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1 Soy Mitad Humana Y Demonio

1 Soy Mitad Humana Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Venganza / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Estrella Cloe Pattison Evans siempre supo que era diferente. Mitad humana y mitad demonio, vive ocultando una oscuridad que apenas puede controlar mientras Gabriel, un ángel y amigo de su padre, intenta protegerla del peligro que la rodea. Pero todo cambia cuando conoce a Adrik, un misterioso vampiro ligado al enemigo de su familia.
Su presencia despierta poderes inestables, secretos ocultos y una conexión imposible de ignorar. Mientras fuerzas peligrosas comienzan a buscarla, Estrella descubrirá que su destino podría cambiar el equilibrio entre la luz y la oscuridad.
Ahora deberá decidir si luchar contra lo que es… o aceptar el poder que corre por su sangre.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 22

El silencio no se fue cuando él desapareció.

Se quedó.

Estrella no se movió.

Ni un centímetro.

Su mirada seguía fija en el lugar donde había estado.

Como si en cualquier momento fuera a reaparecer.

Como si todo eso…

no hubiera sido real.

Pero lo había sido.

Lo sentía.

En su pecho.

En su respiración.

En esa sensación extraña que no terminaba de irse.

Cerró los ojos.

Un segundo.

Solo uno.

Respira.

Inhala.

Exhala.

Intentó hacerlo como le habían enseñado.

Como él le había enseñado.

Error.

Su pecho se tensó de inmediato.

Porque ahora ya no era solo control.

Era recuerdo.

Y eso…

lo complicaba todo.

Abrió los ojos de nuevo.

Más rápido de lo que esperaba.

No estaba sola.

No porque hubiera alguien visible.

Sino porque lo sentía.

Otra vez.

Más claro que antes.

Más cerca.

Su energía reaccionó de inmediato.

Un pulso.

Más fuerte.

Más inestable.

—No… —susurró.

Pero no era negación.

Era reconocimiento.

Giró lentamente la cabeza.

Escuchó.

Nada.

Pero eso ya no significaba nada.

Dio un paso fuera de la casa.

El aire frío de la noche la envolvió.

Pero esta vez…

no la calmó.

La alertó.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Y no era él.

Esa fue la parte que más la inquietó.

Porque por primera vez…

Adrik no era lo más peligroso en la escena.

Estrella avanzó un poco más.

Sus sentidos estaban más abiertos.

Más sensibles.

Demasiado.

El mundo parecía más nítido.

Más… expuesto.

Como si hubiera cruzado un límite invisible.

Como si algo dentro de ella…

ya no estuviera contenido.

Entonces lo sintió.

Claro.

Directo.

Detrás de ella.

Su cuerpo reaccionó antes que su mente.

Se giró bruscamente.

Nada.

Pero su corazón latía con fuerza.

—Sal —dijo.

Su voz no tembló.

Pero tampoco estaba tranquila.

El silencio respondió.

Pero no vacío.

Presente.

Observándola.

El silencio no se rompió.

Se cerró.

Como si la rodeara.

Estrella no bajó la guardia.

Tampoco repitió la orden.

Esta vez esperó.

Su respiración se volvió más lenta.

Más controlada.

Pero su pulso…

seguía acelerado.

—Sé que estás ahí —dijo.

Más bajo.

Más preciso.

No era un intento.

Era una afirmación.

Un segundo.

Dos.

Entonces—

El aire cambió.

No fue un sonido.

No fue un movimiento visible.

Fue presión.

Como si el espacio a su alrededor se comprimiera.

Como si algo…

hubiera decidido acercarse.

Su energía reaccionó de inmediato.

Un pulso más fuerte.

Más inestable.

Estrella apretó los dientes.

—Sal.

Esta vez no fue petición.

Fue orden.

Silencio.

Pero diferente.

Más denso.

Más… presente.

Y entonces lo sintió.

No frente a ella.

A su derecha.

Giró bruscamente.

Nada.

Pero no se equivocaba.

