Charlotte Ricci, huérfana criada en un orfanato de monjas, sale al mundo a los 18 años para trabajar 6 meses —si no encuentra su lugar, se convertirá en monja. Sin saberlo, se hace asistente de Marcelo Romano, CEO cuyo imperio es fachada de la mafia.
Marcelo siente una obsesión por la inocente Charlotte, pero su interés despierta enemigos que buscan destruirlo usando ella como arma. Cuando comienzan las amenazas, descubren que su orfanato guarda secretos antiguos ligados a la mafia y que Charlotte es heredera de un legado peligroso.
Ahora deberán enfrentar traiciones y el peso de un destino escrito en sangre, mientras ella decide entre su antiguo hogar y el hombre que ha robado su corazón.
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¿Marcelo?
Charlotte sentía algo en su pecho, como un mal presentimiento, Marcelo no respondía sus mensajes, ni llamadas, estaba afuera de la mansión de su padre, sus manos sudaban de nervios y algo de miedo de estar ahí sin su esposo
—Desde aquí entro yo Joaquín, mi padre no puede ver.... —se interrumpía al ver algo, o más bien a alguien —ese es Rafaello —decía a Joaquín, él volteaba y veía a su hijo —esa mujer y esa niña quienes son.
—A de ser su hija —respondía Joaquín con tristeza al ver que su hijo acaba de vender a la hija de la única mujer que era capaz de dar su vida por él —por qué ella es su esposa, y supe que estaba embarazada, pero según Rafaello ella no estaba en la ciudad —agregaba, mientras Charlotte sintió aquella punzada que le gritaba que todo estaba mal, aunque si tomo su bolso y celular, bajo del auto y miro a Joaquín
—No te vayas lejos —le decía ella y él asentía, alejándose de la casa, en eso los portones de aquella mansión se abrían para dejarla entrar, la recibía un escolta y la llevaba hasta el despacho de Claudio
—Por fin estás aquí —decía Claudio al verla, quiso besar su mejilla, pero Charlotte dio un lado atrás por instinto
—Si, solo con amenazas logras esto —decía ella molesta, la mirada de Claudio se desviaba a la pequeña barriga de Charlotte
—Primera cosa, te divorciarás, y después te desharás de ese bastardo, el mismo error no lo cometo dos veces —decía el
—¿Qué?, ¡Estás demente o que, jamás haré ninguna de esas, solo muerta! —le gritaba ella ya molesta, en eso Claudio mostraba un video desde su tableta, se la daba a Charlotte sin decirle nada, el solo esperaba a ver su reacción —¡No!, no, no, esto es mentira —decía ella viendo a su padre
—No, es en vivo, es más puedes hablarle, mira —le encendía el micrófono —Marcelo, Lorenzo, alguien quiere hablarles, espero les guste ni sorpresa —en el video se veía como ellos buscaban de dónde provenía la voz, en eso Charlotte tomo aire antes de hablar, sus lágrimas ya caían por su rostro, empapando sus mejillas
—¿Marcelo? —decía ella, en eso Marcelo buscaba la cámara y daba con ella —¿estás bien?, dime qué si... si lo estás —el solo asentía —saldremos de esta lo juro —dijo, él le sonreía a la cámara, y ella apagaba el micrófono
—Ahora que piensas —pregunto curioso Claudio
—¡Como es posible que me hagas esto, si soy tu única hija! —le grito ella, pero Claudio solo soltó una risa amarga, acompañada de diversión, como si le acabaran de contar un chiste
—No, yo jamás dañaría a mi hija —dijo con arrogancia, mientras se acercaba a ella —pero como tú no eres mi hija...
—¿Qué?, que dices
—Lo que escuchas princesa, no llevas mi sangre, yo acepte a tu madre embarazada por qué la amaba, pero ella me traicionó dejándote todo a ti, y bueno —la miraba de arriba abajo, algo que incómodo a Charlotte —eres idéntica a tu madre.
—No, eso es asqueroso, siempre te veré como lo que creí que eras, un padre, estás enfermo, jamás estaría contigo.
—Eso lo veremos, por ahora firma él divorcio y sobre ese bastar...
—Esta bien, firmaré —lo interrumpió ella —me divorcio de Marcelo, pero con mi bebé no te metas, me quedé aquí si eso quieres, pero mi bebé se queda conmigo, el no es responsable de nada —Claudio la miraba por un par de segundos eternos para Charlotte, al final asintió
—Ok, firma el acuerdo de divorcio y dejaré libre a Marcelo, quédate aquí y a tu cosa esa, no le pasará nada...
Charlotte firmó el acuerdo de divorcio con manos temblorosas, mientras con su mano libre acaricio su vientre, suspiro para soportar lo que faltará, ya que para ese momento nada le sorprendería de Claudio