NovelToon NovelToon
CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Valentina Ferrer creyó que tenía la vida perfecta: un esposo al que amaba, cinco hijos maravillosos y un hogar humilde, pero lleno de felicidad. Hasta que un accidente en una obra le arrebató a Gabriel y la dejó sola frente al dolor, las deudas y la responsabilidad de sacar adelante a su familia.
Convertida en viuda a los treinta y cinco años, Valentina tendrá que dejar atrás sus miedos y recuperar los sueños que abandonó por amor. Lo que no imagina es que, en medio de su lucha, conocerá a Maximiliano Devereaux, el hombre más rico, poderoso y atractivo de la ciudad.
Él vive rodeado de lujos. Ella apenas intenta sobrevivir. Él está acostumbrado a mandar. Ella no permitirá que nadie vuelva a decidir por su vida.
Entre dos mundos completamente opuestos, una atracción imposible comenzará a crecer. Pero Valentina aún carga con las heridas de su pasado y teme que volver a amar signifique traicionar la memoria del hombre que nunca dejó de amar.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: A prueba

El primer día del proyecto comenzó antes de que Valentina saliera de casa.

A las seis y media, preparó el desayuno y revisó las mochilas. A las siete, despertó a los trillizos. Isabella ya estaba vestida y ayudaba a Emilia a encontrar una tarea que había desaparecido entre los cuadernos.

—No la perdí —protestó Emilia—. Solo no sé dónde está.

—Eso es perderla con otras palabras —dijo Isabella.

Valentina sonrió mientras les servía el desayuno. Después de dejar todo organizado, se aseguró de que Amalia tuviera los horarios y los teléfonos de la escuela. Había aprendido a no disculparse por tener responsabilidades familiares, pero también quería cumplir con el trabajo que había aceptado.

Su atuendo era formal y sobrio: el blazer azul, la blusa crema y el pantalón oscuro que había elegido para la primera reunión. Los tacones, aunque elegantes, eran cómodos para caminar entre oficinas y negocios. No necesitaba vestirse como una mujer rica; solo quería presentarse como la profesional que estaba volviendo a ser.

Mariana la esperaba en la primera tienda de la lista.

—¿Lista para empezar?

—Eso espero.

—No tienes que hacerlo todo hoy.

—Ya sé. Pero quiero que salga bien.

La mañana transcurrió entre conversaciones con los comerciantes, fotografías y anotaciones. Valentina se aseguró de que cada persona entendiera qué se iba a publicar y tuviera la oportunidad de corregir cualquier dato. Algunos estaban entusiasmados; otros, desconfiados.

—¿Y si la empresa usa mi historia para anunciar el complejo y después se olvida de nosotros? —preguntó el dueño de una ferretería.

Valentina comprendió la pregunta. El nuevo desarrollo podía atraer clientes, pero también generar molestias: calles cerradas, cambios en el tránsito, ruido y temor a que los alquileres subieran.

—No puedo prometerle lo que hará la empresa en el futuro —respondió—. Sí puedo comprometerme a que esta campaña no presentará algo que usted no haya aprobado. Y voy a transmitir sus preocupaciones al equipo.

El hombre la observó con cautela.

—¿Y si no les gusta lo que digo?

—Entonces tendrán que decidir si quieren escuchar a los comerciantes o solo mostrar una imagen bonita.

Mariana la miró de reojo, pero no la contradijo.

Al mediodía, Valentina recibió una llamada de Clara Montes. La invitó a una reunión breve en las oficinas de Devereaux Group. Había surgido un problema con el calendario y querían revisar la primera actividad del piloto.

—¿Puedes venir hoy? —preguntó Clara—. El señor Devereaux quiere hablarlo directamente.

Valentina comprobó la hora. Su madre podía recoger a los niños y acompañarlos a casa.

—Sí. Llegaré en una hora.

Cuando entró en la sala de reuniones, Maximiliano ya estaba sentado frente a una pantalla. Clara y dos integrantes del equipo de comunicaciones revisaban un informe.

—La actividad de presentación debía hacerse dentro del complejo —dijo él—. El espacio está disponible, pero todavía hay trabajos en el acceso norte. Si movemos la fecha, afectamos el calendario.

Valentina dejó su carpeta sobre la mesa.

—Los comerciantes quieren que se haga en la plaza del barrio.

—No estaba en la propuesta aprobada.

—La idea inicial era presentar los negocios al público local. El complejo todavía no está abierto y el acceso está parcialmente bloqueado.

—Precisamente por eso debemos empezar a atraer a la gente hacia el lugar.

—¿A cuál lugar? —preguntó Valentina—. Los clientes habituales tienen dificultades para llegar a varios comercios por las obras.

