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Estoy De Vuelta

Estoy De Vuelta

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencarnación
Popularitas:951
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

El mundo de Julián se desplomó el mismo día en que descubrió que la lealtad tiene un precio. Lo tenía todo: un imperio financiero en ascenso, la admiración de la alta sociedad y el amor de la mujer con la que planeaba pasar el resto de sus días. Pero la ambición ciega de su mejor amigo destruyó cada uno de sus logros en cuestión de meses. Traicionado, despojado de su fortuna y abandonado por su prometida.
Su final no tuvo ni un ápice de gloria. Murió solo, tirado en un callejón frío, ahogado con un mendrugo de pan duro mientras hurgaba entre los desperdicios para sobrevivir un día más. Pero la muerte no fue el final; fue la grieta que reescribió su destino.

Al abrir los ojos de golpe, el olor a basura y el dolor en la garganta desaparecieron. Frente a él, el reflejo del espejo de su antiguo pent-house le devolvió la mirada. Estaba tres años atrás, intacto. haría que cada traidor pagara el precio exacto de su ambición.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El Primer paso en Falso del Traidor

A las ocho de la mañana, la sede principal de Rossi & Sterling operaba con el frenesí habitual de una corporación multimillonaria. Sin embargo, en el piso ejecutivo del departamento contable, el ambiente se sentía pesado, saturado por el calor eléctrico de los servidores y el nerviosismo soterrado de tres analistas que no despegaban los ojos de las pantallas.

En el centro de la oficina acristalada, Marcos Sterling caminaba de un lado a otro como un depredador acorralado. Tenía la corbata de seda ligeramente torcida y los ojos inyectados en sangre. Pasó la mano temblorosa por su cabello perfectamente peinado antes de golpear el escritorio del jefe de contabilidad con la palma abierta.

—¿Cómo que el sistema no te permite liberar la transferencia? —siseó Marcos en un susurro furioso, cuidando que el sonido no traspasara los cristales—. ¡Es una orden directa del vicepresidente! La cuenta de cobertura en Panamá tiene que recibir los diez millones de dólares antes del mediodía.

El contador, un hombre canoso de anteojos gruesos, tragó saliva de manera audible y ajustó su postura en la silla de oficina.

—Señor Sterling, no es una falla del sistema —explicó el empleado con la voz temblorosa—. La orden de ejecución fue bloqueada automáticamente por el protocolo de auditoría externa que el señor Rossi activó anoche. Todos los fondos de inversión provisionales fueron redirigidos a una cuenta de resguardo bajo la custodia del Banco Central. Para mover un solo centavo, el sistema exige un token biométrico y la firma física de Julián en persona.

Marcos apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de su rostro se contrajeron. Un sudor frío le bajó por la nuca. Aquellos diez millones no eran para el proyecto de expansión; eran el adelanto que le había prometido a sus acreedores privados para saldar una deuda de juego y cubrir las primeras transacciones fantasmas que ya había ejecutado a sus espaldas. Si no depositaba el dinero esa misma tarde, la red de mentiras que había construido comenzaría a desmoronarse.

—Dame dos minutos —masculló Marcos, girando sobre sus talones y saliendo a zancadas hacia el despacho principal de la presidencia.

Al cruzar la puerta sin llamar, Marcos encontró a Julián sentado tras su imponente escritorio de caoba. Lucía impecable, impecablemente peinado, revisando una serie de carpetas mientras le daba un sorbo a una taza de café recién colado. En la esquina del escritorio, discretamente ubicado detrás de un marco de fotos y con la pantalla boca abajo, el teléfono de Julián ejecutaba una aplicación de grabación de voz en alta fidelidad.

—¡Julián! —exclamó Marcos, forzando un tono de urgencia que sonara más a preocupación ejecutiva que a pánico—. Tenemos un problema grave con la plataforma del banco. Parece que hubo un fallo en el servidor y las cuentas de la alianza extranjera están bloqueadas. Los inversionistas están llamando como locos. Dicen que si no liberamos la transferencia de diez millones para el fondo de reserva en dos horas, van a cancelar el contrato.

