Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
*Todas las novelas son independientes*
**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Catarina 3
Adaptarse a su nueva vida resultó mucho más complicado de lo que había imaginado.
En las novelas, las protagonistas reencarnadas parecían tenerlo todo bajo control después de despertarse.
Abrían los ojos, reconocían el mundo, recordaban los acontecimientos futuros, conseguían dinero, evitaban a los villanos y conquistaban al protagonista masculino antes de que llegara el capítulo diez.
La realidad, como de costumbre, era una absoluta falta de respeto a la literatura.
Para empezar, Catarina no tenía un libro que pudiera consultar.
No sabía con exactitud qué acontecimientos ocurrirían después de la muerte del duque. Tampoco conocía las fechas, las relaciones políticas entre las familias nobles ni los detalles de los contratos matrimoniales que habían unido a los Rossi con los Mary.
Solo poseía las imágenes que había visto durante su misteriosa estancia en la oscuridad.
Y aquellas imágenes, aunque reveladoras, estaban incompletas.
Era como intentar resolver un crimen después de haber visto un resumen de cinco minutos de una serie de cuarenta episodios.
[¡¿Por qué el universo no me entregó un archivo con toda la información?! ¡Una carpeta! ¡Un documento! ¡Algo!].
Por fortuna, tenía una ventaja.
Era Catarina Parisi.
Y los Parisi eran una de las familias nobles más acomodadas de Vagur.
Su casa familiar era una hermosa mansión rodeada de jardines, con amplios salones, una biblioteca, habitaciones para los invitados y suficientes criados para que Catarina pudiera pasar una mañana entera sin tener que abrir una sola puerta por sí misma.
Aquello le parecía extraordinario.
La primera vez que una doncella la ayudó a vestirse, Catarina estuvo a punto de llorar de emoción.
La segunda vez, intentó vestirse sola y terminó enredada en una prenda que parecía haber sido diseñada por alguien que odiaba profundamente a las mujeres.
La tercera vez decidió que la tradición de contar con ayuda para vestirse era una de las mejores contribuciones de la nobleza a la civilización.
[¡Por fin alguien comprende que los vestidos con veinte capas no son una actividad individual!].
También descubrió que tenía numerosos primos.
Muchísimos.
Primos que la visitaban, le escribían cartas y se preocupaban por su salud.
Al principio, sus visitas fueron una fuente constante de ansiedad.
Porque cada vez que alguno le preguntaba por un recuerdo de la infancia, Catarina sentía que su alma abandonaba el cuerpo por segunda vez.
—¿Recuerdas cuando nos perdimos en el bosque siendo pequeños?
preguntó su prima Gianna durante una visita.
Catarina sonrió.
—¡Por supuesto!
[¡No tengo la menor idea de qué estás hablando!].
—Tu madre estaba tan preocupada que envió a todos los criados a buscarnos.
—¡Qué horror!
[¿Qué madre? ¿Qué bosque? ¿Por qué nadie me entrega un manual de esta familia?].
—Y tú insistías en que habíamos encontrado un hada.
Catarina se quedó inmóvil.
Después sonrió con dulzura.
—Bueno, siempre he tenido una imaginación extraordinaria.
Su prima soltó una carcajada.
—¡Eso sigue siendo cierto!
Catarina se rio con ella, aunque por dentro sintió que acababa de esquivar una bala.
Poco a poco, sin embargo, comenzó a relajarse.
Aprendió los nombres de sus familiares, memorizó las relaciones más importantes y escuchó con atención todas las anécdotas que le contaban.
Cuando no sabía algo, sonreía y decía que no recordaba los detalles.
Su desmayo había resultado bastante conveniente.
La familia atribuyó muchos de sus cambios a la impresión que le había causado la boda del duque Rossi.
Y Catarina no hizo nada para corregir esa interpretación.
Al contrario.
La utilizó.
Si antes había sido una joven reservada, melancólica y propensa a quedarse en silencio durante las reuniones familiares, ahora era alegre, vivaz y extraordinariamente conversadora.
Bromeaba con sus primos.
Organizaba juegos durante las visitas.
Se interesaba por los acontecimientos de la isla.
Y, para horror de algunas de las damas más tradicionales de la familia, había comenzado a expresar sus opiniones sin esperar a que alguien le preguntara.
—Creo que deberíamos organizar un baile en primavera
Uno de sus primos levantó las cejas.
—¿Un baile?
—Sí. Con música, comida, invitados y vestidos preciosos. Preferiblemente, muchos vestidos preciosos.
—Pero si hace apenas unos meses te negabas a asistir a cualquier reunión social...
Catarina sonrió.
—He cambiado de opinión.
Su primo la observó durante unos segundos.
—Eso es evidente.
Ella se llevó una taza de té a los labios.
[¡Por supuesto que he cambiado! ¡La versión anterior de mí misma estaba enamorada de un hombre casado y no hacía nada para remediarlo!].
Dejó la taza sobre el platillo.
—Creo que la vida es demasiado corta para quedarse encerrada en casa lamentándose por cosas que no podemos cambiar.
La conversación se interrumpió.
Sus primos la miraron con sorpresa.
Aquellas palabras parecían haberlos afectado más de lo que esperaba.
Una de sus primas le tomó la mano.
—Me alegra oírte decir eso, Catarina.
La joven sonrió.
Y esta vez, aunque seguía pensando en su plan para salvar al duque, la sonrisa fue sincera.
[Quizá esta vida no tenga por qué ser una tragedia].
Pero una cosa era adaptarse a la vida noble.
Y otra muy distinta era acercarse a un duque casado sin provocar un escándalo que terminara con su reputación hecha pedazos.
Catarina descubrió este pequeño inconveniente durante las primeras semanas de investigación.
En su imaginación, el plan había sido sencillo.
Primero, se acercaría al duque Enzo Rossi.
Después se convertiría en su amiga.
Luego descubriría cómo estaba su salud, averiguaría qué medicamentos tomaba y encontraría una forma de demostrar que su esposa lo estaba envenenando.
Una vez salvado el duque, se encargaría de que Mary pagara por sus crímenes.
Y, si para entonces Enzo se enamoraba de ella...
Bueno.
Eso sería un agradable beneficio adicional.
[¡Un plan perfecto!].
El problema era que el duque Rossi no vivía en la casa de al lado.
Era un noble de alto rango, un hombre con responsabilidades, propiedades y compromisos políticos. Después de su boda, sus apariciones públicas estaban sujetas a las obligaciones de su nueva posición.
Y Catarina no podía presentarse en su residencia diciendo..
Buenos días, excelencia. No me conoce, pero su esposa planea envenenarlo. Por cierto, ¿le gustaría tomar el té conmigo?
La arrestarían.
O, peor aún, pensarían que estaba loca.
Así que tuvo que investigar.
De verdad.
Investigar.
Sin magia que le permitiera leer la mente de las personas, sin un detective privado moderno y sin acceso a internet.
Solo con cartas, conversaciones, reuniones sociales y una buena dosis de paciencia.
Solo Catarina al natural