No era imaginación.

Era intención.

La estaban midiendo.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

No era miedo.

Era instinto.

Ese mismo que le había salvado antes.

Ese que no se activaba sin razón.

—No eres él… —murmuró.

La frase salió sola.

Y en cuanto lo dijo—

lo supo.

Correcto.

Eso que estaba ahí…

no tenía nada que ver con Adrik.

El aire volvió a comprimirse.

Un poco más.

Más cerca.

Más directo.

Su energía respondió.

Pero no como antes.

No hubo reconocimiento.

Hubo rechazo.

Fuerte.

Inmediato.

Como si algo dentro de ella…

no quisiera ese contacto.

Eso la alertó más que cualquier otra cosa.

—¿Qué eres? —preguntó.

Silencio.

Pero no vacío.

Y entonces—

Una voz.

No completamente física.

No completamente en su cabeza.

Entre ambos.

—Más de lo que deberías estar enfrentando sola.

El cuerpo de Estrella se tensó por completo.

No por el tono.

Por lo que implicaba.

No era amenaza directa.

Era conocimiento.

—Muéstrate —exigió.

Esta vez, la respuesta fue distinta.

El aire frente a ella se distorsionó.

Apenas.

Como si algo invisible…

intentara tomar forma.

No completa.

No clara.

Pero suficiente.

Una silueta.

Alta.

Inmóvil.

Observándola.

Y en ese instante—

Estrella lo entendió.

Esto…

no era casualidad.

La habían encontrado.

La silueta no avanzó.

Pero tampoco retrocedió.

Se mantuvo ahí.

Incompleta.

Inestable.

Como si su forma…

no fuera lo importante.

Estrella no apartó la mirada.

Su cuerpo estaba en alerta total.

Pero no paralizado.

Preparado.

—No tienes permiso para estar aquí —dijo.

La frase fue firme.

Pero la respuesta no tardó.

—Tampoco tú para existir como lo haces.

El golpe fue inmediato.

No físico.

Más profundo.

Su energía reaccionó.

Un pulso brusco.

Más fuerte que antes.

Más difícil de contener.

Estrella apretó los puños.

—No sabes nada de mí.

La silueta pareció estabilizarse un poco más.

No completamente visible.

Pero más definida.

—Sabemos lo suficiente.

No era una voz.

Eran varias.

Superpuestas.

Como si no fuera uno solo.

El aire se volvió más pesado.

—¿Quiénes son? —preguntó.

Silencio.

Y luego—

—Los que llegan cuando alguien como tú… despierta.

El mundo pareció inclinarse un segundo.

Su respiración se cortó.

Esa palabra.

Despierta.

No era nueva.

Pero ahora…

tenía otro peso.

—No estoy despertando nada —replicó.

Mentira.

Y lo sabían.

—Tu energía dice lo contrario.

La presión aumentó.

Esta vez no solo alrededor.

Dentro.

Como si algo intentara empujar desde su interior.

Estrella se tensó.

—No—

Pero no era suficiente.

Su control… falló.

Por un segundo.

Uno solo.

Pero bastó.

Un pulso de energía salió de ella.

Invisible.

Pero real.

El aire vibró.

La silueta no se movió.

Pero algo cambió.

Interés.

—Ahí está —murmuraron.

El corazón de Estrella se aceleró.

—No fue nada.

Pero su voz no convenció a nadie.

Ni a ella.

—Fue suficiente.

El aire se volvió más frío.

Más intenso.

Más… enfocado.

—Aún no lo controlas —continuaron—.

No sonaba a crítica.

Sonaba a evaluación.

Y eso…

fue peor.

Estrella retrocedió un paso.

Por primera vez desde que empezó esto.

No por miedo.

Por estrategia.

Necesitaba espacio.

Pensar.

—No tienen derecho a probarme —dijo.

La silueta se inclinó apenas.

Un gesto mínimo.

Pero cargado de significado.

—No estamos pidiendo permiso.

El aire se comprimió de nuevo.

