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LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En un rincón olvidado del Caribe, donde el salitre marca la piel y las olas susurran secretos prohibidos, nace una historia de orgullo, sangre y una pasión indomable. Clara de la Riva es la personificación de la pureza: de piel tan blanca como la espuma del mar y poseedora de un apellido que evoca nobleza. Sin embargo, tras los muros de su decadente mansión, el hambre y la ruina acechan. Su madre, una Condesa que se aferra con uñas y dientes a un título que ya no puede pagar, ve en la belleza de su hija la única salida para recuperar la gloria perdida.
Pero el destino tiene otros planes y llega al puerto bajo el nombre de Luis "Satán". Él es un hombre que no conoce leyes, un marinero de estatura imponente, músculos forjados por la tormenta y manos grandes capaces de dominar el océano. Luis ha crecido sin nombre y sin pasado, cargando con el estigma de ser un "hijo de nadie", mientras se convierte en el dueño absoluto de las rutas comerciales y del respeto —o el terror— de quienes lo ro

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Capítulo 23: La Audiencia del Siglo y el Canto del Barco Hundido

La mañana del quinto día amaneció clara, sin una nube en el cielo, con el mar liso como una lámina de plata y el puerto limpio de neblina, como si la naturaleza, por una vez, hubiera decidido ponerse de parte de la verdad. La Capitanía del Puerto estaba desbordada: las paredes se habían llenado de gente, los patios se habían llenado de soldados, y hasta la calle de afuera, que era la calle principal, se había llenado de curiosos que se habían pasado la noche esperando para ver, con sus propios ojos, cómo se hacía la historia. El juez Castellanos, vestido con la toga negra y el birrete de la Real Audiencia, entró en el salón de actos a las diez en punto, acompañado de su secretario y de sus dos escribientes, y se sentó en la mesa principal, con la espalda recta, las manos cruzadas, y los ojos clavados en la puerta, como si supiera, con la intuición que tienen los jueces viejos, que lo que iba a pasar en aquella sala iba a cambiar para siempre la historia del puerto.

El primer testigo fue la Condesa. Entró sola, sin Luis, sin Clara, sin acompañamiento, y se sentó frente al juez con la dignidad de una mujer que ha llorado todo lo que tenía que llorar, y que ya no tiene nada que perder. Le contó, palabra por palabra, lo que había pasado la noche del 14 de junio de 1801: la pelea con Rodrigo, la discusión por el testamento, la amenaza de Adrián, la salida de Rodrigo al mar, y la confesión de Adrián, veinticinco años después, en el escritorio, con la puerta cerrada. El juez la escuchó sin interrumpirla, y cuando la Condesa terminó, le dijo, con la voz grave de un hombre que sabe que está oyendo la verdad:

—Señora, lo que usted me ha dicho es muy grave. ¿Tiene usted pruebas que respalden su declaración?

—Las tengo, su señoría —respondió la Condesa, y le entregó, en un fajo, los testimonios firmados por los pescadores, la declaración de Melchora, el documento firmado por Rodrigo, y el mapa del barco hundido—. Y le digo más, su señoría: tengo un barco hundido en el fondo de la bahía, con un boquete en el casco que ningún temporal puede explicar, y tengo los nombres de los dos hombres que estaban con mi cuñado aquella noche, y que están dispuestos a declarar, si su señoría les garantiza la vida.

El juez asintió, mandó a sus hombres a buscar a los pescadores, a Melchora, y a los dos cómplices, y durante la mañana entera, uno por uno, fueron desfilando por la sala, y todos, sin excepción, contaron lo mismo: que Adrián había seguido a Rodrigo en un bote sin luces, que le había asestado un golpe mortal, que el bote se había hundido, y que después, durante veinticinco años, les había hecho jurar, con la amenaza de muerte, que no iban a hablar nunca.

A la una de la tarde, cuando ya habían declarado los últimos testigos, el juez hizo un receso, y mandó a sus hombres, acompañados de buzos del puerto, a la ubicación marcada en el mapa de Melchora, en el bajo de los ahogados, para ver si el bote estaba, efectivamente, en el fondo. Los buzos bajaron al agua, y a las dos horas estaban de vuelta, con la noticia: habían encontrado el bote, y el casco tenía, efectivamente, un boquete de un metro de ancho, en la zona de la popa, que ningún temporal del mundo podía haber abierto, porque la madera de los alrededores estaba intacta. Además, en el interior del bote, habían encontrado un remo con el monograma de Rodrigo Villalobos, un zapato de hombre, y un reloj de bolsillo con la inscripción "R.V. 1798".

