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Me Casé Con Un Viejo Millonario

Me Casé Con Un Viejo Millonario

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:11.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Autora_23

Pamela, orgullosa y arrogante, humilla en público al señor Fitwilliam, un supuesto “hombre viejo” que resulta ser un multimillonario frío, poderoso y mucho más peligroso de lo que aparenta.
Como castigo, su padre la obliga a casarse con él.
Ahora vive atrapada en un matrimonio forzado con el hombre al que despreciaba… y al que desafía a cada instante. Pero Fitwilliam no es de los que pierden el control. Ni de los que olvidan.
Entre orgullo y poder, solo una cosa es segura: uno de los dos terminará cayendo primero.

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Capítulo 20: Parte 1 — La Favorita de la Abuela

Pamela se sentó en la cama antes de ponerse la pijama y comenzó a aplicarse la crema corporal que acostumbraba usar todas las noches.

Era un hábito que había mantenido durante años. Siempre le había gustado cuidar su piel y, cuando vivía con todas las comodidades a las que estaba acostumbrada, utilizaba productos costosos que escogía personalmente.

Sin embargo, desde que había llegado a la mansión, las cosas habían cambiado un poco.

La crema que ahora tenía entre las manos no era la misma que solía usar. Era una diferente, mucho más sencilla que aquellas marcas exclusivas que antes llenaban su tocador.

Aun así, continuó aplicándosela con tranquilidad, intentando relajarse después de todo lo ocurrido durante el día.

La visita de Mercedes, la actitud de Teresa y las constantes tensiones con Maximiliano seguían dándole vueltas en la cabeza.

En ese momento, la puerta se abrió.

Maximiliano entró como solía hacerlo, sin molestarse en tocar primero.

Cuando la vio sentada de manera concentrada aplicándose la crema, Maximiliano se quedó observándola.

Las palabras de su abuela y las bromas de Adrián seguían haciendo bulla en su mente, repitiéndose una y otra vez de una forma irritante.

Por unos segundos no dijo nada.

Simplemente permaneció de pie junto a la puerta, con la mirada fija en Pamela, que parecía completamente ajena a su presencia.

Ella estaba tan distraída en sus propios pensamientos que ni siquiera se dio cuenta del momento exacto en que él había entrado.

Y él tampoco parecía tener prisa por anunciarse.

Solo la observaba en silencio, lejos de las discusiones, las provocaciones y los constantes enfrentamientos que parecían acompañarlos siempre.

Fue solo cuando Pamela levantó la vista que lo encontró allí.

El sobresalto fue inmediato.

Instintivamente tomó la bata que había dejado a su lado y se la acomodó rápidamente sobre los hombros mientras lo miraba con evidente molestia.

—¿Desde cuándo estás ahí? ¿No te enseñaron a tocar la puerta antes de entrar?

Su rostro reflejaba claramente la molestia que sentía. Le resultaba incómodo que hubiera entrado sin avisar y, más aún, que la hubiera encontrado en un momento tan desprevenido.

Lo que terminó de inquietarla fue darse cuenta de que él parecía haber estado allí varios segundos observándola, completamente ausente, como si su mente estuviera en otro lugar.

La voz de Pamela hizo que Maximiliano finalmente saliera de sus pensamientos.

Se tensó ligeramente al darse cuenta de que ella lo había sorprendido observándola. Aquello le resultó incómodo, pero se recompuso casi de inmediato, recuperando la actitud segura y firme que solía mostrar.

—Buenas noches, Pamela —comentó con aparente indiferencia—. Pensé que ya habíamos superado el tema de tocar la puerta.

—Claro, porque los modales son opcionales cuando se trata del gran Maximiliano, ¿verdad? —dijo Pamela con evidente ironía mientras terminaba de acomodarse la bata y la amarraba alrededor de la cintura.

Maximiliano soltó un suspiro, claramente sin ganas de seguir discutiendo por aquello.