Más fuerte.

Más directo.

Y esta vez—

no fue solo presión.

Fue empuje.

Invisible.

Pero real.

Contra ella.

Su cuerpo reaccionó.

Instinto puro.

Su energía respondió.

Más fuerte.

Más rápida.

Más… viva.

Y en ese instante—

todo se confirmó.

Para ellos.

La presión no se detuvo.

Aumentó.

Lenta.

Constante.

Como si no tuviera prisa.

Como si supiera…

que no necesitaba tenerla.

Estrella se mantuvo firme.

Pero su cuerpo ya lo resentía.

Su respiración se volvió más pesada.

Más corta.

No era cansancio.

Era resistencia.

—Detente —ordenó.

No hubo respuesta.

La silueta no se movió.

Pero el aire…

sí.

Más denso.

Más cerrado.

Más cerca.

Su energía reaccionó otra vez.

Más fuerte que antes.

Un pulso que quiso salir.

Que exigía salir.

—No…

Lo contuvo.

Apenas.

Pero no iba a durar.

Lo sabía.

Y ellos también.

—¿Cuánto más? —susurraron las voces—.

No era burla.

Era curiosidad.

Eso la hizo enfurecer.

—No soy un experimento.

El aire vibró.

Su energía respondió.

Más agresiva.

Más difícil de controlar.

—Lo eres en el momento en que no entiendes lo que eres.

El golpe fue directo.

Y preciso.

Estrella sintió cómo algo dentro de ella se agitaba.

No solo poder.

Algo más.

Algo más antiguo.

Más profundo.

—Cállate —gruñó.

Esta vez no fue control.

Fue reacción.

La presión aumentó de golpe.

Fuerte.

Brusca.

Como si hubieran decidido empujar más allá.

El cuerpo de Estrella se tensó por completo.

Y entonces—

su control cedió.

No completamente.

Pero suficiente.

Un estallido corto de energía salió de ella.

Más fuerte que antes.

Más visible.

El aire a su alrededor se sacudió.

La silueta se distorsionó.

Por un instante.

Pero no desapareció.

Se estabilizó.

Y entonces—

algo cambió.

—Confirmado.

La palabra cayó fría.

Vacía.

Irrevocable.

El corazón de Estrella latía con fuerza.

Demasiada.

—¿Confirmado qué?

Silencio.

Y luego—

—Nivel más alto de lo previsto.

El mundo pareció inclinarse.

—No saben de lo que hablan.

Pero su voz ya no tenía fuerza.

Porque lo sentía.

Algo en ella…

sí era diferente.

Más de lo que le habían dicho.

Más de lo que entendía.

—No está entrenada.

—Pero responde.

—Y eso es suficiente.

Las voces se superpusieron otra vez.

Más claras.

Más decididas.

Estrella retrocedió otro paso.

Esto ya no era prueba.

Era decisión.

—No se acerquen más —advirtió.

El aire vibró.

Pero esta vez—

no se detuvieron.

La presión cambió.

Se concentró.

Directamente hacia ella.

Como un punto.

Como un impacto.

Y entonces—

avanzó.

El avance no hizo ruido.

Pero se sintió.

Como un golpe que aún no llegaba…

pero ya dolía.

Estrella reaccionó por instinto.

No pensó.

No dudó.

Su energía se levantó antes que ella misma.

Una barrera.

Inestable.

Pero real.

El impacto llegó.

Invisible.

Pero brutal.

El aire explotó a su alrededor.

La presión chocó contra su defensa—

y la atravesó.

No completamente.

Pero lo suficiente.

El cuerpo de Estrella fue empujado hacia atrás.

Sus pies se deslizaron.

Perdió equilibrio—

y cayó.

El golpe contra el suelo fue seco.

El aire se le escapó de los pulmones.

Por un segundo…

no pudo respirar.

—Demasiado lenta.

La voz no fue cruel.

Fue objetiva.

Y eso la enfureció más.

Estrella apretó los dientes.

Intentó levantarse.

