Mey nunca imaginó que dejar la ciudad significaría dejar también la vida que conocía. Acostumbrada al ruido de las avenidas, las luces interminables y la rutina acelerada, se vio obligada a empezar de nuevo en un pequeño pueblo rodeado de campos y silencio. Todo allí parecía ajeno… hasta que conoció a Elian.
Arrogante, orgulloso y con una actitud imposible de ignorar, Elian era el tipo de chico que siempre conseguía lo que quería. Desde el primer encuentro, las discusiones entre ambos fueron inevitables. Pero detrás de su mirada desafiante y sus palabras frías, Mey comenzó a descubrir secretos que nadie más veía.
Lo que empezó como un cambio que ella nunca deseó, terminó convirtiéndose en una historia capaz de transformar sus heridas, sus miedos y hasta su forma de amar. Porque a veces, el lugar al que menos quieres ir… termina siendo donde realmente encuentras tu destino.
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Capitulo 1
A veces, la vida cambia de rumbo sin previo aviso. Un día estás en tu casa de siempre, en tu cuarto lleno de posters y recuerdos, con tus amigos, tus costumbres, tu rutina... y al siguiente, te encuentras empacando cajas, dejando atrás todo lo conocido.
Así comienza la historia de Mey.
Mey tiene 14 años. Es una chica como muchas, pero también muy distinta. Tiene el cabello castaño, largo hasta los hombros, con ondas que se rebelan como sus ideas. Es hija única y ha crecido en la ciudad, entre bocinas de autos, parques pequeños y edificios grises que tocan el cielo. Siempre ha sido un poco tímida, algo callada, pero con una imaginación que parece no tener fin. Su cuerpo no encaja en los estereotipos de revistas: no es ni muy delgada ni completamente gordita; es simplemente Mey, con sus curvas, sus complejos y su sonrisa suave.
Su madre, buscando una vida más tranquila, decide mudarse con ella a un pequeño pueblo llamado Santa Rosa del Valle, un lugar donde todos se conocen, las calles son de tierra, y los atardeceres pintan el cielo como si lo hubiese dibujado un artista.
Para Mey, dejar la ciudad es como soltar una parte de sí misma. Pero lo que no sabe, lo que no imagina siquiera, es que en ese pequeño pueblo comenzará el viaje más importante de su vida. Allí descubrirá lo que significa crecer. Se enfrentará a retos que nunca pensó vivir: la soledad de no conocer a nadie, el miedo a ser juzgada por cómo se ve, la incertidumbre de encontrar su lugar en un sitio nuevo.
Pero también vivirá momentos mágicos. Hará nuevos amigos, explorará bosques y secretos del pueblo, se reirá hasta dolerle el estómago y... conocerá el amor por primera vez.
Él no será perfecto, ni ella tampoco. Pero entre cartas, miradas robadas y silencios que dicen más que las palabras, Mey sentirá cosas que nunca había sentido. Amor, alegría, celos, confusión, esperanza… y tristeza también, porque el amor, a veces, no es tan sencillo como parece.
Es una historia sobre crecer, sobre aprender a quererse cuando el mundo te quiere cambiar, sobre encontrar tu voz entre el ruido, y sobre ese primer amor que te transforma para siempre.
Mey no es una heroína de cuentos de hadas. Pero su historia es igual de poderosa, porque está hecha de emociones reales, de momentos pequeños que marcan el alma, de decisiones que parecen simples pero cambian el rumbo de una vida.
En estas páginas vas a reír, llorar, enojarte y enamorarte junto a ella. A través de sus capítulos, vas a acompañarla mientras descubre quién es, qué quiere, y cuánto vale. Verás cómo sus días se llenan de experiencias nuevas: el primer día en una nueva escuela, los secretos de sus nuevos amigos, las peleas con su madre, las dudas frente al espejo, las cartas escondidas en una libreta, los susurros al atardecer.
Este es un viaje que comienza con un cambio de casa, pero termina transformando un corazón.
Así que abre este libro y camina con Mey. Porque aunque su historia empieza con una mudanza, muy pronto te darás cuenta de que también puede ser tu historia. Porque todos alguna vez hemos sido nuevos en un lugar, todos hemos tenido miedo, todos hemos sentido mariposas por primera vez.
Y porque, al fin y al cabo, todos estamos buscando lo mismo: un lugar donde podamos ser nosotros mismos… y alguien que nos mire como si fuéramos todo lo que está bien en el mundo.