—No vine a hablar de puertas, Pamela —dijo con calma, aunque su mirada dejaba claro que no estaba dispuesto a seguir perdiendo tiempo en esa discusión.

Pamela rodó los ojos y se cruzó de brazos.

Perfecto... justo lo que me faltaba para terminar el día. Mi vida no puede ser peor —pensó con resignación.

Maximiliano avanzó un paso en su dirección, pero se detuvo a una distancia prudente, sosteniéndole la mirada.

—No suelo hacer este tipo de cosas —admitió—. Pero mi abuela insiste en que reconozca el buen trato que tuviste con ella.

—Jum... —murmuró Pamela.

La verdad era que Mercedes le había agradado desde el primer momento. Había algo en aquella mujer que le inspiraba confianza.

Y precisamente por eso la situación resultaba tan rara.

Era evidente que Maximiliano estaba allí por insistencia de su abuela y no por iniciativa propia.

—No fue para tanto —dijo finalmente—. Tu abuela es una mujer agradable. Cualquiera habría sido amable con ella.

—Mi abuela suele ser bastante selectiva con las personas que le agradan... y tú le caíste bien desde el primer momento —comentó con evidente incomodidad, como si reconocerlo le resultara difícil.

Pamela arqueó una ceja, claramente sorprendida por escuchar algo así salir de la boca de Maximiliano.

—Bueno, me alegra haberle caído bien a tu abuela —respondió con sinceridad—. Pero ya cumpliste con la misión que te encargó, así que puedes retirarte tranquilo.

Maximiliano entendió perfectamente que Pamela quería que abandonara la habitación.

Por una vez, decidió no discutir.

Se limitó a observarla unos segundos en silencio, recorriéndola con una mirada seria e indescifrable antes de darse la vuelta.

Sin decir una sola palabra más, salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Pamela soltó un suspiro apenas quedó sola.

Luego se dejó caer sobre la cama, sintiéndose un poco más tranquila.

La llegada de Mercedes había sido inesperada, pero también le había dado algo que no esperaba encontrar en aquella mansión: una presencia agradable en medio de aquel matrimonio tan abrumador.

Mientras tanto, Maximiliano se dirigió a su propia habitación, ubicada apenas a unos cuantos cuartos de distancia.

Al entrar, se dirigió directamente al baño y tomó una ducha, dejando que el agua se llevara parte del cansancio acumulado durante el día.

Cuando terminó, regresó a la habitación y se dejó caer sobre la cama.

Como solía hacer al dormir, se había quedado sin camisa, permaneciendo unos instantes acostado con los brazos detrás de la cabeza y la mirada fija en el techo.

A pesar del cansancio, no lograba relajarse del todo.

Los acontecimientos del día seguían dando vueltas en su mente, especialmente la visita de su abuela y algunas de las cosas que le había dicho.

Por más que intentara ignorarlo, también terminaba pensando en Pamela y en cómo su presencia había alterado una rutina que durante años había permanecido exactamente igual.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Al día siguiente, Pamela respiró profundo al despertar, como si intentara resignarse a la nueva vida que estaba comenzando dentro de aquella mansión.

Se quedó unos segundos en silencio antes de empezar a alistarse para ir a la empresa junto a Maximiliano y cumplir con las tareas que le habían asignado.

Sin darle demasiadas vueltas a las indicaciones que él le había hecho sobre su vestimenta para el trabajo, decidió mantenerse fiel a su propio estilo. Siempre había sido cuidadosa y muy segura con su forma de vestir, y aquello era una de las pocas cosas que aún sentía bajo su control.

Eligió un vestido tipo blazer de color blanco, elegante y firme, que reflejaba su personalidad sin necesidad de exageraciones.

Después peinó su abundante cabello color castaño chocolate, con delicados matices caoba, dejándolo suelto sobre sus hombros.

Cuando estuvo lista, respiró hondo una vez más y bajó las escaleras con la cabeza en alto.

