Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.
Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.
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Capitulo 23: No es su deber.
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Catty respiró hondo antes de bajar del carruaje. Se acomodó el cuello del vestido, alisó el delantal oscuro y se aseguró de que su cabello estuviera bien recogido. No llevaba joyas ni adornos llamativos, pero su uniforme estaba impecable, planchado con cuidado, y su postura era recta como la de cualquier dama entrenada. Podía ser una sirvienta personal, pero servía directamente a la princesa y eso se notaba en cada gesto, en la forma correcta de caminar y en la seguridad con la que subió los escalones de la residencia de la familia Fargus.
Había guardias en la entrada y dos sirvientas esperando junto a la puerta. Una de ellas avanzó cuando Catty se acercó.
—Buenas tardes. ¿A quién busca?
Catty inclinó la cabeza con educación.
—Vengo en representación de su alteza, la princesa. Traigo un mensaje formal.
La sirvienta alzó las cejas.
—¿La princesa no ha venido?
—No se siente bien hoy. Me ha pedido que la represente personalmente.
La empleada la observó de arriba abajo, evaluándola. Catty mantuvo la calma, manos juntas frente al delantal, expresión serena.
—Espere aquí. Avisaré.
La condujeron a la sala principal. Catty tomó asiento en el borde del sofá, sin apoyar la espalda, como le habían enseñado. Miró sus manos un momento y sintió un nudo en el estómago.
No era su deber hacer esto.
Ella solo organizaba ropa, peinaba a Esme, llevaba cartas. No negociaba compromisos matrimoniales con familias extranjeras.
Se escucharon pasos firmes en el pasillo.
Catty levantó la vista… y se quedó quieta.
El hombre que entró era alto, de hombros anchos, cabello rubio bien peinado y ojos azules claros. Vestía un uniforme de coronel que marcaba su figura con seriedad. Su expresión era seria, casi intimidante.
Catty tragó saliva.
Pensó que le hablaría con dureza. Pero cuando abrió la boca, su voz fue tranquila.
—¿La princesa ha venido?
La suavidad de ese tono la tomó por sorpresa. Tardó en reaccionar.
—Yo… eh… su alteza se siente un poco indispuesta. Está en el carruaje. Me pidió representarla.
Él asintió.
—Entiendo.
Catty juntó valor.
—Mi nombre es Catty. He venido a presentar las disculpas formales por el rechazo anterior.
—Gastón —respondió él—. Heredero de la familia.
Ella inclinó la cabeza otra vez.
—Es un honor.
Gastón hizo un gesto hacia la mesa.
—¿Desea té? ¿Agua? No me parece correcto que espere con las manos vacías.
—No es necesario, de verdad.
—Insisto.
Catty terminó aceptando por pura cortesía. Le sirvieron una taza y ella la sostuvo con ambas manos para disimular que le temblaban los dedos.
Gastón la observaba con curiosidad.
—Dígame algo con sinceridad —preguntó él—. ¿La princesa evita conocerme por miedo?
Catty abrió mucho los ojos.
—¡No! Claro que no.
Mintió sin dudar.
—Ha estado muy ocupada con asuntos del reino. También a estado muy estresada. Por eso rechazó el compromiso. No fue algo personal.
Gastón guardó silencio, atento a cada palabra.
—La verdad… —añadió ella— Su alteza respeta mucho a su familia. Solo… necesitaba tiempo.
Él la miró como si realmente le importara entender. Catty sintió que hablaba más de la cuenta.
—¿La perdonará? —preguntó con cuidado—. ¿Consideraría retomar el matrimonio?
Gastón apoyó el codo en el brazo del sillón.
—Podría.
Catty se inclinó hacia adelante.
—¿De verdad?
—Con una condición.
—¿Cuál?
—Que venga ella misma. Quiero escucharla directamente. Si no puede mirarme a la cara, entonces no tiene sentido hablar de compromiso.
Catty asintió con energía.
—La convenceré. Se lo prometo.
Gastón sonrió apenas.
—Gracias por venir tú. Es la primera vez que conozco a alguien que representa la lealtad de su señora. Es admirable.
Ella se ruborizó.
—Solo cumplo mi deber.
Él la acompañó hasta la entrada. Caminaron despacio.
—Fue agradable hablar contigo, Catty.
—Igualmente, señor Gastón.
Se despidieron con una inclinación de cabeza. Catty no pudo evitar pensar que, para alguien con esa apariencia tan seria, era sorprendentemente amable.
Y, por la forma en que él la miró al irse, tuvo la sensación de que el interés no había sido solo cortesía.
Cuando volvió al carruaje, Esme ni siquiera la miró.
—Habla —ordenó—. Al grano.
Catty se sentó recta.
—El señor Gastón fue muy respetuoso. Dice que reconsiderará el compromiso si usted va personalmente.
—¿Eso es todo?
—Sí, alteza.
Esme bufó.
—Qué molestia.
—Pero… creo que sería bueno. Se veía dispuesto a escuchar.
— Iré. Otro día.
Días después, regresaron.
Esta vez ambas bajaron del carruaje.
La puerta se abrió casi de inmediato y quien las recibió fue el propio Gastón.
Sus ojos se iluminaron al ver a Catty.
—Buenos días.— Luego miró a Esme y su rostro se endureció.—Princesa.
Esme respondió con una inclinación mínima.
—Coronel.
El ambiente se volvió frío al instante.
Entraron en silencio. Al llegar a la sala, Catty hizo una reverencia.
—Los dejaré solos.
Mientras se retiraba, notó que Gastón la seguía con la mirada. Y Esme también lo notó.
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buen Charlotte muestra tus💪