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Bajo El Engaño Del Amor

Bajo El Engaño Del Amor

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Malentendidos / CEO / Romance
Popularitas:9.4k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Aurora, una joven de campo marcada por el miedo, huye hacia Londres junto a su pequeño hermano Charles, escapando de un pasado oscuro y de un padrastro que amenaza con destruirlo todo. En medio de una ciudad desconocida y desafiante, su dulzura e inocencia se convierten en su única fortaleza.

Su vida cambia cuando conoce a Christian Potter, un hombre que ella cree un simple chofer, sin imaginar que en realidad es un poderoso y frío CEO multimillonario. Acostumbrado al éxito, pero atrapado en una vida de soledad y amargura, Christian encuentra en Aurora una luz inesperada.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

La noche había caído sobre Londres como una manta pesada y fría. Aurora caminaba por las calles estrechas de los suburbios del East End, con Charles de la mano y los dos bolsos pesándole en los hombros. Sus pies dolían y el estómago les rugía a ambos.

—Disculpe, señora… ¿sabe dónde hay un lugar barato para alquilar? —preguntó Aurora a una mujer que barría la entrada de una pensión.

La mujer la miró de arriba abajo y negó con la cabeza.

—Todo se paga por adelantado, muchacha. Aquí nadie fía a desconocidos. Menos si traes un niño.

Aurora tragó saliva y siguió caminando. En cada puerta recibía la misma respuesta:

—Una libra por adelantado. —Dos semanas por lo menos. —Sin dinero, sin habitación.

Charles apretaba su mano con fuerza.

—Aurora… tengo frío y hambre —susurró.

—Lo sé, mi amor. Un poco más y encontraremos algo. Te lo prometo.

De pronto, una mano rápida surgió de las sombras y tiró con fuerza del bolso que Aurora llevaba colgado del hombro.

—¡No! —gritó ella, intentando sujetarlo.

El ladrón casi lo arranca, pero de repente un hombre harapiento se interpuso y le dio un fuerte empujón al ladrón.

—¡Lárgate de aquí, rata! —gruñó el indigente, recuperando el bolso y devolviéndoselo a Aurora—. ¿Estás bien, muchacha?

Aurora, temblando, abrazó el bolso contra su pecho.

—Sí… gracias. Muchas gracias.

El hombre era alto, desaliñado, con barba larga y sucia, pero sus ojos marrones tenían una mirada amable. Observó a los dos hermanos con curiosidad.

—¿Qué hacen dos niños solos por aquí a estas horas? Esto no es lugar para ustedes.

Aurora dudó un momento, pero el cansancio y la desesperación pudieron más.

—Buscamos un lugar donde vivir… algo económico. Nos echaron de donde estábamos y… no tenemos casi nada.

El indigente se rascó la barba y miró a Charles, que se escondía detrás de su hermana.

—Venid conmigo. Creo que conozco a alguien que puede ayudarlos.

Aurora dio un paso atrás, desconfiada.

—No sé si…

—Tranquila —dijo él levantando las manos—. No soy un santo, pero tampoco un monstruo. Si quisiera hacerles daño, no habría recuperado tu bolso. Mi nombre es Peluche. Vivo por aquí. Síganme, no está lejos.

Charles miró a su hermana con ojos suplicantes.

—Aurora… tengo mucho frío.

Ella suspiró, apretó la mano de su hermano y asintió.

—Está bien. Pero no nos separemos.

Caminaron unas cuantas calles hasta llegar a un edificio viejo de ladrillo oscuro. Las escaleras de hierro estaban oxidadas y crujían con cada paso. Peluche subió hasta el tercer piso y golpeó una puerta.

—¡Gregory! ¡Abre, soy yo!

Un hombre de unos sesenta años, calvo y con cara de pocos amigos, abrió la puerta.

—¿Qué quieres a esta hora, Peluche?

—Tengo a dos nuevos inquilinos. La muchacha y su hermanito necesitan un techo urgente. Están sin un penique.

