¿Qué pasa cuando tu peor enemigo se convierte en el dueño de tus gemidos?
Seis años de rivalidad académica. Dos promedios perfectos compitiendo por el primer lugar de la facultad de ingeniería.
Todo el mundo sabe que Seo-jun (Grupo A) y Min-jae (Grupo B) se odian o eso es lo que creen
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Variables Ocultas
La mañana del lunes en la facultad de ingeniería amaneció con un cielo extrañamente despejado, pero para Min-jae, la verdadera claridad estaba en su pecho. Por primera vez en meses, no sintió esa opresión asfixiante al caminar por el pasillo principal. El foro de la escuela había regresado a la normalidad, los rumores sobre la fotografía se habían disipado como humo gracias al rápido control de daños, y la oficina de control escolar ya había registrado la baja voluntaria de Jang Hyun-woo. El peligro inmediato había sido neutralizado, pero una nueva variable entraba en el sistema: ahora tenían cómplices.
Al entrar al aula de diseño mecatrónico, Ji-hoon ya estaba sentado en la mesa del fondo, revisando unas líneas de código en su computadora portátil. En cuanto vio entrar a Min-jae, una sonrisa cómplice y divertida se dibujó en su rostro.
—Miren quién decidió aparecer —dijo Ji-hoon en voz baja cuando Jae se sentó a su lado—. El novio del año. ¿Cómo amaneciste, sabelotodo? ¿El sistema operativo sigue estable o hubo alguna interferencia nocturna?
Min-jae sintió un ligero calor subir por sus mejillas, pero le dio un golpe amistoso en el brazo—. Cállate, Ji-hoon. Te agradezco lo del viernes, de verdad, pero no empieces a fastidiar desde temprano. Soo-ah no sabe nada y quiero que se quede así.
—Tranquilo, mi boca es una tumba —aseguró Ji-hoon, levantando las manos en señal de paz—. Pero tienes que admitir que ver a Seo-jun el viernes en modo alfa protector fue todo un espectáculo. Ese tipo realmente se vuelve loco por ti.
Antes de que Min-jae pudiera replicar, la puerta del salón se abrió y el profesor Andrés entró al aula con una pila de carpetas universales bajo el brazo. Detrás de él, para sorpresa de todo el Grupo B, venían los estudiantes del Grupo A, liderados por un imponente Seo-jun que vestía una chamarra de cuero negra y mantenía su habitual expresión de seriedad absoluta.
—Buenos días, jóvenes —anunció el profesor, golpeando el escritorio para llamar la atención—. Como saben, estamos en la recta final del semestre. El proyecto de la tarjeta de control universal para las líneas de producción industrial requiere una integración total. Por disposición de la dirección de carrera, a partir de hoy y hasta los exámenes finales, el Grupo A y el Grupo B trabajarán juntos en un megaproyecto inter-grupal. Uniremos sus códigos de simulación con las plantas mecánicas pesadas.
Un murmullo generalizado de quejas y sorpresas recorrió el salón. Para el resto de los alumnos, esto significaba tener que convivir con sus rivales directos. Para Jae y Jun, significaba trabajar juntos en público, a la vista de todos, ocultando el hecho de que apenas cuarenta y ocho horas antes habían desarmado sus cuerpos el uno contra el otro en el lavabo de un baño.
—Voy a asignar las parejas de liderazgo para coordinar los avances —continuó el profesor Andrés, ajustándose los lentes mientras revisaba la lista—. El señor Seo-jun del Grupo A se encargará de la arquitectura de red, y trabajará directamente en la mesa de control con el señor Min-jae del Grupo B. Sus promedios son los más altos, así que espero un sistema perfecto. Muévanse de lugar, por favor.
Seo-jun caminó por el pasillo central de las mesas de trabajo con esa postura segura que tanto lo caracterizaba. Se detuvo frente a la mesa de Jae y dejó caer su mochila pesada sobre la silla vacía a su lado, la misma que Hyun-woo había ocupado la semana pasada. Sus ojos oscuros se clavaron en los de Min-jae; no había rastro de la ternura de la noche del viernes, solo el brillo competitivo y profesional que usaban como fachada frente al mundo, pero por debajo de la mesa, la bota de cuero de Jun rozó deliberadamente la pantorrilla de Jae, enviando una descarga eléctrica directa a su espina dorsal.
—Espero que estés listo para trabajar al 100%, Min-jae —dijo Jun con voz clara y formal para que el profesor lo escuchara—. No quiero que los errores de sintaxis de tu grupo retrasen mi cronograma de simulación.
