Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
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Carla empieza a sospechar
Lucía estaba intentando parecer tranquila, pero no lo estaba consiguiendo.
Después del breve saludo con Javier en la casa de Jessica, no había podido dejar de pensar en ese momento. Había sido solo una palabra, un simple hola, pero para ella había significado mucho más.
Carla, que estaba sentada a su lado en el sillón de la sala de Jessica, la miró de reojo con una sonrisa pícara.
—¿Qué? —preguntó Lucía, intentando parecer tranquila.
Carla sonrió más.
—Nada.
—Entonces, ¿por qué me miras así?
—Porque estás rara —respondió Carla sin dejar de sonreír.
Lucía frunció el ceño, poniéndose un poco nerviosa.
—¿Rara? ¿Yo?
—Sí. Cada vez que aparece Javier te quedas callada. No dices nada y te pones roja.
Lucía sintió que se le calentaba el rostro inmediatamente.
—Eso no es verdad.
—¿Ah, no?
—No.
Carla soltó una pequeña risa, como si supiera algo que Lucía no quería admitir.
— Está bien. Te creo.
Pero la expresión de su rostro decía exactamente lo contrario. No le creía nada.
Lucía decidió ignorarla y continuó escuchando la conversación entre Jessica y Sofía, que hablaban sobre la escuela. Durante unos minutos consiguió olvidarse del asunto y respirar tranquila.
Hasta que Jessica mencionó a Teresa sin darse cuenta.
—Teresa viene más tarde —comentó Jessica mientras recogía unos vasos de la mesa.
Lucía levantó ligeramente la mirada. Su corazón empezó a latir más rápido.
—¿Teresa? —preguntó Carla, curiosa.
—Sí —respondió Jessica con naturalidad.
Lucía fingió interés casual, como si fuera una pregunta cualquiera.
—¿La chica que estaba con Javier en la competencia? —preguntó intentando que su voz sonara normal.
Jessica asintió sin notar nada.
—Sí. Ella y Javier están saliendo. Llevan ya un tiempo juntos.
Lucía sintió una pequeña presión en el pecho. Una sensación extraña que no supo explicar.
Así que era cierto. No había sido una simple compañera de instituto. No había sido una amiga. Era su novia.
—Ah... —respondió Lucía en voz baja—. Qué bien.
Intentó que su voz sonara completamente normal, como si no le importara. Pero por dentro sintió como si algo se le hubiera movido.
Carla la observó de reojo. Esta vez no dijo nada. No hizo ningún comentario. Pero la miró durante más tiempo de lo habitual, como si estuviera confirmando algo que ya sospechaba desde hacía días.
Más tarde, Teresa llegó a la casa. Era una chica amable, de cabello largo y sonrisa tranquila. Saludó a todos con naturalidad. Saludó a Javier con un abrazo corto y se sentó junto a Jessica en el sillón.
Lucía observaba la escena discretamente desde su sitio. No sentía enojo hacia Teresa. Ella no tenía ninguna culpa. Ni siquiera sabía que Lucía existía de esa manera. Para Teresa, Lucía era simplemente una amiga de su hermana pequeña Jessica.
Y eso era precisamente lo que hacía que todo resultara tan extraño y confuso para Lucía.
Lucía había comenzado a sentir algo por un muchacho que tenía una vida completamente diferente a la que ella había imaginado. Él tenía amigos mayores. Tenía una familia que apenas conocía. Tenía una novia. Y seguramente muchas otras cosas que ella desconocía por completo.
Mientras tanto, ella seguía siendo simplemente Lucía, la niña de doce años que apenas había intercambiado unas pocas palabras con él. Una niña que estaba empezando a sentir algo que no sabía cómo manejar y que no sabía cómo explicar.
Cuando llegó la hora de marcharse, Carla se despidió de Jessica.
—Nos vemos mañana —dijo Carla.
—Claro. Pueden volver cuando quieran —respondió Jessica amable.
Lucía se despidió también.
—Adiós.
—Adiós, Lucía —respondió Jessica sonriendo.
Cuando salieron de la casa, Carla esperó unos segundos antes de hablar. Caminaron en silencio por la calle durante un momento.
—Ahora sí —dijo Carla de repente.
Lucía la miró, confundida.
—¿Ahora sí qué?
—Puedes contarme.
—¿Contarte qué?
Carla cruzó los brazos y se detuvo.
—Lo que te pasa con Javier.
Lucía se detuvo también. Se quedó quieta en medio de la vereda.
—No me pasa nada.
—Lucía...
—De verdad.
Carla suspiró con paciencia.
—Está bien. No tienes que contármelo si no quieres. No te voy a obligar.
Lucía bajó la mirada. Se sentía culpable por no contarle la verdad a su mejor amiga.
Carla se acercó y le dio un pequeño abrazo para tranquilizarla.
—Pero recuerda que soy tu amiga —le dijo en voz baja—. Siempre.
Lucía sonrió levemente.
—Lo sé.
Continuaron caminando juntas hacia sus casas.
Por primera vez, Lucía sintió que quizá algún día podría contarle la verdad a Carla sobre lo que sentía. Pero todavía no. Todavía no estaba preparada para decir en voz alta aquello que apenas comenzaba a comprender. Que le gustaba Javier.
Y por ahora, ese sentimiento permanecería únicamente dentro de ella. Guardado en lo más profundo de su corazón.
Un secreto. Su pequeño secreto.
aunque no sé cómo, por la distancia