Una duquesa que odia todo lo relacionado a la nobleza, incluidas las tontas aspiraciones de su tía, quiere probarle a su familia que no está dispuesta a seguir las reglas, que es libre.
¿Tendrá el coraje para enfrentarse a todo y a todos, incluido su sexy nuevo guardaespaldas?
Un guardaespaldas, cansado de soportar jóvenes malcriados con dinero, y que lo único que quiere es terminar su último encargo de trabajo para tomar un descanso de los berrinches de celebridades.
¿Podrá hacer su trabajo y cumplir su deseo de vacaciones, o se dejará llevar por la atracción que siente por su nueva misión, la duquesa?
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El peor error de mi vida
Isabella
Rio cuando Liam mordisquea mi mentón.
–Deja de babosearme –lo regaño, sin poder dejar de sonreír. Llevamos horas retozando y disfrutando en su cama.
–Hace un rato no te quejabas de mi baboseo –molesta y vuelvo a reír.
–Hace un rato me hacías muy feliz –digo y lo beso de nuevo.
Liam enreda sus dedos en mi cabello y suspira en mi boca.
–Te amo tanto, Issy.
Sonrío. –Te amo igual. –Acuno su rostro–. Pero debo irme, papá se preguntará dónde estoy y tengo que hablar con mi sobrina respecto a su próxima boda.
–No la vi muy entusiasmada –repone.
–Lo sé, esa es precisamente una de las cosas que tenemos que hablar. Tiene que casarse alguna vez para heredar el título, es mejor que lo haga con alguien a quien conozca y estime.
–Tú no te casaste.
Pongo los ojos en blanco. –Mi título es a honorario, lo sabes, me lo dio su alteza porque le tiene mucho cariño a mi familia y cuando murió mi hermano y luego mamá…–Callo al recordar eso tiempos tan difíciles.
–¿No has pensado en casarte?
–¿Casarme?
–Sí. Conmigo.
–¿Contigo? Yo… no puedo… si pudiera…
Me calla con un beso. –Me gustaría verte romper las reglas alguna vez por mí.
–Casi lo hice una vez.
–Pero te arrepentiste.
–Mi hermano había muerto, Liam, no podía dejar a mis padres con todo lo que estaba pasando, sobre todo, por Cathy.
Se recuesta de espalda en la cama y me lleva consigo.
–Siempre me pregunto qué habría pasado si nos hubiésemos escapado como lo teníamos planeado. ¿Seríamos felices? ¿Tendríamos hijos?
–¿Hijos?
–Sí, hijos, Issy, ¿es que acaso no quieres ser madre?
–Tengo a Cathy y…–Reflexiono sobre qué sería de mí si hubiese escapado con Liam, no tengo duda de que seríamos felices, y que quizá tendríamos hijos, pero eso no pasó y no va a pasar.
–¿También lo deseas?
Suspiro y beso su pecho. –Sí, pero ya no fue, Liam. Ya estamos viejos para eso.
–¿Viejos? Cariño, tengo cuarenta años y tú treinta y seis, no creo que estemos tan viejos.
–Quizá no, pero no lo suficientemente jóvenes para criar a un niño, y además tú sabes que eso no es posible.
–Porque no pertenezco a la familia real, ¿no?
Acuno su rostro y lo obligo a mirarme. –Sabes que eso no me importa, pero no puedo hacerle eso a mi familia.
Suspira cansado. –Lo sé –susurra y me abraza–. Discúlpame, seguramente me está dando la crisis de la mediana edad o algo así.
Me rio, pero no puedo dejar de pensar en sus palabras. Yo con un bebé, con un bebé igual a Liam. Siento un profundo dolor cuando entiendo que eso no puede ser, y es tan grande el dolor que tengo que morder mi puño para no ponerme a llorar.
A pesar de que quise hacer lo mejor para mi familia dejé pasar la oportunidad de ser feliz junto a Liam, y eso es algo por lo que me arrepentiré toda mi vida.
******
Entro a la madrugada a mi casa, ignorando las miradas que me dan los guardias, como cada día. Debe parecerles extraño que llegue todos los días tarde, pero sinceramente no me importa, mientras esto no lastime a mi papá y a mi sobrina.
Saco mis zapatos para acallar mis pasos, pero doy un pequeño grito cuando mi papá aparece bajando las escaleras.
–Te ves culpable –dice y me mira curioso.
–No es nada, papá, me asustaste.
–Quizá debería haberte asustado hace dos noches, o hace una semana o quizá debería haberme aparecido cada noche para que te acostumbres a mi presencia.
–Papá…
–Isabella, me dices ahora mismo de dónde vienes a esta hora –exige–. Estoy viejo, pero soy tu padre y merezco respeto.
–Claro que lo mereces, pero…
–¿Pero?
–Es algo personal, que quisiera seguir manteniendo para mí.
Papá arruga su ceño y termina de bajar las escaleras. Supongo que el nuevo audífono funciona de maravilla si es que me descubrió.
Acuna mi rostro. –¿Tengo que preocuparme?
–No, claro que no, papá.
–¿Entonces? –Lo miro y muerdo mi labio, nerviosa–. ¿No confías en mí?
–Claro que sí.
–Perfecto, explícame por qué mi hija llega a altas horas de la noche y entra a su casa como si se tratara de una ladrona.
Suelto un suspiro, resignada. Papá no se detendrá hasta que le diga algo.
–Estoy viendo a alguien –murmuro mirando al suelo.
–Ah –dice y luego me sonríe–. Me hace feliz escuchar eso.
–Papá no es nada serio…
–No me importa. Solo cuídate y sé feliz, te lo has ganado, hija –devuelve y besa mi mejilla.
Rompo a llorar y lo abrazo con fuerza. Esta noche ha sido un montaña rusa de emociones y no sabía que esto era justo lo que necesitaba; un abrazo de mi padre. Supongo que nunca maduramos lo suficiente como para no necesitar el amor de un padre.
–¿Cathy lo sabe? –pregunto cuando me alejo.
–Esa niña es otra historia, no sé qué le pasa últimamente. Anda muy distraída y la he escuchado cantar por los pasillos.
–Quizá ya se hizo a la idea de que se casará con Nate, creo que le gusta.
–Ay, cariño, ojalá sea eso, quiero que mi cacahuetito sea feliz.
–Lo sé, papá.
–Y tú también, mi princesa.
Sonrío. –Lo soy, gracias, papá.
Me guiña un ojo y se aleja hacia la cocina seguramente a robar galletas.
Definitivamente tengo al mejor padre del mundo.