Su cuerpo respondió.

Pero su energía—

no.

Estaba inestable.

Desordenada.

Como si algo dentro de ella hubiera sido sacudido.

—No…

Respira.

Inhala.

Exhala.

Nada.

No funcionó.

La presión seguía ahí.

Encima.

Esperando.

Observando.

—No puede sostenerlo.

—Pero lo genera.

—Interesante.

Las voces volvieron.

Más claras.

Más cercanas.

Estrella levantó la mirada.

La silueta estaba más definida ahora.

Más presente.

Más… real.

Y eso era peor.

—Aléjate… —gruñó.

Su voz salió débil.

Pero no rendida.

Intentó levantarse otra vez.

Esta vez lo logró.

A medias.

Sus piernas temblaban.

Pero se sostuvo.

—No eres una amenaza —dijeron.

El golpe fue directo.

—Aún.

El añadido cayó más pesado.

Más peligroso.

Estrella sintió la rabia subir.

Fuerte.

Quemando.

—No me subestimen.

Su energía respondió.

Violenta.

Descontrolada.

Más fuerte que antes.

El aire a su alrededor vibró.

El suelo crujió levemente bajo sus pies.

Por un instante—

todo se volvió demasiado.

La silueta se tensó.

Interés.

Claro.

Visible.

—Ahí está.

Pero esta vez—

no avanzaron.

No atacaron.

No presionaron.

Se detuvieron.

Y eso…

eso fue lo más inquietante.

Estrella respiraba con dificultad.

Su cuerpo estaba al límite.

Su energía…

también.

—Suficiente por ahora —dijeron.

El mundo se detuvo.

—¿Qué?

Pero ya era tarde.

La presión desapareció.

De golpe.

Sin transición.

Sin aviso.

El aire volvió a la normalidad.

El silencio regresó.

Pero no la calma.

Nunca la calma.

Estrella se quedó inmóvil.

Respirando.

Intentando entender—

Pero lo sabía.

Esto no había terminado.

Solo…

había empezado.

El silencio regresó demasiado rápido.

Como si nada hubiera pasado.

Pero el cuerpo de Estrella no lo creyó.

Sus piernas temblaban.

Su respiración seguía irregular.

Y su pecho…

ardía.

No dolor físico.

Algo más profundo.

Como si su energía hubiera sido forzada más allá de lo que podía sostener.

Cerró los ojos un segundo.

Respira.

Inhala.

Exhala.

Esta vez…

funcionó un poco.

Pero no fue suficiente.

Abrió los ojos lentamente.

El lugar estaba vacío.

Completamente.

Sin rastro.

Sin presencia.

Sin nada.

Y eso…

eso no la tranquilizó.

La inquietó más.

Porque no se habían ido.

No realmente.

Solo…

habían terminado.

—¿Qué fue eso…? —susurró.

Pero no esperaba respuesta.

Y no la hubo.

Se llevó una mano al pecho.

Su pulso seguía acelerado.

Demasiado.

Caminó un paso.

Luego otro.

Inestable.

Pero en control.

Más o menos.

Miró alrededor otra vez.

Nada.

Pero ahora sabía algo que no podía ignorar.

La habían encontrado.

No por accidente.

No por casualidad.

Por lo que era.

Y eso cambiaba todo.

—Genial… —murmuró.

Intentó reír.

No lo logró.

Porque había algo peor.

Algo que no encajaba.

Levantó la mirada hacia la casa.

Oscura.

Silenciosa.

Demasiado.

—Papá…

La palabra salió más bajo de lo que esperaba.

Frunció el ceño.

Algo no estaba bien.

No era solo lo que había pasado.

Era lo que no había pasado.

Nadie había llegado.

Nadie había intervenido.

Nadie había sentido—

Su pulso se detuvo un segundo.

No.

Eso no podía ser.

—No pudo no sentirlo…

Su energía había explotado.

No una vez.

Varias.

Y aun así—

Nada.

El aire se volvió más frío.

