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El Hombre Que Me Eligió

El Hombre Que Me Eligió

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:230.6k
Nilai: 3.2
nombre de autor: MeriGrei

A pocos días de su boda, Valentina descubre que su hermana está embarazada de su prometido y que su familia apoyaba esa infidelidad. Valentina no lloro, no grito, no reclamo, solo hizo las maletas y salió de esa casa donde siempre ha sido la que sobra.
Pero justo cuando ella creía estar sola, aparece en su vida Mateo Alcázar, el hermano mayor de su ex prometido. Mateo siempre llega en el momento justo cuando ella necesita respaldo y para poder protegerla de todo lo que está por venir, Mateo le pide que se case con él, así estará bajo su protección y nadie podrá volver a humillarla.
¿Aceptara Valentina la propuesta? ¿Por qué Mateo está dispuesto a protegerla?

NovelToon tiene autorización de MeriGrei para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Capítulo 24

Camila apareció en televisión al día siguiente.

No en un programa serio. En uno de esos paneles de la tarde donde todos dicen “qué horror” mientras esperan que el horror suba el rating.

Estaba pálida, sin maquillaje, con un saco enorme sobre los hombros. Elena sentada a su lado, tomándole la mano. Federico no estaba.

Claro que no.

Camila miró a cámara y dijo:

—Tengo miedo de Valentina Rivas y de Mateo Alcázar.

Me quedé quieta frente al televisor.

Mateo estaba detrás de mí. No dijo nada.

—Desde que se casaron, no dejaron de atacarme —siguió Camila—. Me amenazaron con destruir mi matrimonio, con decir que mi bebé no es de Federico. Yo solo quiero proteger a mi hijo.

Mi hijo.

Qué bien le salía.

Una panelista se inclinó hacia ella.

—¿Usted cree que su hermana la odia?

Camila bajó la mirada.

—Valentina siempre me odió. Y ahora tiene poder.

Me reí.

No porque diera gracia.

Porque si no me reía, rompía algo.

—Apagalo —dijo Mateo.

—No.

—Valentina.

—Quiero ver hasta dónde llega.

Llegó lejos.

Dijo que yo la había perseguido, que Mateo había comprado médicos, que la carpeta era falsa, que Federico estaba confundido por presión. Elena lloró en el momento justo. La conductora la abrazó.

Me dieron ganas de vomitar.

Después pusieron una placa:

“¿La esposa de Mateo Alcázar empujó a su hermana al borde?”

Ahí sí apagué.

—La mato —dije.

Mateo no respondió.

—No literalmente —aclaré, por si hacía falta.

—Con esta familia siempre hace falta aclarar.

Lo miré.

Y me reí.

Una risa cansada, fea, pero real.

El teléfono sonó.

Mi papá.

Atendí.

—Valentina —dijo, con voz débil—. ¿Qué está pasando?

—Tu hija está en televisión diciendo que soy una asesina emocional. Nada nuevo.

—No hables así.

—¿Cómo querés que hable?

Silencio.

—Camila está embarazada.

Cerré los ojos.

—No me digas eso como si fuera una absolución.

—Es tu hermana.

—Yo también soy tu hija.

No contestó.

Ahí estaba otra vez. El hueco de siempre.

Corté.

No podía más.

Mateo se acercó.

—Vamos a responder.

—No.

—Sí.

—No voy a sentarme en un programa a llorar mejor que ella.

—No hace falta. Hay pruebas.

—¿Del bebé?

—De las transferencias, del video armado, de la gente que te secuestró.

—¿Y Camila?

—Camila cae sola.

—No quiero que caiga sola si eso implica que se tire por una ventana.

La frase salió antes de que pudiera frenarla.

Mateo me miró con atención.

—¿Tenés miedo de que se haga daño?

—Sí.

—Después de todo.

—Sí, después de todo. ¿Te molesta?

—No.

—Parece.

—Me cuesta entender que sigas preocupándote por ella.

—A mí también.

Esa tarde Federico fue a ver a Camila. Lo supimos porque los fotógrafos estaban en la puerta del edificio de Elena. También supimos que no entró. Se quedó veinte minutos abajo y se fue.

Media hora después, Camila me llamó.

Atendí.

No sé por qué.

—¿Estás feliz? —me preguntó.

Su voz no sonaba como en televisión. Sonaba rota. De verdad.

—No.

—Mentira.

—Camila, apagá las cámaras y hablá bien.

—Federico no me cree.

—¿Y debería?

Lloró.

No supe si era teatro. Eso era lo terrible. Con Camila ya no podía distinguir.

—El bebé es mío —dijo—. Mío. ¿Por qué todos hablan como si fuera una prueba?

Ahí me callé.

Porque tenía razón.

El bebé no era prueba. No era arma. No era apellido. Era un bebé.

—Decile a Mateo que pare —susurró.

—Mateo no empezó esto.

—Sí. Vos no entendés. Él no es bueno. No lo conocés.

—Lo conozco más que a Federico, parece.

—No seas estúpida. Mateo no ama. Mateo posee.

La frase me pegó.

—¿Dónde estás? —pregunté.

—¿Ahora te importa?

—Camila.

—Tarde.

Cortó.

Me quedé con el teléfono en la mano.

—Algo pasa —dije.

Mateo ya estaba llamando a Bruno.

La encontraron en la terraza del edificio de Elena.

No saltó.

Gracias a Dios.

Pero cuando llegamos, estaba sentada en el borde, descalza, con el pelo pegado a la cara y Elena llorando detrás de los policías.

Federico también había vuelto. Parecía destruido.

—Camila —dije.

Me miró.

—No te acerques.

—No me acerco.

—Me arruinaste.

