Para asegurar su presidencia de la prestigiosa compañía de chocolates familiar, el arrogante Gerson accedió a unir su vida legalmente a la de Hellen. Ella era una heredera millonaria a quien él y su madre despreciaban profundamente por considerarla ingenua, pero cuyo capital era indispensable para sus ambiciones. Sin embargo, el destino cambió de rumbo aquella mañana, cuando Hellen se desplomó inexplicablemente tras beber un té que su propia suegra le había preparado...
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Capítulo 18
—Yo te dije, papá, que ella no tiene la capacidad para dirigir la empresa
Solté, dándole un paso al frente a mi padre, tratando de que mi voz sonara firme mientras el despacho se inundaba de gritos que rebotaban en el fino acabado de las paredes
—Ella podrá ser muy inteligente y lo que tú quieras, pero no está preparada para dirigir la empresa. ¡Por el amor de Dios! Que ella haya manejado bien un pedido de chocolate, no significa que tenga la capacidad para hacer algo así. Dirigir el imperio Evans no es un juego de niñas.
Mis palabras aún resonaban con fuerza en el gran despacho, cuyas imponentes paredes de block y concreto armado, revestidas con el más lujoso mármol importado, dejaban en claro la inmensa fortuna de nuestra familia, pero en ese momento, ni el muro más fuerte podía contener la tensión que nos asfixiaba.
La pesada puerta de doble hoja se abrió de par en par, sin previo aviso.
El aire se congeló en un segundo.
Hellen entró. Caminaba con una parsimonia aterradora, vistiendo su impecable traje Rojo, desprendiendo el porte de una mujer absolutamente segura, dueña de un dominio propio que nos redujo a los tres a simples espectadores en nuestra propia casa.
Su sola presencia irradiaba una soberbia real tan densa que me obligó a contener el aliento. Nos miró a los tres con lentitud, paseando sus ojos gélidos de mi padre a mi madre, y finalmente clavándolos en mí, desarmando mi escudo de orgullo con un solo parpadeo de sus pestañas.
Se detuvo justo en el centro de la habitación, cruzó los brazos sobre el pecho y dibujó esa sonrisa gélida y perfecta que ya me sabía de memoria y que tanto me perturbaba.
—¿De verdad creen que mi intelecto se limita a un simple pedido de chocolate?
Hellen, y su voz de seda cortó la tensión del despacho como un cuchillo afilado
-Si tanto dudan de mi capacidad, les propongo un reto a los tres.
Mi madre la miró con un desprecio que le deformaba las facciones, pero mi padre, el viejo zorro de los negocios, se inclinó hacia adelante en su enorme escritorio, intrigado por la audacia de mi esposa.
—Aceptaré la presidencia
Sentenció Hellen, dándole un paso al frente y sosteniéndonos la mirada con una fijeza implacable
—Pero lo haré bajo una estricta condición: seré presidenta de la fábrica de chocolates durante seis meses. Si en esos seis meses la empresa no genera un margen de ganancia del ochenta por ciento más de lo que ustedes generan actualmente... yo misma les firmaré y les entregaré el cincuenta por ciento de mis acciones. Me iré de esta familia sin un solo centavo en los bolsillos.
El despacho se sumió en un silencio sepulcral, tan pesado que parecía que las mismas paredes de block se nos venían encima. Mi corazón dio un vuelco violento dentro del pecho. ¡Un ochenta por ciento más de ganancias! Eso era una completa locura matemática, una meta comercial casi imposible para cualquier empresario en el mercado actual del chocolate, por más contactos que se tuvieran.
—¡Ahora bien!
continuó Hellen, y su voz adquirió un tono de acero incontestable que llenó cada rincón del lugar
—Si genero ese ochenta por ciento más de lo que ustedes producen, me quedo de forma permanente como la presidenta absoluta de la compañía. Sin que ninguno de ustedes vuelva a cuestionar mi palabra ni mis decisiones. ¿Aceptan el trato?
—¡De ninguna manera! ¡Me niego rotundamente!
Grito mi madre, dando un fuerte golpe en la mesa con su mano enjoyada, completamente fuera de sí
-! No voy a permitir que juegues con nuestro patrimonio, niñita insolente! ¡Esto es una falta de respeto!
—Yo acepto
interrumpió mi padre con una voz ronca y pesada, acallando los gritos de mi madre de inmediato. Miró a Hellen con una fascinación corporativa pura; le atraía demasiado la intención de la propuesta, el olor a los millones adicionales y la brutal ambición que emanaba de ella
— Es un trato justo. Si fracasa, nos quedamos con todo su capital y recuperamos el control absoluto. Si gana, nos hace ridículamente más ricos de lo que ya somos. No tenemos nada que perder.
Mi madre se giró hacia mi padre, indignada y con los ojos abiertos de par en par, pero yo intervine de inmediato para frenar otra escena. Di un paso hacia ella, mirándola con una frialdad externa que ocultaba perfectamente el caos que yo llevaba por dentro.
—Mamá, acepta ¿Pero no es eso lo que tú quieres? Eso es lo que tú quieres, quitémonos la careta de una vez por todas frente a ella. Tú lo único que deseas es el cincuenta por ciento de sus acciones para sacarla de nuestras vidas. Pues bien, aceptemos el reto. Vamos a encargarnos de vigilar cada uno de sus movimientos en estos seis meses, y la dejaremos vestida y alborotada. Ella sabrá quiénes somos los Evans.
Mis palabras sonaron crueles, calculadas, como si estuviera completamente del lado de mi madre dispuesto a destruir a Hellen a la primera oportunidad. Pero por dentro...
por dentro los celos y la contradicción me estaban matando en vida, destrozando mi estabilidad mental. Mi mente era un maldito campo de batalla donde ninguna idea ganaba. Por una parte, el orgullo herido de hombre de negocios me quemaba las venas; no quería dejar la presidencia de la fábrica, no quería que mi propia esposa me gobernara, me diera órdenes y me desplazara del trono que me correspondía por derecho de sangre y apellido.
Pero por la otra parte, la verdad me golpeaba con fuerza: estaba completamente enamorado de ella, aficionado de una manera casi enfermiza a su brillantez, a su fuerza arrolladora, a esa majestuosidad mística que me ponía de rodillas aunque intentara resistirme. Una parte de mí deseaba verla fracasar para volver a tenerla sumisa bajo mi control en la casa, pero mi corazón gritaba con locura que ella ya era la única reina legítima de mi vida y que la empresa merecía su grandeza.
Hellen me miró fijamente tras escuchar cómo me ponía del lado de mi madre, y en sus ojos oscuros no hubo ni un rastro de miedo o decepción, solo una burla silenciosa y letal. Ella sabía perfectamente el poder que ejercía sobre mí; sabía que me tenía en la palma de su mano, babeando por ella en secreto. La apuesta estaba sellada con el consentimiento de mi padre, y el imperio del chocolate estaba a punto de arder o de coronarse bajo su mandato absoluto.
> ¿Creen que Gerson sea capaz de sabotear a Hellen para salvar su orgullo, o terminará traicionando a su propia madre por la obsesión que tiene con su esposa?
los leo