Julián alzó la vista despacio. No había la menor chispa de sorpresa o conmoción en su rostro; solo una serenidad helada, casi matemática.

—¿Un fallo en el servidor, Marcos? —preguntó Julián en tono pausado, dejando la taza sobre el plato de porcelana con un chasquido suave—. Qué curioso. Hablé con el director del banco hace apenas veinte minutos y me aseguró que las operaciones funcionan a la perfección.

Marcos se congeló a mitad de la estancia. Se pasó la mano por el cuello de la camisa, sintiendo que el aire dentro de la oficina se volvía extrañamente denso.

—Bueno... lo que pasa es que no es una falla técnica directa del banco —improvisó Marcos rápidamente, hablando más rápido de lo normal—.

Es una traba del departamento de cumplimiento.

Creen que hay una incongruencia en la firma del contrato original. Me pidieron que tú les autorices el acceso directo a la cuenta puente personal que acordamos ayer. Dame tu token biométrico durante una hora, yo iré en persona a las oficinas del banco y solucionaré el malentendido.

Julián se reclinó en su sillón de piel, cruzando los dedos sobre el regazo. La desesperación en las palabras de su "amigo" era una sinfonía perfecta para sus oídos. En su vida pasada, Julián habría caído en el pánico de perder la gran inversión y le habría entregado el dispositivo de autorización con los ojos cerrados.

—Marcos, mírame —dijo Julián en voz baja, clavando sus ojos oscuros en los del traidor—. ¿Me estás diciendo que el banco exige la firma de mi cuenta puente personal para liberar un fondo de la empresa?

—Sí, exacto. Es solo un trámite administrativo de rutina, hermano. Confía en mí —insistió Marcos, dando un paso hacia el escritorio y extendiendo la mano en un gesto ansioso—. Firma la autorización en el sistema y me encargo del resto.

Julián guardó silencio durante cinco interminables segundos, disfrutando el temblor que recorría las manos de su socio.

—No voy a liberar esa cuenta, Marcos —sentenció Julián con absoluta firmeza.

—¿Qué? —exclamó Marcos, dando un paso atrás como si le hubieran propinado un golpe en el estómago—. Julián, ¡estás arriesgando toda la operación por una terquedad! ¡Los inversionistas se van a ir!

—Si la empresa depende de violar los protocolos de seguridad que nosotros mismos establecimos, entonces la operación no sirve —respondió Julián, poniéndose de pie con parsimonia—. Además, ya le ordené al equipo contable que consolide todos los estados financieros de los últimos tres años para la auditoría de mañana. Incluyendo los movimientos de la firma consultora que abriste el mes pasado.

La palidez en el rostro de Marcos fue instantánea. Su mirada bailó de un lado a otro en la habitación, buscando desesperadamente una salida o una excusa convincente que no lo delatara.

—Lo... lo hace por el bien de la firma, Julián. Yo solo busco protegerte —tartamudeó Marcos, apretando las puños para disimular el temblor—. Si no confías en mi palabra...

—Confío en los hechos, Marcos —lo interrumpió Julián con una leve sonrisa que jamás le llegó a los ojos—. Y los hechos se van a reflejar en el informe final. Ahora, si me disculpas, tengo una reunión fuera de la oficina.

Sin esperar respuesta, Julián tomó su saco, extendió la mano hacia el teléfono y detuvo la grabación. El archivo de audio quedó guardado de manera automática en un servidor en la nube completamente cifrado: la primera confesión en la que Marcos mentía descaradamente sobre las cuentas de la empresa para intentar desviar diez millones de dólares.

Julián caminó hacia la salida, pasando por el lado de un Marcos paralizado que no atinaba a articular palabra. La trampa no solo se había cerrado; el traidor acababa de dar su primer paso en falso, y Julián tenía cada palabra registrada para cuando llegara el momento de la ejecución final.

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Maria Cristina Roldan Rodam
aparenta ser muy interesante
Isa Yguaro: Espero que sea de su agrado. Si tiene alguna sugerencia, la recibiré con gusto.
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