—Vos también me arruinaste a mí. Y mirá, acá estamos las dos, hechas mierda y respirando.

Lloró más fuerte.

—Él no me quiere.

Federico bajó la cabeza.

El muy inútil ni siquiera pudo mentir para salvarla.

Mateo se quedó detrás de mí. No habló. Por una vez entendió que su voz podía empeorarlo.

—Bajá —le dije—. Después me odiás todo lo que quieras.

—¿Para qué?

—Porque si te morís, Elena va a usar tu muerte, Federico va a llorarte tarde y yo voy a cargar con otra cosa que no elegí. Y estoy cansada, Camila. Muy cansada.

No sé qué parte funcionó.

Capaz ninguna.

Capaz solo se cansó ella también.

Un bombero la agarró cuando bajó.

Federico quiso abrazarla. Camila lo empujó.

Después me miró.

—No te perdono.

—Yo tampoco.

Fue lo más honesto que nos dijimos en años.

Después de que Camila bajó de la terraza, Elena intentó acercarse.

—Mi amor —dijo, llorando—. Vení con mamá.

Camila la miró como si recién la viera.

—No.

Elena se quedó paralizada.

—Camila...

—Vos filtraste todo.

El silencio que siguió fue más fuerte que cualquier grito.

Federico levantó la cabeza. Mateo también. Yo sentí que el estómago se me iba al piso.

—Estás alterada —dijo Elena.

Camila se rió. Un sonido roto, feo.

—Siempre decís eso cuando alguien dice la verdad.

Un policía quiso intervenir, pero Mateo levantó la mano y el hombre se quedó quieto. Me molestó que todos obedecieran tan rápido. Me alivió también.

Camila se abrazó a sí misma.

—Me dijiste que Federico iba a volver si tenía miedo de perderme. Me dijiste que si todos dudaban del bebé, él iba a defenderme.

Federico palideció.

Elena empezó a negar con la cabeza.

—Yo solo quería protegerte.

—No. Querías ganar.

No sé por qué me dolió escuchar eso. Quizá porque Camila, por primera vez, sonaba igual que yo.

Mateo se acercó a mí.

—Nos vamos.

—No.

—Valentina, esto ya no es seguro.

—Nunca fue seguro.

Camila me miró.

—No te quedes por mí.

—No lo hago por vos.

—Mentira.

Tenía razón. Un poco.

Me acerqué apenas.

—No me hagas arrepentirme de haber pedido que bajaras.

Camila lloró sin ruido.

—No sé cómo parar.

No pude abrazarla.

Pero dije la verdad.

—Yo tampoco.

Blanca me mandó un audio antes de dormir.

“Si estás viva, respondé con un punto. Si estás haciendo una estupidez romántica, respondé con dos”.

Le mandé un punto.

Después dudé.

No mandé el segundo.

A los cinco segundos llegó otro audio.

“Ese silencio cuenta como punto y medio. No me gusta”.

Me reí sola en la habitación. Mateo, que pasaba por el pasillo, se detuvo.

—¿Blanca?

—Sí.

—Me odia.

—No te creas tan especial. Odia a varios.

—Pero conmigo pone empeño.

—Te lo ganaste.

Se apoyó en el marco de la puerta.

—¿Qué le respondiste?

—Un punto.

—¿Qué significa?

—Que estoy viva.

—¿Había otra opción?

—Dos puntos.

—¿Y eso?

Me arrepentí de haber hablado.

—Nada.

Mateo me miró con demasiada atención.

—Valentina.

—Estupidez romántica —murmuré.

Su boca se curvó apenas.

—¿Y mandaste un punto?

—No abuses.

—No dije nada.

—Tu cara sí.

Cerré la puerta antes de que esa sonrisa me hiciera mandar el segundo punto.

1
Eliseo Reyes
solo el resumen de la novela me gustó pero se repite todo asco
Carmen Salgado
Buena novela, gracias autora
Silvia Lima
Que fastidio con las lectoras, nadie las obliga a leer. Dejen de criticar a la autora y póngase a escribir ustedes
Graciela Saiz
ese Tomas ya me cae gordo 🤬
Graciela Saiz
la verdad , ella me desagrada como se comporta 😏
Marina Del Carmen Pereira DE Las Salas
definitivamente que familia tan sucia pobre Valentina
Marina Del Carmen Pereira DE Las Salas
muy tonta al ir con esa. familia. tóxica y un papa manipulado por la mujercita esposa
Adriana Caturelli
Que novela largaaáa la protagonista que histérica vueltas y vueltas no me gusto
Cristina Minetti
no me gusto. menos q simule tanta mafia en Buenos Aires
Edith Quevedo
sii .uy mala historia .ya me aburrió .la dejo ya
Edith Quevedo
y que paso ...hivan camino a la clínica ..y aparece pintando en su taller...raro
Carmela Orozco
Felicitaciones al final se manejo bien no repitió tanto capitulo 👍👍👍👍👍🥰🥰🥰🥰
Carmela Orozco
Que manera tanto que repite capítulos pasados ya ban como 6. veces que repite lo de los puntos
Carmela Orozco
Ka tercera vez que quema el café no si que repite fragmentos de capítulos anteriores
Carmela Orozco
No me explico porque repite porciones de capítulos anteriores es falta de respeto o falta de ingenio
Becky Navarro
la única que no sabe que pedo soy yo mas enredado esto👧🤷
Becky Navarro
al fin entiendo algo de esta novela pero la termino x que la termino
Becky Navarro
neta que a qui sigo x terca ya invertimos pero que novela tan canzona
Becky Navarro
ya se venía eso que nunca la toco entonces de donde saca renta que es de el
Becky Navarro
y luego al final lo dejas con ella otra vez vuelve el perro arrepentido
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