Al llegar a la sala, su mirada se dirigió de inmediato hacia el comedor. Allí ya estaban sentados Mercedes, Maximiliano y Teresa esperándola.

Pamela avanzó con pasos finos y elegantes, con la seguridad natural de quien siempre procuraba lucir impecable sin importar las circunstancias.

Si algo tenía Pamela, era que jamás permitía que los demás vieran sus debilidades.

La calidez natural de Mercedes era evidente, pero aun así el comedor conservaba una extraña sensación de frialdad, como si la presencia de ciertas personas fuera suficiente para enfriar cualquier ambiente.

Teresa no ocultó su desagrado y le lanzó una mirada cargada de molestia, sin el más mínimo intento de disimularlo.

Pamela simplemente sostuvo la mirada con serenidad, como si aquello no tuviera la menor importancia para ella.

—¡Pamela! —exclamó Mercedes apenas la vio—. Ven, querida, siéntate con nosotros.

Pamela le dedicó una pequeña sonrisa y se acercó a la mesa.

—Buenos días —saludó con educación.

—Buenos días, querida —respondió Mercedes de inmediato.

—Buenos días —murmuró Maximiliano con la formalidad de siempre.

Teresa, por supuesto, no dijo nada.

Pamela tomó asiento y, por consideración a Mercedes, decidió hacer un esfuerzo por mostrarse agradable.

No porque hubiera empezado a disfrutar de la compañía de Maximiliano o de Teresa. De hecho, seguía pensando exactamente lo mismo de ambos.

Pero la abuela era otra historia.

Y si tenía que soportar aquel desayuno, al menos intentaría hacerlo por ella.

Mercedes observó a Pamela durante unos segundos y luego sonrió con curiosidad.

—Veo que eres de las que empiezan el día bastante temprano —dijo Mercedes sonriendo.

La reacción fue inmediata.

Maximiliano levantó la vista de su café.

Teresa levantó ligeramente una ceja y ocultó una sonrisa satisfecha. Aquello era justo el tipo de comentario que podía utilizar para hacer quedar mal a Pamela delante de Mercedes.

—Oh, señora Mercedes, ojalá fuera así. Pero Pamela tiene una relación bastante complicada con las mañanas —intervino Teresa con una sonrisa amable que apenas lograba ocultar la malicia detrás de sus palabras.

Pamela le lanzó una mirada que habría sido suficiente para congelar a cualquiera.

Se sintió ligeramente avergonzada delante de Mercedes, más por la situación que por las palabras de Teresa.

Maximiliano se limitó a alzar una ceja en silencio.

Mercedes observó primero a Teresa y luego a su nieto, como si intentara entender qué estaba ocurriendo.

—Digamos que algunas personas tienen una memoria demasiado buena para ciertos detalles —respondió mirando brevemente a Teresa antes de volver su atención a Mercedes—. Pero sí, admito que las mañanas no son precisamente mi momento favorito del día.

Teresa se molestó al notar la mirada que Mercedes le dedicó. No había sido una reprimenda directa, pero sí una de esas miradas que parecían decirle que no era necesario intervenir en todo.

Mercedes volvió su atención hacia Pamela.

—Entonces, querida, ¿qué fue lo que te hizo madrugar hoy?

Pamela abrió la boca para responder, pero no tuvo oportunidad.

—Abuela... —interrumpió Maximiliano con su profunda voz varonil.

Llevaba varios minutos soportando los constantes comentarios y miradas entre Teresa y Pamela únicamente por consideración a su abuela, pero su paciencia comenzaba a agotarse.

La atención de todos se dirigió hacia él.

—Abuela, continuaremos esta conversación cuando volvamos. Pamela y yo tenemos trabajo que atender en la empresa.

Mercedes parpadeó varias veces, claramente sorprendida.

—¿A la empresa? —preguntó mirando primero a su nieto y luego a Pamela—. ¿Y Pamela trabaja contigo?