Más pesado.

Más… incómodo.

Porque ahora la pregunta no era qué eran ellos.

Era—

¿por qué nadie la protegió?

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Y por primera vez desde que empezó todo—

la duda cambió de dirección.

No hacia lo que la rodeaba.

Sino hacia quien debía estar de su lado.

El silencio no volvió a ser el mismo.

Estrella se quedó inmóvil frente a la casa.

Mirando la puerta.

Como si algo fuera a salir.

Como si alguien…

debiera haber estado ahí.

Pero no lo estaba.

Apretó los labios.

No le gustaba esto.

Nada.

No solo lo que había pasado.

Sino lo que significaba.

—No es posible… —murmuró.

Dio un paso hacia la entrada.

Luego otro.

Su cuerpo ya respondía mejor.

Pero su mente…

no.

Porque ahora había algo más.

Algo que no encajaba.

Si ellos pudieron encontrarla…

si pudieron presionarla así…

si pudieron medirla—

Entonces…

¿quién más sabía?

Su mano se cerró sobre la manija de la puerta.

Dudó.

Un segundo.

Dos.

Y en ese instante—

lo sintió.

Otra vez.

Pero diferente.

No agresivo.

No invasivo.

Familiar.

Su corazón dio un golpe.

Giró lentamente.

Nada.

Pero lo sabía.

Claro.

Directo.

—Llegaste tarde… —murmuró.

El aire se movió apenas.

Y entonces—

una voz.

Más suave.

Más controlada.

Más peligrosa.

—No.

Silencio.

Un segundo.

—Llegué justo cuando tenía que hacerlo.

El pulso de Estrella se aceleró.

No lo veía.

Pero lo sentía.

Más claro que antes.

Más… presente.

—¿Dónde estabas? —preguntó.

Esta vez no hubo pausa.

—Observando.

El golpe fue directo.

Más fuerte de lo que esperaba.

—¿Observando?

Su voz subió apenas.

—Sí.

El aire se tensó.

—Pudiste haber intervenido.

Silencio.

Y luego—

—No era necesario.

El mundo se detuvo.

Otra vez.

Pero esta vez…

no por miedo.

Por enojo.

—Me atacaron.

—Te probaron.

La corrección fue inmediata.

Fría.

Precisa.

—Y sobreviviste.

Estrella apretó los puños.

—Eso no significa que—

—Significa exactamente eso.

El silencio se volvió pesado.

Irrespirable.

—No estás tan indefensa como crees.

Su respiración se volvió más rápida.

—Y tampoco tan sola.

Esa frase—

esa frase la hizo dudar.

—Entonces deja de actuar como si lo estuviera.

Silencio.

Y luego—

una leve exhalación.

—No puedo estar en todos lados.

La respuesta fue simple.

Pero no suficiente.

—Pero ellos sí pudieron llegar.

Otra vez ese silencio.

Más largo.

Más… medido.

—Porque ya saben lo que eres.

El aire se volvió frío.

Pesado.

Real.

Estrella cerró los ojos un segundo.

Lo sabía.

Lo había sentido.

Pero escucharlo…

lo hacía definitivo.

—Esto apenas empieza —añadió la voz.

Su corazón se tensó.

—Lo sé.

Y esta vez—

no era negación.

Era aceptación.

Silencio.

Y luego—

la presencia desapareció.

Sin ruido.

Sin aviso.

Como si nunca hubiera estado.

Estrella se quedó sola.

De verdad.

Esta vez sí.

Miró la puerta otra vez.

Y ahora—

ya no dudó.

Entró.

Pero algo había cambiado.

No afuera.

Dentro de ella.

Porque ahora sabía algo que no podía ignorar.

No la estaban persiguiendo.

La estaban esperando.

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Maria De Jesus Tirado Rodriguez
quedó inconclusa tan interesante que estaba 😭
CristyGry: también te invito a leer el libro 0.5 que es como la historia de los papás de estrella y de cómo Federico se hizo malo
total 1 replies
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