Maximiliano la miró con frialdad.

—¿Está diciendo que la empresa está perjudicando a los comerciantes?

—Estoy diciendo que algunos están teniendo dificultades. No voy a ocultarlo para que la campaña parezca perfecta.

—El proyecto va a mejorar la zona a largo plazo.

—Puede ser. Pero ahora mismo hay negocios que tienen menos acceso y no saben a quién acudir. Si les pedimos que participen en una iniciativa de la empresa, tenemos que considerar esa realidad.

Uno de los ejecutivos intervino:

—El equipo de obras puede revisar la señalización y mejorar el paso peatonal. No teníamos ese comentario en el informe.

—Por eso hace falta hablar con los comerciantes antes de decidir dónde conviene reunir a la gente —dijo Valentina.

Maximiliano se recostó en su silla.

—La plaza no tiene las condiciones técnicas del complejo.

—Podemos usarla para un encuentro pequeño. No necesitamos montar un escenario ni instalar maquinaria. Unas mesas, señalización y espacio para presentar a los cuatro negocios.

—¿Y si llueve?

—Tendremos una alternativa bajo techo. La panadería ofreció su patio posterior, si el evento es reducido.

Maximiliano miró a Clara.

—¿Está permitido?

—Sí, si cumplimos con las normas de seguridad y limitamos el número de asistentes.

—Entonces no cancelamos. Ajustamos el evento —dijo él—. Pero quiero un plan actualizado mañana.

Valentina tomó nota.

—Lo tendrá.

—Y quiero que el equipo de obras reciba las observaciones de los comerciantes por escrito. No promesas verbales.

—De acuerdo.

La reunión habría podido terminar allí, pero Maximiliano siguió revisando el informe.

—Usted convierte cada detalle en una negociación.

—Los detalles afectan a las personas con las que estamos trabajando.

—Una campaña necesita dirección.

—Y una dirección necesita escuchar la información que recibe.

Clara bajó la mirada a sus documentos. Los demás guardaron silencio.

Maximiliano se levantó y caminó hacia la ventana. Su traje oscuro y su postura firme hacían que incluso aquel gesto pareciera una orden. Cuando volvió a la mesa, se dirigió a Valentina:

—Tiene cinco días para demostrar que su método produce resultados.

—El piloto dura seis semanas.

—No hablo de resultados finales. Hablo de organización, comunicación y cumplimiento de plazos.

—Entonces nos entendemos. Yo también necesito saber que la empresa cumplirá con lo acordado.

Él la observó en silencio. A diferencia de la primera reunión, no parecía molesto por su respuesta. Más bien intentaba averiguar si su firmeza era una forma de cubrir la inseguridad o una convicción real.

—Envíe el plan mañana —dijo.

—Lo haré.

Al salir de la sala, Valentina sintió la tensión acumulada en los hombros. Clara la acompañó hasta el ascensor.

—Maximiliano puede ser difícil —dijo—. Pero cuando ve una propuesta sólida, suele escuchar.

—¿Y cuando no la ve?

—Entonces hay que defenderla con argumentos.

—Eso hago.

Clara sonrió.

—Lo noté.

A la mañana siguiente, Valentina comenzó temprano con el nuevo plan. Incluyó el encuentro en la plaza, una alternativa en el patio de la panadería y un esquema para recibir comentarios de los comerciantes. También preparó una hoja separada con las dificultades de acceso y las solicitudes que habían recogido.

Antes de enviarla, llamó a cada dueño para confirmar que había interpretado bien sus preocupaciones. No quería hablar por ellos sin su consentimiento.

Cuando terminó, remitió el documento a Clara y al equipo de desarrollo.

La respuesta llegó dos horas después. El equipo de obras revisaría la señalización y habilitaría un corredor peatonal antes de la actividad. No podían cambiar la ubicación de las vallas, pero sí colocar avisos para orientar a los clientes.

Valentina compartió la noticia con los comerciantes. El dueño de la ferretería no se mostró convencido, pero aceptó esperar a ver los cambios.

—No digo que todo esté resuelto —le dijo—. Pero al menos alguien nos escuchó.

—Voy a seguir insistiendo en lo que haga falta.

—Eso es lo que necesitamos.

Al final de la tarde, Maximiliano envió un mensaje breve: Plan aprobado. Mantenga el seguimiento con Clara.

Valentina leyó la frase sin saber si debía sentirse satisfecha o simplemente cumplir con el trabajo. Mariana, sentada frente a ella en la mesa, vio su expresión.

—¿Qué dijo?

—Que aprobó el plan.

—Eso es bueno.

—Es un mensaje de una sola línea.

—El señor Devereaux parece un hombre de pocas palabras.