La pregunta hizo que Teresa apretara los labios de inmediato.

Pamela, por su parte, tomó un poco de jugo antes de responder.

—Sí, aunque todavía me estoy adaptando —admitió Pamela.

Mercedes abrió los ojos con interés.

—¡Eso no me lo habían contado!

—Porque no era algo importante de mencionar —respondió Maximiliano, intentando cortar el tema.

—¿No era importante? —repitió—. Tu esposa trabaja contigo y ¿no era importante?

Pamela tuvo que contener una sonrisa.

Por dentro quería aclarar que aquello no había sido exactamente una decisión compartida, pero se guardó el comentario.

No pensaba decir nada que pudiera incomodar a Mercedes.

Además, sentía cierta curiosidad por ver cómo Maximiliano explicaría una situación que, en realidad, había decidido por ambos.

—Definitivamente necesito una conversación seria con ustedes dos cuando regresen.

Maximiliano asintió y se despidió de su abuela.

Pamela hizo lo mismo antes de que ambos abandonaran la mansión.

Una vez afuera, caminaron hacia el automóvil que los esperaba.

Antes de subir, Maximiliano dirigió una breve mirada hacia Pamela.

Por un instante pareció observarla como si aún no terminara de acostumbrarse a verla formando parte de su rutina diaria.

Pamela lo notó.

Sin embargo, mantuvo su habitual porte orgulloso, como si aquella mirada no significara absolutamente nada.

Aunque, muy en el fondo, no pudo evitar sentirse satisfecha al percibir que, por una vez, era él quien parecía no tener tan claro cómo manejar la situación.

𝐏𝐀𝐑𝐓𝐄 𝟐: El Centro de Atención

Ya en la empresa, Maximiliano se encargó de organizar una reunión con varios de los directivos y responsables de las diferentes áreas.

La compañía estaba a pocas semanas de lanzar un nuevo producto al mercado, por lo que aquella reunión era especialmente importante.

Desde que Maximiliano le había asignado aquella tarea, Pamela se había concentrado en perfeccionar una nueva estrategia publicitaria para el lanzamiento del producto.

Ya le había mostrado nuevamente el trabajo a Maximiliano y, para sorpresa de Pamela, él había admitido que esta vez estaba mucho mejor.

Y era verdad.

Sin embargo, más allá del diseño en sí, Maximiliano quería ver cómo se desenvolvía explicando la propuesta frente a otras personas.

Cuando ambos entraron a la sala de reuniones, varias miradas se dirigieron inmediatamente hacia Pamela.

La mayoría de los presentes eran hombres y no pudieron evitar fijarse en la joven.

Lejos de incomodarla, aquellas miradas parecían reforzar aún más la confianza que tenía en sí misma.

Pamela era plenamente consciente de su atractivo y no tenía ningún problema en admitirlo.

Cuando llegó el momento de su presentación, se puso de pie y caminó hasta el frente de la sala.

Detrás de ella, una gran pantalla proyectaba la propuesta publicitaria que había preparado para el lanzamiento del nuevo producto.

Tomó aire discretamente y observó a los presentes.

Por un instante, todas las miradas estuvieron sobre ella.

Sin embargo, lejos de ponerse nerviosa, aquella atención pareció darle aún más seguridad.

—Buenos días a todos —comenzó con una sonrisa profesional—. Hoy quiero mostrarles una propuesta enfocada en generar expectativa y conectar el producto con un público mucho más amplio.

Mientras hablaba, las diapositivas iban apareciendo detrás de ella.

A medida que avanzaba con la explicación, la atención de los presentes aumentaba.

Varios de los directivos intercambiaban miradas de aprobación mientras observaban la pantalla.

Incluso algunos de los hombres que al principio parecían más interesados en contemplarla a ella que en escuchar la presentación, terminaron prestando atención al trabajo que había realizado.

Pamela comenzaba a sentirse cada vez más cómoda.

