Ella estaba muy enferma y paso su vida en hospitales, Pero reencarna como una hermosa mujer de cabello celeste, que solo quiere ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Aria Vizconti 2
Las imágenes continuaron..
Aria estaba sentada en un sofá de terciopelo, con una taza de té entre las manos.
Frente a ella, una mujer mayor hablaba con entusiasmo mientras le mostraba una lista de nombres.
—Ya has cumplido diecinueve años, querida. Es momento de pensar seriamente en tu matrimonio.
Aria parpadeó.
Después dejó la taza sobre la mesa.
—¿Mi matrimonio?
—Por supuesto. Eres una joven hermosa, perteneces a una familia respetable y tu hermano es uno de los condes más influyentes del reino. No faltarán pretendientes.
Aria miró la lista.
Su expresión cambió.
No parecía sorprendida.
Tampoco avergonzada.
Más bien parecía alguien a quien acababan de entregar el catálogo de una tienda.
—Veamos...
Pasó un dedo por la primera línea.
—Este tiene una buena apariencia, pero dicen que es aburrido.
Deslizó el dedo hacia el siguiente.
—Este es bastante popular, aunque su familia no tiene demasiada influencia.
Se detuvo en otro nombre.
—Este tiene una posición social excelente, pero es demasiado mayor.
La mujer mayor la observó con cierta inquietud.
—Aria, debes recordar que el matrimonio no es un juego.
—Lo sé, por supuesto.
Aria continuó examinando la lista.
—También debemos considerar su cabello, la forma de sus ojos, su estatura y su vestimenta. No podría casarme con alguien que no supiera elegir una buena chaqueta.
La mujer se quedó boquiabierta.
—¡Aria!
—¿Qué? ¡Es importante!
La escena pareció detenerse.
La joven de la oscuridad sintió que algo dentro de ella se rompía.
No de emoción.
De indignación.
[¡¿Qué acabo de escuchar?!].
Aria levantó la lista y continuó hablando con una tranquilidad desconcertante.
—Además, quiero que sea popular. No me gustaría asistir a una fiesta con mi esposo y descubrir que nadie sabe quién es.
La mujer mayor se llevó una mano a la frente.
—¡No puedes elegir a tu futuro marido como si estuvieras comprando un vestido!
Aria frunció los labios.
—¿Por qué no?
Silencio.
—Un vestido debe ser bonito, de buena calidad y adecuado para mi posición. Un esposo también debería cumplir con esos requisitos.
La mujer parecía a punto de desmayarse.
Aria, entretanto, volvió a mirar la lista.
—Por supuesto, el carácter también importa.
La mujer soltó un suspiro de alivio.
—¡Ah! Me alegra que comprendas...
—No podría tolerar que mi esposo fuera desagradable mientras me mira durante la cena.
La mujer cerró los ojos.
La joven de la oscuridad también quiso cerrarlos, aunque no sabía si podía.
[¡Aria Vizconti, por favor, ten un poco de sentido común!].
Pero la dama no había terminado.
—Y, naturalmente, debe tener suficiente dinero para mantener una residencia hermosa. Quiero un jardín con rosas, una biblioteca, un salón de música y una habitación exclusiva para mis vestidos.
Se detuvo, pensativa.
—Quizá dos habitaciones.
[¡¿DOS?!].
—Una para los vestidos de temporada y otra para los vestidos de gala. No quiero que se arruguen por falta de espacio.
La mujer mayor dejó caer la lista.
Aria la recogió y sonrió.
—No se preocupe. Estoy segura de que encontraremos al hombre adecuado.
La imagen se desvaneció.
Y la joven que había muerto después de pasar veinte años soñando con una segunda oportunidad sintió, por primera vez desde que había llegado a aquella oscuridad, unas ganas inmensas de gritar.
[¡¿ESTA MUJER VA A ELEGIR ESPOSO COMO SI ESTUVIERA COMPRANDO ZAPATOS?!].
No era que estuviera en contra de buscar una pareja atractiva.
¡En absoluto!
Después de todo, ¿quién no quería que su futuro esposo fuera guapo?
Pero había una diferencia entre desear un hombre atractivo y evaluar a los candidatos como si fueran prendas de una tienda.
[¡El matrimonio es para toda la vida! ¡No puedes devolverlo porque el color de sus ojos no combine con tu vestido!].
La joven se quedó pensando.
Aunque, técnicamente, en aquel mundo quizá existieran leyes matrimoniales que permitieran anular un compromiso.
[¡No! ¡Ese no es el punto!].
Se reprendió a sí misma.
Aria era hermosa, rica, consentida y estaba acostumbrada a conseguir todo lo que quería.
Probablemente jamás había tenido que enfrentarse a una dificultad verdaderamente seria.
Y ahora que debía pensar en su futuro, parecía más preocupada por el aspecto de su esposo que por la posibilidad de compartir su vida con otra persona.
Aquello la molestó.
No porque considerara que Aria debía renunciar a sus gustos o aceptar un matrimonio infeliz.
Al contrario.
Quería que tuviera una vida feliz.
Pero deseaba que comprendiera que las personas no eran objetos que podían elegirse por su apariencia, su popularidad o su posición social.
[Espero que alguien le enseñe a mirar más allá de las apariencias].
Que tierno