En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
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El regreso de Camila
Un año después de la boda, el castillo vivía una época de relativa tranquilidad.
Esteban e Isabella seguían unidos y eran considerados por muchos la pareja más querida del reino. Aunque las responsabilidades habían aumentado, ambos encontraban tiempo para compartir juntos.
Aquella mañana, Isabella caminaba por los jardines mientras revisaba algunos documentos relacionados con la investigación de su padre.
Desde hacía meses trabajaba junto a Alejandro y Arturo para reconstruir los acontecimientos que habían provocado la caída de Ramiro Montenegro.
Cada nuevo hallazgo confirmaba que la conspiración había sido mucho más grande de lo que habían imaginado.
—Sabía que te encontraría aquí.
Isabella levantó la vista.
Alejandro se acercaba con varios documentos bajo el brazo.
—¿Más archivos?
—Encontramos registros financieros que podrían relacionar a algunos nobles con los hombres que acusaron a tu padre.
Isabella recibió los papeles.
—Cada vez estamos más cerca.
—Sí. Pero también más cerca de personas que no quieren que la verdad salga a la luz.
Durante unos minutos analizaron los documentos.
La conversación fue cordial y tranquila.
Con el paso del tiempo ambos habían aprendido a confiar el uno en el otro.
Muy cerca de allí, Beatriz observó la escena desde una ventana.
No había nada incorrecto en aquella reunión.
Sin embargo, percibía una conexión especial basada en el respeto mutuo.
Mientras tanto, en los establos reales, Leonardo ayudaba a Elena a montar a caballo.
—Creo que exageras cuando dices que soy mala jinete.
—Porque lo eres.
—Qué amable.
—Siempre intento decir la verdad.
Elena fingió indignarse.
Minutos después ambos terminaron riendo.
La amistad entre ellos se había fortalecido durante el último año.
Cada vez resultaba más difícil ocultar lo que sentían.
Pero ninguno se atrevía todavía a dar el primer paso.
Aquella misma tarde, varios carruajes llegaron al castillo.
Los guardias anunciaron la llegada de importantes invitados.
Entre ellos descendió una mujer elegante vestida de azul oscuro.
Camila.
Su sonrisa era perfecta.
Su expresión, tranquila.
Pero detrás de aquella apariencia se ocultaban meses de planes cuidadosamente preparados.
—Bienvenida de nuevo —saludó Beatriz con cortesía.
—Es un honor regresar, majestad.
Camila inclinó la cabeza.
Desde el otro extremo del salón, Isabella sintió una incómoda sensación.
Recordaba perfectamente los celos que Camila había mostrado antes de la boda.
Esteban también parecía sorprendido.
—Pensé que se había marchado definitivamente.
—Yo también —respondió Leonardo.
Aquella noche se celebró una cena en honor a los visitantes.
Camila ocupó un asiento cercano a la familia real.
Durante toda la velada se mostró amable y encantadora.
Incluso Isabella tuvo que admitir que parecía diferente.
Sin embargo, cuando la cena terminó y todos comenzaron a retirarse, Camila se acercó discretamente a una de sus doncellas.
—¿Todo está preparado?
—Sí, mi señora.
—Perfecto.
Una sonrisa apareció en sus labios.
Había esperado un año entero para regresar.
Y no pensaba desperdiciar la oportunidad.
Mientras el castillo dormía, la joven observó las luces de la residencia real desde la ventana de su habitación.
—Disfruta tu felicidad mientras puedas, Isabella Montenegro —susurró.
Porque el verdadero juego acababa de comenzar.