trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
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El recibo que nunca tiro
La conversación sobre la propuesta había quedado flotando en el aire como algo frágil.
No incómodo.
Pero sí importante.
De esas cosas que, una vez dichas en voz alta, cambian un poco la forma en la que te miras a la otra persona.
Lukas seguía sentado muy cerca de Dimitri.
Sus manos aún entrelazadas sobre el sofá.
Y el álbum de fotos seguía cerrado sobre la mesa como si también estuviera descansando después de haber contado demasiadas historias.
Dimitri parecía más relajado ahora.
Como si haber admitido aquello lo hubiera liberado de algo que llevaba años cargando sin darse cuenta.
—Sigues siendo dramático —murmuró Lukas finalmente.
—Sigues exagerando.
—Cancelaste tu propia propuesta de matrimonio.
—Temporalmente.
—Por miedo.
—Lukas.
—Por miedo.
Dimitri suspiró.
—Ya lo entendí.
Lukas sonrió.
Y por unos segundos todo estuvo en silencio otra vez.
Cómodo.
Suave.
Normal.
Hasta que Lukas se levantó de repente.
—Tengo que ver algo.
Dimitri lo siguió con la mirada.
—Eso suena peligroso.
—Lo es.
—Perfecto.
Lukas ya estaba caminando hacia la sala donde habían estado revisando las cajas.
Dimitri lo siguió con calma.
Demasiada calma.
—Si estás buscando más evidencia contra mí, advierto que podría empezar a defenderme legalmente.
—No es eso.
—Eso suena sospechoso.
—Solo confía.
—Esa frase nunca termina bien.
Lukas ignoró completamente la advertencia.
Volvió a la habitación de almacenamiento y empezó a abrir una de las cajas más pequeñas que aún no habían revisado.
Dimitri se quedó en la puerta.
Observándolo.
—Si encuentras algo vergonzoso, lo destruyes.
—No.
—Lukas.
—No.
—Estoy siendo serio.
—Yo también.
Dimitri cruzó los brazos.
—Eso me preocupa más.
Lukas siguió buscando entre papeles antiguos, sobres, documentos financieros y objetos olvidados.
Hasta que se detuvo.
—Ajá.
Dimitri entrecerró los ojos.
—¿Qué?
Lukas no respondió de inmediato.
Solo sacó un pequeño sobre marrón.
Gastado.
Doblegado en las esquinas.
Como si hubiera sido abierto muchas veces y luego guardado con cuidado extremo.
—¿Qué es eso?
preguntó Lukas, aunque su tono ya había cambiado.
Dimitri lo vio.
Y por primera vez en mucho tiempo...
Se quedó completamente quieto.
—No lo abras.
Lukas parpadeó.
—Eso no es una buena señal.
—Lukas.
—Dimitri.
—No es necesario verlo.
—Ahora necesito verlo.
Dimitri suspiró.
Y no insistió más.
Porque sabía que era demasiado tarde.
Lukas abrió el sobre con cuidado.
Sacó un papel.
Y lo leyó.
Silencio.
Total.
Absoluto.
Dimitri se quedó observándolo.
Esperando.
Como si ya supiera la reacción.
Lukas bajó lentamente la hoja.
—No.
—No empieces.
—Esto es… el recibo.
—Sí.
—Del anillo.
—Sí.
Lukas lo volvió a mirar.
—Lo guardaste.
Dimitri se encogió de hombros.
—Es un recibo.
—Es el recibo de nuestro anillo de compromiso.
—Es un recibo caro.
Lukas lo miró otra vez.
Y entonces algo cambió en su expresión.
Primero sorpresa.
Luego incredulidad.
Y finalmente algo mucho más suave.
Mucho más emocional.
—Dimitri…
El empresario desvió la mirada.
—No es importante.
—Sí lo es.
—No.
—Sí.
Lukas apretó el papel entre los dedos.
—Lo guardaste todos estos años.
—Por error.
—Mentira.
—Administración de documentos.
—Dimitri.
—Lukas.
—Lo guardaste.
Dimitri no respondió.
Y ese silencio fue suficiente.
Porque no era un silencio de negación.
Era un silencio de derrota.
Lukas bajó la mirada otra vez al recibo.
Y luego volvió a mirarlo a él.
—¿Por qué?
La pregunta salió más suave esta vez.
Dimitri tardó unos segundos en responder.
—Porque no era solo un anillo.
Lukas se quedó quieto.
—Era el día en que decidiste quedarte conmigo.
Silencio.
—Y pensé que si alguna vez dudaba de todo lo demás…
al menos tendría algo que me recordara que eso fue real.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Sin drama.
Sin exageración.
Solo verdad.
Lukas sintió un nudo en la garganta.
Porque no esperaba eso.
No esperaba algo tan… humano.
Tan simple.
Tan profundamente importante.
—Eres un idiota —dijo finalmente.
Dimitri arqueó una ceja.
—Otra vez con los insultos románticos.
—¿Sabes lo que es esto?
—Un recibo.
—Es una prueba de que te importo tanto que guardaste algo completamente inútil por años.
Dimitri desvió la mirada.
—No es inútil.
Lukas dio un paso hacia él.
—Dimitri.
El empresario lo miró.
Y esta vez Lukas no sonreía.
Estaba emocionado.
De verdad.
—No tienes que guardar recibos para recordar que sigo aquí.
Silencio.
Dimitri bajó un poco la mirada.
—Lo sé ahora.
—Bien.
Lukas guardó el papel con cuidado en el sobre otra vez.
Como si fuera algo valioso.
Porque lo era.
Luego lo abrazó.
Sin aviso.
Sin ceremonia.
Simplemente lo rodeó con los brazos.
Dimitri se quedó quieto un segundo.
Sorprendido.
Y luego, lentamente, respondió al abrazo.
—Eres extraño —murmuró Dimitri.
—Y tú guardas recibos por amor.
—Eso suena peor cuando lo dices así.
—Es exactamente como suena.
Dimitri soltó una pequeña risa contra su hombro.
Y por unos segundos se quedaron así.
En silencio.
Sin empresa.
Sin contratos.
Sin miedo.
Solo ellos.
Finalmente Lukas se separó un poco.
—Te voy a hacer una pregunta.
—Ya empiezo a arrepentirme.
—Si pudieras volver atrás…
¿volverías a intentarlo aunque hubieras tenido miedo otra vez?
Dimitri lo miró.
Sin duda.
Sin ironía.
Sin evasión.
—Sí.
Respuesta inmediata.
Lukas sonrió.
—Eso pensé.
Dimitri lo observó unos segundos más.
Y luego añadió, más bajo:
—Pero esta vez no cancelaría.
Lukas lo miró.
Y sonrió aún más.
—Más te vale.