El juez mandó a poner las pruebas en una mesa, a la vista de todo el pueblo, y cuando el sol de la tarde empezó a entrar por las ventanas del salón, llamó a Luis a declarar. Luis entró con la casaca limpia, el anillo de los Villalobos en la mano derecha, y la libreta en la mano izquierda, y se sentó frente al juez con la calma de un hombre que ha dejado de tener miedo. Le contó quién era, le contó que era hijo de Rodrigo, le contó que lo habían secuestrado al nacer, le contó que había vuelto al puerto para encontrar a su padre, y le contó, también, que durante años había cargado con la fama de demonio que le habían puesto los que no lo conocían, y que había decidido, al volver, que la única manera de limpiar su nombre era limpiar, primero, el nombre de su padre.

El juez lo escuchó con atención, y cuando Luis terminó, le preguntó, con la voz seria de un hombre que sabe que la pregunta que va a hacer no tiene respuesta fácil:

—Señor Villalobos, ¿usted quiere heredar la casa y el nombre de su padre, o quiere que se haga justicia, aunque la justicia le cueste la herencia?

Luis lo miró, lo midió, y le respondió, con la voz entera de un Villalobos que por fin sabe quién es:

—Su señoría, yo no he venido a este puerto a heredar nada. He venido a hacer justicia. Y le digo más: si la justicia me dice que la casa tiene que ser de mi hermana Clara, la casa será de mi hermana Clara. Y si la justicia me dice que la casa tiene que ser de mi madre, la Condesa, la casa será de mi madre. Porque una herencia manchada de sangre, su señoría, no es una herencia, es una condena. Y yo, en mi vida, he tenido ya suficientes condenas.

El juez asintió, y después de un silencio largo, miró a la Condesa, miró a Clara, miró a Luis, y dijo, con la voz de un hombre que sabe que la historia lo está mirando:

—Queda abierto el expediente. La Capitanía General dictará sentencia en un plazo de quince días. Pero antes de que se vayan, quiero que quede constancia, en este salón de actos, de lo que esta mañana ha pasado aquí. Porque lo que ha pasado aquí, señores, no es un juicio. Es un acto de verdad, y la verdad, en este puerto, ha estado enterrada veinticinco años. Que sirva este momento para que nunca más, en este pueblo, se entierre la verdad debajo del miedo.

Esa tarde, cuando el sol se puso por la bocana, Luis y Clara salieron de la Capitanía del brazo, y la gente del puerto, que había estado esperando afuera durante horas, los recibió con un aplauso largo, un aplauso que no era de alegría, sino de alivio, el alivio de los pueblos que por fin pueden dejar de fingir que no han visto lo que han visto. La Condesa, detrás, escoltada por los soldados del gobernador, los siguió, y cuando llegó a la casa, se quitó las perlas, se quitó el vestido de los domingos, y se sentó en el sofá del salón, con las manos en el regazo, y le dijo a Clara, con la voz cansada de una mujer que por fin puede descansar:

—Hija, tráeme una taza de té. Y después, si puedes, tráeme también a tu hermano. Porque le quiero decir una cosa, y se la quiero decir a los dos, y no quiero que tardemos más en decirla.

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Nerika Moreno
Mientras más leo más me confundo 😠
Nerika Moreno
Esa Condesa está loca como rompe esa carta sin leerla, seguro ahí contaba secretos 😞
Nerika Moreno
Ya me perdí¿Quien es hermano de quién? que arroz con mango es ese🤪
Nerika Moreno
Que hermoso 😍 me muero de amor 🥰 quien no quiere un marinero grandote y q te cuide 🤪☺️
Zonia Guzman
El Adrián no creo que sea hijo de el ni la chica
Zonia Guzman
Esta como aburrida
Zonia Guzman
Que enredada pero que no sean hermanos porque entonces???
Liliana García
Tiene que haber gato encerrado, uds no pueden ser hermanos
Liliana García
Entonces son medios hermanos 😪😪😪
Enith García
Y te gustó, que rico!!!!
Enith García
Ese macho te puso a temblar la de abajo🤭
Enith García
Me encanta, buen inicio de obra
Vicenta Peñalver
así es no xq uno venga de abajo los demás valen más w uno todo lo bueno bien del corazón
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