🐺 Sinopsis
En los bosques montañosos de Cali, la joven Valeria Andrade descubre que su destino está ligado a una antigua manada de hombres lobo. Cuando conoce a Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del continente, una conexión irresistible los une. Pero una profecía anuncia que su amor podría salvar a todas las manadas… o destruirlas para siempre.
Traiciones, guerras entre clanes, secretos familiares y una pasión prohibida marcarán esta historia épica.
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el consejo de las manadas
La niebla matutina descendía lentamente sobre el valle destruido mientras las distintas manadas avanzaban hacia las ruinas del castillo de Lucian Thorne.
El ambiente estaba cargado de tensión.
Después de la Luna de Sangre, nadie sabía con certeza qué había ocurrido realmente durante el eclipse. Los rumores habían comenzado a extenderse incluso antes del amanecer: la aparición de Fenrir, la caída del castillo, el despertar completo del poder de Selene y la presencia de una nueva Reina Lunar.
Valeria Andrade observaba a los recién llegados desde la escalinata principal parcialmente destruida.
Alfas vestidos con abrigos oscuros.
Guerreros cubiertos de cicatrices.
Ancianos de antiguas líneas de sangre.
Todos miraban las ruinas con desconfianza.
Y muchos también la miraban a ella con temor.
A su lado, Adrián Blackwood permanecía firme, atento a cualquier señal de peligro.
Aunque el vínculo mágico había desaparecido, Valeria aún sentía seguridad cuando él estaba cerca.
No como una fuerza sobrenatural.
Sino como una elección constante.
Sebastián Blackwood descendió lentamente las escaleras para recibir a los líderes de las manadas.
El primero en acercarse fue un hombre alto de cabello gris y ojos fríos.
Alaric Voss, alfa de la Manada del Norte.
Su mirada recorrió las ruinas antes de detenerse en Lucian.
—Jamás pensé volver a verte con vida.
Lucian sostuvo la mirada sin responder.
Alaric luego observó a Valeria.
—Así que los rumores eran ciertos.
Detrás de él, otros líderes comenzaron a murmurar entre sí.
Valeria sintió la tensión crecer.
Sofía se acercó discretamente a Mateo.
—Esto se siente como el inicio de otro desastre.
Mateo suspiró.
—Ya me estaba preocupando tanta tranquilidad.
Sebastián alzó la voz.
—Fenrir ha sido sellado. El eclipse terminó. Las manadas están a salvo.
Algunos parecieron aliviados.
Otros no.
Una mujer de cabello blanco avanzó entre el grupo.
Helena Mirek, líder de los Guardianes del Este.
—¿A salvo? —preguntó con dureza—. El castillo de Lucian quedó destruido y la energía del eclipse alteró los vínculos ancestrales. Nada está a salvo.
Valeria dio un paso adelante.
—La oscuridad de Fenrir desapareció.
Helena la observó fijamente.
—¿Y quién garantiza que tu poder no traerá otra catástrofe?
El silencio cayó sobre el valle.
Valeria sintió el peso de todas las miradas sobre ella.
Miedo.
Desconfianza.
Dudas.
Por un instante recordó cómo la oscuridad había intentado consumirla durante el eclipse.
Y entendió por qué muchos la temían.
Lucian habló entonces.
—Si buscan culpables, mírenme a mí.
Todos giraron hacia él.
—Yo debilit é el sello de Fenrir hace años. Yo provoqué gran parte de esta tragedia.
Alaric entrecerró los ojos.
—¿Y esperas que ignoremos eso?
Lucian sostuvo la mirada del alfa.
—No. Espero que entiendan que Valeria fue quien salvó sus vidas.
Las palabras sorprendieron incluso a Adrián.
Durante años, Lucian solo había perseguido poder.
Ahora estaba asumiendo la culpa frente a todas las manadas.
Helena cruzó los brazos.
—Las historias heroicas no cambian la realidad. La Reina Lunar existe nuevamente. Y con ella llegan nuevos riesgos.
Los murmullos aumentaron.
Valeria respiró profundamente.
Sabía que aquel momento definiría el futuro.
Podía responder con miedo.
O podía romper el ciclo que había destruido generaciones enteras.
Dio un paso más hacia el centro del consejo improvisado.
—No quiero gobernar a nadie.
El silencio regresó.
Valeria sostuvo la mirada de los líderes.
—Toda mi vida estuve huyendo de lo que otros esperaban de mí. La profecía destruyó familias, creó guerras y convirtió el miedo en odio.
Sus palabras resonaron entre las ruinas.
—No voy a repetir eso.
Helena la observó con atención.
—¿Entonces qué propones?
Valeria miró alrededor.
A las manadas enfrentadas.
A los sobrevivientes cansados de siglos de violencia.
Y respondió:
—Un nuevo comienzo.
Alaric soltó una risa incrédula.
—¿Crees que unas palabras arreglarán siglos de sangre?
—No —contestó Valeria—. Pero alguien tiene que dejar de alimentar el odio.
Lucian bajó lentamente la mirada.
Sebastián sonrió apenas.
Adrián observó a Valeria con orgullo silencioso.
Ella continuó:
—Fenrir nació del dolor acumulado de generaciones enteras. Mientras las manadas sigan divididas por miedo y ambición, otra oscuridad terminará apareciendo.
Helena permaneció en silencio.
Y por primera vez, algunos líderes comenzaron a escuchar de verdad.
Mateo se inclinó hacia Sofía y murmuró:
—Tengo que admitirlo… da discursos bastante épicos.
Sofía sonrió levemente.
—Siempre lo hizo. Solo que ahora todos la escuchan.
El viento recorrió las montañas mientras la tensión comenzaba a transformarse lentamente.
No en confianza.
Todavía no.
Pero sí en posibilidad.
Alaric observó a Valeria unos segundos más.
Finalmente habló:
—Las manadas decidirán juntas qué ocurrirá a partir de ahora.
Sebastián asintió.
—Entonces convocaremos un nuevo consejo lunar.
Helena miró las ruinas del castillo.
—Y esta vez no habrá secretos.
Lucian cerró los ojos brevemente al escuchar esas palabras.
Porque entendía mejor que nadie el daño que los secretos podían causar.
Valeria sintió la mano de Adrián rozar la suya.
Un gesto pequeño.
Humano.
Libre de magia.
Y aun así suficiente para recordarle que no estaba sola.
Mientras los líderes continuaban discutiendo el futuro de las manadas, Valeria levantó la mirada hacia el cielo.
La Luna de Sangre había desaparecido.
Por primera vez en mucho tiempo, la luna brillaba limpia y plateada sobre las montañas.
Y aunque el futuro seguía siendo incierto, ella sintió algo que no había sentido desde el inicio de todo aquello.
Esperanza.