Si alguien me hubiera dicho que la persona que más iba a marcar mi vida comenzaría siendo solo un amigo, jamás lo habría creído.
NovelToon tiene autorización de Yuri.T para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Aprendiendo a confiar.
Los días seguían pasando.
Y cada vez me sentía más cómoda estando con Keiler.
Ya conocía sus rutinas.
Sus horarios.
Sus costumbres.
Y poco a poco también estaba aprendiendo cosas nuevas gracias a él.
Una de ellas era manejar moto.
Aquella noche, después de cenar, me llevó a practicar.
Era apenas la segunda vez que lo intentaba.
Y aunque quería aprender, también estaba nerviosa.
Demasiado nerviosa.
—Tranquila —me dijo mientras acomodaba la moto—. Tú puedes.
—Eso dices porque no eres tú la que está aquí sentada —respondí.
Él soltó una pequeña risa.
—Confía en ti.
Tomé aire.
Intenté concentrarme.
Pero cada vez que sentía la moto moverse, los nervios regresaban.
Keiler permanecía cerca de mí todo el tiempo.
Pendiente de cualquier cosa que pudiera pasar.
Corrigiéndome cuando era necesario.
Y animándome cuando sentía que no podía.
—Vas bien —decía.
—No, voy horrible.
—Que no.
—Sí.
—Mírame.
Levanté la mirada.
—Lo estás haciendo mejor de lo que crees —añadió.
Pero aun así sentía frustración.
Hubo momentos en los que pensé que jamás aprendería.
Momentos en los que quería bajarme y rendirme.
Incluso sentí ganas de llorar.
No porque él me tratara mal.
Todo lo contrario.
Había tenido una paciencia enorme conmigo.
Simplemente me sentía impotente.
Como si mi mente quisiera avanzar más rápido de lo que mi cuerpo podía hacerlo.
—No puedo —murmuré.
—Sí puedes —respondió él.
—No.
—Claro que sí.
—Me da miedo.
—Y es normal tener miedo.
Guardé silencio.
Entonces él sonrió.
—Nadie nace sabiendo manejar.
Eso logró sacarme una pequeña risa.
Y seguí intentándolo.
Poco a poco.
Sin presiones.
Hasta que logré avanzar sola algunos metros.
No era mucho.
Pero para mí fue una gran victoria.
—¿Viste? —dijo orgulloso.
—Un poquito.
—Ya casi eres toda una motociclista.
—Tampoco exageres —respondí riendo.
Cuando terminamos de practicar regresamos a casa.
Nos acostamos.
Vimos algunos videos.
Conversamos un rato.
Y sin darnos cuenta el sueño terminó venciendo a los dos.
Los días siguientes continuaron tranquilos.
Era Semana Santa.
Y aunque muchas personas estaban viajando o participando en diferentes actividades, nosotros decidimos disfrutar el tiempo de una manera más sencilla.
Uno de esos días nos invitaron a compartir con unos amigos de Keiler.
Aceptamos.
Y terminamos pasando gran parte de la tarde con ellos.
Cuando llegamos, el ambiente era agradable.
Algunos estaban acompañados por sus parejas.
Otros habían llegado solos.
Pero todos parecían conocerse desde hacía años.
Me recibieron con cariño.
Y rápidamente me sentí incluida.
Mientras algunos conversaban, otros estaban concentrados jugando fútbol en la consola.
Las risas no tardaron en aparecer.
Y las bromas tampoco.
En medio del encuentro decidimos preparar algo para comer.
Terminamos haciendo arroz con atún entre todos.
No era una comida elegante.
Pero sí una de esas comidas que saben mejor porque están acompañadas de buenos momentos.
La tarde pasó entre conversaciones, juegos y risas.
Y por primera vez sentí que ya no era solamente la novia de Keiler.
También comenzaba a formar parte de su mundo.
De sus amistades.
De las personas importantes para él.
Cuando ya estaba anocheciendo, Keiler se acercó a mí.
—Amor.
—¿Sí? —pregunté.
—Vamos un momento a la casa.
Lo miré confundida.
—¿Y por qué?
Él sonrió.
—Porque quiero estar contigo.
No hizo falta que dijera más.
Regresamos a casa.
Compartimos un momento para nosotros.
Lejos del ruido.
Lejos de todo.
Y después volvimos nuevamente con los demás.
Como si nada hubiera pasado.
La noche continuó entre conversaciones y risas.
Hasta que finalmente decidimos regresar.
Al llegar a casa nos acostamos juntos.
Hablamos de todo un poco.
Recordamos algunas cosas que habían pasado durante la semana.
Vimos más videos.
Y poco a poco el cansancio comenzó a ganarnos.
Antes de quedarme dormida, lo observé por unos segundos.
Y pensé en lo mucho que habían cambiado las cosas desde que llegó a mi vida.
Luego cerré los ojos.
Y me dejé llevar por la tranquilidad de aquel momento.