Dos vidas separadas por un océano de mentiras, secretos y clase social están a punto de cruzarse otra vez. Lo que empezó como una noche que ninguno de los dos podía recordar se convertirá en la verdad que ninguno de los dos está preparado para enfrentar.
Una historia de amor, sacrificio y segundas oportunidades, donde un pequeño rosario de oro guarda el poder de reescribir el destino de dos familias.
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El hombre que se quedó
CAPÍTULO 24 — Camila:
El hombre que empezó a quedarse
Los meses que siguieron a esa final trajeron a Hugo a nuestras vidas de una manera que ninguno de los dos había planeado del todo, pero que tampoco ninguno de los dos quiso detener. Empezó apareciendo cerca de mis trabajos, primero con la excusa de "pasar a saludar a Thiago", después sin ninguna excusa en absoluto.
Una noche, saliendo tarde del supermercado después de mi turno, dos hombres alcoholizados me siguieron hasta la parada del colectivo, insistiendo con comentarios que me hicieron apurar el paso con el corazón acelerado. Hugo apareció de la nada, como si hubiera estado esperando cerca sin que yo lo supiera, y se interpuso entre ellos y yo con una autoridad tranquila que los hizo retroceder de inmediato.
—¿Me estabas siguiendo? —le pregunté después, todavía temblando, mientras me acompañaba caminando el resto del trayecto.
—Te estaba cuidando —me respondió, simplemente, sin ninguna vergüenza en admitirlo—. Después de todo lo que ya perdí, Camila, no pienso quedarme de brazos cruzados si hay algo que puedo hacer para protegerte a vos y a Thiago.
Con el tiempo, casi sin que ninguno de los dos lo decidiera conscientemente, Hugo se convirtió en una presencia constante y silenciosa en nuestra rutina. Nunca forzó nada. Nunca exigió el lugar de padre que legítimamente le correspondía, entendiendo, con una madurez que lo honraba, que ese vínculo con Thiago debía construirse despacio, con paciencia, sin atropellar los años que ya habían compartido como simples desconocidos que se admiraban mutuamente.
Mientras tanto, Renata y Bruno formalizaron su relación de una manera que a mí me llenaba de alegría verdadera. Se comprometieron una tarde de primavera, con un anillo sencillo que Renata mostraba con más orgullo que cualquier joya que su padre le hubiera regalado jamás, y empezaron a planear una boda para el año siguiente.
—Deberíamos hacer algo para que ellos dos se terminen de unir —le escuché decir a Bruno una tarde, hablando con Renata sobre nosotros como si fuéramos un proyecto pendiente—. Se nota que se mueren el uno por el otro, pero los dos son demasiado tercos para dar el primer paso. Tenemos que hacer que se vean mas seguidos, que salgan solos y nosotros ver a Thiago. Necesito ver que mi amigo vuelva a vivir. y por ende Camila necesita confiar en alguien y dejar de trabajar tanto. ella es una excelente mujer y madre. Renata debemos hacer algo! le dijo
Yo, por mi parte, seguía sintiendo ese vértigo extraño cada vez que Hugo se acercaba demasiado, esa mezcla de deseo y miedo que llevaba años sin poder resolver del todo. Sabía la verdad completa ahora: que él era el hombre de aquella noche, que Thiago era su hijo, que el destino nos había cruzado de la manera más dolorosa y hermosa posible. Pero mis complejos, mis miedos antiguos, seguían ahí, agazapados, recordándome cada tanto que la última vez que había bajado la guardia por completo, mi vida había cambiado para siempre de maneras que todavía estaba pagando.