Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPÍTULO 24
La mansión Moretti nunca ha parecido tan siniestra.
Alejandro camina por sus pasillos flanqueado por dos hombres de su padre, sintiendo el peso de los recuerdos en cada rincón. Aquí jugaba de niño. Aquí vio llorar a su madre. Aquí juró que nunca sería como Vittorio.
Y sin embargo, aquí está, prisionero otra vez.
—El Don te espera en su estudio
dice uno de los hombres.
—Siempre me espera. Lleva años esperando que me convierta en él.
—Entra.
El estudio es igual que siempre, muebles de caoba, libros que nadie ha leído, y en la pared, el retrato de su madre. El único cuadro que Vittorio conserva de ella. Una ironía cruel.
—Siéntate, hijo.
Alejandro no se sienta. Permanece de pie, desafiante.
—He venido porque no me dejaste opción. Pero no me sentaré contigo como si fuéramos una familia normal.
Vittorio suspira, como si lidiara con un niño terco.
—Siempre tan dramático. ¿Sabes? Podríamos tenerlo todo. Tú y yo, juntos, el imperio más grande que esta ciudad haya visto. Pero prefieres a una mujer.
—No es, una mujer. Es Scarlett. Es la madre de mi hijo. Es la persona que me enseñó que se puede ser feliz sin ser un monstruo.
—¿Monstruo?
Vittorio ríe.
—¿Eso crees que soy? Un monstruo. Y sin embargo, todo lo que tienes, todo lo que eres, me lo debes a mí.
—Te debo el trauma. Te debo las pesadillas. Te debo haber visto cómo matabas a mi madre.
El silencio es absoluto.
Vittorio lo mira largamente. Cuando habla, su voz es más baja, más peligrosa.
—Tu madre era una traidora. Iba a entregarme. Iba a destruir todo lo que construí.
—Iba a hacer lo correcto. Algo que tú nunca has entendido.
—Lo correcto.
Vittorio se levanta.
— ¿Qué es lo correcto, Dejar que otros decidan por ti, Vivir con miedo, Arrodillarte ante la ley?
—Vivir en paz. Amar sin miedo. Dormir sin pesadillas.
—Eso es para débiles.
—Eso es para humanos. Tú ya no eres humano.
Vittorio cruza el estudio en dos zancadas y agarra a Alejandro por el cuello de la camisa.
—Cuidado con lo que dices, muchacho. Todavía puedo matarte.
—Hazlo. Y Scarlett te cazará. Y el FBI te cazará. Y terminarás solo, como siempre has estado.
Los ojos de Vittorio brillan con furia. Por un momento, Alejandro cree que realmente va a matarlo.
Pero entonces suelta la camisa y retrocede.
—No. No te mataré. Sería demasiado fácil.
Sonríe.
— Te haré ver cómo ella muere. Cómo tu hijo muere. Y entonces, cuando no te quede nada, te ofreceré el imperio. Y lo aceptarás. Porque no tendrás otra opción.
—Nunca aceptaré.
—Veremos.
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En el departamento, Scarlett no puede estarse quieta.
El FBI ha llegado, tomado declaraciones, asegurado el perímetro. Pero ella no piensa en seguridad. Solo piensa en Alejandro.
—Tranquila
dice Williams, que ha venido personalmente.
—Vamos a encontrarlo.
—¿Cómo, Con qué recursos? Vittorio tiene media ciudad comprada.
—Pero no toda. Y ahora, con las declaraciones de Giuseppe y Soíla, tenemos el apoyo de la opinión pública. Los políticos están temblando. Quieren quitarse de encima a Vittorio antes de que los salpique.
—¿Y eso qué significa?
—Significa que tenemos carta blanca. Significa que podemos actuar.
Scarlett asiente lentamente.
—Quiero ir.
—¿Estás loca? Estás embarazada.
—Precisamente por eso. Ese bebé necesita a su padre. Y yo necesito a Alejandro.
—Scarlett...
—No voy a quedarme aquí sentada mientras él está en manos de ese monstruo. Usted puede ponerme todas las trabas que quiera, pero voy a ir. Con usted o sin usted.
Williams la mira largamente.
—Eres la agente más testaruda que he conocido.
—Gracias.
—No era un cumplido.
Suspira.
— Está bien. Pero vas a hacer lo que yo diga. Y si la situación se pone fea, te retiras. ¿Entendido?
—Entendido.
El plan es simple, infiltrarse en la mansión Moretti con un equipo táctico, neutralizar a los guardias, y rescatar a Alejandro. Scarlett conoce la casa por dentro, pasó semanas allí, memorizando cada rincón.
—Hay un túnel
dice, señalando un plano.
