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El Heredero Del Imperio

El Heredero Del Imperio

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

Han pasado 20 años.
El hijo de Frank y Valery ya no es un bebé.
Es el heredero del imperio Morello
Él no quiere el trono.
No quiere ser rey. No quiere sangre. No quiere alianzas forzadas.
Quiere una vida normal.
Y eso, en una familia como la suya… es traición.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peso del apellido

CAPÍTULO 1

En el mundo de los Morello, los cumpleaños no se celebraban con globos.

Se celebraban con lealtades.

Matías Morello cumplió veintiún años rodeado de hombres armados y trajes italianos hechos a la medida. La mansión estaba iluminada como si fuera una gala empresarial, pero todos sabían que no era una fiesta común. Era una presentación.

El heredero.

Desde pequeño le enseñaron que su nombre no era solo un nombre.

Era advertencia.

Era poder.

Era deuda pendiente.

Matías observaba desde el balcón del segundo piso cómo los invitados se movían en el jardín principal. Empresarios. Políticos. Socios internacionales. Hombres que sonreían mientras calculaban. Mujeres que saludaban con elegancia mientras escuchaban más de lo que hablaban.

Su madre, Valery Morello, estaba impecable con un vestido negro sobrio que gritaba autoridad sin necesidad de exagerar. A su lado, Frank Morello seguía imponiendo respeto sin levantar la voz. El rey no necesitaba demostrar nada.

Pero esa noche no era de Frank.

Era de su hijo.

—Estás evitando bajar —dijo una voz femenina detrás de él.

Matías no necesitó voltear para saber que era su madre.

—Estoy observando —respondió con calma.

Valery se acercó hasta quedar a su lado.

—Observas demasiado. A veces hay que dejar que te observen.

—No me gusta que me estudien como si fuera un trofeo.

Ella sonrió apenas.

—No eres un trofeo. Eres el futuro.

Ahí estaba la palabra que siempre le pesaba en el pecho.

Futuro.

Matías apoyó las manos en la baranda.

—Mamá… ¿alguna vez pensaste en decir que no?

Valery lo miró de reojo.

—Muchas veces.

—¿Y por qué no lo hiciste?

—Porque entendí que no se trata de lo que queremos evitar… sino de lo que decidimos proteger.

Matías no respondió.

Desde abajo, Frank levantó la vista y sus ojos se encontraron. No fue una mirada larga, pero fue suficiente. Una orden silenciosa.

Baja.

El heredero no puede esconderse.

—Es hora —dijo Valery suavemente antes de bajar las escaleras.

Matías inhaló profundo y la siguió.

Cada paso era firme. Cada mirada que recibía era evaluadora.

Sabía lo que pensaban.

¿Será como su padre?

¿Será más débil?

¿Está listo?

Frank levantó su copa cuando Matías se posicionó a su lado.

—Señores —la voz grave del rey se impuso sin esfuerzo—. Hoy mi hijo cumple veintiún años. La edad en la que un Morello deja de ser protegido… y comienza a proteger.

Un silencio respetuoso recorrió el jardín.

—Matías ha sido preparado en estrategia, finanzas y liderazgo. Y a partir de esta noche, comenzará a asistir a todas las reuniones importantes del imperio.

Algunos asintieron. Otros intercambiaron miradas rápidas.

Matías tomó la copa que le ofrecieron.

—Agradezco la confianza —dijo con voz firme—. Pero quiero dejar algo claro.

Frank lo miró levemente.

—El apellido Morello no necesita demostraciones de fuerza… necesita inteligencia. Y eso es lo que pienso aportar.

No fue una frase agresiva.

Fue una declaración.

Algunos sonrieron. Otros no.

Pero uno en particular no aplaudió.

Al fondo del jardín, casi en la sombra, un hombre mayor de traje gris observaba sin expresión. Lorenzo Villalba. Uno de los socios más antiguos de Frank. Leal en apariencia. Silencioso en exceso.

Y esa noche, sus ojos no estaban llenos de orgullo.

Estaban llenos de cálculo.

 

Horas después, la fiesta se disolvió lentamente.

Matías entró al despacho de su padre sin tocar.

