Su padre debía millones.
Él necesitaba una esposa.
Ella fue la garantía.
Cuando Alessia Lombardi es obligada a casarse para pagar la deuda millonaria de su padre, descubre que su nuevo esposo no es solo un hombre frío y poderoso, sino el heredero de una de las organizaciones más peligrosas del país. El contrato es claro: un año de matrimonio, sin amor y sin sentimientos. Pero nadie les advirtió que el odio puede transformarse en algo mucho más intenso.
NovelToon tiene autorización de Yoryanis R. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10
...Confianza bajo vigilancia...
La casa no volvió a sentirse igual después del almacén.
No hubo gritos.
No hubo discusiones.
Hubo silencio.
El tipo de silencio que aparece cuando todos entienden que alguien dentro del círculo habló de más.
Tres hombres resultaron heridos.
Uno de ellos grave.
Nadie mencionó la palabra traición.
Pero estaba en cada mirada.
Thiago no durmió.
Lo supe porque cuando desperté al amanecer, él no estaba en la habitación.
Lo encontré en el despacho.
De pie frente al ventanal.
Inmóvil.
—No deberías estar sola —dijo sin girarse.
—No estoy sola. Estoy en tu casa.
—Eso no significa nada.
Su tono no era frío.
Era calculador.
—Alguien sabía dónde estaríamos —dije.
—Sí.
—Y sabía que irías.
—Sí.
Me acerqué unos pasos.
—Entonces no fue improvisado.
Él finalmente se giró hacia mí.
—No.
—Fue una prueba.
Sus ojos se detuvieron en los míos con atención renovada.
—Explícate.
—No intentaron matarte con precisión. Dispararon para provocar reacción. Para medir tu respuesta.
Un segundo de silencio.
—¿Crees que fue un mensaje?
—Creo que querían ver si eres impulsivo… o estratégico.
Su mandíbula se tensó apenas.
—¿Y qué vieron?
—Que no dudaste.
Eso no era halago.
Era advertencia.
Un golpe en la puerta interrumpió el momento.
Entró Viktor, uno de sus hombres más antiguos.
Rostro serio. Demasiado serio.
—Tenemos un problema —dijo sin preámbulo.
Thiago no reaccionó.
—Habla.
—Uno de los vehículos de anoche cambió de ruta antes de llegar al almacén.
El aire se volvió denso.
—¿Cuál? —preguntó Thiago.
Viktor dudó apenas.
—El mío.
Silencio absoluto.
Yo no respiraba.
Thiago sostuvo su mirada durante varios segundos.
Evaluando.
Pesando.
—¿Estás sugiriendo que te siguieron? —preguntó finalmente.
—Estoy diciendo que alguien sabía que yo estaba asignado a la escolta principal.
Eso era peor.
Si sabían qué vehículo lideraba, sabían la formación.
Eso no se improvisa.
—Revisa comunicaciones internas —ordenó Thiago.
—Ya lo hice.
—¿Y?
—Nada evidente.
Lo evidente nunca es el problema.
Lo oculto sí.
Viktor salió tras recibir nuevas órdenes.
La puerta se cerró.
—¿Confías en él? —pregunté.
—Sí.
—Eso no significa que sea inocente.
Su mirada cambió.
Más aguda.
—¿Estás insinuando algo?
—Estoy diciendo que la confianza es exactamente lo que quieren romper.
Caminé hacia la mesa y apoyé las manos sobre la superficie.
—Si alguien quiere desestabilizarte, no necesita matarte.
Necesita aislarte.
Su expresión se volvió más oscura.
—No me aislarán.
—Ya empezaron.
Un segundo de tensión.
—No voy a permitir que esto te alcance —dijo.
—Ya me alcanzó.
Silencio.
Más pesado que antes.
—Alessia…
—No me apartes.
Su voz bajó ligeramente.
—Esto se va a volver más sucio.
—Entonces enséñame a jugar.
La frase quedó suspendida entre nosotros.
No como desafío.
Como decisión.
Thiago me observó largo rato.
No como esposa.
Como variable.
—El error de nuestros enemigos —dijo finalmente— fue asumir que eras una pieza pasiva.
—No lo soy.
Se acercó despacio.
—Si te involucras, no hay vuelta atrás.
—Nunca la hubo.
Algo en su expresión cambió.
No era ternura.
Era reconocimiento.
—Entonces empieza por aprender quién gana si yo pierdo.
—¿Y quién gana?
Su respuesta fue inmediata.
—Todos los que estuvieron demasiado tiempo esperando mi caída.
Sentí un escalofrío.
Porque eso significaba algo peor que un enemigo externo.
Significaba ambición interna.
Y en mundos como este, la ambición siempre encuentra sangre.