—Detrás de la biblioteca. Lleva al garaje. Por ahí podemos entrar sin ser vistos.
—¿Segura?
—Lo usé para escapar una vez. Confío en mi memoria.
—Entonces vamos.
La operación comienza a medianoche.
Scarlett viste el uniforme táctico del FBI, el mismo que usó en decenas de misiones. Pero ahora es diferente. Ahora no es una agente buscando a un criminal. Es una mujer buscando al hombre que ama.
El túnel está donde lo recordaba. El equipo avanza en silencio, comunicándose por señas.
Cuando salen al garaje, dos guardias están jugando a las cartas. Los neutralizan sin hacer ruido.
—Vamos
susurra Scarlett.
— El estudio de Vittorio está en el ala este.
Alejandro está en su habitación de la infancia, vigilado por dos hombres. No ha podido dormir. Solo piensa en Scarlett, en su hijo, en cómo escapar.
Entonces oye un ruido.
Algo en la ventana. Una piedra.
Se acerca y ve, abajo, figuras moviéndose en la oscuridad. Reconoce los uniformes del FBI. Y entre ellos, una cabellera roja que brilla bajo la luna.
Scarlett.
Ha venido por él.
Alejandro siente que el corazón se le acelera. Tiene que distraer a los guardias, tiene que darles tiempo.
—¡Oigan!
grita.
— ¡Necesito ir al baño! El de aquí está dañado.
Los guardias se miran, fastidiados.
—Espérate.
—No puedo esperarme. ¿O prefieren que me mee aquí?
—Está bien, está bien. Pero rápido.
Cuando abren la puerta, Alejandro sale al pasillo. Camina hacia el baño, pero en realidad está contando los pasos, los segundos, esperando el momento justo.
Entonces oye los disparos.
No son muchos. Rápidos, precisos. Los guardias caen antes de poder reaccionar.
Y entre el humo, aparece ella.
Scarlett.
—Alejandro.
—Scarlett.
Corren el uno hacia el otro y se abrazan con la fuerza de quienes han rozado la muerte.
—estas bien?
susurra ella.
—estas loca, como vienes así.
—no te iba a dejar aquí nunca.
Se besan, un beso rápido, urgente, mientras a su alrededor el equipo del FBI asegura la zona.
—Tenemos que irnos
dice ella.
—Vittorio...
—Lo sé. Pero antes, tengo que hacer algo.
—¿Qué?
—Enfrentarlo. Una última vez.
Vittorio está en su estudio cuando la puerta se abre.
No parece sorprendido de ver a Alejandro, ni a Scarlett, ni a los agentes del FBI que los acompañan.
—Sabía que vendrías
dice, mirando a su hijo.
—Sabía que ella te buscaría.
—Se acabó, papá.
—¿Se acabó?
Vittorio ríe.
— Esto nunca se acaba. Siempre habrá alguien como yo. Siempre habrá poder, dinero, sangre.
—Pero no tú. Tú vas a caer.
—¿Crees?
Vittorio se levanta.
—Tengo hombres por toda la ciudad. Tengo dinero en paraísos fiscales. Tengo jueces y políticos en mi bolsillo. Puedo ganar.
—No esta vez.
Scarlett da un paso adelante.
—Señor Moretti, está rodeado. No tiene salida. Entréguese y tal vez, tal vez, pueda ver algún día la luz del sol.
Vittorio la mira con desprecio.
—Tú. Siempre tú. La mujer que destruyó a mi hijo.
—Su hijo lo destruyó usted. Yo solo lo amé.
Las palabras golpean a Vittorio como un puñetazo. Por un momento, su máscara de frialdad se resquebraja.
—Yo también amé a alguien, una vez. Y mira cómo terminó.
—Terminó porque usted eligió el poder sobre ella. Nosotros elegimos diferente.
Vittorio guarda silencio. Luego, lentamente, saca un arma.
—No
dice Alejandro.
—No hagas esto.
—¿Qué otra cosa me queda, La cárcel, La humillación? Prefiero morir.
—Papá...
—Ya no me llames así.
Apoya el arma en su sien.
— visita a tu madre al cementerio y dile que lo siento.
El disparo resuena en el estudio.
Vittorio cae al suelo.
Scarlett se gira, abrazando a Alejandro, intentando que el no vea el final de su padre. Pero él no aparta la mirada. Mira a su padre, el hombre que lo atormentó toda su vida, y siente algo que no esperaba, lástima.
—Terminó
murmura.
—Realmente terminó.
—Sí
susurra Scarlett.
—Terminó.
Se abrazan mientras los agentes se llevan el cuerpo, mientras el imperio Moretti se derrumba para siempre. Pero ellos siguen en pie. Juntos.