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Destinada al Alfa que Rechazó el Vínculo

Destinada al Alfa que Rechazó el Vínculo

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Hombre lobo / Reencarnación / Completas
Popularitas:142
Nilai: 5
nombre de autor: Rosana Lyra

Él la rechazó. Ella decidió hacerlo caer de rodillas.

Cillian Voss es el Alfa de Luna Roja: multimillonario, controlador y roto por dentro. Hace más de dos décadas enterró a la mujer que amaba y, con ella, cualquier intento de volver a sentir. Su manada lo respeta. Sus enemigos lo temen. Pero nadie conoce al hombre herido que se esconde tras esa mirada helada.

Aurora Hale, futura Alfa de Estrella de la Mañana, nunca fue de las que bajan la cabeza. Inteligente, provocadora y peligrosamente decidida, creció aprendiendo a moverse entre el poder, el orgullo y la manipulación.

Durante la celebración de la Luna Azul, un vínculo imposible despierta entre los dos.

¿El problema? Cillian se niega a aceptarlo.

Para él, el destino es una maldición cruel. Para Aurora, el rechazo es apenas el comienzo del juego.

Mientras el deseo crece de forma obsesiva y sus lobos se resisten a la separación, ella toma una decisión: no será la mujer que le ruega al Alfa de Luna Roja. Hará algo mucho más peligroso.

Lo hará perder el control.

Porque hay lazos que no se pueden romper. Y hay Alfas que terminan de rodillas antes siquiera de darse cuenta de que están enamorados.

NovelToon tiene autorización de Rosana Lyra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

No debí permitirlo. Fue solo un beso. Rápido, apenas un roce, cosa de un segundo. Pero en mi piel, en mi boca, en mi cabeza… pareció mucho más que eso.

Pareció lengua. Pareció calor. Pareció uno de esos besos que empiezan inocentes pero terminan con una hembra jadeante, con las piernas temblando y el cuerpo entero pidiendo más.

Su sabor seguía en mi boca mientras cruzaba el claro de regreso, tratando de fingir que no había pasado nada. Dulce, cálido, terco. Miel y canela. Y una provocación silenciosa, irritante:

Te gustó.

Porque me gustó.

Por un segundo, un miserable segundo, quise corresponder. Tomarla de la nuca, atraerla hacia mí de verdad, abrirle esa boca atrevida con la mía y enseñarle lo que era un beso, a mi manera.

De los que hacen que una Luna olvide su propio nombre, que dejan flojas las piernas y húmedo, listo, hambriento lo que hay entre ellas. De los que harían que su olor se volviera todavía más fuerte, más espeso en el aire, intoxicándolo todo.

Quise. Y justo por eso no podía. Porque sabía dónde terminaba aquello. Terminaba en mi cama.

Terminaba con ella desnuda debajo de mí, con las uñas clavadas en mi espalda, con el cuello expuesto, ofreciéndome la piel para que la marcara. Y no iba a engañarme: si llevaba a Aurora a la cama, mordería. La marcaría. La ataría. La haría mi Luna, con o sin la bendición de la Diosa.

Después de eso no habría vuelta atrás.

—Entonces deja de huir y hazlo.

Hades estaba inquieto, dando vueltas dentro de mí como un animal enjaulado.

—Cierra el hocico. —Apreté los dientes, avanzando entre la gente sin ver bien a nadie—. Ya te dije que me dejes en paz.

Gruñó fuerte dentro de mi cabeza, un sonido que sentí más de lo que oí, vibrándome en el pecho.

—Es nuestra. Lo sentiste. Lo sabes. Finges que no la quieres porque tienes miedo. Miedo de perder otra vez. Miedo de sufrir. Cobarde.

—Sigue hablando así y te meto en una tumba junto con los recuerdos que enterré. —El tono salió bajo, pero cargado—. No voy a pasar por eso otra vez.

Hades volvió a gruñir, pero se fue quedando más lejos, como si se apartara, irritado. El vínculo seguía vibrando, tenso, como una cuerda estirada de más entre Aurora y yo. Mientras más intentaba alejarme, más consciente era de dónde estaba ella. En qué punto del claro. En qué dirección.

Y eso solo lo empeoraba todo. Tenía que irme de ahí.

Avancé hasta encontrar a Logan junto a una de las mesas laterales, conversando con dos miembros de Luna Roja. Me vio acercarme y, por cómo se enderezó, supe que había leído mi humor desde lejos.

—Alfa. —Despidió a los otros con una mirada y se volvió hacia mí—. ¿Algún problema?

—Nos vamos —fui directo—. Ahora.

Sus ojos se entrecerraron un poco.

—¿Ahora? Falta poco para que la Luna Azul se encienda por completo. —Miró al cielo, donde el brillo ya era más intenso—. Si te vas antes, no recibes la bendición de la Diosa.

Me reí. Un sonido corto, seco, sin una pizca de humor.

—Que se joda la Diosa.

Logan parpadeó, sorprendido.

—Cillian…

—Es una casamentera entrometida —seguí, sintiendo cómo la irritación subía como fiebre—. Una vieja milenaria que cree que puede meter el hocico en la vida amorosa de todo el mundo y decidir quién ama a quién, cuándo y cómo. No sabe lo que hace. Solo lo arruina todo.

Algunos lobos cercanos voltearon hacia nosotros, fingiendo que no escuchaban. Logan se aclaró la garganta, incómodo, y se acercó un poco más, como para recordarme que fuera discreto.

—No deberías decir blasfemias así, y menos aquí. —Su voz era baja, pero firme—. Y mucho menos después de lo que pasó hoy.

Mi mirada se afiló.

—¿Qué crees que pasó hoy?

Me sostuvo la vista un momento, como si midiera las palabras con cuidado.

—La Diosa te unió a una Luna otra vez —dijo por fin—. Te dio una segunda oportunidad que muchos lobos suplican y nunca reciben.

Me crucé de brazos con fuerza, desviando la vista a cualquier lugar que no fuera su cara.

—No sé de qué hablas.

Hades resopló dentro de mí.

—Hipócrita mentiroso.

—Cierra el maldito hocico —le respondí sin mover los labios.

Logan frunció el ceño.

—¿No lo sabes? —soltó una risa corta, incrédula—. Porque voy a recordártelo, por si la memoria te falló en los últimos minutos.

Guardé silencio. Sujetó el vaso con más firmeza antes de continuar:

—Yo lo sentí —afirmó—. Y no solo yo. La manada entera lo sintió. El vínculo de un Alfa con su Luna no es discreto, Cillian. Es una descarga en el aire. Un tirón para todos nosotros. Hasta los que están en el bosque, lejos de aquí, seguramente sintieron algo.

Se me tensó la mandíbula. Lo sabía. Lo había sentido en la piel, en la carne, en el hueso.

—Y te vi entrar al bosque de la mano de la futura Alfa de Estrella de la Mañana —terminó, sin rodeos—. Pensé que solo estaban aclarando las cosas lejos de los ojos de los demás.

La sangre me hirvió.

—No fue eso lo que pasó —dije, seco.

—¿No? —Arqueó una ceja—. Porque el olor de ustedes dos volvió… distinto.

Hades se rio de una forma que sonó más a un gruñido divertido.

—Sabe que dejaste que te besara.

Lo ignoré. O lo intenté.

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