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La Princesa de la Mafia

La Princesa de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Escuela / Mafia / Autosuperación / Venganza de la protagonista / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:0
Nilai: 5
nombre de autor: Queenvyy27

Aurelia era una chica común y corriente, obsesionada con las novelas. Una noche, tras llorar por el trágico destino de su personaje favorito, despierta dentro de la historia y descubre que ahora habita el cuerpo de Aurelia Cassano: la antagonista consentida, hija del jefe de la mafia más temida del país.

El problema es que conoce el final: en la novela original, Aurelia Cassano muere asesinada a los veinticuatro años. Y el causante indirecto de su muerte es nada menos que Arsa Wirayuda, el protagonista masculino: frío, despiadado, irresistible... y el hombre del que la Aurelia original estaba perdidamente enamorada.

Para sobrevivir, Aurelia traza un plan: alejarse de Arsa, evitar los conflictos con la protagonista original y reescribir su destino. Pero la vida dentro de una novela de mafia no es tan sencilla. Entre conspiraciones familiares, enemigos que la quieren muerta, pandillas rivales y secretos oscuros que ni la novela revelaba, Aurelia descubre que cambiar la trama es mucho más difícil de lo que imaginaba.

Y lo peor de todo: Arsa, el hombre al que debería evitar a toda costa, no deja de acercarse. Con sus ojos negros como la noche, su actitud posesiva y esos momentos inesperados de ternura que derrumban todas sus defensas, Aurelia se enfrenta a la pregunta más peligrosa de todas: ¿puede reescribir una historia de amor sin caer en ella?

Entre peleas callejeras, intrigas corporativas, venganzas implacables y un romance que arde lento pero con la fuerza de un incendio, Aurelia demuestra que ser la villana nunca fue su destino. Tal vez siempre fue la heroína que esta historia necesitaba.

NovelToon tiene autorización de Queenvyy27 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9 — Reencuentro con Dante

Aurelia le devolvió el celular a Andrea, se puso de pie y dejó al trío de las gansas alborotado con la noticia de la cuenta de chismes del colegio.

¡Pum!

Aurelia cayó al suelo tras chocar con un estudiante al doblar hacia su aula. Se frotó la frente, que le dolía después de estrellarse contra el pecho ancho del muchacho. Alzó la vista para ver con quién había tropezado.

—¿No piensas ayudarme a levantarme? —protestó, al notar que el chico se limitaba a mirarla, inmóvil.

A duras penas se incorporó, refunfuñando, sacudiéndose la falda sucia, mientras el causante seguía observando sus movimientos como si le hicieran gracia.

—¿De qué te ríes? —le espetó al joven, que era de lo más apuesto.

—Perdón —dijo él, escueto, y se alejó. Aurelia negó con la cabeza, sin dar crédito. Cómo podía soltar un «perdón» y desentenderse así.

—¡Oye, ni siquiera tienes la decencia de...! —le gritó al muchacho alto que la había derribado.

Él la ignoró y se limitó a alzar una mano sin volverse.

—Vaya tipo —masculló Aurelia, apretando el puño como si fuera a darle un golpe al aire.

Por detrás, un estudiante de cabello largo llegó corriendo y llamó a alguien por su nombre.

—¡Diego, espérame! —gritó. Pero el aludido no respondió.

—¡Diego Salinas! —volvió a gritar, hasta que por fin alcanzó al chico que había chocado con Aurelia y lo agarró del hombro.

Aurelia se quedó petrificada: aquel nombre no le era ajeno.

—¿Cómo dijo? ¿Diego Salinas? —Se tapó la boca, conmocionada. El mareo se intensificó al caer en la cuenta de quién era el muchacho con el que acababa de tropezar.

Diego Salinas era el segundo protagonista masculino y, además, el líder de la banda de los Tigres.

Y el dato que Aurelia había olvidado era que Diego había sido el novio de la Aurelia original antes de conocer a Dante. Su historia se contaba en un relato paralelo. Aquel encontronazo era el primer encuentro entre Aurelia y Diego, uno que la novela nunca había narrado.

La frialdad inalcanzable de Diego fue justo lo que hizo que la Aurelia del libro se enamorara de él.

Pero su relación estaba condenada al fracaso: Diego también terminaba enamorándose de Isabella. Después de conocerla, no quedó ni rastro de dulzura entre Diego y Aurelia.

Era como si Isabella lo hubiera dejado ciego.

—Maldito desgraciado —masculló Aurelia, recordando lo lamentable que resultaba la Aurelia de la novela.

Por la mañana, en el estacionamiento de la Preparatoria Altamira, un deportivo se detuvo justo al lado de la zona de motos. Allí había varias motocicletas deportivas alineadas. Saltaba a la vista que Altamira era un colegio de élite; no cualquiera podía estudiar allí. Lo mismo ocurría con la Preparatoria del Valle. En realidad, ambos colegios de élite pertenecían a un empresario de nombre célebre entre los grandes del mundo de los negocios.

Tras estacionar con esmero, Aurelia bajó con ese aire altanero y soberbio tan suyo.

La chica de ojos preciosos avanzó entre varios alumnos de Altamira que la observaban con fijeza. A unos dos metros, un grupo de muchachos apuestos aguardaba algo de pie; algunos seguían encaramados a sus motos deportivas.

Aurelia sabía quiénes eran. Con razón aquello estaba a reventar y las chicas se resistían a abandonar el estacionamiento. ¿Qué otra cosa podía ser, sino que allí estaba el círculo interno de la Orchi, que ese día empezaba las clases? ¿Cuándo iban a tener otra ocasión de ver de cerca a sus ídolos?

Aurelia intentó pasar con calma e indiferencia junto al grupo. Pero su serenidad se vino abajo cuando uno de ellos, de repente, la tomó del brazo justo al cruzar a su lado. Pillada por sorpresa, perdió el equilibrio y se estrelló contra el cuerpo de quien la había sujetado.

¡Pum!

El pulso se le aceleró de golpe.

Dos miradas se encontraron. Por un instante, silencio. Al segundo siguiente estalló el bullicio de los estudiantes, atónitos ante la escena entre Aurelia y aquel chico, que no era otro que Dante.

Aurelia estaba tan sorprendida como el resto. Al recobrarse, echó un vistazo alrededor y volvió a mirar al joven apuesto que aún la sujetaba de la mano. Sus cuerpos estaban muy cerca. Dante contemplaba el rostro de Aurelia sin desviar la atención, ajeno por completo al alboroto que los rodeaba.

—Suelta. —La voz fría de Aurelia sacó a Dante de su ensimismamiento. Curiosamente, hasta su tono glacial le sonó melodioso.

—¿Me conoces? —preguntó Dante, inexpresivo.

Aurelia arqueó las cejas, pensativa. ¿Por qué me pregunta eso de repente? Pues claro que lo conozco, y demasiado bien, se dijo. Pero el gesto que puso le resultó de lo más encantador a Dante.

Algo le pasaba a Dante. Desde que la había visto bajar del auto y avanzar con altivez hasta tenerla ahora frente a él, sentía que había algo distinto. Algo que le inquietaba la mente y el pecho.

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