Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 23
Lena intentó calmarse, tener a su lado a Sean lograba darle cierta paz, si bien quiso experimentar lo que es vivir el ese tipo de época, por el lujo y la extravagancia, la parte negativa la golpeaba llevándola a replantear su vida.
Era una época hermosa en algunos aspectos, en otros no tanto y ahora dejó de ser espectadora volviéndose parte de ella.
Hizo lo que Sean recomendó, se acomodó en su lugar y mostró una sonrisa tranquila a quienes hablaban de más a su lado.
Las doncellas comenzaron a entrar con las bandejas y copas al salón, la atención dejó de centrarse en ellos.
El banquete continuo entre bebidas y comida.
Lena casi no se movía, tenía miedo un miedo terrible a ser quien era y morir, por lo menos esperaría estar fuera de ese salón donde las reglas no la oprimieran, estaba a un lado del emperador debía comportarse.
Sin embargo, algunas personas simplemente no podían dejarlos en paz.
El segundo príncipe no había dejado de mirarlos en todo este tiempo al igual que lo hacía Aria, que aun no podía creer que Sean no la hubiera mirado en todo este tiempo y la atención estuviera solo en Lena.
El príncipe heredero terminó también fijando su atención en esta pareja al notar que Aria no dejaba de mirarlos.
El segundo príncipe se levantó de su lugar con una copa en su mano y caminó hacia la mesa donde Sean y Lena estaban hablando amablemente.
Sean quien estaba cómodo por su compañera noto al instante al príncipe acercarse, levantó su cabeza mirándolo directamente a los ojos.
Se habían retado anteriormente por lo que la rivalidad entre ambos no era un secreto para nadie, ni siquiera para el emperador.
No le importaba ya que pensaba que era algo bueno para el príncipe heredero, creía que este mantendría a raya al segundo príncipe evitando problemas más adelante, sin saber que Sean detestaba mucho más al heredero por lo que Aria sentía hacia este.
Quizás por eso se empeñó en mandar a Dilia a ser su esposa después de haber jugado con ella, con eso sentía que le había ganado.
—Duque Xi —dijo el príncipe al estar frente a Sean —muchos se callan ante esto pero yo no puedo hacerlo, traer a un banquete real a una dama, permitir que sea anunciada como la duquesa y realmente no serlo es una falta de respeto, no solo para la casa ducal a la que la dama pertenece, sino para mi padre emperador, ella carece del estatus necesario para estar sentada a su lado.
Sean soltó una sonrisa sarcástica y se levantó, Lena lo miró asustada mientras se levantaba.
Miró al príncipe, se giró hacia el emperador e hizo una leve reverencia.
—Me disculpo ante el emperador, es mi culpa que este malentendido ocurra. La mujer a mi lado es mi esposa y de eso no hay duda, fue mi error no completar los ritos, sin embargo, ya me disculpe con mi esposa y los cumpliré como es debido al llegar al ducado.
—De ser así —volvió a hablar el príncipe —no debía estar aquí, deberías haberla dejado en la mansión, aún ni siquiera se ha concretado su estatus.
Se giró hacia el emperador e hizo una reverencia.
—Le pido a mi padre que saque a esta mujer, no tiene el estatus para estar aquí, por ahora sigue siendo solo la hija ilegítima de la mansión He. —miró a sus guardias y estos asintieron, caminaron hacia donde estaba Lena y Sean.
—¿Quien se atreve? —la voz de Sean retumbo como un látigo.
Los hombres se detuvieron, y el salón cayó en un silencio sepulcral, los abanicos dejaron de agitarse y algunas copas quedaron suspendidos a medio camino.
—Si alguien toca a mi esposa terminará muerto, nadie tiene permitido tocarla —miro a los sujetos directo a los ojos — es posible que en el intento puedan perder sus manos.
Lena aún sentada miraba a Sean de pie a su lado, sus ojos se cristalizaron al escucharlo hablar con tanta autoridad al príncipe solo por defenderla, era hermoso para ella.
—Basta —gritó el emperador —no arruinemos el momento con algo sin sentido.
El emperador lo menos que quería era un conflicto en ese momento, aunque Sean no hubiera completado los ritos era notable que quería a su pareja y la defendería.
—Pero padre…
—Regresa y callate —el príncipe no tuvo más que hacer lo que le dijeron, bajó su brazo con molestia y regresó al trono a un lado de su madre.
Sean volvió a sentarse, agarró la mano de Lena, pudo sentir lo fría que estaba y la cubrió con las suyas, esto la llevó a sonrojarse.
—Lo siento —Sean se sentía culpable, sabe que es su culpa que eso suceda, solo por no atreverse a aceptar a su esposa desde el primer momento.
—No te preocupes —Lena lo miraba con sus ojos cristalizados, las lágrimas amenazaban con salir por la forma tan linda en la que Sean la defendía, sabía en su corazón que él la quería un poco más.
El silencio permaneció aún después de la orden del emperador. Todos miraban al demonio Sean cubrir las manos de esa dama y definitivamente era una sorpresa.
Aria apretó sus puños, aún le era increíble ver a Sean tan atento con alguien y darle su atención por completo.
Un guardia entró casi corriendo y se arrodilló.
—Su majestad, los emisarios del reino Chiwei han llegado. —anunció aquel hombre.
—Que bien, es un buen momento —el emperador vio a la entrada del salón, tres hombre corpulentos y con ropas bárbaras entraron, tras ellos cuatro hombres más que se veían más diminutos.
Estos hicieron una reverencia.
—Su majestad. —dijeron al unísono.
—Sean bienvenidos —respondió el emperador, con una sonrisa en su rostro.
Chiwei, un reino al norte con el cual ya habían firmado la paz tras una guerra sangrienta diez años atrás y que de extenderse podría reducir drásticamente su población masculina.
No sé rinden, son fuertes y aguerridos difíciles de dominar, por lo que llevar una buena relación es ideal.
Lena vio a esos hombres entrar y no fue difícil para ella saber a lo que venía, según la trama y el clique de esta escena vendrían a retarlos.
Miró a Sean y recordó que es él quien luchará, aunque saldrá mal herido.
“Sean”