—Mi código es impecable, Seo-jun —replicó Jae, sosteniéndole la mirada con una sonrisa desafiante y altanera—. Preocúpate por que tu hardware aguante la corriente de mi algoritmo antes de venir a darme órdenes.
Ji-hoon, sentado justo enfrente, tuvo que morderse el labio inferior para no soltar una carcajada ante el impresionante nivel de actuación de la pareja.
Las siguientes tres horas fueron una tortura de contención absoluta. Estar sentados hombro con hombro, compartiendo la misma pantalla de la computadora y revisando los planos impresos de la planta de lavado industrial los mantenía en una tensión insoportable. Cada vez que Jun estiraba la mano para señalar un vector en el monitor, su antebrazo rozaba el de Jae, permitiéndole oler esa colonia de madera y tabaco que tanto lo volvía loco. Cuando el profesor Andrés se alejaba a revisar otras mesas, Jun aprovechaba la cercanía para bajar la voz a un susurro que solo Jae podía escuchar.
—Te quaste la playera de cuello alto hoy, sabelotodo —murmuró Jun, con la vista fija en las líneas de código, pero con un matiz peligrosamente oscuro en la voz—. Puedo ver perfectamente el borde de la marca que te dejé el viernes justo debajo de tu oreja. Te encanta que la gente sospeche, ¿verdad?
Min-jae apretó los dedos sobre el teclado, intentando que su respiración no se alterara—. Cállate y revisa el bucle de control, Jun. Si el profesor nota que me estoy distrayendo por tu culpa, juro que te voy a patear por debajo de la mesa.
—Inténtalo —desafió Jun con una leve sonrisa de lado—. Pero recuerda quién de los dos terminó suplicando en el baño la última vez.
El timbre que anunciaba el final de la sesión de laboratorio sonó como un campanazo de salvación. Los estudiantes comenzaron a guardar sus cosas apresuradamente, quejándose del exceso de trabajo mecatrónico. Ji-hoon y Soo-ah se despidieron rápidamente, dejando a Jae en la mesa asegurando las carpetas de los reportes.
Tae-hyun pasó junto a ellos, dándole un golpe en el hombro a Jun—. Te veo en el estacionamiento, hermano. No te tardes humillando al Grupo B.
En cuanto el laboratorio quedó completamente desierto y el sonido de los pasos en el pasillo exterior se desvaneció, la fachada profesional de ambos se desmoronó por completo. Seo-jun estiró la mano con rapidez, sujetando a Min-jae de la nuca para jalarlo hacia él y estampar sus labios en un beso hambriento, rudo y cargado de la frustración de haber tenido que contenerse durante horas frente a toda la facultad.
—Maldita sea, Jae... tenerte al lado todo el día y no poder tocarte me estaba volviendo loco —jadeó Jun contra sus labios, mordiendo con fuerza su labio inferior antes de volver a profundizar el beso con una intensidad salvaje.
Min-jae enredó sus manos en la chamarra de cuero de Jun, respondiendo con la misma desesperación carnal, dejando que su cuerpo se pegara por completo contra el pecho firme de su novio. El peligro de que el profesor Andrés regresara por sus carpetas elevaba la adrenalina a un nivel adictivo.
—Tú... tú fuiste el que empezó con las provocaciones por debajo de la mesa —reclamó Jae con el aliento entrecortado, con los ojos oscuros brillando llenos de deseo—. Tuvimos suerte de que Ji-hoon estuviera enfrente y nos cubriera.
—Ji-hoon ya lo sabe, y el resto del mundo no me importa —sentenció Jun, bajando sus manos hacia la cintura de Jae para pegarlo más a su pelvis, donde ya se marcaba una clara erección a través de los jeans—. Pero tenemos que ser inteligentes. Este megaproyecto va a durar semanas, lo que significa que pasaremos mucho tiempo juntos en público. Más vale que aprendas a controlar esa carita que pones cuando te hablo al oído, sabelotodo, porque si no, voy a terminar arrastrándote al cubículo de herramientas a mitad de la clase del profesor Andrés.
—Me gustaría verte intentarlo, novio —desafió Min-jae con una sonrisa altanera, acomodándose el cuello de la playera mientras se separaba sutilmente, escuchando unos pasos acercarse al pasillo.
La variable del secreto seguía activa, el entorno universitario era cada vez más complejo, pero al mirar la sonrisa posesiva de Seo-jun, Min-jae supo que la verdadera prueba para su sistema apenas estaba comenzando.