Gabriel lo tiene todo apellido fortuna y un magnetismo por las mujeres implacable sin embargo detrás de esa fachada de hombre frío déspota y mujeriego se esconde el trauma de la muerte de su madre, su padre lo obligó a esconder bajo una armadura de desconfianza su tristeza y dolor.
para él las personas solamente son piezas de ajedrez y el amor una debilidad que no se puede permitir.
pero el juego cambia cuando es obligado a casarse con Sara.
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Ego
A la mañana siguiente...
En palabras de Gabriel...
El sol apenas comenzaba a clarear los campos de la hacienda cuando me levanté del sillón. El cuerpo me dolía por la mala postura y el frío de la madrugada, pero la mente la tenía tan despejada como un filo de navaja. Me lavé el rostro con el agua helada de la jofaina del despacho, me cambié la camisa arrugada por una limpia de lino blanco y me calcé las botas de trabajo.
Pase por la habitación donde se suponía que pasaríamos la noche de bodas, Pero estaba entre abierta así que la abrí, mire a la cama y no estaba Sara mire enseguida al baño y todo estaba apagado.
Una rabia sorda empezó a hervir en mi pecho. ¿Acaso la niña berrinchuda había tenido la genial idea de escapar en mitad de la noche? ¿Había cruzado los terrenos a pie para volver corriendo a los brazos de su padre? La sola idea de que me hiciera quedar en ridículo ante la servidumbre y el pueblo me hizo apretar los puños con tanta fuerza que los nudillos me quedaron blancos. Si creía que iba a dejarla ir así de fácil, estaba muy equivocada. Ella firmó un contrato. Ella era mi esposa.
Salí de la habitación a grandes zancadas, haciendo resonar mis botas contra la madera del pasillo con una furia que ya no me molesté en ocultar. Bajé las escaleras de dos en dos, dispuesto a interrogar a los criados o a mandar a los hombres a caballo a buscarla por los caminos.
Sin embargo, al cruzar el umbral del patio central, me detuve en seco.
Ahí estaba ella platicando con uno de los trabajadores de los corrales, traía unas botas llenas de lodo y pantalones holgados sucios, sonreía mientras miraba a los caballos.
Tenía el cabello recogido en una trenza mal hecha de la que escapaban varios mechones sueltos, y una mancha de suciedad le adornaba una mejilla.
—Entonces este es el famoso lucero del que tanto hablan —escuché su voz clara desde la distancia, mientras extendía su mano sin el menor reparo para acariciar a uno de mis potros más temperamentales y fieles, que se amansaba bajo su toque.
Mateo soltó una carcajada, quitándose el sombrero de paja con respeto.
—Así es, patrona. Pero tenga cuidado, que es bravo. Aunque veo que a usted le hacen caso hasta los demonios, todos los animales están muy tranquilos.
Apreté la mandíbula y caminé hacia ellos. El tintineo de mis espuelas cortó el ambiente del corral de inmediato. Mateo se enderezó al verme, perdiendo la sonrisa, y dio un paso atrás. Sara, en cambio, se giró despacio. Al encontrarse con mis ojos, su sonrisa no desapareció, sino que se transformó en esa expresión burlona y cínica que tanto odiaba.
—Buenos días, Gabriel —dijo, limpiándose las manos sucias en los pantalones sin el menor rastro de vergüenza—. Veo que el heredero de los de la Vega por fin decidió levantarse.
La miré de arriba abajo, deteniéndome en sus botas llenas de lodo. La servidumbre ya andaba por el patio y la sola imagen de la recién casada vestida de peón era un insulto a la etiqueta que tanto defendía mi padre.
—Veo que te equivocaste de guardarropa, Sara —dije, usando mi voz más baja y gélida mientras me cruzaba de brazos, colocándome frente a ella para marcar la distancia—. Y de pasatiempo. No recuerdo haber contratado a una nueva empleada en la hacienda. ¿Qué demonios haces vestida así?
— Que Cree que hago ayudando en la hacienda como todos, me dejaste claro que no soportaría el ritmo de este lugar.— me dijo Sara.