—Y muchas órdenes.

—¿Te cae mal?

Valentina se quedó pensando.

—No lo conozco lo suficiente para que me caiga bien o mal.

Mariana alzó una ceja.

—Pero sí lo suficiente para saber que no te deja indiferente.

Valentina guardó el teléfono.

—Estoy intentando hacer un trabajo, no analizarlo.

—Puedes hacer ambas cosas.

—No en horario laboral.

Mariana se rio y volvió a revisar las fotografías.

El sábado, el equipo de Devereaux Group instaló la señalización en los accesos. Valentina fue a comprobar el resultado junto con Mariana. Mientras conversaban con los comerciantes, un vehículo oscuro se detuvo cerca de la plaza.

Maximiliano bajó acompañado por un asistente. Llevaba ropa formal y, a pesar de estar en una zona de trabajo, conservaba una presencia impecable. Los comerciantes dejaron de hablar al verlo.

Él se acercó.

—¿Está funcionando el nuevo acceso? —preguntó al dueño de la ferretería.

El hombre pareció sorprendido de que Maximiliano le hablara directamente.

—Es mejor que antes. Todavía podrían poner otro aviso en la esquina.

—¿Por qué no lo mencionó ayer? —preguntó Maximiliano.

—Ayer nadie me preguntó.

Valentina observó a Maximiliano. Él no respondió de inmediato. Luego miró a uno de los trabajadores de su equipo.

—Anote lo de la esquina. Revisen si podemos colocar otra señal sin obstruir el paso.

El trabajador apuntó la instrucción.

Maximiliano se volvió hacia el comerciante.

—¿Algo más?

—No por ahora.

—Si surge algo, envíelo a la oficina de Clara. No puedo prometer que se hará todo, pero sí que lo revisaremos.

El hombre asintió.

Maximiliano miró la mesa de Valentina, donde estaban las hojas con el calendario del evento.

—¿Todo está organizado?

—Sí. Estamos confirmando los horarios y la participación de los cuatro negocios.

—¿Y la autorización del patio?

—Recibida.

—Bien.

—Gracias por atender la solicitud del acceso —dijo ella.

—Era una corrección necesaria.

—A veces, reconocerlo es el primer paso.

—No convierta cada cosa en una lección, señora Ferrer.

—No lo hago. Solo digo lo que veo.

Maximiliano sostuvo su mirada un instante.

—Entonces espero que también vea cuando las cosas se hacen bien.

—Lo haré.

Él se marchó poco después. Los comerciantes retomaron la conversación y Valentina volvió a revisar las listas. Sin embargo, se quedó pensando en lo que había visto: Maximiliano no había llegado para tomarse una fotografía ni para dar un discurso. Había preguntado, escuchado y ordenado que revisaran el problema.

Seguía siendo autoritario. Seguía esperando que todos respondieran con rapidez. Pero quizá no era tan indiferente como ella había supuesto.

Al volver a casa, Isabella la esperaba con una tarea de Ciencias.

—¿Te fue bien hoy?

—Sí. El evento sigue en pie.

—¿Y el señor Devereaux fue?

—Fue a revisar el acceso.

—¿Y te mandó?

Valentina sonrió.

—Me hizo preguntas. Yo le respondí.

—¿Se enojó?

—No lo sé.

—¿Le tienes miedo?

Valentina pensó un momento.

—No. Pero tampoco voy a dejar que me haga dudar de lo que sé.

Isabella asintió, satisfecha con la respuesta.

Esa noche, Valentina revisó el calendario del proyecto. Había mucho por hacer, pero no estaba sola. Mariana la apoyaba; Clara mantenía la comunicación con el equipo; los comerciantes estaban dispuestos a participar.

Y Maximiliano, por más exigente que fuera, había aceptado que las preocupaciones de la comunidad formaran parte del trabajo.

Valentina cerró la carpeta y la dejó sobre la mesa. El piloto había comenzado de verdad.

Ahora debía demostrar, a todos —incluido aquel hombre que parecía medirla con cada mirada—, que podía cumplir con lo prometido sin dejar de ser ella misma.

1
Zulema Neme
Buenísima la Novela Autora Maravillosa Historia Me Encanto Muchas Felicidades ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Mildred Álvarez
😭es demasiado doloroso estos capítulos
Mildred Álvarez
😭😭😭😭😭😭😭😉
Mildred Álvarez
muy triste
Mildred Álvarez
triste
Zulema Neme
Que Bellos Personajes has Puesto Autora 💕💕💕💕💕💕💕🥰🥰🥰🥰🥰
Zulema Neme
Que Horrible por Dios .El no debe morir
Dilia De Freitas Teixeira
muy bonita
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play