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Mi Esposo de Mentira era el Dueño de Todo

Mi Esposo de Mentira era el Dueño de Todo

Status: En proceso
Genre:Amor tras matrimonio / Casada con el millonario / Pretendiendo ser otra persona / Tú no me amas / Amante arrepentido
Popularitas:98.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Lola Quintana llegó vestida de novia al salón donde todos esperaban verla casarse con Bruno Gatti.

Pero el novio no apareció.

Estaba en Rosario, cuidando a Martina, su primer amor.

Humillada delante de dos familias, traicionada por el hombre al que cuidó durante años y acorralada por una familia que solo quería usarla, Lola tomó una decisión impulsiva: llamó a Thiago Sáenz, un pibe lindo, pobre y descarado al que apenas conocía, y le pidió que fuera su novio por una noche.

El trato era simple.

Él la ayudaba a salvar la cara.

Ella le pagaba.

Después, cada uno seguía con su vida.

Pero Thiago no era tan pobre como parecía.

Y ese casamiento improvisado, que Lola creyó una salida desesperada, terminó metiéndola en una guerra de familias, secretos, herencias robadas y un marido demasiado peligroso para ser solo un capricho.

Lola no buscaba amor.

Thiago tampoco pensaba dejarla ir.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Capítulo 22

Dos horas después, Thiago caminaba con las manos en los bolsillos detrás de Lola.

Ella avanzaba en zigzag por la vereda mojada, roja de mejillas y convencida de su propia estabilidad.

Thiago ya había entendido que jamás debía creerle cuando decía "un poquito".

—¿Seguro que podés caminar?

—Obvio —dijo ella, golpeándose el pecho—. Lola la justiciera cumple su palabra. Si dijo que no la carguen, no la cargan.

El universo la desmintió en el acto.

Tropezó con su propio pie y se fue de cabeza.

Thiago la agarró de la cintura y la levantó antes de que tocara el suelo.

—Uy. Qué peligroso.

Lola giró en sus brazos y le sonrió como si no hubiera pasado nada.

—Gracias, pibe.

—¿No caminabas sola?

—Eso fue un accidente. Aprendé a distinguir.

Lo miró con bronca.

Después siguió mirándolo.

La bronca se le fue.

La luz de la calle le dejaba la piel pálida, los ojos oscuros, las pestañas largas. Era demasiado lindo. Molestamente lindo.

El corazón de Lola empezó a hacer pavadas.

—Pibe.

—¿Sí?

—Estamos casados, ¿no?

Thiago se quedó quieto.

—¿Y?

Ella levantó una mano y le tocó la cara, siguiendo con un dedo la línea de su mandíbula.

Thiago se tensó.

Lola sonrió.

—Entonces, dentro del matrimonio, hacer cosas íntimas está permitido.

Él no respondió.

Ella tomó ese silencio como permiso, le rodeó el cuello y se puso en puntas de pie.

Sus labios quedaron a nada.

—¿Seguís pensando en Bruno?

La pregunta cayó como agua fría.

Lola parpadeó.

—¿Por qué hablás de él?

—Hoy tomaste de más. Estabas mal. ¿No era por Martina y Bruno?

Lola bajó los talones.

—No. Estaba mal porque una mujer entró a mi escuela a ensuciarme delante de todos. Porque ahora mis compañeras pueden creer que recibo regalos y golpeo alumnos. Porque la gente escucha una acusación y después, aunque la desmientan, la mancha queda.

Suspiró.

—Tengo que seguir trabajando ahí. Tengo cara, ¿sabés?

Thiago la miró.

—Si el trabajo deja de hacerte bien, podés renunciar. Tus abuelos tienen propiedades.

—No.

La respuesta salió rápida.

—Si renuncio porque me dio fiaca, termino como vos.

Thiago se quedó sin palabras.

Esa mirada de desprecio era demasiado clara.

—Repito —dijo Lola—. No estoy mal por Bruno ni por Martina. No te inventes novelas.

—¿Y todavía lo querés?

—Eso ya fue.

Agitó un brazo con dramatismo de borracha.

