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DONDE DUERMEN LOS LOBOS

DONDE DUERMEN LOS LOBOS

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Padre soltero / Fantasía LGBT
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elías tiene 19 años. Pospone la universidad por la muerte de su hermana y se va a Moonvale a trabajar de bibliotecario de día y mesero de noche.

Una noche encuentra dos bebés abandonados en la biblioteca. Nadie los reclama. Si los deja, irán a un orfanato. Decide criarlos como suyos.

Lo que no sabe es que Lyra y Milo no son normales. Crecen muy rápido, aúllan a la luna y sus ojos brillan como lobos. Son hombres lobo, los últimos Alfa.

Ahora tiene que comprar una cabaña en el bosque, aprender a ser papá lobo, protegerlos de los cazadores del pueblo y no enamorarse del veterinario que le está ayudando a criarlos.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21 - La cinta roja

La mañana después de que Joaquín y Silas se miraron en patio, me desperté con dos cosas en mesa.

La cinta roja nueva que trajo Joaquín, doblada, y la tabla de madera nueva que trajo Silas, recostada contra la puerta.

No había elegido. Había dejado las dos ahí y me había ido a mirar el bosque con Lyra y Milo.

—Mamá, ¿qué es eso? —dijo Lyra, señalando la cinta.

—Una cinta —dije—. Para el pelo.

—Mamá, ¿y eso? —dijo Milo, pateando la tabla.

—Madera —dije—. Para el cerco.

Lyra agarró la cinta roja y me la puso en la muñeca.

—Mamá bonita con rojo —dijo.

Milo agarró la tabla y trató de levantarla.

—Papá madera —dijo.

Me reí, pero estaba nervioso. Tenía cabello largo atado con cinta azul vieja, con trenza gruesa apurada.

Salí a El Ciervo a comprar pan porque no quería estar en casa chica cuando llegara alguno de los dos.

Don Héctor me miró entrar con Lyra de la mano y Milo en hombros.

—Cansado —dijo Don Héctor.

—No dormí —dije.

—Te vieron ayer —dijo bajito—. Con los dos en patio. Con cinta y con tabla.

—¿Quién me vio? —dije.

—Todo Moonvale —dijo—. La señora del pan pasó por tu cerco y vio a Joaquín con libro y a Silas con carne. Dicen que tienes dos.

Me puse rojo.

—No tengo dos —dije—. Tengo dos que traen cosas y no pedí.

—Ya sé —dijo Don Héctor—. Pero acá dicen "Elías ahora tiene dos novios, el veterinario que lo defiende y el profe que le lee".

—No son mis novios —dije—. Silas es familia. Joaquín es profe.

—Diles eso a ellos —dijo.

Me fui con pan sin comprar mote. En el camino, la señora del puesto de calcetines me paró.

—Elías —dijo—. ¿Es verdad que te vas a Coyhaique con el profe?

—No —dije—. Me quedo acá.

—Ah —dijo—. Silas dijo que si te vas, él se va detrás y pueblo queda sin veterinario.

Sentí rabia por Lyra y Milo que escuchaban.

—Mamá, ¿nos vamos? —dijo Lyra asustada.

—No —dije fuerte—. No nos vamos. Esta es nuestra casa chica con cerco chueco y no nos vamos porque hablen.

Llegué a casa y Joaquín ya estaba en patio, en tronco, con libro.

—Te traje otro —dijo—. De lobos.

—Gracias —dije.

—¿Dormiste? —preguntó.

—Poco —dije.

Silas llegó cinco minutos después, con carne. Vio a Joaquín y no saludó.

—Traje carne —dijo, mirándome a mí.

—Gracias —dije otra vez.

Los dos callados. Lyra y Milo miraban con ojos grandes.

—Mamá, ¿jugamos? —dijo Lyra.

—Sí —dije—. Jugamos a clavar.

Clavamos los tres la tabla nueva de Silas en el cerco. Joaquín miraba, sin saber clavar. Silas clavaba fuerte, con rabia.

—Mamá, clavo chueco —dijo Milo, riendo.

—Como cerco —dije—. Chueco pero firme.

Cuando terminamos, Joaquín dijo:

—Elías, ¿puedo hablar contigo solo un minuto?

Silas se tensó.

—Habla acá —dijo Silas—. Acá no hay secretos.

—No somos familia todos —dijo Joaquín—. Él y sus hijos son familia. Nosotros visitas.

Me dolió que dijera eso, pero tenía razón.

—Hablo después —le dije a Joaquín—. Ahora tengo que hacer papilla.

Joaquín se fue. Silas se quedó.

—Te trae cintas —dijo—. Yo traigo comida. ¿Qué vale más?

—No es competencia —dije—. No quiero elegir entre cinta y comida. Quiero que no me pongan a elegir.

—Yo no te pongo a elegir —dijo—. El pueblo te pone a elegir. Dicen que tienes dos y tienes que elegir uno.

—Que digan lo que quieran —dije—. Yo crío a Lyra y Milo. Eso elijo.

Silas me tocó la cinta azul vieja de mi trenza.

—Esta cinta ya está fea —dijo—. Ponte la roja.

—No —dije—. Me quedo con la azul por ahora. La roja la guardo.

—Guárdala —dijo—. Si te la pones, que sea porque te gusta, no porque él la trajo.

—Sí —dije.

Esa tarde fui a la casa de Marta a dejarle calcetines de cuero que me encargó.

—Enredado —dijo Marta—. Con dos hombres en patio.

—No estoy con dos —dije—. Estoy con dos niños que me dicen mamá y eso es más difícil que tener dos novios.

—Ya sé —dijo—. Pero el pueblo es homofóbico, Elías. No les importa tu trenza. Les importa que seas hombre solo criando y que te digan mamá con cariño y que no te escondas. Y ahora que te ven con dos hombres que te miran, les molesta más.

—¿Homofóbico? —dije.

—Sí —dijo—. Así se dice cuando les molesta que un hombre haga de mamá y que además le gusten los hombres. No te molestan por pelo largo, te molestan por eso.

Me quedé callado. Tenía el cabello largo atado, pero por primera vez no me importaba si estaba bonito o feo.

—Me da miedo —dije—. Que digan que tengo dos y que por eso no puedo criar.

—Por eso tienes que decir que no tienes dos —dijo Marta—. Que tienes familia. Que eres papá.

Volví a casa chica de noche. Lyra y Milo dormidos. La cinta roja seguía en mesa, la tabla ya clavada.

Me solté la trenza azul vieja y me peiné con dedos. Me miré en espejo chico. No me veía como niña, no me veía como mina. Me veía cansado, con barba sin afeitar, con ojos de no dormir.

Lyra se despertó y me vio.

—Mamá no tiene cinta —dijo.

—No —dije—. Mamá sin cinta hoy.

—Mamá bonita igual —dijo, con ternura, y se volvió a dormir con su manita en mi trenza deshecha.

Me acosté con la cinta roja guardada en cajón, no en pelo, con madera clavada que ya no era de Silas sino de cerco nuestro, con dos lobitos que me decían mamá bonita aunque yo prefiero papá, y con pueblo que decía que tenía dos novios cuando yo solo quería tener casa sin gotera.

Mañana tenía que ir a Coyhaique por papas y sabía que todos me iban a mirar. Pero por primera vez no era por pelo largo.

Era por ser papá que le dicen mamá.

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bruja de la imaginación 👿😇
🥰me gustó mucho está historia
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