En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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“ aun no eres el alfa “
El frío de la mañana la despertó lentamente.
Lyra abrió los ojos confundida mientras la niebla blanca cubría el bosque alrededor del tronco hueco. Durante unos segundos no recordó dónde estaba.
Hasta que el dolor en el pecho volvió.
La luna llena.
Kael.
Los ojos rojos.
La mujer del sueño.
Lyra se incorporó despacio saliendo del interior del árbol. El aire húmedo golpeó inmediatamente su rostro.
Todo estaba silencioso.
Demasiado silencioso.
La niebla se movía lentamente entre los árboles mientras pequeñas gotas de rocío caían desde las ramas.
Lyra respiró hondo intentando calmarse.
“Solo fue un sueño.”
Tenía que haber sido un sueño.
Aunque todavía sentía la voz de aquella mujer resonando en su cabeza.
“Tu herencia.”
Se estremeció.
No quería pensar en eso.
No quería pensar en nada de lo ocurrido anoche.
Se estiró lentamente intentando ignorar el cansancio en su cuerpo.
Pero entonces notó algo raro.
Los animales.
Varias aves permanecían quietas cerca de ella observándola desde las ramas.
Un ciervo bebía agua cerca del arroyo sin huir al verla.
Como si el bosque entero estuviera… atento.
Lyra frunció el ceño incómoda.
Antes los animales eran tranquilos con ella.
Pero esto era diferente.
Demasiado diferente.
Decidió ignorarlo.
Caminó fuera del escondite y comenzó el regreso a la aldea mientras la niebla cubría el sendero.
Y durante todo el trayecto tomó una decisión.
No iba a contarle a nadie.
Ni lo del sueño.
Ni la cuchara doblada.
Ni sus ojos rojos.
Nada.
Porque si la manada ya la trataba como un error…
no quería imaginar qué harían si descubrían algo así.
Especialmente Kael.
Al pensar en él, recordó el odio que sintió la noche anterior.
Tan intenso que casi la asustaba.
Como si algo dentro de ella quisiera atacar.
Romper.
Destruir.
Lyra tragó saliva.
“No pasó nada.”
Eso iba a repetirse.
Una y otra vez.
Hasta convencerse.
Cuando finalmente llegó cerca de la aldea, el sol apenas comenzaba a atravesar la niebla.
Y ahí estaba Kael.
Esperándola.
De pie cerca del límite del bosque con los brazos cruzados.
Sus ojos dorados se fijaron inmediatamente en ella.
Lyra se detuvo en seco.
Porque la expresión en su rostro no parecía enojo.
Parecía preocupación.
Y eso era muchísimo peor.
Lyra se detuvo apenas al verlo.
La niebla rodeaba el límite del bosque mientras Kael permanecía inmóvil observándola fijamente.
Demasiado serio.
Demasiado atento.
Y eso solo hizo que Lyra sintiera desconfianza inmediata.
Porque nunca antes él había ido a buscarla.
Nunca antes parecía importarle dónde estaba.
Así que su primera reacción fue pensar lo peor.
Otra broma.
Otra humillación.
Quizá alguien le contó que escapó al bosque y ahora venía a tratarla como una niña problemática otra vez.
Lyra pasó a su lado sin detenerse.
—Lyra.
Ella siguió caminando.
Kael frunció levemente el ceño antes de alcanzarla.
—Te busqué toda la noche.
Eso la hizo soltar una risa seca.
—¿Y qué? ¿Quieres una felicitación?
—Desapareciste durante la luna llena.
—Oh no, qué tragedia para la manada.
Kael la observó con tensión creciente.
Había algo raro en ella.
No solo el olor extraño que todavía permanecía débilmente sobre su piel.
Era la forma en que sus emociones parecían… más intensas.
Más salvajes.
—¿Estás bien? —preguntó finalmente.
Lyra se giró de golpe.
—¿Ahora preguntas eso?
Sus ojos todavía tenían pequeños destellos rojizos bajo la luz gris de la mañana.
Kael los notó inmediatamente.
Y el aire alrededor de ambos se tensó.
Pero Lyra creyó que él simplemente la estaba juzgando otra vez.
Como siempre.
Así que retrocedió un paso con una sonrisa amarga.
—No necesito que vengas a vigilarme.
—No estoy vigilándote.
—Claro.
Volvió a caminar hacia la aldea.
Kael la siguió unos pasos más.
—Lyra, espera.
Ella finalmente se giró furiosa.
—Aún no eres el alfa, no te creas tanto.
El golpe fue directo.
Kael se quedó quieto.
Pero Lyra continuó antes de que pudiera responder.
Y esta vez su voz sonó completamente cansada.
Rota.
—Y cuando lo seas… ten por seguro que yo ya no me quedaré aquí.
El silencio cayó entre ambos.
Incluso el viento pareció detenerse.
Porque Kael esperaba enojo.
Sarcasmo.
Desprecio.
Pero no eso.
No escucharla hablar como alguien que ya decidió abandonar todo.
Lyra sostuvo su mirada apenas un segundo más antes de darse vuelta otra vez.
Y siguió caminando hacia su casa sin mirar atrás.
Mientras tanto, Kael permaneció inmóvil bajo la niebla.
Con una sensación extraña creciendo lentamente en el pecho.
Porque por primera vez…
la idea de que Lyra desapareciera de la manada no le dio alivio.
Le molestó más de lo que debería.