—El pasado pisado. Los hombres no son confiables. Desde ahora, nada de amor. Solo disfrutar el momento.

La mirada de Thiago se oscureció.

—¿Nada de amor?

—Nada.

Se acercó otra vez y le agarró la camisa.

—Entonces, pibe, ¿querés disfrutar conmigo?

Thiago bajó la mirada a sus manos.

Después, despacio, se las fue soltando dedo por dedo.

—Cuando firmamos, te dije que no vendía el cuerpo, reina.

Lola no pareció ofendida.

—Bueno. Una lástima.

Se dio vuelta.

Al tercer paso volvió a tambalear.

Thiago la agarró del cuello de la ropa.

Ella cayó blandita contra su pecho.

Dormida.

—Increíble —murmuró él.

A la mañana siguiente, Lola se despertó de golpe.

Estaba en su cama.

Entera.

Vestida para dormir.

Y con un hueco negro donde debería estar la memoria.

Recordaba la parrilla, un poco de vino, una espalda ancha llevándola con pasos firmes.

Nada más.

Se lavó, se vistió para ir a la escuela y abrió la puerta justo cuando Thiago salía de la habitación de enfrente con un vaso.

El aire se quedó quieto.

—Buen día —dijo ella, seca de vergüenza—. Qué temprano.

—Tengo sed.

—Ah. Claro.

Él avanzó hacia la escalera.

Lola no aguantó.

—Pibe, ¿anoche me trajiste vos?

Thiago giró.

—¿Te acordás?

—No.

La mirada de él tenía algo.

Algo peligroso.

—¿Hice algo raro?

—¿Nada de nada recordás?

—Nada. Decime la verdad. Lo soporto.

Thiago la miró un rato.

Después sonrió apenas.

—No hiciste nada. Te dormiste sobre la mesa como un trapo mojado.

Lola soltó el aire.

—Menos mal. Entonces mi alcoholismo social no es tan grave.

Thiago no dijo nada.

Ella bajó a trabajar liviana.

Cuando desapareció, la expresión de Thiago cambió.

Volvió hacia su cuarto.

Antes de entrar, el pasillo se dobló.

Las paredes giraron.

Cayó al piso.

Cuando abrió los ojos, estaba en su cama.

El abuelo de Lola estaba sentado al lado, con cara de preocupación real.

—Thiago, ¿estás despierto? ¿Te sentís mal? ¿Querés que llamemos a un médico?

—No hace falta.

—¿Seguro? Te encontraron tirado en el pasillo, blanco como papel.

El abuelo acomodó la manta sobre sus piernas.

—Te pido disculpas. Yo pensaba que exagerabas lo de estar enfermo. Fui injusto.

Thiago miró la manta.

Él sí había estado exagerando.

Pero también se había desmayado de verdad.

—Gracias, abuelo.

—Quedate tranquilo acá. Esta casa también es tuya. Lo que necesites, pedilo.

Cuando el abuelo salió, Thiago abrió el cajón y sacó el celular.

Tenía una llamada perdida.

Atendió a Iván Soria.

—Aquí su alarma semanal de medicamentos —dijo Iván con voz de robot—. El paciente Thiago Sáenz no habrá olvidado tomar las pastillas, ¿no?

Thiago miró el frasco y se tragó una.

—No sirven.

Del otro lado hubo silencio.

—Dale tiempo a Renzo. Va a encontrar el antídoto.

Thiago bajó la vista.

No estaba enfermo.

Lo habían envenenado a los dieciocho.

Al principio el veneno era suave, casi invisible. Cuando lo detectaron, ya le había invadido órganos y huesos. Los médicos habían sido claros: no viviría muchos años.

Dormía tanto porque su cuerpo se protegía como podía.

Pero los desmayos eran cada vez más frecuentes.

—No le tengo miedo a morir —dijo—. Pero antes voy a mandar al infierno a quienes mataron a mis padres, dejaron a mi hermana en coma y me hicieron esto.

—No vas a morir —respondió Iván—. Renzo y yo no vamos a dejarte.