—¿Ayudando? —repetí, arrastrando las palabras con una ironía cortante—. No te equivoques, Sara. Tú no eres una trabajadora más de esta hacienda, por mucho que te empeñes en disfrazarte de uno. Eres mi esposa. Y bajo este techo, las mujeres de mi familia no se ensucian las manos en los corrales ni andan vestidas con las ropas viejas que le robaste a saber a quién.
— Te da vergüenza una mujer que no le tiene miedo a ensuciarse las manos para sacar el trabajo adelante y no robe nada, está ropa es mía.
¿Quieres ritmo? Lo vas a tener. Si tantas ganas tienes de demostrar que puedes con esta hacienda, no te vas a quedar aquí acariciando a mis potros favoritos. Mateo —llamé en voz alta, sin quitarle los ojos de encima a Sara.
El viejo capataz apareció casi de inmediato desde el callejón de los establos, caminando a paso rápido y con el sombrero bien sujeto.
—¿Sí, patrón?
—La señora tiene muchos deseos de ayudar con las labores del día —declaró con una sonrisa lenta y cínica, disfrutando el momento exacto en que la expresión de Sara cambió sutilmente—. Llévala al corral sur. Que se encargue de la limpieza de los comederos y luego que ayude a cargar los sacos de alfalfa para el ganado. Todo completo. Y no le tengas ninguna consideración por ser quien es. Si va a ser una trabajadora más, que lo sea con todas las de la ley.
Mateo me miró con los ojos abiertos de par en par, completamente desconcertado, pasando la vista de mí hacia Sara.
—Pero, patrón... los sacos son pesados y el sol va a apretar fuerte...
—¿Tienes algún problema con mis órdenes, Mateo? —lo corté en seco, endureciendo el gesto.
—No, señor. Ninguno —respondió el viejo de inmediato, agachando la cabeza.
Me giré de nuevo hacia Sara, dando un paso hacia ella para quedar a escasos centímetros de su rostro, lo suficiente para notar el sutil cambio en su respiración.
—Ahí tienes tu oportunidad, señora de la Vega —le susurró con veneno—. Veamos cuánto te dura esa sonrisa y ese orgullo cuando lleves tres horas bajo el sol del mediodía. Nos vemos en la comida...
te pasas Gabriel así como va querer tener tus hijos
se vienen trillizos 🤔
muchacho malo
🙎🙎🙎 todo hubiera sido diferente si ese animal no se te hubiese salido del cuerpo.
ellla quiere amor respeto confianza fidelidad, pero al parecer no quieres darle todo 🤦🤦🤦 entonces como no quieres que ese muro aparezca.
🤷 empieza a usar tu inteligencia
cómo sabe 🙎🙎🙎
y Sarita que es nueva 😝 cayó rendida
pero
se que ambos pueden llegar a extrañarse
Gabriel no puede dejar de desear a su mujer y Sara desea a su hombre 🔥🔥🔥❤️❤️❤️ fuego con amor
le dijo amor? hacemos el amor? eres mi mujer? soy tuyo? demasiadas frases no creo que las diga en balde 😡 algo dentro de Gabriel está un poquito raro esos celos esa manera de ser posesivo de no querer dejarla salir sola 🤔 sospechoso.
Gabriel celoso pero ya pusiste en su sitio el otro día Julián 🤦 dios santo olvídate de él
que cambi de actitud
sino cuentas tazas deberás tomar Sara🙎🙎 hay que tener cuidado
sara es una mujer fuerte e inteligente si te dieras la oportunidad de conocerla
o es por ese trauma que te cargas 🤦🤦🤦 mira si no nos cuentas no vamos a entenderte porque para nosotros estás posesivamtnte loco
🤷ni modo
Sara estoy de acuerdo sobre el te 😬 pero tengo que lo descubra
esto va para mal
y si no quiere solo quedarse en casa cuidando hijos como este pendejo dice es mejor que entres en razón y te tomes algo antes de que sea tarde pero a si como va esta historia ya valió
no se por que primero nos vende a una prota decidida y nos entregan a una que se deja que le hagan lo que quieran 🙄