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Donde El Amor No Se Rinde

Donde El Amor No Se Rinde

Status: En proceso
Genre:Padre soltero / Romance
Popularitas:451
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Damián y su hijo Elían vivían felices y humildes, hasta que Damián se casó con el poderoso Zorán y su mundo cambió.

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— La respuesta del silencio

Elían se quedó inmóvil, mirando la puerta cerrada. Las palabras de Lía seguían resonando en su cabeza, una y otra vez, afiladas como cristales rotos. Pero lo que más dolía no era lo que ella había dicho… era lo que su padre no había dicho. Ni una palabra. Ni un gesto. Ni un él también es mi hijo. Nada.

Las lágrimas le recorrieron las sienes, mojando la almohada, sin hacer ruido. Se sentía pequeño, olvidado, desplazado. Ya estoy viejo, pensaba con amargura. Ya no soy el niño que cargabas en brazos. Ya no soy suficiente.

Cuando Damián regresó horas después, Elían tenía los ojos secos y la mirada fija en la pared.

—¿Cómo te sientes, mi amor? —le preguntó, acercándose con ternura.

Elían no lo miró.

—¿Te fuiste? —preguntó bajito.

—Sí, mi cielo… Lía quería que la acompañara un momento, ya sabes cómo es.

—La escuché —lo interrumpió Elían, con voz tranquila pero rota—. Todo.

Damián palideció.

—Hijo… ella es pequeña, no sabe lo que dice.

—No me defendiste —dijo Elían, mirándolo por fin a los ojos—. No dijiste nada. Solo te fuiste con ella.

—No supe qué decir —reconoció Damián, con la garganta apretada—. Quería… quería que se calmara. Pensé que luego hablaríamos.

—Siempre lo haces —susurró Elían apartando la mirada—. Siempre eliges callar. Y yo me quedo solo.

Los días siguientes fueron los más duros. Damián iba a la habitación temprano, pero llegaba tarde a causa de Lía, que siempre encontraba algo para retenerlo. Cuando lograba entrar, Elían apenas hablaba. Comía lo justo, respondía con monosílabos, cerraba los ojos para no verlo.

Kaelo y Vladímir iban todos los días. Se sentaban a su lado, le leían, le llevaban notas de sus compañeros de la universidad, le prometían que todo mejoraría.

—No tienes que hablar si no quieres —le decía Vladímir, tomándole la mano—. Solo queremos que sepas que estamos aquí. Para siempre a tu lado.

Elían les sonreía, una sonrisa débil pero sincera. Ellos no lo hacían sentir sobrante. No lo hacían sentir viejo.

Una tarde, Damián llegó con un bols en las manos.

—Preparé tu comida favorita —dijo con voz suave—. La que hacía cuando eras pequeño y te encantaba siempre me pedías que lo preparará para la cena casi todos los días.

Elían miró el bol y luego a él.

—Gracias —dijo—. Pero no tengo hambre.

—Elían, por favor… —Damián se sentó al borde de la cama—. No me mires así. Me parte el alma como me tratas.

—Entonces escúchame —respondió su hijo, mirándolo fijo—. No quiero estar donde no me quieren. Cuando salga de aquí, no iré a la mansión como quieres. Volveré a mi casa. Solo.

Damián se puso de pie de golpe.

—¿Cómo puedes decir eso? Eres mi hijo. Mi vida.

—Lo dices, pero no lo demuestras —Elían se apoyó en la cabecera, haciéndole frente—. Cuando ella habla mal de mí, te callas. Cuando te pide que te vayas, te vas. Yo me quedo esperando que me defiendas… y nunca lo haces. Puedo soportar una, dos hasta tres veces, pero ya es demasiado,no la traigas más, si no puedes dejarla en su mansión, entonces no vengas...ya me estoy recuperando. No te necesito. No te preocupes por mi.

Damián se quedó sin palabras. La culpa lo ahogaba. Sabía que era verdad.

—No quiero que te vayas sólo a esa casa, quiero cuidarte—susurró, con lágrimas en los ojos—. No quiero perderte. Lo siento.

—Olvidalo —dijo Elían, y volvió a recostarse—. Pero no me pidas que sea comprensible más. Ya lo fuí demasiado.

Esa noche, Damián salió al pasillo con el corazón hecho pedazos. Zorán lo esperaba cerca, viéndolo todo en silencio. Se acercó y lo abrazó.

—Tiene razón —dijo Damián, escondiendo el rostro en su pecho—. Tiene razón y me duele en el alma.

—Lo sé —respondió Zorán, acariciándole la espalda—. Pero no es demasiado tarde. Solo tienes que demostrarle que sigue siendo tu prioridad. No con palabras. Con hechos.

Damián asintió, secándose las lágrimas. Sabía qué debía hacer. Y sabía que no sería fácil.

1
Brisa Romero
/Proud/
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