Morir aplastada por su mayor creación (un todoterreno de última generación) fue el final lógico para una vida dedicada a la ingeniería automotriz. Despertar en el cuerpo de la protagonista de una novela absurda y mal escrita fue, sin duda, un error de cálculo del destino.
En un mundo donde la magia de metal es una rareza codiciada, su secreto ha sido expuesto. Se ve obligada a un matrimonio político con el Emperador del Este, un hombre cuya reputación de mujeriego es tan vasta como su poder.
A ella no le interesa el romance tóxico que definió a la antigua dueña de este cuerpo. No busca el afecto de un hombre que confunde el deseo con el poder.
Ha firmado un contrato matrimonial, no un pacto de sumisión. Está decidida a sobrevivir en este mundo de fantasía con la misma precisión con la que construía motores: manteniendo su independencia, sus planos y sus reglas intactas. Que el Emperador lo sepa: puede tener su firma en el contrato, pero jamás tendrá su voluntad.
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Capitulo 15: Optimización biológica
Draken se quedó helado, con la palabra atrapada en la garganta. Antes de que el soberano del Imperio del Este pudiera articular una sola réplica o exigir un mínimo de cordura, Xena actuó con la precisión fría e irrevocable de una máquina bien engrasada. Toda su existencia, desde el preciso instante en que tomó el control de un nuevo cuerpo, se basó en un plan rigurosamente estructurado. Para ella, los planes no son meras sugerencias; son leyes absolutas a las que se apega con una disciplina ciega, prohibiéndose estrictamente cualquier desviación que ponga en riesgo su supervivencia o su futura libertad financiera. Y en este plano cartesiano de su mente, la intimidad con el emperador es la siguiente tarea urgente de la lista.
Sin una pizca de vacilación, Xena llevó las manos a las finas tiras de su pijama verde oscuro. Con un movimiento fluido, desató los nudos y dejó que la traslúcida tela de seda, con sus intrincados bordados dorados, resbale por sus hombros y sus caderas, amontonándose en el suelo en un silencioso suspiro de tela.
La ingeniera reveló su desnudez absoluta bajo la luz dorada de la mañana. Sus curvas voluptuosas, la simetría perfecta de su anatomía y la palidez de su piel contrastan de forma magnífica con la opulencia oscura de la suite imperial. Para ella, desvestirse es el equivalente a retirar la cubierta protectora de un artefacto antes de iniciar una prueba de laboratorio: un paso puramente metodológico.
Para Draken, sin embargo, fue un impacto nuclear. El soberano, el hombre que gobierna a millones con mano de hierro y que jamás se había visto intimidado en una alcoba, retrocedió un paso, sintiendo que un súbito y vergonzoso nerviosismo se apodera de su sistema. Sus ojos escanearon el cuerpo de la albina antes de fijarse en su rostro imperturbable. Al verse acorralado por una audacia sin precedentes, el instinto del emperador fue, por primera vez en su vida, el de intentar huir de una mujer.
__¡Espera! Detente ahí__. Exclamó Draken, extendiendo una mano en un ademán defensivo mientras su espalda casi toca las columnas talladas de la cama.
__Las cosas no funcionan de esta manera, Xena. No puedes simplemente desnudarte, mirarme y dictaminar: «vamos a tener intimidad ahora mismo». ¡No funciona así! El cuerpo humano requiere un contexto, el ambiente hay que prepararlo con un mínimo de decoro. No todo se reduce a venir, intimar y dar por terminada la transacción. ¡Existe un maldito protocolo para el cortejo físico!__.
Xena curvó los labios. No fue una sonrisa de alegría, ni una muestra de calidez; fue una mueca cargada de una ironía y un sarcasmo tan afilado que cortó el aire de la habitación.
__¿Cortejo, Majestad? Por favor, ahórreme el gasto superfluo de tiempo__. Replicó ella, dando un paso firme hacia él, obligándolo a fijar la mirada.
__Usted y yo no estamos unidos por un idilio romántico, ni nos casamos por amor. Estamos unidos por un contrato de supervivencia pura. Y si quiere sobrevivir al mago supremo para seguir gobernando este territorio, entonces tiene que cumplir con sus obligaciones y complacer a su esposa en la cama, del mismo modo en que yo complaceré a mi esposo__.
Xena se detuvo a escasos centímetros de su pecho, obligándolo a sentir el calor que emana de su piel expuesta.
__Usted no me agrada, y yo claramente no soy santo de su devoción. Eso es una constante axiomática en nuestra ecuación. Pero esa fricción de personalidades no implica que seamos tan insensatos como para no aprovechar este matrimonio al menos en el ámbito sexual. Anoche quedó demostrado que nuestros cuerpos poseen una compatibilidad del cien por ciento; se entendieron a la perfección sin necesidad de preámbulos líricos. Al menos algo bueno e intrínsecamente placentero tiene que salir de esta crisis, ¿no es verdad?__.
Draken apretó la mandíbula, intentando resistirse a la arrolladora lógica erótica de la mujer. Su orgullo aristocrático dicta que debe imponer su voluntad, que debe ser él quien llevara las riendas del encuentro. Pero Xena es una fuerza de la naturaleza: terca, obstinada e inflexible cuando se trata de mantenerse adherida a los márgenes de su planificación diaria.