Frank estaba de espaldas, mirando la ciudad desde el ventanal.

—Te adelantaste —dijo el padre sin girarse.

—Solo aclaré mi posición.

—Tu posición es la que yo diga que es.

Ahí estaba el choque.

Matías cerró la puerta.

—No quiero heredar un imperio basado solo en miedo.

Frank finalmente se giró.

—El miedo mantiene el orden.

—El respeto mantiene el poder.

Un silencio pesado llenó la habitación.

Valery no estaba ahí para suavizar.

—¿Crees que no he pensado como tú? —preguntó Frank con voz controlada—. Yo también quise hacer las cosas diferente.

—Entonces déjame hacerlo.

—No mientras no estés listo.

La palabra golpeó más que un insulto.

—¿Y cómo sabrás que lo estoy?

Frank se acercó.

—Cuando dejes de cuestionar lo que significa ser Morello.

Matías sostuvo su mirada sin retroceder.

—Tal vez el problema es que nunca me preguntaron si quería serlo.

Esa frase quedó suspendida en el aire.

Frank no respondió de inmediato.

Porque en el fondo sabía que su hijo tenía razón.

Pero en ese mundo, querer no era requisito.

Ser era obligación.

—Mañana estarás en la reunión con los inversionistas del norte —dijo finalmente—. No llegues tarde.

Matías salió sin discutir más.

 

Esa misma noche, en una oficina más discreta en el centro de la ciudad, Lorenzo Villalba se encontraba acompañado.

—El muchacho no tiene la dureza del padre —comentó uno de los hombres.

—Aún no —respondió Lorenzo—. Pero puede adquirirla.

—¿Y si no?

Lorenzo bebió un sorbo de whisky.

—Entonces necesitaremos que el consejo dude de su capacidad.

—Eso puede generar inestabilidad.

—Exactamente.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

—El imperio necesita un líder fuerte. Y si el heredero no lo es… habrá que demostrarlo.

 

A la mañana siguiente, Matías despertó antes que el sol.

No por disciplina.

Por insomnio.

Salió a correr por el perímetro privado de la propiedad. Necesitaba despejar la mente. El aire fresco ayudaba a ordenar pensamientos que el apellido complicaba.

Mientras corría, su teléfono vibró.

Mensaje desconocido.

“Las lealtades no se heredan. Se ganan.”

Matías se detuvo.

No era amenaza directa.

Era advertencia.

Le tomó una captura y lo guardó.

Cuando regresó a la casa, encontró a Valery en la cocina.

—No dormiste —dijo ella.

—Estoy bien.

Ella lo miró como solo una madre sabe mirar.

—Algo empezó anoche.

Matías asintió levemente.

—Sí.

—Y no será pequeño.

Valery se acercó y tomó su rostro entre las manos.

—Recuerda algo, hijo. El poder no siempre se toma con violencia. A veces se arrebata con inteligencia.

Matías besó su frente.

—Eso intento.

 

Esa tarde, durante la reunión con inversionistas, algo inesperado ocurrió.

Uno de los contratos clave del grupo Morello fue cancelado sin previo aviso.

Pérdida millonaria.

Excusa vaga.

Rumores de inestabilidad.

Las miradas comenzaron a dirigirse hacia Matías.

El heredero había sido anunciado la noche anterior.

¿Coincidencia?

Frank no mostró reacción.

Pero sus ojos se endurecieron.

Cuando salieron de la sala, el silencio entre padre e hijo era más tenso que cualquier discusión.

—¿Sabías algo de esto? —preguntó Frank.

—No.

Frank lo estudió.

—Averígualo.

No fue petición.

Fue orden.

Matías entendió.

Si quería cambiar el imperio… primero debía demostrar que podía sostenerlo.

Y mientras caminaba por el pasillo de mármol, sintió algo que nunca había sentido antes.

No era miedo.

Era responsabilidad real.

Pero no sabía que ese contrato cancelado era solo el primer movimiento.

Ni que en algún punto del caos que estaba por comenzar…

Su mayor debilidad no sería el poder.

Sería el amor.

Y aún no sabía su nombre.

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