Thiago sonrió sin fe.

—Mejor vigilá a los Sáenz.

—Mis hombres los siguen. Sabemos bastante.

Al cortar, Thiago abrió el cajón de nuevo.

En una esquina estaba la gomita vieja para el pelo.

La tomó.

Después de aquella parrilla de la infancia, la nena golpeada vio a su padre entre la gente y salió corriendo.

"Papá, estoy acá."

La gomita se le cayó del pelo.

Ella no miró atrás.

Thiago la recogió pensando que se la devolvería la próxima vez.

Esperó diecisiete años.

No recordaba su cara, pero sí ese olor limpio, verde, tibio.

Por eso la reconoció.

Ella, en cambio, lo había olvidado.

Miró la gomita desteñida.

Un hombre al borde de la muerte no tenía derecho a ensuciar la luz que encontraba.

La tiró al tacho.

En la escuela, Lola notó que sus compañeras la trataban con una cortesía fría.

Jazmín entró al despacho y se apoyó en su mesa.

—Ayer falté y me perdí el show. Dicen que una mamá te armó quilombo.

Lola levantó la vista.

—¿Venís a reírte?

—Vengo a decirte que sos una inútil. A mí me discutís todo, pero una madre te hace un escándalo y te dejás.

Lola se frotó los nudillos.

—Terminó con la frente abierta, hospital, comisaría y detención. ¿Querés acompañarla?

Jazmín se quedó callada.

Después hizo una mueca.

—Aburrida.

Volvió a su escritorio.

Lola sonrió.

Pelearse con Jazmín le había limpiado un poco el mal humor. Esa mujer era insoportable, pero al menos no fingía.

Al terminar la última clase, Milo apareció corriendo.

Sacó algo de la mochila, con los ojos brillantes.

—Seño, esto me mandó mi tío.

Lola miró el objeto en su mano.

Una grabadora.

1
Mary Ney
Thiago no puedo contigo 😂😂😂😂😂
Mary Ney
🤣🤣🤣🤣Thiago eres único 🤣🤣🤣😂😂
Cliente anónimo
No se tarden en terminarla para seguirle el hilo y no olvidarse donde quedo y de que se trata
Darquiz Bonilla
y no fue en la pierna q le dispararon
Flor R
hay no pobre mi Tiago 🍷🍷🍷
Flor R
ya ven leo si sabe eso es bueno es un buen muchacho 🙈🙈🙈🙈
Cliente anónimo
Me encanta pero por favor no tarde en escribir antes que uno se olvide del trama
Flor R
o no espero que se salve el anulo se merecen salvarse
Mercedes Pereira
no están cumpliendo con los capítulos hoy es 28 -7-26
Maria del pilar Quinto
ese es el final???? que paso con Thiago y Lola???? y el negocio???
Maria del pilar Quinto
me gusta que las cosas vayan fluyendo sin tanto drama, no que luego están por saber la verdad, e inventan otro drama
Cliente anónimo
No por favor no hagan eso cuando uno esta más metido en el drama
Zaylys Coromoto Peña Rodriguez
se puso muy mala la novela demasiada fantasía que no se sabe si es una fantasía moderna o urbana de época antigua ya no se que pensar ya estamos en el capitulo 60 pura fantasía y nada que demuestre que es un ceo o un duque vampiro lobo o que??????
Andreina Fernandez
creo k a la escritora se le fue la fecha es k el país k ella es no ah pasado el mes 6 todavía
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
😂😂😂😂😂🤭🇨🇴❤️❤️❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Que busquen a Ynua. 😉🤭🇨🇴❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Ay no, que ironía....la "mejor amiga", gatogordo . 😂😂😂😂😂🇨🇴🇨🇴❤️❤️
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Se me chorriaron las babas, de solo imaginar. 😉🤤🤤😋😋😋❤️❤️🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴❤️🇨🇴❤️
Cómo así? Qué sabe Lola, de la verdadera identidad de Thiago ? 🤔🤔🇨🇴🇨🇴❤️
Karen Solange Quintana Monardes
muy bueno te deja intrigado
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