Florencia tuvo que sacrificarse por salvar a su hermano menor, vender su cuerpo por dinero, pero su sacrificio fue en vano.
Pero, esa noche tuvo consecuencias, y termina embarazada.
Ella lucha por salir adelante con sus hijos y su madre, sin saber que el hombre de aquella noche no puede olvidarla.
Shane Hillings estaba deprimido por su exnovia, quien le engañò de una forma cruel, estbaa tan mal que se sentía impotente como hombre, sin embargo, una noche con una mujer lo cambia todo, ahora obsesionado, solo quiere encontrarla, pero cuando piensa que ella no existe, decide olvidarla, hasta que un día la encuentra de nuevo ante él, como su empleada y con dos secretos de sangre que no puede ocultar, ¿puede el amor nacer de una noche de pasión?
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Capítulo: La libertad es una ilusión
El lunes no fue un día normal en la empresa Hillings.
Desde el momento en que Florencia cruzó la puerta principal, percibió que algo no encajaba. No era solo una impresión pasajera, era una sensación densa, incómoda, como si el ambiente estuviera cargado de tensiones invisibles. Todo parecía más silencioso de lo habitual, como si incluso el aire se hubiera vuelto pesado.
Lo primero que le llamó la atención fue la ausencia de Ivonne.
Eso, sin duda, era extraño.
Ivonne no solo era puntual, era casi obsesiva con sus horarios. Llegaba antes que todos, organizaba todo con precisión, y rara vez algo escapaba a su control. Que no estuviera en su lugar a esa hora… no era normal.
Florencia frunció el ceño, sintiendo una ligera inquietud.
Sin embargo, eso no fue lo único.
***
Cuando Eugenio llegó, la noticia lo golpeó más fuerte de lo que esperaba.
Ivonne no había llegado.
Su primera reacción fue el desconcierto. La segunda… fue el recuerdo.
Esa noche. Todo lo que había pasado.
Un pensamiento incómodo cruzó su mente.
“¿Renunció?”
Negó levemente, como si quisiera apartar esa idea. No tenía sentido… pero al mismo tiempo, todo había cambiado tan rápido entre ellos que ya nada parecía imposible.
Parecían dos desconocidos.
O peor aún… enemigos.
—Intenté llamarla, pero no responde —dijo Florencia, observándolo con atención.
Eugenio desvió la mirada.
—Tal vez tuvo un problema —respondió, intentando sonar tranquilo.
—Insistiré —añadió ella—. ¿Quieres que vaya a buscarla?
—No —respondió de inmediato—. Es suficientemente grande para tomar sus decisiones.
Florencia lo miró con cierta preocupación.
—¿Y si le pasó algo malo?
Eugenio sintió un ligero estremecimiento recorrerlo por dentro. Una sensación incómoda, casi un presentimiento.
Pero lo ignoró.
—No lo creo… —dijo finalmente—. Las malas noticias, después de todo, siempre se saben pronto.
Florencia asintió, aunque no del todo convencida.
—Ojalá no te hubieras ido tan rápido de la fiesta… me hiciste falta —comentó él de pronto.
Ella lo miró, sorprendida. No esperaba eso.
Pero antes de que pudiera responder, decidió desviar la conversación con habilidad.
Y entonces…
La puerta se abrió.
La presencia de Shane Hillings llenó la oficina de inmediato.
Su sola figura imponía respeto… y tensión.
Florencia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Por qué no está Ivonne en su lugar? —preguntó sin rodeos.
Eugenio bajó la mirada.
Florencia reaccionó rápido.
—Aún no llega. Pidió un permiso especial para llegar más tarde —mintió con naturalidad.
Shane dio un paso hacia ella.
—En mi empresa no existen permisos especiales, señorita Florencia —sentenció con frialdad.
El ambiente se tensó aún más.
Florencia sostuvo su mirada.
—Claro que los hay —replicó—. Sobre todo, para una empleada que en dos años jamás ha llegado tarde, nunca ha pedido un permiso… y ni siquiera ha tomado vacaciones. ¿Le parece un buen argumento?
Shane entrecerró los ojos.
—A usted cualquier cosa le parece un buen argumento.
—¿Y para usted todo es una guerra? —respondió ella, sin retroceder.
Eugenio los observaba, atento.
