hace siglos la puerta unida conectaba todos los territorios en un solo mundo sin fronteras,donde humanos ,elfos,hombres lobos,magos y el pueblo misterioso vivían en paz . pero cuando una adivina advirtió que la temida oscuridad .
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La semilla mágica y la promesa
✨ Capítulo 23 — La semilla mágica y la promesa
Caminaron tranquilamente hasta llegar al gran jardín, un lugar lleno de flores de mil colores, árboles altos y aire fresco que olía a naturaleza pura. Allí, entre los arbustos y rosales, Pablo señaló con la mano y dijo con voz suave:
—Miren, él está aquí.
Los trabajadores que cuidaban los jardines levantaron la vista al verlos pasar, pero el grupo caminó directo hacia un hombre de mirada amable y presencia tranquila que trabajaba podando unas ramas con paciencia. Ian se acercó primero y lo saludó con mucho respeto:
—Hola, señor.
Todos repitieron al instante:
—¡Hola!
El hombre dejó la tijera de podar, sonrió con calidez y les respondió:
—Hola, chicos… Cuánto tiempo sin verlos. Ya veo que han crecido mucho y se han vuelto fuertes —los miró un momento y luego agregó con tono suave—: Aunque escuché que estuvieron peleando otra vez…
Ian bajó un poco la cabeza, apenado, y dijo sinceramente:
—Sí… lo sentimos mucho, no volverá a pasar.
—Venimos a presentarte a alguien nuevo —continuó Ian levantando la vista—, queremos que la conozcas.
El señor se puso de pie lentamente, y en su mano apareció una rosa roja perfecta, fresca y llena de aroma, como si la hubiera hecho florecer con un solo pensamiento. Preguntó con curiosidad:
—¿A quién?
Leo dio un paso al frente y señaló a Elara con orgullo:
—Ella es Elara… nuestra nueva compañera del equipo.
Elara se acercó con educación, sonrió con dulzura y saludó:
—Hola, señor… ¿cómo está usted?
—Me encuentro muy bien, niña… muy bien —respondió él suavemente.
Pero en ese instante, algo cambió: sus ojos brillaron con una luz extraña y cambiaron de color, volviéndose claros y profundos, como si pudiera ver más allá de lo que se ve a simple vista, buscando y leyendo la esencia de su alma y sus poderes ocultos. De pronto, abrió los ojos sorprendido y susurró con voz llena de asombro:
—Imposible…
Todos se miraron preocupados y preguntaron al mismo tiempo:
—¿Qué ocurre, señor? ¿Le pasa algo?
Él sacudió levemente la cabeza, recuperó su calma y ocultó su sorpresa con amabilidad:
—Nada, no se preocupen… no es nada importante. —Luego dijo con tono sereno pero firme—: Aunque debo decirles que no puedo aceptar entrenarlos… ya me he retirado de eso hace tiempo. Ahora solo soy el cuidador de estas plantas mágicas, esa es mi labor hoy.
Ian no se rindió, lo miró con súplica y prometió con todo su corazón:
—Por favor, señor… solo por esta vez. Le prometemos que nos portaremos muy bien, estaremos unidos y no habrá peleas, se lo aseguramos.
El hombre dudó un instante, luego llamó con un gesto a uno de los trabajadores que pasaba por allí:
—Ven aquí un momento. Tráeme unas semillas de las especiales, por favor.
El trabajador asintió y fue corriendo a buscarlas; al regresar, le entregó un pequeño puñado de semillas brillantes y se quedó esperando.
—Muy bien, gracias —le dijo el señor—, ahora vete y continúa con tu trabajo.
Cuando se quedaron solos, se acercó despacio a Elara, le dio una sola semilla pequeña que brillaba con luz propia y le dijo con voz sabia:
—Ten, Elara. Guárdala bien… uno nunca sabe qué cosa tan hermosa va a florecer de ella, con paciencia y cuidado.
Miró a todos los jóvenes y agregó suavemente:
—Bueno, creo que es mejor que se vayan ya, antes de que caiga la tarde.
—Está bien, señor —respondieron todos con respeto—. ¡Nos vemos, cuídese mucho!
—Vamos equipo —dijo Pablo dándoles ánimo—, ahora sí, a entrenar y aprender.
Elara guardó la semilla con mucho cuidado en su bolsillo, decidida a plantarla apenas llegara a su casa y ver qué maravilla crecía de ella. Mientras caminaban, cambiaron de rumbo y se dirigieron hacia la gran biblioteca: querían leer los libros antiguos, conocer la historia de su mundo y aprender todo lo necesario para enseñarle a Elara a reconocer, sentir y controlar la magia que llevaba dentro, aunque todavía no supiera bien cómo hacerlo.