Sinopsis
Lyra creció creyendo que era una loba común dentro de la Manada de la Luna Plateada.
Toda su vida soportó humillaciones, desprecios y el rechazo de quienes consideraba su familia. Cuando finalmente encontró el amor y la confianza, fue traicionada de la forma más cruel.
La noche de la Luna Sangrienta, Lyra murió.
Pero la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, despertó cinco años en el pasado, antes de que comenzaran las conspiraciones que destruyeron su vida. Ahora recuerda cada mentira, cada traición y cada rostro que sonrió mientras planeaba su caída.
Esta vez no será una víctima.
Sin embargo, cuanto más intenta cambiar el destino, más descubre una verdad imposible: ella no es una loba cualquiera.
Es la heredera perdida de la primera estirpe de lobos.
La legítima reina.
Y el temido Rey Licántropo, un hombre que debería ser su enemigo, parece haberla estado esperando durante siglos.
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CAPÍTULO 1
Cinco años antes
Desperté con un grito.
Me incorporé de golpe, respirando tan rápido que sentí que me faltaba el aire.
Mi corazón latía con fuerza.
Demasiado fuerte.
Llevé una mano a mi pecho.
Nada.
No había sangre.
No había dolor.
No había una espada atravesándome.
Parpadeé varias veces.
Confundida.
Asustada.
Miré a mi alrededor.
La habitación estaba oscura, iluminada únicamente por la luz de la luna que entraba por la ventana.
Las paredes.
Los muebles.
La cama.
Todo me resultaba familiar.
Demasiado familiar.
—No...
Salté de la cama.
Mis piernas casi fallaron al tocar el suelo.
Corrí hasta el espejo que estaba junto a la pared.
Y cuando vi mi reflejo...
Sentí que el mundo se detenía.
Era yo.
Pero no la yo que había muerto.
Parecía más joven.
Mucho más joven.
Mi rostro no mostraba las marcas del sufrimiento.
Mis ojos no tenían aquella tristeza que había cargado durante años.
Era mi versión de hacía cinco años.
—No puede ser...
Toqué mi rostro.
Mi cuello.
Mi cabello.
Todo era real.
No era un sueño.
Yo recordaba perfectamente lo que había ocurrido.
La Luna Sangrienta.
Las llamas.
La espada.
La traición.
Selene.
Lucien.
Un dolor atravesó mi pecho.
No físico.
Peor.
Recordar sus rostros fue suficiente.
Mi mejor amiga.
El hombre que amaba.
Las dos personas en las que más confiaba.
Los dos me habían traicionado.
Cerré los ojos.
Intentando controlar la rabia.
Las ganas de llorar.
Las ganas de gritar.
Pero entonces alguien llamó a la puerta.
Tres golpes suaves.
Mi cuerpo se tensó inmediatamente.
—Lyra.
Mi respiración se detuvo.
Conocía esa voz.
La conocía demasiado bien.
—¿Ya estás despierta?
Selene.
Sentí que la sangre hervía dentro de mí.
Por un segundo volví a verla aquella noche.
De pie.
Mirándome morir.
Sin hacer nada.
—Lyra, vamos a llegar tarde.
No respondí.
Era demasiado.
Demasiado pronto.
—¿Lyra?
Respiré hondo.
Necesitaba pensar.
Si Selene estaba aquí...
Si seguía siendo mi amiga...
Entonces...
Mis ojos se abrieron.
Había regresado.
De verdad había regresado.
Cinco años.
Había vuelto cinco años atrás.
Antes de mi muerte.
Antes de las mentiras.
Antes de las traiciones.
Antes de que todo se destruyera.
—Ya voy —respondí finalmente.
Escuché sus pasos alejarse por el pasillo.
Y entonces ocurrió.
Una risa suave sonó dentro de mi cabeza.
Me quedé inmóvil.
Completamente inmóvil.
—¿Qué...?
La risa volvió a escucharse.
—Por fin.
Mi corazón casi se salió de mi pecho.
—¿Quién dijo eso?
Silencio.
Luego una voz.
Una voz femenina.
—Tardaste bastante.
Retrocedí un paso.
—¿Quién eres?
—Madre Luna... ¿de verdad eres tan lenta?
Abrí los ojos como platos.
La voz suspiró.
—Bueno, supongo que es normal. Acabas de regresar de entre los muertos.
Sentí que las piernas me fallaban.
—¿Regresar de los muertos?
—Sí.
—¿Estoy volviéndome loca?
—No.
—¿Estoy soñando?
—Tampoco.
—Entonces explícamelo.
La voz guardó silencio unos segundos.
Y cuando volvió a hablar...
Su tono fue mucho más suave.
—Soy tu loba.
Mi respiración se cortó.
No.
No podía ser.
—Eso es imposible.
—¿Lo es?
Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos.
Desde los quince años había esperado escuchar esas palabras.
Todos los lobos despertaban a esa edad.
Todos escuchaban a sus compañeros interiores.
Todos menos yo.
Mientras mis amigos celebraban el Despertar, yo solo escuché silencio.
Años de silencio.
Años sintiéndome defectuosa.
Diferente.
Rota.
—No...
Mi voz tembló.
—¿De verdad eres mi loba?
—Sí.
Una lágrima resbaló por mi mejilla.
—Entonces... ¿por qué nunca pude escucharte?
La voz tardó unos segundos en responder.
Demasiados.
—Porque alguien me selló.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Qué?
—Alguien hizo todo lo posible para que nunca descubrieras quién eres realmente.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Las mismas palabras.
Las mismas dudas.
Los mismos secretos.
—¿Quién?
—Todavía no lo sé.
—¿Y tú cómo te llamas?
Esta vez la voz sonó orgullosa.
Como si hubiera estado esperando esa pregunta durante años.
—Nyra.
Sonreí por primera vez desde que desperté.
Nyra.
Mi loba tenía nombre.
Mi loba era real.
Y por primera vez en toda mi vida...
No estaba sola.
—Escúchame bien, Lyra.
La diversión desapareció de su voz.
—Esta vez tenemos una oportunidad.
—¿Una oportunidad para qué?
—Para cambiarlo todo.
Mi mente volvió inmediatamente a la noche de mi muerte.
A Selene.
A Lucien.
A la sangre.
Al dolor.
A la traición.
Mis manos se cerraron en puños.
No.
Esta vez no iba a terminar igual.
Esta vez descubriría la verdad.
Descubriría quién era realmente.
Y cuando llegara el momento...
Nadie volvería a usarme.
Nadie volvería a traicionarme.
Y nadie volvería a verme morir.