el brazo—. Te has pasado tres años rodeado de mafiosos congelados y se te olvidó cómo lidiar con la gente que tiene fuego en la sangre. Te va a hacer muy bien pasar este rato aquí.
El "Espectro del Norte" guardó silencio, procesando las palabras de su tía mientras el aroma a sopa casera y pan recién horneado comenzaba a inundar el ambiente.