Xena no le dio espacio para el debate. Con movimientos audaces, lo acorraló contra la cama, obligándolo a sentarse en el borde del colchón. Se inclinó sobre él y lo besó. Fue un beso que comenzó con una delicadeza inusitada, una exploración pausada donde la lengua de la maga prueba y saborea los labios del monarca, desarmando su resistencia. Draken emitió un gruñido ahogado cuando las manos de Xena comenzaron a despojarlo de sus ropas con una destreza impecable. Los dedos texturizados de la joven descendieron por el relieve de su pecho, delineando cada músculo de su abdomen esculpido, encendiendo un fuego abrasador que redujo a cenizas cualquier rastro de duda.
Cuando el emperador quedó completamente expuesto y su virilidad respondió con una rigidez inmediata al estímulo, Xena volvió a subir. Se colocó a horcajadas sobre sus muslos y, con una determinación que dejó a Draken sin aliento, se empaló directamente en él de un solo movimiento profundo.
El monarca echó la cabeza hacia atrás, aferrándose a las sábanas mientras Xena inicia un ritmo constante, mecánico y deliciosamente sofocante. La vista que se desplega ante los ojos de Draken es un espectáculo que amenaza con volverlo loco de puro placer: Xena, con el cabello blanco flotando a su alrededor y los ojos fijos en él con intensidad analítica, sube y baja con una cadencia perfecta, haciendo que sus grandes y firmes senos reboten bajo la luz de la alcoba. La estimulación visual y física fue excesiva para el autocontrol del soberano.
Perdiendo toda la compostura, Draken rugió, la atrapó por la cintura con sus manos y revirtió la posición con brusquedad. La volteó sobre el colchón, acomodándola a cuatro patas con la cara presionada contra las suaves sábanas de seda. Sin la menor pizca de paciencia, el emperador arremetió en su interior desde atrás, embistiéndola con una vehemencia salvaje. Sus manos se aferraron con fuerza a las caderas de la albina, utilizándolas como un ancla mientras sus cuerpos chocan con violencia y un placer devastador que hizo eco en las paredes de piedra de la suite imperial. Los gemidos sin filtro de Xena y los jadeos profundos del monarca llenaron el aire, ajenos por completo al mundo exterior.
Mientras tanto, en el pasillo real, el asistente personal del emperador avanza con paso marcial, liderando a un pequeño séquito de doncellas que transportan pesadas bandejas de plata con el banquete del desayuno nupcial. Al detenerse frente a las monumentales puertas dobles de la habitación imperial, el asistente levantó la mano para anunciar su presencia.
Sin embargo, el golpe nunca llegó a la madera. A través de las juntas de las pesadas puertas, los sonidos explícitos, los choques rítmicos de los cuerpos y los gemidos obscenos que brotan de la alcoba nupcial se escucharon con una nitidez espantosa en el silencioso pasillo.
El asistente se quedó congelado, con la mano suspendida en el aire y una expresión de absoluto pánico. Las doncellas que venían detrás intercambiaron miradas de soslayo, conteniendo las risitas mientras un intenso rubor comenzó a trepar por sus cuellos.
__Eh...__. El asistente carraspeó, bajando la mano apresuradamente y dando media vuelta con rigidez militar.
__Considero que la agenda de Sus Majestades Imperiales se encuentra temporalmente ocupada en actividades de alta relevancia conyugal. Regresaremos dentro de una hora. Retirada__.
El séquito se marchó a toda prisa, arrastrando el tintineo de las cubiertas de plata pasillo abajo.
Una hora y media más tarde, el encuentro íntimo había concluido. Draken y Xena se encuentran ya adecuadamente vestidos y sentados a la mesa principal de la suite, manteniendo una distancia prudente pero envueltos en una atmósfera extrañamente sincronizada. La magia de ambos vibra con una intensidad renovada, confirmando que los cálculos de la ingeniera han sido correctos.
Las puertas se abrieron lentamente y el asistente, acompañado por las mismas doncellas, ingresó a la habitación para disponer finalmente los alimentos. Sin embargo, el ambiente en la suite se tornó cómicamente tenso en un segundo.
Tanto el emperador como Xena poseen una agudeza sensorial superior debido a su entrenamiento mágico, y no les tomó más de un vistazo darse cuenta de la realidad: habían sido perfectamente oídos. El asistente real mantiene la vista rígidamente fija en el techo, con las mejillas encendidas en un tono carmín que no logra disimular con su postura severa. A su lado, las doncellas colocan los platos con manos ligeramente temblorosas, evitando a toda costa mirar la inmensa cama nupcial (cuyas sábanas revelan un desorden catastrófico) mientras sus rostros lucen completamente colorados. Cada uno de los sirvientes parece recordar con lujo de detalles los sonidos crudos y los clamores apasionados que habían escapado de la habitación imperial poco antes.
Draken desvió la mirada hacia el ventanal, aclarándose la garganta con incomodidad mientras un ligero rastro de incomodidad se asomó en sus facciones. Xena, por el contrario, observó el sonrojo general del servicio con la misma curiosidad con la que evaluaría un cambio térmico en un metal, totalmente indiferente a la vergüenza ajena de la corte.
me encanta
madres asi, en mi barrio hay una asi cuando sus nenas llegan a tener 14 a 15 las lleva a hombres puercos que pagan x ellas y aunque ya fue denunciada tantas veces ante las autoridades y se las wuitan despues de un tiempito vuelven toditas otra vez con ella, los vecinos ya no sabemos que hacer...xq la justicia no hace nada en lo absoluto es mas creo que alguno de ellos las aprovechan para sus deseos propios😢😭😭😭😭
si