Había algo ahí. Algo extraño.
Una tensión que no era solo laboral… algo más profundo, más personal.
Como si ambos estuvieran atrapados en una burbuja aparte.
—¿Qué clase de respuesta es esa? —espetó Shane.
—Es mi respuesta, señor —contestó ella con firmeza.
En ese momento, la puerta volvió a abrirse.
—Buenos días.
Ivonne. Todos giraron.
—¡Ivonne! —exclamó Shane—. ¿Por qué llegó tarde?
Ella bajó ligeramente la mirada.
—Lo siento mucho, señor Shane… tuve un problema con mi auto y no pude avisar a tiempo. No volverá a repetirse.
Shane la observó con detenimiento.
Algo no estaba bien. Ivonne, siempre impecable, hoy lucía distinta.
Su ropa era oscura, apagada, casi como de luto. Su rostro estaba pálido, sus ojos marcados por ojeras profundas. No llevaba maquillaje, y su cabello estaba recogido sin cuidado.
Parecía… agotada.
Como si hubiera atravesado algo mucho más grande que un simple retraso.
—Está bien… —dijo finalmente—. Intente trabajar.
Ivonne asintió y salió.
Florencia la siguió con la mirada, preocupada.
—Señorita Florencia —dijo Shane—, ya que usted es la jefa humanitaria de Hillings Compañía… debería averiguar qué le pasa a Ivonne. No parece estar bien.
—Lo haré —respondió ella sin dudar.
—Exageran —intervino Eugenio, con un tono frío.
Shane lo miró con desconfianza.
No entendía esa actitud. No con su propia asistente.
**
A la hora de la comida, Florencia acompañó a Ivonne.
Se sentaron juntas, pero el silencio entre ambas era incómodo.
Ivonne apenas tocaba su comida.
—¿Qué pasó, Ivonne? —preguntó Florencia con suavidad.
—Nada… —respondió ella—. Solo estoy un poco desganada.
No comió. Florencia suspiró.
—Si en algo puedo ayudarte… dímelo. Haré lo que sea.
Ivonne dudó un momento.
Luego habló.
—No quiero trabajar más con Eugenio.
Florencia se quedó inmóvil.
—¿Hay alguna posibilidad de que me cambien de departamento?
El impacto fue evidente.
—¿Pasó algo entre ustedes?
Ivonne negó rápido.
—No… nada. Solo quiero crecer… avanzar… mejorar.
Florencia no le creyó. No era la misma Ivonne.
Pero no insistió.
—Veré qué puedo hacer.
**
Al salir, caminaron de regreso.
Apenas habían avanzado unas calles cuando, de pronto, una mujer se lanzó contra Florencia.
—¡Eres tú! —gritó—. ¡Te encontré! ¡Soy chica de la calle como tú!
Su aspecto era descuidado, su mirada desesperada.
Ivonne se quedó en shock. Florencia palideció.
—No sé de qué habla… —dijo, nerviosa.
—¡Claro que sí! —insistió la mujer—. ¡Eras la favorita de los clientes ricos! ¡Tú eras como yo! ¡Ayúdame!
Florencia retrocedió.
—¡Déjanos en paz! —intervino Ivonne, alejándola—. Está loca.
Se fueron. Pero Florencia miró atrás.
La conocía. Y eso… La aterraba, la conocía de esa noche, cuando tuvo que venderse para pagar el tratamiento medico de su hermanito, ella era una de las mujeres que servía a esa mujer, la que pagaba por meterse en ese negocio, fue justo esa misma mujer la que alguan vez le dijo sobre ese negocio de dinero rapido.
***
La mujer llamada Rosabel corrió.
Desesperada. Sin rumbo. Hasta que la atraparon, unos hombres fuertes y malencarados. La pobre mujer no pudo escapar.
La arrastraron hasta un baldío abandonado en un edificio.
Y frente a ella apareció Hilda.
—Por favor… —suplicó—. Solo quiero ser libre…
Hilda sonrió.
—Para algunas… la libertad es una ilusión.
Sacó un arma. Disparó.
—Y la única salida… es la muerte.
El cuerpo cayó.
Hilda… sonrió.
😡😡😡
Ella lo hizo una sola vez, no se dedicó a eso y lo hizo por necesidad