Gregory miró a Aurora y a Charles con desconfianza.

—¿Tienes dinero?

—Solo unas cuantas monedas, señor —respondió Aurora con voz baja—. Pero puedo trabajar. Pagaré todo lo que deba, se lo juro.

Gregory se rascó la cabeza y soltó un gruñido.

—Apartamento 503. Está vacío. Dos habitaciones, cocina, baño y una sala pequeña. La renta es muy barata: tres libras al mes. Pero quiero dos meses por adelantado.

Aurora palideció.

—No tengo tanto… ni siquiera me pagaron la semana en el trabajo.

Peluche intervino rápidamente.

—Gregory, dale una oportunidad. La chica parece honrada. Déjala quedarse este mes y que pague el siguiente cuando pueda. ¿Qué dices?

El dueño del edificio suspiró.

—Está bien. Tienes todo este mes para conseguir el dinero de los dos meses. Si no pagas al final del mes, te echo. Sin excusas. ¿Entendido?

Aurora asintió con lágrimas de alivio en los ojos.

—Gracias, señor. Muchas gracias. No se arrepentirá.

Gregory le entregó una llave oxidada.

—503. No hagan ruido después de las diez. Y nada de fiestas.

Cuando Gregory cerró la puerta, Peluche sonrió a Aurora.

—Bienvenida al edificio, vecina. Yo estoy en el 302, justo dos pisos más abajo. Si necesitas algo, grita. Aquí todos nos ayudamos… más o menos.

Aurora sonrió por primera vez en días.

—Gracias, Peluche. De verdad. ¿Por qué nos ayudas?

El hombre se encogió de hombros.

—Porque yo también llegué aquí sin nada hace años. Alguien me dio una mano. Hoy te toca a ti. Además… —miró a Charles— el pequeño me recuerda a mi hermano cuando éramos niños.

Charles levantó la mirada, tímido.

—Gracias, señor Peluche.

—Solo Peluche, campeón —dijo él revolviéndole el cabello—. Subid. Descansad. Mañana será otro día.

Aurora tomó a su hermano de la mano y subieron las escaleras crujientes hasta el quinto piso. Cuando abrió la puerta del 503, el olor a humedad y polvo los golpeó, pero era un techo. Dos habitaciones pequeñas, un baño con azulejos rotos, una cocina diminuta y una sala con un sofá viejo.

Charles entró corriendo y saltó sobre el colchón desnudo de una de las camas.

—¡Aurora! ¡Tenemos dos habitaciones! ¡Y una cocina! ¡Ya no dormiremos en la calle!

Aurora dejó los bolsos en el suelo, cerró la puerta y se apoyó contra ella, dejando escapar un sollozo de alivio.

—Sí, mi amor… tenemos donde vivir. No es mucho, pero es nuestro por ahora.

Se acercó a su hermano, lo abrazó fuerte y le besó la frente.

—Mañana buscaré trabajo otra vez. Todo va a mejorar, Charlie. Te lo prometo.

Charles sonrió con cansancio.

—Peluche es bueno, ¿verdad?

—Sí… parece que sí.

Mientras el niño se acurrucaba en la cama, Aurora miró por la ventana rota hacia las luces lejanas de la ciudad.

—Gracias, Dios… —susurró—. Al menos esta noche no dormiremos en la calle.

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Maritza Marquez
bueno el amigo no lo ayuda con el robo?
Luz Maria Camino Almaraz
/Heart//Rose/
Maria Diosdado Velázquez
Muy bien narrada, muy emocionante y muy bonita 😉
Maria Diosdado Velázquez
Gracias, una muy interesante novela☺️
Liseth paola Mosquera mejia
excelente trabajo hasta el momento me ha encantado
Cristina Ovejero
es una historia muy buena, me gusta
Maria del Rocio Ovando Gomez
apenas comencé, aquí voy ❤️
MisterG028: Gracias por tu apoyo, espero que sea de tu agrado
total 1 replies
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