—La idea principal es generar curiosidad antes del lanzamiento para que el público espere el producto incluso antes de conocer todos sus detalles —explicó con seguridad.

Algunos asintieron inmediatamente.

—Muy inteligente —murmuró uno de ellos.

Pamela sonrió satisfecha y pasó a la siguiente diapositiva.

Sin embargo, apenas apareció en la pantalla, toda la sala quedó en silencio durante un segundo.

Luego comenzaron a escucharse varias carcajadas.

Pamela frunció el ceño y se giró hacia la pantalla.

Y entonces lo vio.

En una de las imágenes promocionales, donde debía aparecer el nombre del producto, todavía estaba escrito en letras enormes:

"PONER AQUÍ EL NOMBRE CUANDO DEJEN DE CAMBIARLO CADA CINCO MINUTOS".

El silencio duró apenas un instante antes de que las risas estallaran con más fuerza.

Pamela cerró los ojos.

—Perfecto... maravilloso... excelente trabajo, Pamela —murmuró para sí misma.

Las risas continuaron.

Incluso varios directivos tuvieron que secarse las lágrimas.

Por primera vez aquella mañana, Maximiliano se llevó una mano al rostro intentando ocultar una sonrisa.

—Debo admitir que es una observación bastante válida —comentó uno de los ejecutivos entre risas.

Pamela suspiró.

—En mi defensa, estaba convencida de haber eliminado esa nota.

—Pues yo voto por dejarla —dijo otro hombre todavía riendo.

Para cuando finalizó, la mayoría coincidía en que aquella había sido una de las propuestas más sólidas y creativas que habían visto para el lanzamiento.

Minutos después, Pamela salió de la sala de reuniones sintiéndose satisfecha.

El pequeño incidente de la diapositiva ya no le importaba. Al final, la presentación había sido un éxito y eso era lo único que realmente contaba.

Mientras caminaba por uno de los pasillos de la empresa, escuchó una voz llamándola.

—Tú —dijo Mireya, una de las empleadas.

Desde el primer día, aquella mujer había visto a Pamela con cierta envidia.

Mireya se acercó y le extendió una bandeja vacía.

—Necesito que lleves café a la sala de juntas.

Pamela la miró durante unos segundos.

Sabía perfectamente que aquello no formaba parte de sus funciones.

Y también sabía que Mireya no le estaba hablando de esa manera por error.

Antes de que pudiera responder, una voz grave se escuchó detrás de ellas.

—¿Qué pasa aquí?

Las dos giraron la cabeza.

Maximiliano acababa de aparecer.

Mireya se tensó inmediatamente.

—Nada, señor. Absolutamente nada —respondió con rapidez.

Pamela rodó los ojos.

Podía haberle explicado perfectamente lo que acababa de ocurrir.

Sin embargo, decidió no hacerlo.

No quería que Maximiliano creyera que necesitaba que la defendieran.

Además, estaba convencida de que podía manejar sola a personas como Mireya.

Por eso simplemente guardó silencio.

Maximiliano observó a ambas durante un instante, como si sospechara que algo no encajaba del todo.

Pero finalmente decidió no insistir.

—Pamela, ven a mi oficina.

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Yadira
Me gusta la historia pero lo que me molesta es que Pamela sea tan berrinchuda, eso enfada
Yadira
Me encanta la pareja,a esperar haber que pasa en el siguiente capítulo esperemos y se reconcilien
Vale Kim
Mas capítulo por favor 🙏🏾
Estefanía Vanesa Flores Espino
hay que pena😭😭😭😭 no me pierdo ni un capítulo 🥰🥰
BRESCIA BRENDA MIRANDA MARAZA
eso es todo, falta terminar
Yadira
Me encanta la historia y me gusta que la protagonista no sea una mujer sumisa que tenga carácter
Vale Kim
🥰🥰🥰 estoy encantada 🤩 felicidades a la autora ✍️
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